"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Abril, 2008


...la última vez

Publicado en homenaje el 18 de Abril, 2008, 19:01 por MScalona
 

            Fui con Silvio. Un momento, no más. Perdimos tiempo comprando un libro, un policial que ya tenía, y llegamos con un cuarto de hora para verlos a ambos: a él y a María. Primero a ella, preocupada por la idea de que las visitas podían perjudicarla. Quería ir y quería verlo, pero sólo un momento. Pensaba en su cara burlona, en su falta de naturalidad, en su actitud desentendida. No esperaba mucho bueno.

Tocamos la puerta y no pude evitar entrar primero, allí estaba Dolly corrigiendo cuentos traducidos-mal, parece- al inglés, sobre una mesita, y él en la cama. Asombrado, mudo, con su cara grande, mirando a Silvio se sentó en la silla y yo a los pies de la cama, y al principio nos dirigimos casi exclusivamente a ella. Enseguida, Dolly lo empezó a urgir ¿bromeando? Para que me dijera lo que quería decirme a raíz de mi noticia en La Opinión. Él seguía callado, mirándome o desviando la vista, tenso. Apenas cambio algunas palabras con Silvio. Al fin, dijo: "Esperaba leerla para escribir una carta". [Sólo sabía lo que le había contado] "Lo único que puedo decir es que yo no padezco de amnesia. "Y lo repitió frente a nuevas instancias de Dolly. Yo, bromeando: "Algo agresivo me está diciendo, pero no se qué".

Lo repitió. Silvio dijo algunas cosas sensatas, frases sueltas. Él callaba mordiéndose el labio superior, serio. Al fin, Dolly, en gesto muy suyo, le dijo a Silvio: "Vamos a ver a María; así estos dos hablan, si no, no le va a decir nada". O algo por el estilo. Siempre fue así; yo no podría.

Quedamos solos y callados. Callados. Pero yo no soy como entonces; algo aprendí; algo me enseñó el recuerdo; siempre sentí no haber tenido más madurez para tratarlo entonces. ¿O es la diferencia entre estar y no estar enamorada? "¿Nos moriremos sin aprender a hablarnos?", pregunté. "Siempre nos costó", dijo. "¿Te acordás de aquella vez que llegaste, después de tanto tiempo, y estuvimos veinte o treinta minutos sin hablar, sentados, yo en la cama y tú en la silla?

Me inhibiste siempre, en todo." "Si", dijo. "Tu también", dije. "Una vez me dijiste que no podías comer ni hacer el amor ni… conmigo." "Si", dijo. Y me miraba por momentos; por momentos  volcaba la cabeza; se mordía el labio superior, con una expresión de ¿impotencia, de desesperación? "Así que yo no sé lo que es el amor. Vos sufrís de amnesia, evidentemente. La primera vez que entre a tu sala del Museo quedé loco por vos. Nunca entendí lo que me pasaba; pero estaba loco por vos." "Nunca me lo dijiste". "Nunca entendía aquel deseo de posesión, aquel afán denominador. [Y yo no recordaba nada parecido.] No te dejaba ir a clases [Es cierto.] No podía soportarlo. Y no se trataba de deseo; si no, no sentiría esta horrible ternura que siento por vos".

Pero esto fue tal vez en la segunda parte de la visita. Por que vino el médico, y salí. "¿Y?" pregunto Dolly. "Bueno, estuvimos bastante callados; siempre nos cotó mucho hablar, ¿sabes?" No sabía.

            Mientras estaban ellos aún dentro, al comienzo, cuando se hablaba de mi nota que sólo Dolly había visto, recordé que tenía la copia en la cartera; se la di y la leyó. Objeciones: "Obsesión por la pureza, sí; por la virginidad, no. Y eso de mi amnesia. Y así que muequeo".

