Mayo del 2008


GigaNte AriStimuÑo....

Publicado en General el 31 de Mayo, 2008, 14:57 por Gonza!

foto de suburbanas en 26/05/08

...fijate que hasta me siento mal por los que no fueron...

JOHN GARDNER - para ser escritores-

Publicado en Sugerencias. el 31 de Mayo, 2008, 12:50 por MScalona

La  NaTuRaLeZa  DEL    EsCrItoR

Casi todo escritor principiante pregunta en un momento (o quisiera atreverse a preguntar), a su profesor de literatura creativa, si de verdad tiene o no lo que hace falta para ser escritor.

Y la respuesta sincera es casi siempre: <<Vaya Dios a saber…>> A veces se responde: <<Rotundamente sí, si no te desvías de tu propósito,>> y alguna que otra vez hay o habría que responder: <<No lo creo.>>

No es probable que quien haya enseñado literatura durante mucho tiempo o haya conocido a muchos escritores primerizos dé respuestas más concretas que éstas, pero la pregunta resulta más fácil de contestar si el escritor en ciernes, no se refiere a llegar a ser únicamente <<alguien que puede publicar>> sino <<un novelista serio>>, es decir, un artista sin compromiso y enteramente dedicado a su arte y no simplemente alguien que puede publicar una historia de vez en cuando; en otras palabras, si el principiante es de la clase de personas para quienes se ha escrito principalmente este libro.

         Lo cierto es que en los Estados Unidos hay tantas revistas –y en el mundo más- que casi cualquiera, si pone empeño, puede conseguir que tarde o temprano le publiquen un relato; y una vez que el escritor principiante ha publicado en una revista (pongamos que en cierta modesta publicación trimestral), con lo que en su carta de presentación a otros editores puede poner: <<Mis  escritos han aparecido en tal y tal revista>>, sus posibilidades de publicar en otras publicaciones aumentan. El éxito engendra éxito. Por un lado, el haber publicado en cinco o seis revistas modestas virtualmente garantiza el éxito en otras revistas no tan modestas, porque los editores, en la duda, suelen dejarse convencer por la certificación de que se ha publicado, sea donde sea. Y por otro lado, cuanto más escribe y publica el escritor novel (especialmente si publica tras haber mantenido correspondencia con un editor inteligente y dispuesto a dar consejo), más seguridad y habilidad adquiere. En cuanto a publicar una novela no muy buena, las posibilidades son mayores de lo que se podría pensar, aunque puede que la paga tampoco sea buena. Siempre hay editores que buscan nuevos talentos y están dispuestos a correr riesgos, y entre ellos abundan los que buscan específicamente ficción de mala calidad (pornografía, novelas de horror, etc.).

Hay escritores jóvenes que, debido a una peculiaridad de su forma de ser, no se sienten tales si no han conseguido publicar algo, como sea, donde sea.

Probablemente, dichos escritores harán bien en conseguirlo y acabar con ello de una buena vez (como sucede a veces con el debut sexual juvenil), pero harían aún mejor si, con las miras puestas en el futuro, mejoraran su nivel y lograran aparecer en publicaciones de mayor prestigio. Es difícil borrar esta clase de traspiés, como también lo es desembarazarse de técnicas burdas una vez que han dado resultado. Es como intentar dejar de hacer trampas en el golf o de engañar en el matrimonio.

         Para poder responder de forma responsable a la pregunta del joven escritor, el profesor de literatura creativa tiene que tomar en cuenta diversos indicadores que no son seguros, pero que ofrecen indicios válidos. Algunos de estos indicadores están relacionados con las facultades del individuo, evidentes o potenciales, y otros, con su carácter. El que ninguno de ellos sea infalible se debe en parte a que son relativos y en parte a que el escritor puede mejorar –abandonando hábitos técnicos o de su personalidad, mejorando por mera obstinación- o simplemente, con el tiempo, pasar de ser un probable no escritor a convertirse en un probable escritor de éxito.

         Lo peor que puede pasarle al escritor principiante que lo intenta y fracasa –a menos que tenga una idea jactanciosa de sí mismo o de lo que significa este oficio- es descubrir que para él, la escritura no es lo que más alegría y satisfacción le proporciona en la vida. Para los que buscan éxitos o brillo es más conveniente elegir carreras ligadas a los negocios o profesiones ligadas a ellos, aunque claro, allí también se producen estrepitosos fracasos.

         Lo primero y más honrado que debe saber el escritor principiante es que su vida es pasárselo todo el tiempo escribiendo y mejorando su nivel; lo segundo, es guardar su mundo interior y exterior para cumplir lo primero. Y lo tercero, es saber lo que cabe no esperar. Y allí es fundamental no tener expectativas jactanciosas o místicas, sobre uno mismo y sobre el oficio de escribir.

                     J O H N        G A R D N E R

Para ser novelista,   p. 21-25,  año  1983 ,  Ed. Ultramar

El libro tiene el prólogo de Raymond Carver, que fue alumno de escritura creativa de Gardner entre los 18 y los 21 años, y al cual celebra como su máxima y sana orientación, con enorme gratitud.

Gardner tuvo a su cargo por 20 años, el taller literario de la Universidad de Nueva York, su obra didáctica se reúne en 10 tomos, pero no está traducida al español.

PER (more) LONGHER

Publicado en De Otros. el 30 de Mayo, 2008, 22:38 por MScalona


                                                                                   

                                                                                  

                                                                                  

POR  QUÉ  SEREMOS  TAN  HERMOSAS

 

 

 

Por qué seremos tan perversas, tan mezquinas

(tan derramadas, tan abiertas)

y abriremos la puerta de calle al

monstruo que mora en las esquinas, o

sea el cielo como una explosión de vaselina

como un chisporroteo, como un tiro clavado en la nalguicie –y

por qué seremos tan tentadoras, tan bonitas

los llamaremos por sus nombres cuando todos nos sienten

    ( o sea, cuando nadie nos escucha)

Por qué seremos tan pizpiretas, charlatanas

tan solteronas, tan dementes.

 

por qué estaremos en esta densa fronda

agitando la intimidad de las malezas

como una blandura escandalosa cuyos vellos se agiten muellemente

al ritmo de una música tropical, brasilera.

