"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




14 de Mayo, 2008


El viaje

Publicado en General el 14 de Mayo, 2008, 15:25 por -luciano-

            Les ocurre de mañana. Ella dice, él niega y ella ratifica con algún ejemplo. Después, a él no le alcanza ir de Funes al centro para pulir eso y lo que sea. Y ella no se desayuna que es mejor callar. Como a la vuelta, cuando el cansancio justificaría el silencio.

Si tan sólo alguna vez, sortearan ese trayecto sin pelearse. Pero ella cita a su suegra y dice: “A José María, lo dejó la mina”; y ha dado el ejemplo. Una expresión que sin duda, podría interpretarse ambigua: Quien me abandonó esta vez, fue la señora que limpia, pero bueno ¿Qué más se podría agregar?  Niega entonces, que hubiese tomado nota de la frase, y la charla va virando, al tiempo que él le dedica a escribir en el trabajo. Niega también que sea mucho, y dice que esa intuición que la llenaría de orgullo a veces falla, que siempre exagera y que si él le dedica media hora, ella piensa en ocho. Y pide que ¡por favor, no lo repita! y lo reproduce sarcásticamente: “¡Ojo con lo que decís! Mirá que tu hijo es escritor y anota todo”.

Un consejo, que sólo genera silencio. Un silencio de tres cuadras y que él mismo interrumpe rescatando otra. Le dice que antes del ¡ojo!, también le recriminó “¡Cómo te tiene el cuentito!”; que eso dijo y que también  habló al pedo. Y que justamente dio a entender que ella esperó, porque él se quedó escribiendo. Entonces, ni siquiera contestó. Pero ahora se ve que sí y confiesa que “no está escribiendo nada”. Que “ya lo entregó” le dice, que “habló al pedo” le repite, y remarca que “le falló la intuición”. Ella dice “verde”, y con la cabeza señala el semáforo.

Si yo hubiese estado ahí, o ella no hubiera agregado “anota todo”, tal vez el asunto pasaba de largo. O al menos nadie sabría de “qué hijo” estaría hablando. Él pide que por favor nunca más repita eso y ella piensa, que no sería nada raro, que ahora que ando así de sólo, me largue a hacer estas cosas. Y pregunta: - ¿Y cuándo se es escritor? –y sonríe-. Y él supone que lo está forreando y por eso no contesta y ya no vuelven a hablar.

Pensó al principio: dos o tres cuentos (leíbles) y alguna novela (como salga). Ahora sabe que aunque lograse la marca, no alcanzaría. Y si dependiera de él, dictaminaría que nunca más a nadie se lo llame así, y menos, enfrente de su familia. Se despiden sin un beso. El tráfico, la determina a bajarse en la cola de un semáforo. Y antes de cerrar la puerta le comenta algo que él no escucha ni le pide que repita, y en cambio piensa en lo lejos que queda Jujuy.

Nadie imaginó, que esto pasaría en Rosario. Dejar el auto en el bajo y caminar siete cuadras hasta el centro. Al entrar al banco, Carolina le comenta que “preguntaron por él”. Ý él piensa “me tienen los huevos rotos” y en lo linda que se ha puesto Carolina. Y que “diez minutos” antes no era nada, “ahora voy” (les dice a todos) y abre una carpeta y se anticipa y putea contra la memoria. El interno suena y putea de nuevo ¡me afanaron la birome! y también se queja que ya no sabe hace cuánto, tendrían que haberle agregado algo a la suya.

- A la de todos –lo corrige ella- y le acerca una bic negra. Se le ha parado en la entrada del box y se le queda mirando, y él parece estar pensando, en todo el tiempo perdido. Ella vuelve a su escritorio, el interno suena, esta vez atiende y dice “ya voy”. Encuentra abierto el archivo y entonces por fin anota: “A José María, lo dejó la mina”.

            Y en la desesperación, supongo que es natural. Uno intenta refugiarse, en el optimismo ajeno. “¡Escribile cuñado!”, “¡Nos mata que nos escriban!”. Pero ¿qué puedo decirle? ¿Que hay silencios que uno percibe más tarde? Si duele más esperar que la respuesta. La espera no cicatriza ¿Sabías? Mala idea cuñada.

