"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




8 de Mayo, 2008


Esquela.-

Publicado en Nuestra Letra. el 8 de Mayo, 2008, 21:54 por maripau.-

Con el televisor de fondo

-pero bajito-

me dispuse a escribir a calzón quitado

esta esquela

sólo para advertir

que por ahora

no voy a recoger mis invisibles caídos en tu almohada,

que nos acontecen pequeñas rutinas

en aguda rebelión contra el instante

y yo no puedo sino asentir.

Pero es feriado, no me hagas tanto caso.

LECTUFIESTA... mañana

Publicado en General el 8 de Mayo, 2008, 12:27 por MScalona

viernes  9 de mayo, Bar Don Chicho, Mitre y Pje Zabala...

L E E R Á N


BAGNATO
LÓPEZ PUCCIO
JAVKIN
PUJOL
BARTA
KUBA
FABI
MUSA
SAURO
BOASSO
GALIMBERTI
Y    CASTRO.....       8  a  4...
                                                              
                                                     
por favor, lectura breve, zapping... poema o relato máximo 20 -25 renglones...
ruego    PUNTUALIDAD...  22 hs... los invitados no pagan, y nosotros
cada uno $ 10.-  para Disc Jay y premios.  Si sobra, lo ponemos para la
barra...    salute...        M a r c e                        

Entretenimiento vs. Realismo-Transparencia

Publicado en General el 8 de Mayo, 2008, 10:26 por MScalona

Carlos Ruiz Zafón

"Escribo para el lector"

Tras el éxito mundial de La sombra del viento (10 millones de ejemp), el escritor español acaba de lanzar El juego del ángel, una novela que recrea el mito del pacto fáustico en la Barcelona de principios del siglo XX y que acaba de llegar a la Argentina. En una entrevista exclusiva, el autor habla de su obra, da la lucha entre el bien y el mal, y de su afición por la música. Además, hace una fuerte reivindicación de la literatura de género y el placer de la lectura...

                                                                       

http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1006552&origen=acumulado&acumulado_id=6734-1

more DERRUMBE...

Publicado en De Otros. el 8 de Mayo, 2008, 9:30 por MScalona

Por la tarde (faltan pocas horas para el comienzo del nuevo año) me llama por teléfono Aldo Segovia, un amigo del Nacional Sarmiento, el colegio al que fui cuando me echaron del Reconquista. Segovia es profesor de Psicología transpersonal. No sé bien de que se trata, probablemente sea otro método para estafar imbéciles. Trabajan con los recuerdos, o algo así. La base teórica de la disciplina es que la proximidad excesiva con desconocidos produce  un intercambio constante de identidades: a medida que caminamos por la calle se nos van pegando recuerdos, memorias, pensamientos ajenos, al punto que en los individuos de estructura psíquica endeble las adherencias externas producen nuevas personalidades. El amor sería una forma excluyente de esa chifladura: un intercambio de amenidades reducidas a dos términos de la relación. La única manera de evitarlo: irse a vivir a la montaña o a una cueva, encerrarse y no ver a nadie.

La historia de Segovia: vivió durante quince años con su esposa, Cristina. En algún momento, algo en el intercambio transpersonal se agotó: el cuerpo, la pasión, la paciencia. Peleas. Un día, después de una discusión fuerte, Segovia salió a caminar y se perdió por los barrios. A las dos o tres horas se sentó en el banco de una plaza. A su lado había una chica que tomaba sol. Hablaron.

Ella estudiaba Veterinaria, se iba a especializar en ablaciones de órganos cancerosos de animales domésticos, pero su sueño era dedicarse al cuidado de las especies en peligros de extinción. La conmovía el duro destino del Pudu-Pudu y del oso panda. Esa noche empezaron a vivir juntos.  Julieta. Le decían July. Era el amor, claro, la luminosidad del amanecer tras la prolongada siesta matrimonial. Pero a Segovia lo desvelaba estar separado de su hijo Pablo. Se pasaba las noches en la cama de su nueva vida pensando: "Yo estoy acá y mi hijo duerme en otra cosa". Era una puñalada en el corazón. Para aliviarle la herida, Julieta- una chica alegre, de naturaleza feliz, alguien a quien las cosas le iban bien- se compró una casa con la herencia que recibió de su abuela favorita. La casa tenía un cuarto para Pablo. De haberlo querido, Segovia hubiese podido armar otra familia: tener hijos con Julieta. Pero no soportaba la idea de estar viviendo con sus nuevos hijos en esa casa, y que Pablo durmiera en otra, la original, sólo con su madre.