 

Por qué

seremos tan disparatadas y brillantes

abordaremos con tocado de pluma el latrocinio

            desparramando gráciles sentencias

            que no retrasarán la salva, no

pero que al menos permitirán guiñarle el ojo al fusilero

Por qué seremos tan despatarradas, tan obesas

sorbiendo en lentas aspiraciones el zumo de las noches

peligrosas

tan entregadas, tan masoquistas, tan

-hedonísticamente hablando-

por qué seremos tan gozosas, tan gustosas

que no nos bastará el gesto airado del muchacho,

su curvada muñeca:

pretenderemos desollar su cuerpo

y extraer las secretas esponjas de la axila

tan denostadas, tan groseras

Por qué creeremos en la inmediatez

en la proximidad de los milagros

circuidas de coros de vírgenes suicidas y asesinos dichosos

tan arriesgadas, tan audaces

pringando de dulces cremas los tocadores

cachando, curioseando

Por qué seremos tan superficiales, tan ligeras

encantadas de ahogarnos en las pieles

            que nos recuerdan animales pavorosos y extintos

            fogosos, gigantescos

Por qué seremos tan sirenas, tan reinas

abroqueladas por los infinitos marasmos del romanticismo

tan lánguidas, tan magras.

Por qué tan quebradizas las ojeras, tan pajiza la ojeada

tan de reaparecer en los estanques donde hubimos de hundirnos

salpicando, chorreando la felonía de la vida

tan nauseabunda, tan errática.

 

 

 

                                         Néstor Perlongher

sobre Walfisch-LISPECTOR en Ross

Publicado en Sugerencias. el 30 de Mayo, 2008, 16:15 por MScalona

----- Original Message -----
From: edu
Sent: Friday, May 30, 2008 8:02 AM
Subject: Re:
                                   

Lo de Ross estuvo maravilloso, realmente has logrado hacer confluir a un grupo muy interesante que se relaciona con vos y con el mundo de la literatura. Muy bueno poder disfrutar del placer que esta gente transmite al haber aprendido a bucear entre las palabras, a llegar a sentir lo que el autor sentía al escribirlo, a poder apreciar los girones de interioridad que a veces se van desprendiendo del autor, y sentir entonces que hay algo que los relaciona (a lector y autor), tal vez como el agua de lluvia se relaciona con la lluvia. Impactante esa parte del cuento de Clarice Lispector; eso de contrastar la materialidad y la espiritualidad en casi todas las cosas, y que esa dualidad, de alguna manera y más allá de la cosmovisión de cada uno, se da también en los seres humanos. La materialidad del agua de lluvia, sin la mágica instantaneidad en la que se ve conformando una masiva unicidad dividida en millones de pequeñas gotas suspendidas en el aire, es sólo agua; la lluvia, como fenómeno en sí mismo, tiene una entidad propia, que según la intensidad con la que cae, el paisaje que le sirva de marco, y tantísimas otras cosas, puede llegar a la relacionarse con alguna parte de algún yo según las circunstancias que se dieran en la interioridad del yo en ese momento. Eso que se relaciona es lo inmencionable, lo indefinible, no por imposibilidad de hacerlo sino por la innecesariedad de hacerlo; para qué limitar en conceptos ideas y sensaciones que tal vez sólo difieran en el modo en que se expresan... (otra vez la dualidad de materia y espíritu, o como quiera no llamárselo) como si la exterioridad de la palabra no reflejara realmente aquel significado que fuimos a buscar dentro nuestro al elegirla pero que salió fomando parte del discurso. Es casi mágica esa relación que existe entre la interioridad (espiritualidad?) de las cosas, eso que las identifica y que tal vez (seguramente) tenga que ver con la calidad de "estar vivo", como la lluvia a diferencia de la roca y que sin embargo no agradece por eso (no tengo los textos, fui uno de los que los compartió, y tengo que fijarme si está entre el material que vos mandaste antes de la charla). Me encantaría continuar charlas sobre estos temas, y más me encantaría poder participar de ese tipo de reuniones de vez en cuando. Ya sé (me estuvieron contando) que hay un grupo que está en otro nivel, es más, ni están con vos, porque los echaste... con onda y por todo lo bueno que eso significa en cuanto al camino que cada uno ha recorrido ya. Pero bueno, de vez en cuando, tratando de no interferir la fluidez que se va dando, pero absorbiendo ese placer que contagian al exhibir la pasión que les produce la literatura, me encataría poder compartir ese tipo de experiencias.  Un abrazo.  Eduardo Oroño


La próxima vez

Publicado en Nuestra Letra. el 30 de Mayo, 2008, 12:24 por Saty

Cada minuto se me hace más insoportable la idea de tener que enfrentarla. No sé si será peor sentarme en la misma mesa y tener que mirarla, o cuando empiece a contarme de su separación. Porque seguro que el tema sale. Realmente me preocupa su reacción, si bien el tipo era  un desgraciado y le metió los cuernos durante todos los años que estuvieron juntos. Se encamó con cuanta mina se le cruzó y ella como una tarada lo perdonó cada vez. Ella, tan inteligente, preparada, hermosa. No entiendo qué hacía con un pobre tipo como él, sin estudios y en ese lugar de mierda. Realmente no sé qué le vio. Todavía me pregunto, después de tantos años, por qué largó todo para irse a vivir con él en ese pueblo de mala muerte.

 

Es una noche de mierda, las cuatro cuadras hasta la parada de colectivos se me están haciendo eternas. Deben ser los 5º bajo cero. Apuro el paso porque me parece ver que es el 103 el que se acerca. Me arrepiento de haberme puesto pollera y tacos altos, en lugar de unos jeans. Pensar que tardé horas en elegir la ropa, mirándome al espejo hasta encontrar el conjunto adecuado. ¿Adecuado para qué? ¡Qué boluda! Como si a alguien pudiera importarle lo que me pongo. Y menos a ella. A ella seguro que no. Nunca me dijo nada de mi ropa.

Poco importa ahora, pero si tan solo hubiese hablado antes, es probable que las cosas hubieran sido diferentes. Pero no me animé. Ese día en la playa, cuando nos quedamos solas, tendría que habérselo dicho, pero justo vino un pelotudo a pedirnos fuego y después, me pareció que estaba de mal humor. Fue el día que me contó que lo había encontrado con otra en su propia casa. Y no tuvo mejor idea que venir a buscarme para contarme. Y para que no se desesperara se me ocurrió llevarla a la playa.

 

El colectivero tiene la radio encendida y están diciendo que la temperatura es  record del mes en muchos años. Y encima a mí se me enganchó la media al subir. Debe ser la falta de costumbre. Ahora parezco una mujer de la vida con las medias corridas. Debería haber optado por algo más abrigado y práctico, pero quería verme bien cuando me encontrara con ella.