            Cuando volví a entrar sola, pensando despedirme, me miró callado un rato, y luego me dijo: "Estás hermosa; no recordaba que fueras tan hermosa". Yo llevaba mi lindo traje de blue jean celeste y me había arreglado con cierto cuidado, para que no me viera más fea o más vieja. "¿Hace tal vez cinco años que no nos vemos? "Yo tenía incomprensiblemente unos celos terribles, y tú eras muy celosa. Sólo no sentí nunca celos de Carlos; no sé por qué." "Por la misma razón, tal vez, que yo nunca los sentí de Dolly" "Lo que nunca pude recordar, lo que nunca pude saber, fue cómo terminó lo nuestro, cómo te perdí de vista, qué pasó." "Mirá", le dije, eso lo sé. Una tarde (hacía tres días que estabas en casa) no querías que fuese a una asamblea. Discutimos. Me vestí y me desvestí dos veces, creo. Finalmente me fui. Cuando volví, te habías ido. [Todavía recuerdo aquella desolación.] Te había tenido que recoger A. (Días sin comer, con Namurón y vino.) Después te fui a ver porque D. me avisó que estabas enfermo (columna). La tercera vez fui a las doce de la noche. Llegué en un taxi y no me abrieron. No volví. Tiempo después, creo, Carlitos R. me dijo que andabas enamorado de Carlos. Así se acabó para mí la historia, con desgarramiento pero de golpe." "Sí, es comprensible. Pero, ¿qué sabe ese pajarraco?, ¿qué sabía para decirte eso? Yo creo que la que tuvo una película frente a mí fuiste vos. ¿No te acordás de aquella noche?" "Sí", dije, "me acuerdo. Fue la única vez que creí".

            Y volvían los silencios, la tensión. Me ponía en el estado de siempre; pendiente de él con todo mi ser, sin saber qué esperaba de mí, qué hacer, qué decir, sin saber casi cómo ser yo misma. Fue entonces, creo, cuando me dijo lo de la ternura; estaba evidentemente conmovido. "Mira", dijo, "yo, borracho, lloré una o dos veces en mi vida, vos sabés; pero en seco, nunca. Y siento que voy a llorar".

            ¿Qué hacía yo ahí supremamente conmovida, inclinada hacia él desde mi silla, poniendo todo en los ojos, impotente, desesperada? Pensé que tal vez era la última vez que lo veía. "Tengo sesenta y tres", dijo. "Se supone que es la edad de la impotencia. Pero no estoy impotente, y me acuerdo de tu amor, de todo, de tu boca, como si hubiera estado anoche contigo," Estábamos como declarándonos.

            Entre otras cosas le dije: "Tuve años tu robe de chambre, aquella que fue de no sé quién, y que tú usaste, colgada allí, recordándote. Durante mucho tiempo la olía a veces, hundía la cara en la seda hasta que perdió aquel olor". Le dije también cómo, casi cada vez que pasaba por su oficina pensaba que estaba allí, tras esa pared. Pareció costarle creerlo: "¿Es verdad, no es ficción?" Y volvía a silencio. Y se mordía el labio. Y temí que iba a llorar. Y pensé que era tal vez la última vez que lo veía en la vida. Me levanté y quise tocarlo, tocar su mejilla con la mía, consolándolo, reconociéndolo, no sé. Apenas llegaba a él cuando me agarró con un vigor desesperado y me besó con el beso más grande, más tremendo que me hayan dado, que me vayan a dar nunca, y a penas comenzó su beso, sollozó, empezó a sollozar por detrás de aquel beso después del cual debí morirme. No sé de dónde sacaba la fuerza de se abrazo. Yo estaba sobre su pecho, envolviéndole; con una mano le acariciaba la nuca sudorosa; mi otro brazo lo abrazaba con toda mi vida. Pero oía por momentos –por momentos no oía nada- que del otro lado de la puerta estaban ellas conversando. Y así lo aparté diciéndole bajito mi amor, mi amor. Y él miró a otro lado y yo volví a los pies de la cama. "Hace rato que quería pedírtelo", me dijo, "pero pensé, temí que te negaras", susurró.

            Estaba un poco de lado, con su largo brazo sobre la pierna y su mano que no soltaba la mía. Miré sus uñas, que no recordaba tan pequeñas, toqué su piel siempre tan suave. Manos delicadas de escritor, tan diferentes de las mías que están fuertes, quemadas. Incliné la cabeza sobre esa mano, sobre su cuerpo, y la rocé, olí su piel, pegué mis labios a ella una y otra vez, con vehemencia, diría. No sé por qué lo hice, qué sentía, qué palabras sustituía así. "Yo tengo que besar tus manos." Y me besó la mano, fervorosamente, también, una y otra vez.