            Un domingo, Aldo Segovia, Eduardo Montes (otro amigo del Sarmiento) y yo nos fuimos de pesca a Chapadmalal. Durante todo ese viaje Segovia no hizo otra cosa que hablar del fin de semana que años atrás había pasado en Necochea (o algún purgatorio pueblerino semejante) junto a Cristina y Pablo. Montes bromeaba diciendo que Segovia había mencionado tantas veces y con tanto detalle a su ex esposa que él ya creía haber participado de aquella excursión.

            "¡Qué mujer, Cristina! ¡Qué noches aquellas!", decía. Eran insoportables. Uno con su melancolía, de la que sólo él tenía la culpa, y el otro con esos chistes de secundaria. A lo largo de todo el viaje me cansé de decirle a Segovia que hacía dos años que vivía con Julieta y que no hacía otra cosa que hablar de Cristina. ¿Por qué no se dejaba de joder y volvía con ella? Estaba cultivando una pasión morbosa… Él negaba: "El matrimonio es un paquete. Cuando hablo de Cristina, hablo en principio de Pablo, de la casa, de la vida en común, y ahí entra Cristina".

            ¿Y Cristina? Cristina lo esperaba, desesperaba por el regreso de Segovia, que la había dejado por otra pero que volvía todo el tiempo a ver a Pablo. Ni siquiera le había quitado las llaves. Segovia iba a la casa, entraba con sus propias llaves, cortaba el pasto, jugaba con su hijo en el sillón que ya no ocupaba, si quería podía tirarse a dormir la siesta en su ex cuarto matrimonial. Hacía todo como si viviera allí, pero ya no vivía. Todos los días atravesaba la ciudad de punta a punta para ir a buscar a Pablo a la salida del colegio y llevarlo esas cuatro cuadras hasta la casa. Por supuesto, está la mucama, que podía haber hecho esa parte, para eso le pagan. Pero Segovia lee los diarios, sabe que hay robos de niños, los cartoneros los secuestran para tenerlos en sus casas, encadenados a las patas de las camas que encontraron en las calles de barrios en los que vive gente como Segovia. Después los venden a matrimonios del extranjero, estériles europeos de raza blanca que no quieren adoptar negros, árabes, chinos o pieles rojas. También, por supuesto, hay tráfico de órganos. Cortan a las criaturas con serruchos, cuchillos oxidados…

            El caso es que ni por un segundo Segovia podía desprenderse, olvidarse o distraerse de Pablo. ¿Qué piensa un chico que es dejado por un padre y, en el momento en que es dejado, advierte que pasa a ser una obsesión para el padre que lo dejó? Nadie sabe en qué piensa un chico, salvo cuando habla. Y cuando los chicos hablan, todos creen que dicen niñerías. En la casa de Julieta, Segovia sólo pensaba en el hogar que había abandonado y en que si Julieta llegaba a quedar embarazada, si él llegaba a tener otro hijo, a darle un medio hermano a Pablo, con el que ya no vivía… Eso equivaldría a confirmarle que había decidido hacerlo a un costado, lentamente, golpe a golpe, como en un plan de aniquilación. Así pensaba. Y mientras tanto Cristina lloraba, lloraba por teléfono, le pedía que no la dejara (algo que él ya había hecho), le rogaba que volviera con ella, decía que si él le pedía que lo esperara ella lo esperaba, que era su gran amor… Cuando Segovia le dijo que estaba viviendo con otra mujer, Cristina quiso… no tengo por qué contar esto. No es mi vida.