Me tortura pensar en lo que voy a decirle y sé con certeza lo que me va a contestar cuando yo empiece con la perorata de que no tiene que sentirse mal, que él era un hijo de puta. Sí. Porque le voy a decir que era un hijo de puta. Si se lo merece el muy imbécil. Tenía servido todo en bandeja, ella que lo amaba con locura y que se desvivía para hacer todo lo que él le decía. Y sin embargo la cagó. Mal.

 

No sé si bajarme una cuadra antes para tener tiempo de calmar mis nervios. Seguro que ella ya me está esperando porque si hay algo que le gusta es la puntualidad y quedamos a las ocho.

La razón me dice que debo dejar que ella comience a hablar. Escuchar como siempre la escuché, asentir con la cabeza aunque piense lo contrario, apretarle la mano en señal de amistad.

Me acuerdo de esa vez que habíamos tomado como locas y a duras penas logramos llegar a mi casa. Ahí también escuché. Hasta que se quedó dormida. Y el reloj que era de mi abuela, estuvo dando campanadas toda la noche y yo no podía dormir. La miraba, acostada a mi lado, parecía una nena, tan inocente en su madurez.

Dicen que las cosas por algo suceden y debe ser cierto porque esa vez tampoco pude confesarle nada.

 

La cuestión es agarrar coraje apenas entre al bar. Estoy pensando que no la voy a dejar hablar primero y le voy a largar como un chorro todo lo que me da vueltas en la cabeza, porque si no va a ocurrir como siempre que no digo nada. Y estoy harta de no decirle nada.

Pero apenas entro y la veo, sentada contra la ventana, con la mirada perdida en no sé que recóndito pensamiento, se me olvida todo. ¡Está tan linda y tan triste a la vez!

 Lo más terrible es, que se levanta y me abraza tan fuerte como siempre abraza ella. Con esa manera tan sincera de demostrar los afectos. Cómo explicarle que le he mentido todos estos años, que cuando estábamos juntas nunca pude ser sincera. Decirle que no ya no puedo ser más su amiga. Sé, que apenas hable, la voy a perder. No voy a tolerar si su mirada es de desprecio o si noto un tono irónico en su voz.

 

“Te estaba esperando”, dice. Y en su voz presiento un dejo de ansiedad. Y empieza a hablar. Y yo hago como que la escucho mientras me cuenta de cómo lo extraña, y noto que está por llorar cuando llega a la parte en que me dice, que su separación es definitiva, que él ya retiró toda su ropa de la casa y se mudó a otro lado.

Mis manos están frías, pero estoy feliz. Definitivamente. Estoy escuchando lo que venía esperando hace tanto tiempo. Que él la dejó.

“¿Vos que harías?”

“Yo…nada. Está claro que no te quiere más”.

Y me rompe el corazón cuando le digo esas palabras. Las únicas que digo. Porque a pesar de todo, como siempre, no logro decirle que la amo. No me animo. No soportaría no volver a verla y me excuso, diciendo que el frío me debe haber hecho mal. Que me voy a casa, que me perdone.

Y salgo de ahí, casi corriendo, mientras me digo “la próxima vez, la próxima”.

 

 

 

 

no sos vos, soy yo...

Publicado en Humor el 30 de Mayo, 2008, 8:57 por MScalona

 

LINIERS -  www.lanacion.com.ar

l a d r a u n ! ! !

Publicado en Jodas el 29 de Mayo, 2008, 18:41 por MScalona

Coelho dice que vendió 100 millones de libros porque tuvo malas críticas.

En esta foto se queja de que le robaron la billetera, 

y él gritaba "ladraun... ladraun...",

lo mismo que muchos de sus críticos,

aunque en la confusión no se supo bien a quién...

El acto terminó con la canción favorita de su coterráneo,

ROBERTO CARLOS, que dice:   

"... yo quiero tener un millón de amigos..."  ¡Qué dulce!

Siempre me pregunto, AQUELLA

VERÓNIKA (que) DECIDE MORIR,

habrá muerto ????  Habrá sido feliz ???

Habrá comprendido que no hay nada más hermoso

que tener un millón de amigos...??? 

Pido una oración por el descanmso eterno de

VERÓNIKA COELHO...  y para Paulo, un aplauso...

y si un día se hace cremar,

otro aplauso para el asadorrrrrrrrrrr...!!!!!!!!!!!!!

fuente:   www.clarin.com

PERLONGHER

Publicado en De Otros. el 29 de Mayo, 2008, 17:06 por MScalona
 Néstor Perlongher, BsAs. 1949-1992

       

                                          

   El   Mal  de 

                         

No es lo que falta, es lo que sobra, lo que no duele.

Aquello que excede la austeridad taimada de las cosas

o que desborda desdoblando la mezquindad del alma prisionera.

Mientras estamos dentro de nosotros duele el alma,

duele ese estarse sin palabras suspendido en la higuera

como un noctámbulo extraviado.

Hoy Jueves, MARCE en PLAN A

Publicado en General el 29 de Mayo, 2008, 10:48 por MScalona


POR CANAL  3,  de 14 a 15 hs...

no creo que haga falta grabarlo...

y claro, se lo dedico a todos los que me quieren...

hay que besarse más...

no, no... ese no era el tema... ay... no me acuerdo...

pero Jack (que lo sabe todo) se debe acordar...

Fernando PESSOA

Publicado en General el 28 de Mayo, 2008, 15:12 por MScalona


Lección de Semántica

                                 

Fernando Pessoa   p. 199 

Libro del Desasosiego  -  EMECË

Nº 189

 

 

DIA DE LLUVIA

 

El aire es de un amarillo escondido, como un amarillo pálido visto a través de un blanco sucio. Apenas si hay amarillo en el aire agrisado. La palidez de lo grisáceo, empero, no muestra amarillo en su tristeza.

                                                                                                              

Algunas cosas se leen siempre de nuevo ( y por vez primera)

Publicado en De Otros. el 28 de Mayo, 2008, 12:09 por seldonito
Majestades,

Señor Presidente,
Señoras y señores:

Mírenlos. Están aquí. Siempre estuvieron aquí. Llegaron antes que nadie. Nadie les pidió pasaportes, visas, tarjetas verdes, señas de identidad. No había guardias fronterizas en los Estrechos de Behring cuando los primeros hombres, mujeres y niños cruzaron desde Siberia a Alaska hace quince, once y cuatro mil años.

No había nadie aquí. Todos llegamos de otra parte. Y nadie llegó con las manos vacías. Las primeras migraciones de Asia a América trajeron la caza, la pesca, el fuego, la fabricación del adobe, la formación de las familias, la semilla del maíz, la fundación de los pueblos, las canciones y los bailes al ritmo de la luna y del sol, para que la tierra no se detuviese nunca.

