"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




3 de Mayo, 2008


RICHARD FORD

Publicado en De Otros. el 3 de Mayo, 2008, 12:27 por MScalona

nació en USA, 1944, Pullitzer y dos veces Pen Faulkner. Su última novela, ACCIÓN DE GRACIAS, fue considerada la mejor de 2007 por la Asoc. de Críticos Independientes de EE.UU. Por Anagrama se consiguen (en Bs.As) casi todos sus libros.

                                                                                                                                            

 


                                El  Mujeriego

Era un instante maravilloso, seductor, importante… un instante que valía la pena preservar y él sabía que ella quería que durara. Austin estaba sentado con las manos en el regazo, sintiéndose voluminoso y torpe dentro del pequeño coche, y se oía respirar, consciente de que se hallaba a punto de lo que confiaba sería el gesto adecuado, el más adecuado de los posibles. Ella no se había movido. El motor seguía al ralentí, y los faros iluminaban débilmente la calle vacía mientras las luces del intermitente bañaban el habitáculo con su tenue fulgor verde.

      Austin, repentinamente –o al menos así le pareció a él- echó el cuerpo hacia el asiento del conductor, cogió las manos pequeñas y calientes de Joséphine, las retiró del volante, las puso entre las suyas, grandes e igualmente calientes, y las mantuvo así, como en un sándwich, aunque también de un modo un tanto protector. Se mostraría protector con ella; la protegería de cualquier mal aún sin nombre, o de sus propias y ocultas urgencias, si bien –en lo más inmediato- la protegería de él mismo, de Austin, puesto que se daba perfecta cuenta de que era más la renuencia de ella que la suya propia lo que los mantenía ahora apartados, lo que  les impedía estacionar el auto y entrar en el hotel y pasar la noche el uno en brazos del otro.

     

            Austin le apretó la mano con fuerza; luego aflojó la presión.

-Me gustaría hacerte feliz de alguna manera –dijo con voz sincera, y esperó en vano a que Joséphine le respondiera. Era como si lo que acababa de decir no significaba nada para ella o como si no le estuviera escuchando siquiera-. Es humano –dijo Austin, como si ella le hubiera contestado algo, algo como << ¿Por qué?>>, o <<No lo intentes>>, o <<No puedes hacer nada>>, o <<Es demasiado tarde>>.

-¿Qué? -Joséphine le miró por primera vez desde que se habían parado ante el hotel-.  ¿Es… que? -Estaba claro que no le había entendido.

-Es humano querer hacer feliz a alguien -dijo Austin, asiéndole la mano caliente, casi sin peso-. Me gustas mucho y tú lo sabes. -Por normales y corrientes que pudiera sonar, eran las palabras apropiadas en aquel momento.

-Sí. Bueno. ¿Para qué? – dijo Joséphine con voz fría-. Estás casado. Tienes mujer. Vives muy lejos. Dentro de dos, tres días, no sé, te habrás marchado. Así que… ¿para que te gustó?- Su cara tenía un aire impenetrable; era como si se estuviera dirigiendo a un taxista que acabara de decirle algo con una familiaridad excesiva. Dejó la mano en la de él, pero siguió mirando hacia el frente.

       Austin quería volver hablar. Deseaba decir algo -algo absolutamente correcto, también ahora- capaz de llenar aquel nuevo vacío que ella acababa de abrir entre ellos, unas palabras que hubiera podido planear, o incluso saber de antemano, pero que admitieran lo que ella había dicho, que mostraran su conformidad con ello, y que sin embargo permitieran otro momento ulterior en el curso del cual los dos pudieran acceder a un terreno nuevo, inexplorado.

Aunque lo único que a Austin se le ocurriría decir -y no tenía idea de porqué, ya que sonaba a necio y calamitoso- era: Las mujeres han pagado un alto precio por tener una relación conmigo. Palabras que no eran sin duda las adecuadas, ya que, que él supiera, no eran particularmente ciertas, e incluso aunque lo fueran resultaba tan jactanciosas y melodramáticas que harían que Joséphine o cualquier otra mujer se echaran a reír en cuanto las oyeran.

Sin embargo podía decirlas e inmediatamente después dejar que todo acabara entre ellos y olvidarse del asunto, lo cual quizá fuera un alivio. Aunque no era precisamente alivio lo que él buscaba. Él deseaba que llegara haber algo entre ellos, algo definitivo y realista y acorde con los hechos de sus vidas; deseaba avanzar a través de aquel terreno en el que nada parecía posible en aquel momento.