- Boludo te van a echar -recrimina Carolina-. Está cruzada de brazos y él piensa que si lo echan, todavía le tocaría muy buena guita. Y que por supuesto que le importaría, pero que no sabe cuánto… digo, piensa en pros y encuentra algunos, y en contras, y lo primero que encuentra es Carolina. Su piel, y sus ojos del color de la fruta inmadura. Los suyos, se ve que ya no resisten. Son como la tierra a la vera del río. Como el árbol, o no sé, a veces se hace difícil interpretar a mi hermano. Que detecta un movimiento, sí, detrás del pelo cobrizo alguien asoma. Y escucha que dicen ¡hola! y al principio siente que los interrumpen, y después, como un calor en el pecho, que le sube y son dos o tres segundos en los que jamás reacciona… Pero por suerte ella sí: cómo si la juventud de ahora, encapsulara el asombro. Sucede así: Carolina ni se inmuta, se da vuelta y ellas mismas se presentan. Y después: ella justifica que le dijo (“que en una de esas pasaba”) y apoya en el escritorio su folleto. Semana Santa en Jujuy leen los dos al mismo tiempo.

Y uno debería pensar que debe ser cierto: que junto con la experiencia les llega el sexto sentido. Pero no las inmuniza del calor, o el antídoto, se evapora en pocos años. Cada vez menos, supone al advertirlo en sus orejas y escucharla comentar, que mientras entraba al banco… eso comienza a decirle, pero después se corrige, mientras venía caminando (dice ahora) pensaba en lo mismo, en la distancia. Y le reconoce, que Purmamarca es muy lejos.

Y mientras ve que él asiente, aprovecha y entierra su folleto entre sus cosas. Y ya no confiesa, que hubiese apostado “el viaje” y quién sabe, “consultar antes de hablar”, que lo encontraría escribiendo.

more Shepard

Publicado en De Otros. el 14 de Mayo, 2008, 15:23 por MScalona

                     Mi Papá tiene una colección de discos metida en cajas de cartón que guarda alineada junto a la pared de su dormitorio, coleccionando polvo de Nuevo México. Su mayor trofeo es un Al Jonson 78 original con la tapa sellada, pero hasta la cinta adhesiva está rota. La última vez que le vi trató de sobornarme para que volviera con ese disco a Los Angeles y lo vendiera por un buen fajo de billetes. Está convencido de que vale como mínimo mil dólares. Quizá más, según como esté el mercado. Dice que últimamente ha perdido el contacto con el mercado.

Mi papá tiene la foto de una señorita española completamente cubierta de nata batida. La tiene clavada con una tachuela encima del fregadero de la cocina. Es cierto. Me llevó con él hasta la foto y los dos nos quedamos mirándola un rato.

-Se supone que por debajo de la nata está desnuda, pero apostaría cualquier cosa a que lleva algo-dijo.

Me hizo repasar todas sus paredes. Todas sus paredes están cubiertas de imágenes. Recortes de revista que van de pared a pared. Cada uno ofrece un punto de vista diferente. Es como asomarse a diferentes ventanas que dan a intrincados paisajes. Estuve mirando esas imágenes. Una cascada con rocas auténticas pegadas con cola en el primer plano. Unas rocas de otra foto que encajaban con esa cascada. Un perro blanco con un pez verde en la boca. Cactus Saguaro en un ocaso, arrancado de un número de mil novecientos cincuenta y cuatro de Arizona Highways. Un Orangután anaranjado que se toca las partes. Una patrulla de Bombarderos B-52 volando en formación. Un collage de caras salpicadas con grasa de tocino.

Mi papá tiene metida en una caja de café Yuban una colección de colillas de cigarrillo. L e compré un cartón de Olds Gold pero no quiso ni tocarlos. Insistió en retorcer las colillas hasta sacarle todo el tabaco y luego iba pitillos encima de una bolsa de papel para no perder un una hebra. Lanzó una mirada burlona a mi cartón, a sus pitillos pulcros y liados a máquina.

Se gastó en Bourbon todo lo que le di para comida. Llenó la nevera de botellas. Se hizo cortar el pelo al cepillo, como un piloto de caza de la Segunda Guerra Mundial. Sonreía satisfecho cada vez que se paseaba la mano por los tiesos pelos. Dijo que se lo cortaban así para que les encajaran bien los cascos. Me enseñó las cicatrices de metralla, que aún se le notaban en la base del cuello.

Mi Papá vive solo en el desierto. Dice que no se lleva bien con la gente.

 

 

 

 Crónicas de Motel. Anagrama Compactos.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-