Óiganlos. Los indios fueron los primeros poetas, cantaban con las palmas de las manos para enumerar las metáforas del mundo.

Todo ello elevado al gran canto poético de la brevedad de la vida.

No hemos venido a vivir.
Hemos venido a morir.
Hemos venido a soñar.

Pero anclado en la eternidad de la palabra:

Pero yo soy un poeta
Y al cabo comprendí:
Escucho una canción, miro una flor,
¡Ay, que ellas jamás perezcan!

La palabra como principio del mundo. Pues como atestigua el Popol Vuh, «La palabra dio origen al mundo».

Nos instalamos en el mundo, nos recuerda Emilio Lledó. Pero el mundo también se instala en nosotros. La lengua es nuestra manera de modificar al mundo a fin de ser personas, y nunca cosas, sujetos y no sólo objetos del mundo. La lengua nos permite ocupar un lugar en la comunidad y transmitir los resultados de nuestra experiencia.

Nadie, tampoco, les pidió visas o tarjetas verdes a los descubridores, exploradores y conquistadores que llegaron a las costas de Cuba y Borinquen, Venezuela —la pequeña Venecia— y la Villa Rica de la Veracruz empujados por el gran huracán de una historia indómita, en barcos cargados, a su vez, de palabras, de pasado, de memoria.

La América indígena se contagió del inmenso legado hispánico. Las costas del Caribe y del golfo de México recibieron una marea que venía de muy lejos, del Bósforo, de las hermanadas tierras semitas de Israel y Palestina, de la palabra griega que nos enseñó a dialogar, de la letra romana que nos enseñó a legislar y, al cabo de la más multicultural de las tierras de Europa, España celta e ibera, fenicia, griega, romana, judía, árabe y cristiana.

Hoy que se propone la falaz teoría del choque de civilizaciones seguida del peligro hispánico para la integridad blanca, protestante y angloparlante de los Estados Unidos de América, conviene disipar dos mitos.

El primero, que Norteamérica no es una región monolingüe o monocultural, sino un verdadero tejido de razas y lenguas: esquimo-aleutiana y na-dené en los orígenes; en seguida, español de San Agustín en la Florida a San Francisco en California; francesa de Nueva Orleáns en la Luisiana a De-trúa (hoy Detroit) de los Illinois; y luego, en sucesivas olas migratorias, alemán e italiano, polaco y ruso y en irónico reverso, el español sefaradí junto con el yiddish y, en la frontera del otro mar descubierto por Balboa, la migración de lengua japonesa, coreana, china y vietnamita: avenidas enteras de Los Ángeles anuncian su comercio y su trabajo en lenguas asiáticas, convirtiendo a otra ciudad hispánica —Nuestra Señora de los Ángeles de Porciúncula— en el Bizancio lingüístico y cultural del Océano Pacífico. Pues también los puritanos ingleses llegaron a las costas de Massachussets en 1621 sin pasaportes o permisos de trabajo. También ellos llegaron de otra parte.

El contagio, asimilación y consiguientes vivificación de las lenguas del mundo es inevitable y es parte inexorable del proceso de globalización. Que la lengua española ocupe el segundo lugar entre las del Occidente, da crédito no de una amenaza, sino de una oportunidad. No de una maldición, sino de una bendición: el español ofrece al mundo globalizado el espejo de hospitalidades lingüísticas creativas, jamás excluyentes, abarcantes, nunca desdeñosas. Lengua española igual a lengua receptiva, habla hospitalaria.

La predominancia del castellano desde Alaska —Puerto Valdés— hasta Patagonia —Puerto Santa Cruz— no determinó el exterminio de las lenguas amerindias. Del navajo en Arizona al guaraní en Paraguay, el lenguaje amerindio de enigmas, figuras y alegorías —como lo llama el Libro de las Pruebas de Yucatán— sobrevivió hablado hasta el día de hoy por más de veinte millones de seres humanos.

Sólo que un purépecha de Michoacán no puede entenderse con un pehuencha de Chile si ambos no hablan la lingua franca de la América indohispana, el castellano. El castellano nos comunica, nos recuerda, nos rememora, nos obliga a transmitir los desafíos que el aislamiento sofocaría: en su lengua maya o quechua, el indio de hoy puede guardar la intimidad de su ser y la colectividad de su intimidad, pero necesitará la lengua española para combatir la injusticia, humanizar las leyes y compartir la esperanza con el mundo mestizo y criollo.

Y todos nuestros mundos americanos —indígenas, criollos, mestizos— son desde siempre portadores de una riqueza multicultural mediterránea que sólo podemos desdeñar por intolerable voluntad de empobrecimiento.

Indoamérica también es Hispanoamérica gracias a las tradiciones hebreas y árabes de España.

Somos lo que somos y hablamos lo que hablamos porque los sabios judíos de la Corte de Alfonso el Sabio impusieron el castellano, lengua del pueblo, en vez del latín, lengua de la clerecía, a la redacción de la historia y las leyes de Castilla.

Con cuánta emoción, Majestades, señoras y señores, asistimos en 1990 a la entrega de los Premios Príncipe de Asturias en Oviedo cuando el príncipe Felipe le abrió los brazos a las comunidades judías de la vieja España para recibirlas; dijo don Felipe: «con una gran emoción y el espíritu de concordia de la España de hoy».

Pero también llegó a nuestra América la España árabe. Siete siglos de convivencia nos dieron la tercera parte de nuestro vocabulario, nos legaron el rumor del agua, la frescura de los patios, la palabra visible y el rostro invisible de Dios y el rescate de nuestra más vieja tradición mediterránea, la de Grecia, conservada por Islam y transmitida a la Europa medieval a través de la arábiga Escuela de Traductores de Toledo.

Hispano-árabes son el Don Julián de Juan Goytisolo y colombiano-hispano-árabes son los Cien años de soledad de García Márquez: libros paridos por la unión de Cherezada y Cervantes, libros fieles al testamento del rey San Fernando en su sepulcro de la catedral de Sevilla, con los costados de la tumba escritos uno en castellano, otro en latín, el tercero en hebreo y el cuarto en árabe: rey de las tres religiones y de las cuatro lenguas.

Seamos, en este gran Congreso, guardianes fieles de nuestras tradiciones vivas, capaces de iluminar caminos de paz mediante el reconocimiento de letras y espíritus compartidos.

Escuchémoslas. Melancólicas lenguas de vida pasajera y muerte celebrada en la América indígena. Conflictivas lenguas de pasiones místicas y carnales en la España medieval y renacentista.