Austin fue soltando poco a poco la mano de Joséphine. Luego le puso las manos en la cara y la volvió hacia él, y se inclinó a través del espacio vacío que había entre ellos y dijo, justo antes de besarla:

- Al menos voy a besarte. Siento que estoy autorizado a hacerlo, y voy a hacerlo.

Joséphine Belliard no opuso resistencia, aunque tampoco puso nada de su parte. Su cara era suave y dúctil. Tenía una boca lisa, en absoluto llena, y cuando Austin puso sus labios en los de ella, Joséphine no hizo ningún movimiento hacia él. Se dejó besar; Austin fue inmediata y cruelmente consciente de ello. Lo que estaba sucediendo era lo siguiente: estaba forzándose a aquel contacto con aquella mujer y al presionar sus labios totalmente contra los de ella le asaltó la sensación de ser iluso, de que se estaba comportando de una manera necia, patética -la propia de ese tipo de hombre del que él mismo se reiría si se lo describieran con tales rasgos-. Era una sensación horrible, como la de sentirse viejo, y sintió un inmenso vacío  en las entrañas, y los brazos se le volvieron pesados como garrotes. Deseaba desaparecer del asiento de aquel coche y no recordar ninguna de las estupideces que tan sólo unos instantes antes habría estado pensando. Ahora, decantadas las posibilidades, aquél había sido su primer movimiento permanente y había consistido precisamente en el paso que no debía haber dado, el peor posible. Era ridículo.

Pero antes de que pudiera retirar sus labios de los de ella, cayó en la cuenta de que Joséphine Belliard estaba diciendo algo, con los labios pegados a los suyos, débilmente, y de que de hecho, al no resistirse, también ella le estaba besando, con la cara cediendo casi inconscientemente a su propósito. Y lo que estaba diciendo –susurrante, casi como en un sueño-, durante todo el tiempo en que Austin estuvo besando su boca delgada, era lo siguiente: <<No, no, no, no, no. No puedo. No, no…>>

Pero no se detuvo. No, no era exactamente lo que quería decir, porque dejó que sus labios se abrieran levemente en señal de reconocimiento. Y al cabo de un momento, un largo y detenido momento, Austin se apartó con lentitud, volvió a acomodarse en su asiento y aspiró profundamente. Volvió a poner las manos sobre el regazo y dejó que el beso fuera llenando el espacio  que había entre ellos, un espacio que él, en cierto modo, había esperado poder llenar con palabras. Había sido la cosa más inesperada y tentadora de todas cuantas pudieran haber nacido de su deseo de hacer las cosas bien.

Ella no aspiró con ruido. Se limitó a quedarse sentada como antes de que Austin la besara, y no habló ni pareció tener en mente nada que decir. Las cosas volvieron a ser más o menos como antes de que Austin la besara sólo que  la había besado -se habían besado- y ello suponía, cómo no, un cambio de enorme trascendencia.

-Me gustaría verte mañana- dijo Austin en tono resuelto.

-Si- dijo Joséphine casi con tristeza, como si no  pudiera evitar avenirse a los que le pedía-. De acuerdo.

Y Austin, entonces, al ver que no había más que decir, se sintió satisfecho. Las cosas estaban donde debían estar. Nada iba a ir mal.

-Buenas noches- dijo Austin con la misma resolución que antes. Abrió la portezuela, puso un pie en el asfalto y se bajó del coche.

-De acuerdo- dijo Joséphine. No miró al exterior a través de la puerta, pero él se había agachado hasta el hueco para poder mirarla. Ella tenía las manos sobre el volante y miraba hacia el frente, y su apariencia no era en realidad diferente de la de cinco minutos antes, cuando había parado el coche para dejar que él se apeara aunque tal vez parecía un poco más cansada.

Él quería dar con alguna palabra afortunada que pudiera ayudar a equilibrar el estado de ánimo de ella ahora (y no es que él tuviera la menor idea de cómo se sentía). Joséphine se mostraba  opaca, absolutamente opaca y eso no resultaba demasiado interesante. Pero él lo único que se le ocurriría ahora era algo tan estúpido como desastroso había sido lo último. Dos personas, al mirar, no ven el mismo paisaje. Tales fueron las terribles palabras que le vinieron a la cabeza, pero no las dijo. Lo que hizo fue dirigirle una sonrisa a Joséphine, erguirse, cerrar la puerta con firmeza y dar unos pasos hacia atrás, despacio, para que ella pudiera reanudar la marcha. Austin se quedó observándola mientras se alejaba de Méziéres calle abajo, y pudo advertir que ella no miró en ningún momento por le retrovisor. Como si para ella, él, de pronto. hubiera dejado de existir.

Richard Ford, DE MUJERES CON HOMBRES, Edit Anagrama, p-20-23

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-