            Durante esos dos años en que fue feliz con Julieta, Segovia no hizo otra cosa que sufrir. "Cuando estoy con July no puedo olvidar ni por un segundo que Pablo está en la otra casa, solo. Con la madre, por supuesto, pero sin mí. No puedo dejar de pensar que dejé." Y cuando iba a buscar a Pablo a su casa anterior y lo llevaba a la nueva, la de Julieta, no podía dejar de pensar que estaba obligando a su hijo a vincularse con una mujer que no era su madre pero que tal vez terminaría siéndolo del hermanastro cuya existencia haría que Pablo se sintiera más solo y abandonado que nunca. Y además, cuando iba a buscar a Pablo, en el momento en que Cristina se arrodillaba delante del hijo y lo cubría de besos y se despedía y cerraba la puerta a sus espaldas, Segovia no podía menos que pensar que a Cristina, la mujer a la que le había desgarrado el corazón, ahora la dejaba durmiendo sola en el centro de la casa que habían comprado ambos, con amor y dinero, para pasar en familia todos los años posibles de una vida dichosa. Esa vida que no habían sabido vivir. Y ahora él, para retener siquiera durante un rato los vestigios de aquella dicha perdida, destrozaba aun más su corazón sacándole al hijo durante horas y obligándolo a compartir el techo con otra mujer. Y eso Cristina lo sabía, y lo sabía él, y lo sabía Pablo.

            Segovia al teléfono: "Cuando estoy con July pienso que Pablo y Cristina están solos. Cuando voy a ver a Pablo y a Cristina, extraño a July".

            Yo le contesto: "¿Por qué no volvés a tu casa y te quedás con Julieta como amante?".

            Segovia: "No puedo hacer eso. No lo merece nadie. No puedo hacerle eso a July, ni a Cristina, ni a Pablo".

            Yo: "Dejala a Julieta, entonces. Es joven pero ya quiere tener hijos. Ella va a encontrar otro tipo y se va a reponer".

            Segovia: "Ella sí. Pero ¿y yo?".

            Yo: "¿Y vos qué? Si peor no podés estar. Desde que te fuiste a vivir con Julieta tu vida es un circuito interminable de desesperación y remordimientos. Volvé a tu casa, tranquilo. Si seguís adelante con Julieta te vas a arrepentir. Pensá en el futuro. Tenés veinte años más que ella… Cuando llegues a los sesenta ella a tener cuarenta. Vos vas a ser una ruina humana y ella una mujer todavía deseable. Cuando tengas setenta ella va a tener cincuenta. Y así hasta el fin".

            Segovia: "No puedo dejarla. Tenemos tantas afinidades…".

            "¿Afinidades? ¿Y? ¿Desde cuándo eso es un motivo para estar o dejar de estar con una mujer?"

            "…Claro que yo sé que si la dejo se las va a arreglar de alguna manera."

            "¿Y entonces?"

            "¡Pero es que compró una casa para que estuviéramos juntos, armó un cuarto para que pudiera venir a visitarnos Pablo…!"

            Yo: "Hizo una buena inversión. O alquila la propiedad y obtiene una renta, o arma un zoológico privado con esos bichos agonizantes, o la usa para armar una familia de verdad".

            Segovia: "Qué comentario asqueroso".

            Yo: "El cinismo es puro criterio de realidad, que es lo que a vos te falta. Tu problema es que naciste sin plata en la parte equivocada del planeta. En Medio Oriente vivirías con las dos y con todos tus hijos lo más bien…".

            Segovia: "No se puede querer a dos mujeres".

            Yo: "Dudo que se pueda querer de verdad a una…".

            Segovia: "No seas escéptico".

            Yo: "No lo digo yo. Lo dice Napoleón Bonaparte. En el amor, la única victoria es la fuga".

            Segovia: "Sí. Se ve que vos tuviste una vida llena de victorias. ¿Y cómo andás con Paula?".

            Yo: "Me separé".

                                                                                                    

                                                                    DANIEL   GUEBEL

Edit Mondadori,  p.  27-36

Psicología de los Escritores

Publicado en Sugerencias. el 8 de Mayo, 2008, 9:22 por Mirta Guelman

Anatomía de la melancolía

La aparición de una selección de textos de la Anatomía de la melancolía (Winograd) del inglés Robert Burton (1577-1640), es un hecho destacado en el mundo de la edición local. Desde su primera publicación, en 1621, el libro, admirado por Jorge Luis Borges y Anthony Burgess, fue considerado una obra maestra. En estos fragmentos se analizan las consecuencias del estudio excesivo...

http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1008454&origen=4ta&toi=-1&pid

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-