¿Qué las une? ¿Qué sucede con una y otra tradición cuando la energía sobrante de la España de la Reconquista cruza los mares y conquista, ahora, las tierras de otra civilización, a sangre y fuego pero también a palabra y cruz?

Las une la lengua.

En muy poco tiempo, el castellano de América adquiere un tono propio, indoespañol.

Las une la épica, pero no sólo la que SimoneWeil, leyendo la Ilíada, describe como «un poema del Poder» sino una épica dolorosa, la de Bernal Díaz del Castillo maravillado por la visión de Anáhuac y obligado, en seguida, a destruir lo que ha aprendido a amar. O como dice el gran crítico Francisco Rico, «singular convivencia de naturalidad y pasmo».

De este drama del deseo —anhelo pertinaz, jamás cumplido— nace una segunda épica mestiza, la del Inca Garcilaso de la Vega, y una lírica mestiza, la de Sor Juana Inés de la Cruz.

Ambos quieren ser indoamericanos que hablan y escriben en español.

Pero hay algo más.

Poseemos una tradición que le dio a la lengua castellana un relieve distinto, nacido de la necesidad de esclavos privados de sus lenguas nativas y obligados a aprender las lenguas coloniales para entenderse entre sí —para amarse y procrearse, para armarse y rebelarse— adoptando y cambiando el habla castellana con creatividad rítmica:

Casimba yeré
Casimbangó
Yo salí de mi casa
Casimbangó
Yo vengo a buscá
Dame sombra ceibita
Dame sombra palo Yabá
Dame sombra palo Wakinbagó
Dame sombra palo Tengué

que anuncia la velocidad que corre desnuda un día, enmascarada al siguiente, para amplificar el castellano popular de las Américas, felizmente incorporado —honor a Víctor García de la Concha— al Diccionario de la Real Academia. Lo evoqué en su mexicanidad en Valladolid. Le hago eco en su argentinidad en Rosario: el covoliche no es una macana ni un jabón, es un tarro que encubre matufias, nos hace más cancheros de la lengua, más hinchas de las letras, jamar mejor las escrituras, jotrabarchorede el alfabeto, y viva quien me proteja, sobre todo si es un Cortázar que arma su propio lunfardo en Rayuela.

Formamos parte de una civilización inmensamente rica, plural, «cósmica» como diría José Vasconcelos.

Las pruebas están en todas partes y el edificio no ofrece fisura alguna.

La continuidad es asombrosa, el origen enriquece al presente, el presente alimenta al porvenir y cada una de nuestras raíces antiguas tiene sus manifestaciones modernas.

Pero no todo es celebración.

La continuidad cultural de Iberoamérica aún no encuentra continuidad política y económica comparable.

Tenemos corona de laureles pero andamos con los pies descalzos. El hambre, el desempleo, la ignorancia, la inseguridad, la corrupción, la violencia, la discriminación, son todavía desiertos ásperos y pantanos peligrosos de la vida iberoamericana.

La lengua y la imaginación literarias son valores individuales del escritor pero también valores compartidos de la comunidad. No en balde, lo primero que hace un régimen dictatorial es expulsar, encarcelar o asesinar a sus escritores.

¿Por qué? Porque el escritor ofrece un lenguaje y una imaginación contrarios a los del poder autoritario: un lenguaje y una imaginación desautorizados.

La lengua nos permite pensar y actuar fuera de los espacios cerrados de las ideologías políticas o de los gobiernos despóticos. La palabra actual del mundo hispano es democrática o no es.

Sin lenguaje no hay progreso, progreso en un sentido profundo, el progreso socializante del quehacer humano, el progreso solidario del simple hecho de estar en el mundo y de saber que no estamos solos, sino acompañados.

El lenguaje, nos recordó Francisco Romero, es un acervo patrimonial donde nada se pierde: constantemente, la palabra vence la ausencia de nuestro pasado para crear la presencia de nuestra historia.

Esa historia nuestra nacida de la ilusión de una nueva edad de oro, subyugada por la pérdida de la utopía pero renacida —nuestra historia— como vitalidad de la palabra que asume el pasado de nuestros pueblos, transmite los hechos históricos horizontalmente, entre los de hoy, pero también los transmite verticalmente entre los de ayer, entre las generaciones.

La lengua no es biología: se aprende; es educación.

Nunca olvidemos, al pensar, al hablar, al escribir nuestra lengua maravillosa, que nada se pierde.

Pues negar la tradición no nos aseguraría una libertad mayor. Todo lo contrario. La tradición nos obliga a enriquecerla con nueva creación.

Y la tradición nos invita a ser escépticos pero exigentes. No siempre lo hemos sido. A veces, queremos creer en el Paraíso para no darle la cara a la Caída. Pero la caída es la oportunidad de la siguiente creación.

Posiblemente el inglés sea más práctico que el castellano.

El alemán, más profundo.
El francés, más elegante.
El italiano, más gracioso.
Y el ruso, más angustioso.

Pero yo creo profundamente que es la lengua española la que con mayor elocuencia y belleza nos da el repertorio más amplio del alma humana, de la personalidad individual y de su proyección social. No hay lengua más constante y más vocal: escribimos como decimos y decimos como escribimos.

¿Y qué decimos?
¿Qué hablamos?
¿Qué escribimos?

Nada menos que el diccionario universal de las pasiones, las dudas, las aspiraciones que nos comunica con nosotros mismos, con los otros hombres y mujeres, con nuestras comunidades, con el mundo.

La tierra existiría sin nosotros, porque es realidad física.
El mundo, no, porque es creación verbal.
Y el mundo no sería mundo sin palabras.

Porque cuanto veamos y toquemos objetivamente en el mundo requiere, para seguir siendo, la correspondencia verbal de otro mundo al lado del mundo, que lo corrija y modifique y enriquezca verbalmente.

Nuestra literatura, la que celebramos en este gran Congreso argentino, proclama que la libertad no puede ser ajena a la creación de un mundo lingüístico. Todo lenguaje ilumina otro lenguaje y le da accesibilidad, permanencia y actualidad.

