"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




21 de Mayo, 2008


Relato

Publicado en General el 21 de Mayo, 2008, 20:02 por Nico Doffo

Los asesinos

 

En la pantalla el león termina de rugir cuando Alberto de pronto siente sobre la mano que descansa en el apoyabrazos de la butaca el peso y el calor de otros dedos. Enseguida retira su mano y la coloca sobre el regazo. Trata de concentrarse en los nombres que empiezan a sucederse en grandes letras amarrillas y que desde la existencia de internet ya no vale el esfuerzo memorizar. Intenta retraerse a la época en que a ciegas los anotaba en una libretita de bolsillo para después estudiarlos, asociarlos y dilapidarlos, pero un ligero olor a ropa mojada lo trae al presente y lo obliga a girar la cabeza, pensando en algunas palabras para decir, hacia la persona que un minuto atrás acabó de llegar y, tras un saludo afectuoso que desdramatizó lo sorpresivo del encuentro, se sentó a su lado. 

—¿Se largó nomás? —dice Alberto.  

—Sí, hace unos diez minutos. ¿Cómo estás? Hace mucho que no nos vemos. Me agarró en medio de la peatonal. Llegué justo, aunque me parece que ésta es una de esas películas que da lo mismo llegar al principio, a la mitad o al final. Leí que es mala. Estoy cansado de ver porquerías. Últimamente la cosa va de mal en peor. Un desastre.

Muchas veces se disfruta más con los avances que con la película, piensa Alberto. Es una pena perdérselos.

—¿Ya la vistes a todas, Albert? —Alberto observa por el rabillo del ojo la sombra de los brazos del otro peinándose con las manos el pelo húmedo. Luego siente el olor a shampoo.

—Me falta una, la francesa.

Alberto piensa en todo el tiempo que resta hasta el límite de entrega; es viernes pasado el mediodía, las criticas se publican el domingo, queda tanto tiempo para ver películas. Es una lastima ya haberlas visto a todas, salvo una, que es poco. Repasa los títulos de las novelas que se acumulan en su biblioteca y que no leyó. Decide ocupar el fin de semana con alguna de ellas. Son un buen sustituto.

—Yo hace rato que tengo los estrenos de esta semana —retoma el otro sin preocuparse por bajar la voz. Las demás personas que hay en la sala no llegan a ser diez y están lejos de ellos, que se sientan en la última fila, al lado de la puerta—. Es más, ésta también la tengo, pero todavía no la vi. Hoy me agarraron ganas de venir al cine. Será por el cielo gris. Si sabía que te iba a encontrar… ¿Cuándo fue la última vez que nos cruzamos? ¿En el depto de Guille?

—Me parece que sí. Una reunión en el departamento de Guillermo.

—Estuvo divertido esa noche.

A pesar de que la oscuridad de la sala por momentos se quiebra gracias a los relampagueos de luz de la primera escena del film –un amanecer en la típica cafetería yanqui de mala muerte– y que le bastaría una mirada de soslayo para descubrir las facciones del otro, Alberto siente que no es necesario nada de eso para darse cuenta que detrás de sus lentecitos cuadrado sin marco, el otro achica sus ojos verdes y sonríe.

Los protagonistas de la película, dos actores lindos bien hollywoodenses que ya pasaron la treintena, no logran a pesar de la iluminación y sus forzados gestos reflejar el sentimiento de desesperanza, abandono y desesperación del parlamento. El film ya naufragó, piensa Roberto. Son muy millonarios para decir esas cosas. Los protagonistas se ponen de acuerdo para robar esa misma noche una casa.

—Yo cada vez vengo menos al cine. Vos sos un romántico, Robert, yo prefiero verlas en mi casa. Las descargo de internet y me tiro cómodo en el sillón. Avanzo las escenas malas, no pierdo tiempo. No vale la pena comerse todos esos bodrios.

Alberto, pese a los esfuerzos con que lo intenta, nunca quiso ni pudo entender del todo cómo apenas pasadas unas pocas horas de su estreno en Estados Unidos, las películas ya están repartidas por todo el mundo esperando un click para empezar a reproducirse. Recuerda las pilas de devedes que se amontonaban por todas partes en el departamento mientras las lucecitas del modem, del teclado, del mouse, se mantenían impasibles, parpadeando verdes y rojas cuando apagaban la lámpara de pie. ¨No son como uno, éstas trabajan las veinticuatro horas¨ le decía a Alberto mientras le daba unos golpecitos al monitor.

—La primera parte de la película está basada en un cuento de Bukowski, ¿lo leíste?