            Estábamos como enfermos de emoción. "Esta noche no voy a poder dormir", dijo con afligida certeza; "voy a necesitar una dosis doble. Desde que entré nunca sentí deseos de alcohol, al contrario; pero hoy quisiera emborracharme". Sólo escribirlo me trae todo el sufrimiento.

            Era lo de siempre; me tenía en sus manos; me partía en dos. No me olvidaba de Leonor ni de Dolly. Si no, si hubiera cedido a mi emoción, creo que me hubiera arrodillado junto a la cama, y le hubiera dicho: "lo que quieras, como quieras".

            Hubo aquí y allá otras cosas. "Nunca pude encontrar la foto de tus ojos, la que más me gustaba"; "¿Siempre vivís en esa casa que yo nunca conocí?"; "Esa casa está en gran  parte de la novela que estoy escribiendo". Y las invitaciones –tres- a residir en España, pero no quiere, no quiere. Y la claustrofobia, cuando empezó a querer hablarle a los termos. Y el reproche por haber sacado aquella dedicatoria del libro. "¿Cómo pudiste? Yo tenía que llegar antes de las siete a la editorial con las correcciones de Homero. Hacía dos horas que estaba allí y me había acordado una o dos veces, pero no podía irme, quebrar esa tensión, esa emoción. Entró Dolly a ponerse la chaqueta: "Me voy a comer una pizza al café", dijo echándose por los hombros. "Mirá", le dije, "que yo debo irme; tengo que llegar antes de las siete a Banda, y que irme después para afuera". "Quedáte un poco más", decía ella, cuando llegó la cena. Dejó la chaqueta y se quedó. Me acerqué a él y me besó en la boca. Ella me acompañó hasta la puerta, y no me volví a mirarlo.

            Esperé largo rato el ómnibus con ganas de llorar o de morirme. Vi un teléfono y hablé a la editorial para que me esperaran. Seguí esperando y preguntándome por qué no me volví a mirarlo. Entregué las pruebas de página y luego fui a casa para recoger algunas cosas. Sólo dos días después lloro. No volveré. Ocurrido el 15 de marzo de 1974.  Escrito porque sí tengo amnesia.

CONSTRUCCIÓN DE LA NOCHE,       M.E. Gilio – C.M.Domínguez

(Una Biografía de J. C. Onetti), Ed. Planeta, p. 198-202.-

La crónica literal, casi, es de Idea Vilariño, contando cómo fue la última tarde que vio a Onetti en Montevideo. Fueron amantes durante 30 años, a través de dos matrimonios de él. En la escena, están las parejas de entonces de ellos dos, Silvio, de Idea, y Dolly, de Onetti.  Es el momento de la despedida. Onetti, al poco tiempo, -1974- dejó el hospital –donde había ido a parar después de su detención por la dictadura uruguaya en 1973- y viajó a España, país del que jamás regresó. Diez días antes de morir, en 1994, le escribió una carta de despedida a Idea Vilariño –está celosamente guardada por un amigo de la poeta- que sólo podremos leer –con suerte- el día que Idea muera. Que ojalá, no suceda nunca.

un cuento de Cortázar

Publicado en Aguafuerte el 18 de Abril, 2008, 15:35 por MScalona

Hay quien dice que cada día se hará más denso (el humo?) y finalmente desapareceremos...

¿No les parece que este ispa cada día se copia más de los cuentos de Cortázar...?

Casa Tomada- Bestiario(s) - Ómnibus- Cosmonautas de la autopista-

Los Premios- El Examen-

Sugerencia:  pónganse ropa flúo  y relean esos textos...

martes 15, 4º - Vignoli-Ross

Publicado en Fotitos. el 18 de Abril, 2008, 9:47 por MScalona

Taller VignoliBeatriz Vignoli coordinando

el taller de 4º en LIBRERÍA ROSS, el martes pasado, 15 de abril

Taller Vign-5taller Vignoli-2

Taller Vign-3 Taller Vign-4

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-