Actual es el lenguaje de Sor Juana Inés de la Cruz reclamando los derechos de la condición femenina:

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis…

Actual es el lenguaje de Luis Cernuda en defensa de la preferencia sexual «porque el deseo
—escribe— es una pregunta cuya respuesta nadie sabe» y actual la generosidad amorosa espléndidamente abarcante de Garcilaso:

Yo no nací sino para quereros…
Por vos nací, por vos tengo la vida.
Por vos he de morir y por vos muero…

Voz de la personalidad propia, inalienable, maravillosamente descrita por Jorge Guillén:

A ciegas acumulo
Destino: quiero ser

Palabra metafísica del mayor poema mexicano del siglo XX, la Muerte sin fin de José Gorostiza:

Lleno de mí, sitiado en mi epidermis,
por un Dios inasible que me ahoga.

Pero, ¿no es tan física esta palabra del alma como la del cuerpo natal de Martín Fierro?

Cantando me he de morir,
cantando me han de enterrar…
Desde el vientre de mi madre
vine a este mundo a cantar…

¿Y hay pregunta más lúcida que la Rubén Darío a la vida y a la palabra de la vida que el saber no sabiendo de su poema Lo fatal?

Popol Vuh, Martín Fierro, Rubén Darío.

Ah, es cierto. Conocemos estos poemas de memoria. Pero no les hacemos justicia si no los leemos o decimos siempre por primera vez, como si los acabásemos de descubrir, convencidos de que nadie, nadie ha dicho antes, ni siquiera Pablo Neruda:

Yo la quise y a veces ella también me quiso.

Nadie antes de nosotros, hoy, en este momento, en el presente que es el único lugar de cita del pasado —la memoria— y el porvenir —el deseo—.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

¡Qué extrañamiento, qué novedad cada vez que lo digo o lo leo! ¡Qué certeza de que el lector conoce algo que el escritor, ni siquiera Pablo Neruda, jamás conocerá: el futuro!

El mundo, dice Mallarmé, nos da voces y el escritor las devuelve a fin de otorgarle mayor pureza a las palabras de la tribu.

No lo creo. En español, le devolvemos las palabras a la tribu manchadas, manchegas, mestizadas, a fin de unir dos tradiciones que se subsumen en una sola, al filo del Cuarto Centenario del Quijote y es, una, la de nuestra capacidad hispanohablante para oponer al dogma la incertidumbre —¿son molinos o son gigantes?— y la otra, el poder de llenar los vacíos de la realidad con la realidad de la imaginación —sí, los molinos son gigantes—.

Majestades,
Señor Presidente,
Señoras y señores:

Estamos aquí, en Rosario, en un terreno común donde la historia que nosotros mismos hacemos y la literatura que nosotros mismos escribimos, pueden unirse.

Es el espacio compartido pero siempre inacotado en el que nos ocupamos de lo interminable —la historia— a través de lo amenazado —la palabra—.

Historia interminable, pues una sociedad está enferma o engañada cuando cree que la historia está completa y todas las palabras dichas.

Pero la desdicha del decir es ser dicho de una vez por todas y su posible dicha, ser siempre palabra por decir, aún no dicha, des-dichada.

Quienes proclaman el fin de la historia sólo quieren vendernos, dice Carmen Iglesias, otra historia: la suya, no la nuestra. Esa es la otra falacia —el fin de la historia— que quiero rechazar.

Nosotros, aquí, en este gran Congreso, sabemos que la historia no ha terminado, ni han terminado las palabras que manifiestan felicidad e inconformidad, escepticismo y confianza, amor y cólera benditos, dichos en lengua española.

El hispano parlante de ayer le da el verbo al hispano parlante de hoy y éste al de mañana.

Descendemos del gran flujo del habla castellana creada en las dos orillas por mestizos, mulatos, indios, negros, europeos.

Estas voces se oyen en América, se oyen en España, se oyen en el mundo y se oyen en castellano.

Gracias.



Carlos Fuentes

Congreso de la Lengua 2004

Chivo

Publicado en Sugerencias. el 28 de Mayo, 2008, 11:51 por seldonito
PERIODISMO DE PERIODISTAS

MIERCOLES 18HS
FM AZ 92.7

BARTHES = Semántica = Significado = Sentido

Publicado en General el 28 de Mayo, 2008, 11:13 por MScalona

SEMÁNTICA :  Significancia

 

Podemos atribuir a un texto una significación única y en cierto modo canónica; es lo que se esfuerzan en hacer detalladamente la filología y, en general, la crítica, de interpretación, que trata de demostrar que el texto posee un significado global y secreto, variable según las doctrinas: sentido biográfico para la crítica psicoanalítica; proyecto, para la crítica existencial; sentido sociohistórico para la crítica marxista, etc.; el texto se trata como si fuese depositario de una significación objetiva, y esa significación aparece como embalsamada en la obra-producto. Pero en cuanto el texto se concibe como una producción (y ya no como un producto), la “significación” deja de ser un concepto adecuado. Cuando el texto se concibe como un espacio polisémico en el que se entrecruzan varios sentidos posibles, es necesario emancipar de la significación al estatuto mononológico legal y hay que pluralizar la significación: para esta liberación ha servido el concepto de connotación, o volumen de los sentidos segundos, derivados, asociados, de las “vibraciones” semánticas que se incorporan al mensaje denotado. Con mayor motivo, cuando el texto se lee (o escribe) como un juego móvil de significantes, sin referencia posible a uno o a varios significados fijos, es preciso distinguir claramente la significación –que pertenece al plano del producto, del enunciado, de la comunicación- del trabajo significante, que, por su parte, pertenece al plano de la producción, de la enunciación, de la simbolización: a este trabajo se le llama significancia. La significancia es un proceso durante el cual el “sujeto” del texto, al escaparse de la lógica del ego-cogito e inscribirse en otras lógicas (la del significante y la de la contradicción), forcejea con el sentido y se deconstruye (“se pierde”); por lo tanto, la significancia –y esto es lo que la distingue inmediatamente de la significación- es un trabajo, no el trabajo mediante el cual el sujeto (intacto y exterior) trataría de dominar la lengua (por ejemplo, el trabajo del estilo), sino ese trabajo radical (no deja nada intacto) a través del cual el sujeto explora cómo la lengua lo trabaja y lo deshace en cuanto entra en ella (en lugar de vigilarla): es, si se quiere, “el sinfín de las operaciones posibles en un campo dado de la lengua”. La significancia, por lo tanto, contrariamente a la significación, no se puede reducir a la comunicación, a la representación, a la expresión: coloca al sujeto (del escritor, del lector) en el texto, no como una proyección, ni siquiera fantasiosa (no hay “transporte” de un sujeto constituido), sino como una “pérdida” (en el sentido que esta palabra puede tener en espeleología); de ahí su identificación con el goce; mediante el concepto de significancia, el texto se vuelve erótico (por lo tanto, para ello, no necesita de ningún modo representar “escenas” eróticas).