—Sabía —miente Roberto—, pero no lo leí.

—Lo bajé. Te lo envío si querés.

—Bueno.

—¿Lo mando al diario o a tu correo privado?

—¿Tenés mi correo privado? Es lo mismo. A cualquiera.

—El cuento también se llama ¨Los asesinos¨.

Los protagonistas fuerzan con un cuchillo la ventana de un chalet de dos pisos. A Alberto, la vista fija en la pantalla, se le aparecen dos letras en la cabeza. M.R. Así firma las criticas la persona sentada junto a él. Maximiliano Rocaglio. Todos los domingos, nunca después de las nueve de la mañana, Alberto compra el diario más importante de la ciudad, aquel que es la competencia que tarde o temprano terminará con el periódico donde él trabaja, y lee los comentario de M.R. Y todos los domingos se sorprende al no encontrar ni una coma, ni un adjetivos, ni una sentencia irónica que él no haya previsto, con algo de odio y algo de cariño,  de antemano.

—Preparate que ahora se pone salvaje.

Los protagonistas empiezan a guardarse en los bolsillos las primeras cosas que encuentran y que parecen de valor. Lo salvaje son los años, piensa Roberto. Veinticuatro entre él y yo. Y al igual que cada vez que busca una explicación que deje de lado cualquier insinuación perversa  –el padre y el hijo, el viejito y el pendejo– las palabras que un amigo con pretensiones de poeta siempre repite como slogan o justificación vienen a tranquilizarlo: ¨En Rosario el ambiente es reducido y la oferta y la demanda se mezclan, se confunden. Somos pocos; esa es nuestra suerte, y nuestra maldición.¨. Lo mismo puede aplicarse a los críticos, piensa.

El matrimonio dueño de la casa descubre a los dos protagonistas robando. Éstos logran controlar al matrimonio. Uno de los protagonistas empieza a desnudar a la mujer, una rubia hermosa. Cuando el marido intenta detenerlo, le cortan el cuello de un cuchillazo. Luego los dos protagonistas violan a la mujer. Después la matan y salen a la calle.

En una parada de colectivo uno de los protagonistas se pone nervioso:

«—Maldita sea. Maldita suerte la nuestra.

«—¿Qué pasa, Bill?

«—¡Nos olvidemos de robarle la billetera!

«—Oh, mierda

—Acá termina el cuento. De ahora en adelante es todo invento de los guionistas. Ya sabés quienes son los responsables, ya sabés a quienes tenés que matar.

Roberto intenta acomodar mentalmente los pocos minutos que lleva vistos de la película al esquema que no se cansa de usar una y otra vez en sus críticas. No es necesario para nada quedarme hasta el final. Además, a los quince minutos de película ya está jugada la suerte de todo el film. Sería fácil levantarme e irme. ¨Me cansé¨, ¨Esto es una porquería¨, ¨Siempre es igual¨ podría decir.  Pero sabe que no se va a ir.

—Robert, cuando termina podemos hacer algo.

—Tengo trabajo pendiente.

—Dale, dejate de joder. Robert, Robert —dice y le da unas palmaditas en la pierna— vos no cambias más. Siempre serio, trabajador, siempre en última fila, el lugar de los críticos…

Recordando que esa era una de las frases del lenguaje intimo que  compartieron, Roberto termina rápido la sentencia: 

—…y de los asesinos.

Cumplir Años

Publicado en Pavadas hechas texto, el 21 de Mayo, 2008, 15:19 por seldonito
Cumplo años.
Momento nefasto para estar vivo.
Repudio completamente a una sociedad (de la cual me excluyo) que pretende enumerar los años de vida, como si realmente existiera un paso del tiempo y el calendario midiera algo más que su propia existencia.
Refuto el concepto de edad y me niergo a celebrar y/o conmemorar natalicios tan ajenos como impuestos.
Absurdos aquellos ingenuos que se alegran, infelices quienes celebran, retrógrados los que regalan y pelotudos (in extremis) los tiradores de orejas.
Nada hay que recordar, porque nada es recuerdo, y nada jamás ha sucedido.
El pasado no es ni ha sido. El mundo es consecuencia nuestra, y de ellos somos responsables, aunque padres, abuelos y dictadores se arroguen derechos de autor.
Maldita responsabilidad tan observable como predecible y fascista. Maldita sumisión. Detestable angustia existencial de saberse finito y, peor aun, cargar con las culpas de terminar, junto a nuestro latir, la singularidad de un universo que, bien sabemos, jamás ha sido.
Quizá nos imaginemos reales, quizá enunciemos, quizá seamos, quizá de los quizaces que quizá sean, con suerte, más que un quizá.
Malgastemos los segundos! Eructemos en las barbas de un profeta! Engengremos nuevos vicios! Señalemos a dios! Es hora de burlarse de él! porque estaremos limpiando, a carcajada limpia, todo rastro de toxicidad.
Quizá cumplamos años, puede ser.
Lo que nunca haremos, porque jamás será posible, será vivir nuestra propia vida.
Viviremos el univeroso entero. Seremos entre el Bang y el Crunch. La respuesta a la espiral y la pregunta al vacio.
Seremos eso y nada más.
Seremos todo.


calentando con CLARICE

Publicado en De Otros. el 21 de Mayo, 2008, 13:09 por MScalona

         clarice lispector, BRA, 1920-1977

 

  FICCIÓN  O  NO

                        Estoy entrando en un mundo donde raramente me atrevo a entrar, pues ya pertenece a la crítica. Pero es que me sorprende un poco la discusión sobre si una novela es o no novela. Sin embargo, las mismas personas que no la clasifican como novela hablan de sus personajes, discuten sus motivos, analizan sus soluciones como posibles o no, adhieren o no a los sentimientos y pensamientos de los personajes. ¿Qué es ficción? Es, en suma, supongo, la creación de seres y acontecimientos que no existieron realmente pero a tal grado podrían existir que se vuelven vivo. Pero que el libro obedezca a una determinada forma de novela –sin ninguna irritación, je m´en fiche. Sé que la novela se haría mucho más novela de concepción clásica si yo la volviera más atractiva, con la descripción de algunas de las cosas que enmarcan una vida, un romance, un personaje, etc. Pero exactamente lo que no quiero es el marco. Convertir en atractivo un libro es un truco perfectamente legítimo. Prefiero, no obstante, escribir con el mínimo de trucos. Para mis lecturas prefiero lo atractivo, pues me cansa menos, exige menos de mí como lectora, pide poco de mí en cuanto a participación íntima. Pero para escribir quiero prescindir de todo lo que yo pueda prescindir: para quien escribe, esta experiencia vale la pena.

            ¿Por qué no ficción, sólo por no contar una serie de hechos que constituyen un enredo? ¿Por qué no ficción? No es autobiográfico ni es biográfico, y todo los pensamientos y emociones están relacionados con personajes que en el libro en cuestión piensan y se conmueven. Y si uso ese o aquel material como elemento de ficción, es un problema exclusivamente mío. Admito que de este libro se diga como se dice a veces de las personas: "¡Pero qué vida! Mal puede llamársela vida".

            En novelas donde la trayectoria interior del personaje apenas se aborda, la novela recibe el nombre de social o de aventura o de lo que quieran. Que para otro tipo de novela se aplique otro epíteto, llamándola "novela de…". En fin, mero problema de clasificación.

            Pero es claro que La Pasión según G.H. es una novela.

28 de febrero

FUTURO IMPROBABLE

            Alguna vez iré. Alguna vez iré sola, sin mi alma esa vez. Al espíritu, lo habré entregado a la familia y a los amigos con recomendaciones. No será difícil cuidar de él, exige poco, a veces se alimenta con diarios. No será difícil llevarlo al cine, cuando vayan. Mi alma yo la dejaré, cualquier animal la cobijará: serán vacaciones en otro paisaje, mirando a través de cualquier ventana llamada alma, cualquier ventana de ojos de gato o perro. De tigre, preferiría. Mi cuerpo, a ése me veré obligada a llevarlo. Pero le diré antes: ven conmigo, como única valija, sígueme como un perro. E iré hacia delante, sola, al fin ciega para los errores del mundo, hasta que tal vez encuentre en el aire algún bólido que me reviente. No es la violencia lo que busco, sino una fuerza todavía no clasificada pero que no por eso dejará de existir en el mínimo silencio que se desplaza. En ese instante hará mucho que la sangre ya habrá desaparecido. No sé cómo explicar que, sin alma, sin espíritu, y un cuerpo muerto –seré todavía yo- horriblemente lista. Pero dos y dos son cuatro y eso es lo contrario de una solución, es un callejón sin salida, puro problema arrollado en sí mismo. Para volver al "dos y dos son cuatro" es necesario volver, fingir saudade, encontrar el espíritu entregado a los amigos, y decir: ¡Cómo engordaste! Satisfecha hasta el tuétano por los seres que más amo. Estoy muriendo mi espíritu, siento eso, lo siento…

ME HAGO CARGO DEL MUNDO

            Soy una persona muy ocupada: me hago cargo del mundo. Todos los días miro desde el balcón el pedazo de playa con mar, y veo a veces que las espumas perecen más blancas y que a veces durante la noche las aguas avanzaron inquietas, veo eso por la marca que las olas dejaron en la arena. Miro los almendros de mi calle. Presto atención a si el cielo de noche, antes de irme a dormir y encargarme del mundo en forma de sueño, si el cielo de noche está estrellado y azul marino, porque ciertas noches en vez de negro parece azul marino. El cosmos me da mucho trabajo, sobre todo porque veo que Dios es el cosmos. De eso me ocupo con cierta aversión.