      

 

      ROLAND BARTHES

Variaciones sobre la Escritura, Ed. Paidós, p. 144

Tres errores

Publicado en Pavadas hechas texto, el 27 de Mayo, 2008, 18:27 por Saty

Cuando mi marido me preguntó ¿qué es la tanatopraxia?, no hice mucho caso de su interrogatorio y contesté desganadamente con un “no sé”, sin cuestionarme en ese momento qué mierda quería decir esa palabra. Me extrañó, eso sí, debo reconocer, su repentino interés por el significado de las palabras raras, ya que no es muy afecto a la lectura, pero lo dejé pasar.

“Ese” fue mi primer error.

Tiempo más tarde comprobé, que no debemos dejar pasar por alto ni uno solo de los comentarios que nuestro hombre nos haga. Todos y cada uno de ellos, esconden una doble intencionalidad, como por ejemplo, cuando dice como al pasar “cómo creció la nena de enfrente”, en realidad debemos entender que lo que quiere decir es “me voy a voltear a esa guacha”.

No hay peor cosa que no querer ver lo que sucede a nuestro alrededor y en eso somos expertas las mujeres. Cuando algo no nos gusta, hacemos como que no existe.

Una mañana me desperté sobresaltada, no había podido dormir bien, había estado toda la noche dando vueltas en la cama. Cuando iba para el baño, me pareció escuchar voces que venían de la planta baja. Más que voces era un murmullo, pero mi urgencia de orinar pudo más y no presté atención.

“Ese” fue mi segundo error.

Al bajar a desayunar encontré a mi maridito cómodamente sentado en la cocina, en medio de papeles desparramados y tazas con restos de café, charlando con su secretaria y en lugar de increparlo y decirle que la casa no era la oficina, saludé cortésmente  y me puse a levantar los platos sucios. Ellos siguieron charlando como si yo no existiera y la que hubiera entrado fuera la empleada doméstica. Pude escuchar que él le decía algo acerca de unos “químicos germicidas solubles” y me pregunté de qué estarían hablando si él era abogado. Posiblemente algún litigio en el campo, pensé.

“Ese fue mi tercer error”.

No puedo negar que tuve muchos indicios de lo que estaba pasando, aunque no me di cuenta de nada hasta el final.

Él se mostraba demasiado atento a mi manera de vestir, cosa que jamás había hecho. Me preguntaba permanentemente sobre cuál era mi talle y qué tipo de maquillaje usaba. Por supuesto, pensé que quería hacerme un regalo y de ahí la indagatoria.

Lo que más extraño resultaba, es que empezó a cocinar. Preparaba el almuerzo y la cena con especial dedicación. Eso sí, el pobre, no era muy buen cocinero ya que la comida tenía siempre un gusto raro y para colmo cada vez me caía peor. No podía tolerarla pero no le dije nada por temor a herir su susceptibilidad.

Cada día me sentía más débil, por eso no me sorprendió que él decidiera mudar su oficina a casa, con secretaria incluida. El amoroso lo hacía para poder cuidarme. Preparaba el sofá con una colcha polar para que yo mirara tele mientras él se pasaba horas encerrado trabajando con Sofía. Y cuando terminaban me preparaba un té calentito que más bien parecía pis de gato, pero seguí agradeciéndole, no fuera a ser que se ofendiera y no me sirviera más.

Yo ya no tenía fuerzas ni para levantarme. Me pasaba todo el día tirada en el sofá.

Una mañana, mientras leía el diario y aclaro que más que leer miraba porque ni ánimo tenía, vi algo que llamó mi atención. En negrita, el aviso decía “Tanatopraxia en Rosario”. Intrigada, me levanté como pude y casi arrastrándome llegué a la computadora. Hice clic en el google, tipeé la bendita palabra y esperé. La respuesta fue inmediata y mi sorpresa más aun.

Tanatopraxia existía, no era un invento de mi marido. Tanatopraxia:“Técnica para demorar la descomposición final de un cuerpo”.

Y ahí se cayó la pantalla y tuve un momento de lucidez que me permite hoy estar escribiendo. El hijo de puta me estaba matando y lo que es peor, pensaba “embalsamarme”.

 

 

 

Ejercicio: Prosa en vertical

Publicado en General el 27 de Mayo, 2008, 14:15 por Nico Doffo


¿Es que no he vivido como debiera?

 

pero ¿cómo ha podido ser, si hice todo conforme debía?

 

se dijo

y al instante

   rechazó

,como algo totalmente imposible,

la única solución de

todo el enigma

de la vida y

la muerte.

 

 

                                      L. TOLSTOI

                                      La muerte de Ivan Ilich

El aviso

Publicado en Aguafuerte el 27 de Mayo, 2008, 12:38 por Saty

La imagen que sale de la pantalla, promete un cabello sedoso y brillante. El rostro juvenil, representación perfecta de la inocencia, sonríe, mientras sus dedos se deslizan suavemente por su cabeza. Sentado cómodamente en el sofá, el hombre mira. No hay duda. Es el shampoo perfecto.

Tardecita de otoño en una plaza cualquiera. La chica rubia y carilinda hace señas con la mano. Desde el auto bicolor, el muchacho la ve, e inmediatamente, su mano derecha baja la bandera, al tiempo que estaciona para subir a su nueva pasajera.

La escena podría ser una de tantas que atesoramos en la memoria desde la época de Rolando Rivas, cuando nos emocionábamos en blanco y negro con la famosa pareja. Pero no, no es telenovela, por más que así nos gustaría que fuera.

La escena es real, sucede en un barrio de nuestra querida ciudad. De esa ciudad que nos consume en impuestos. De barrido, limpieza, monotributo, inmobiliario, municipal, drei, ganancias y hasta de bienes personales. Sucede específicamente en la ciudad que debería garantizar nuestra seguridad, porque para eso pagamos religiosamente todos los meses.

La chica se sube al auto y con voz melosa le indica al tachero su destino. O mejor dicho, el de ambos. El muchacho mira por el espejo retrovisor mientras se acomoda el cabello y ejercita una suerte de ritual preguntando por qué calle prefiere que vaya.

No siente temor, la zona no es buena pero la chica tiene un rostro angelical, de esos que aparecen a diario en las propagandas de shampoo.

"Por donde más te guste…es lo mismo" dice, mientras piensa, que total no va a pagarle.

En la radio, están pasando las últimas noticias. El paro del campo, la quema de pastizales, el robo al supermercado, el dólar que sigue subiendo.