            Observo a un niño de diez años, vestido con harapos y flaquísimo. Tendrá una futura tuberculosis, si es que ya no la tiene.

            En el jardín Botánico, luego, quedo exhausta, tengo que hacerme cargo con mi mirada de las mil plantas y árboles, y sobre todo de las victorias regias.

            Que se note que no menciono ni una vez mis impresiones emotivas: lúcidamente sólo hablo de algunas de las millares de cosas y personas de las que me encargo. Tampoco se trata de un empleo pues no gano dinero con eso. Tan sólo me entero de cómo es el  mundo.

            ¿Si hacerse cargo del mundo de trabajo?  Sí. Y recuerdo un rostro terriblemente inexpresivo de una mujer que vi en la calle. Me hago cargo de los miles de favelados de arriba de las laderas. Observo en mí misma los cambios de estación: yo claramente cambio con ellas.

            Me han de preguntar por qué me hago cargo del mundo: es que nací; así, todo es de mi incumbencia. Y soy responsable por todo lo que existe, incluso las guerras y los crímenes de leso cuerpo y lesa alma. Soy inclusive responsable por el Dios que está en constante cósmica evolución para mejor.

            Me ocupo desde niña de una fila de hormigas: ellas andan en fila india cargando un pedacito de hoja, lo que no impide que cada una, al encontrarse con una fila de hormigas que viene en dirección opuesta, pare para decir algo a las otras.

            Leí el célebre libro sobre las abejas, y me hice cargo desde entonces de las abejas, especialmente de la reina madre. Las abejas vuelan y lidian con flores: esto yo lo constaté.

            Pero las hormigas tienen una cintura muy finita. En ella, pequeña como es, cabe todo un mundo que, si no presto atención, se me escapa: sentido instintivo de organización, lenguaje que supera lo supersónico para nuestros oídos, y probablemente los sentimientos instintivos de amor-sentimiento, pues hablan. Me hice cargo de las hormigas cuando era pequeña, y ahora, que yo quería tanto poder verlas de nuevo, no encuentro ni una. Que no hubo matanza de ellas, lo sé porque si la hubiera habido yo me habría enterado. Ocuparse del mundo exige también mucha paciencia: tengo que esperar el día en que aparezca una hormiga. Paciencia: observar las flores abriéndose imperceptible y lentamente.

            Sólo que no encontré todavía a quién rendir cuentas.

LLORANDO QUEDO

            … yo lo vi de repente y era un hombre tan extraordinariamente lindo y viril que yo sentía una alegría de creación. No es que lo quisiera para mí así como no quiero la Luna las noches en que se vuelve leve y frígida como una perla. Así como no quiero para mí a un niño de nueve años que vi, con cabellos de arcángel, corriendo detrás se su pelota. Lo que yo quería de todo era sólo mirar. El hombre miró un instante hacia mí y sonrió con calma: él sabía lo bello que era, y sé que él sabía que yo no lo quería para mí, él sonrió porque no sintió ninguna amenaza. (Los seres excepcionales están más expuestos a peligros que el común de las personas.) Crucé la calle y tomé un taxi. La brisa me erizaba los cabellos de la nuca y era otoño, pero parecía preanunciar una nueva primavera como si el verano agotador mereciera la frescura del nacimiento de las flores. Pero era otoño y las hojas amarilleaban en los almendros. Estaba tan feliz que me encogí en un rincón del taxi con miedo pues la felicidad también duele. Y todo eso causado por la visión de un hombre lindo. Yo seguía sin quererlo para mí, pero él de algún modo me había dado con su sonrisa de camaradería entre personas que se entienden. A esa altura, cerca del viaducto del Museo de Arte Moderno, yo ya no me sentía fea, y el otoño me pareció una amenaza dirigida contra mí. Tuve entonces ganas de llorar quedo.

del libro  REVELACIÓN DE UN MUNDO----  Edit  Adriana Hidalgo

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-