Decide cambiar el dial, buscando un poco de música que haga más placentero el viaje. Quizás hasta pueda darle un poco de charla y por qué no, conseguir su teléfono.

"Siglo veinte cambalache, problemático y febril, el que no llora no mama y el que no afana es un gil".

La música del premonitorio tango, que aunque pasado en el tiempo, no deja de tener vigencia,  escapa de los parlantes mientras la chica se acomoda en el asiento trasero.

El muchacho sigue mirándola por el espejo y las cuadras se suceden una a una. Quedan apenas cinco, calcula y disminuye la velocidad.

Casi están llegando, la chica con el auto todavía en marcha, abre la puerta y sin darle tiempo al muchacho de articular palabra, le clava un puntazo en la yugular.

La música sigue corriendo mientras la chica escapa perdiéndose en las sombras.

Hechos como este se suceden a diario. Quizás la cotidianeidad nos haga perder la verdadera dimensión que ellos conllevan o tal vez, nuestra propia realidad, nos convierta en egoístas.

Esta sociedad nos ha metido en una vorágine individualista donde cada uno se encuentra preocupado de su propia suerte.

Estamos obligados a trabajar para poder pagar. No podemos zafar de correr de un banco a otro y soportar colas interminables para pagar los impuestos.

Trabajar para hacer plata. Hacer plata para pagar. Pagar para sentirnos seguros.

Mientras tanto los hechos delictivos se cuentan de a miles y cada día hay más muertos víctimas de la inseguridad.

Pero suceden afuera, quizá en el mismo instante en que nos encontramos viendo en la televisión, la cara bonita del aviso de shampoo.

la prosa del observatorio

Publicado en De Otros. el 27 de Mayo, 2008, 12:02 por .:. Francisco .:.
                                                                                                                                                                     


E
sa hora que puede llegar alguna vez fuera de toda hora, agujero en la red del tiempo, esa manera de estar entre, no por encima o detrás sino entre, esa hora orificio a la que se accede al socaire de las otras horas, de la incontable vida con sus horas de frente y de lado, su tiempo para cada cosa, sus cosas en el preciso tiempo, estar en una pieza de hotel o de un andén, estar mirando una vitrina, un perro, acaso teniéndote en los brazos, amor de siesta o duermevela, entreviendo en esa mancha clara la puerta que se abre a la terraza, en una ráfaga verde la blusa que te quitaste para darme la leve sal que tiembla en tus senos, y sin aviso, sin innecesarias advertencias de pasaje, en un café del barrio latino o en la última secuencia de una película de Pabst, un arrimo a lo que ya no se ordena como dios manda, acceso entre dos ocupaciones instaladas en el nicho de sus horas, en la colmena día, así o de otra manera (en la ducha, en plena calle, en una sonata, en un telegrama) tocar con algo que no se apoya en los sentidos esa brecha en la sucesión, y tan así, tan resbalando, las anguilas, por ejemplo, la región de los sargazos, las anguilas y también las máquinas de mármol, la noche de Jai Singh bebiendo un flujo de estrellas, los observatorios bajo la luna de Jaipur y de Delhi, la negra cinta de las migraciones, las anguilas en plena calle o en la platea de un teatro, dándose para el que las sigue desde las máquinas de mármol, ese que ya no mira el reloj en la noche de París; tan simplemente anillo de Moebius y de anguila y de máquinas de mármol, esto que fluye ya en una palabra desatinada, desarrimada, que busca por sí misma, que también se pone en marcha desde sargazos de tiempo y semánticas aleatorias, la migración de un verbo: discurso, decurso, las anguilas atlánticas y las palabras anguilas, los relámpagos de mármol de las máquinas de Jai Singh, el que mira los astros y las anguilas, el anillo de Moebius circulando en sí mismo, en el océano, en Jaipur, cumpliéndose otra vez sin otras veces, siendo como lo es el mármol, como lo es la anguila: comprenderás que nada de eso puede decirse desde aceras o sillas o tablados de la ciudad; comprenderás que sólo así, cediéndose anguila o mármol, dejándose anillo, entonces ya no se está entre los sargazos, ..hay decurso, eso pasa: intentarlo, como ellas en la noche atlántica, como el que busca las mensuras estelares, no para saber, no para nada; algo como un golpe de ala, un descorrerse, un quejido de amor y entonces ya, entonces tal vez, entonces por eso sí.
Desde luego inevitable metáfora, anguila o estrella, desde luego perchas de la imagen, desde luego ficción, ergo tranquilidad en bibliotecas y butacas; como quieras, no hay otra manera aquí de ser un sultán de Jaipur, un banco de anguilas, un hombre que levanta la cara hacia lo abierto en la noche pelirroja. Ah, pero no ceder al reclamo de esa inteligencia habituada a otros envites: entrarle a palabras, a saco de vómito de estrellas o de anguilas; que lo dicho sea, la lenta curva de las máquinas de mármol o la cinta negra hirviente nocturna al asalto de los estuarios, y que no sea por solamente dicho, que eso que fluye o converge o busca sea lo que es -y no lo que se dice: perra aristotélica, que lo binario que te afila los colmillos sepa de alguna manera su innecesidad cuando otra esclusa empieza a abrirse en mármol y en peces, cuando Jai Singh con un cristal entre los dedos es ese pescador que extrae de la red, estremecida de dientes y de rabia, una anguila que es una estrella que es una anguila que es una estrella que es una anguila.
   Así la galaxia negra corre en la noche como la otra dorada allá arriba en la noche corre inmóvilmente: para que buscar más nombres, más ciclos cuando hay estrellas, hay anguilas que nacen en las profundidades atlánticas y empiezan, porque de alguna manera hay que empezar a seguirlas, a crecer, larvas translúcidas notando entre dos aguas, anfiteatro hialino de medusas y plancton, bocas que resbalan en una succión interminable, los cuerpos ligados en la ya serpiente multiforme que alguna noche cuya hora nadie puede saber ascenderá leviatán, surgirá kraken inofensivo y pavoroso para iniciar la migración a ras de océano mientras la otra galaxia desnuda su bisutería para el marino de guardia que a través del gollete de una botella de ron o de cerveza entreve su indiferente monotonía y maldice a cada trago un destino de singladuras, un salario de hambre, una mujer que estará haciendo el amor con algún otro en los puertos de la vida.
   Es así: Johannes Schmidt, danés, supo que en las terrazas de un Elsinor moviente, entre los 22 y los 30 grados de latitud norte y entre los 48 y los 65 de longitud oeste, el recurrente súcubo del mar de los sargazos era más que él fantasma de un rey envenenado y que allí, inseminada al tér