"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Uno que quedó fuera del podio

Publicado en Cuentos el 17 de Abril, 2008, 12:44 por seldonito

Confesionario

 

 

-No sé por donde empezar… ¡Por dios!

-Hijo mío, nada has de temer, estamos en la casa del Señor. Él nos protege, nos cuida y, sobre todo, nos perdona. Así que abandona tus miedos, confiésate con sinceridad, que nada te hará perder su bendición.

-Padre, a nada ni nadie le temo más que al señor. Es de él quien me escondo.

-No seas ridículo… ¿acaso no sabes de quien pretendes esconderte? Es imposible estar oculto ante sus ojos. Por eso te pido, hijo mío, que confíes en nuestro señor y me cuentes cuales son los pecados que te atormentan.

-¿Tengo alguna garantía de que no sufriré consecuencias por contarle esto?

- ¡Hijo! Nada más sagrado que el secreto confesional. Tus palabras quedaran entre nosotros y él.

-Eso me temo… En fin, voy a contarle porque a eso vine. Aunque le aseguro que no es nada fácil para mí. Pasó tanto tiempo de mi última confesión que ya había olvidado el procedimiento. Dudé mucho en venir, pero soy conciente que es aquí donde debo estar. Antes que nadie, es él quien debe perdonarme…

           

Fue el primer fin de semana de abril. Recuerdo que era  semana santa y se juntaban unos días que venían al pelo para descansar. Entre el trabajo y el estudio estaba agotado.

El Tito, un amigo de la infancia, ¿lo recuerda? usted lo ayudó mucho cuando se separaron sus padres. No importa, el punto es que el Tito me llama por teléfono y dice que tiene unas ganas tremendas de salir a buscar mujeres.

Si padre, ya lo sé, no es algo correcto, pero tiene que entender que somos jóvenes todavía. Bien, el tema es que yo muchas ganas de salir no tenía, pero el Tito es muy persuasivo, ¿vio? Me dijo que hacía meses que no teníamos una buena noche de joda, de esas que dejan una hermosa resaca de sábado por la mañana.

Un poco me dejé convencer. La idea de estar con una mina era tentadora, habían pasado seis meses desde que terminé con Angie y el cuerpo pedía a gritos un poco de acción.

Nos juntamos en mi casa a tomar unos copetines primero. ¿Le parece mal? Es muy caro tomar en el boliche, es mejor hacerlo en casa, a precio de lista.

Tito llegó a eso de las once. El Tucu ya estaba porque había venido a cenar.

Si, el Tucu, el mismo que rompió la ventana de su oficina. ¿Parece mentira no? Pasan los años y seguimos siendo tan amigos como siempre.

Pero déjeme seguir que esto es largo.

El Tito llegó con un vodka y un tequila. Él está acostumbrado a salir y toma como condenado, pero yo no. El muy cabrón insistió tanto que probé un poco. ¡Y ya tenía encima un par de porrones! A mí la mezcla me mata, pierdo el sentido de coordinación. En realidad rota 45 grados, así que si quiero ir derecho tengo que apuntar para el costado. ¿Se imagina como estaba? Bueno así salí de casa.

Entramos al boliche a las dos, ahora se manejan esos horarios, mucho tiempo no tenés para chamuyarte una minita, hay que elegir bien donde apuntar.

Lo mío es simple. Voy derecho a los Topos.

Si, Topos. ¿Nunca escuchó hablar de la Teoría del Topo? Claro, usted no frecuenta la noche.

Básicamente un Topo es una mina que no te puede decir que no. No puede, no le da la cara. Debajo del Topo tenés lo impenetrable, esa cosa que, a la vez, está tan cerca y tan lejos del sexo femenino. Por encima hay miles de mujeres: camiones, pasables, para presentar a tus viejos, etc.

El Topo es esa mina que, para algunos es impenetrable, pero para vos tiene algo –y esto es clave- que la hace atractiva, eso alcanza para justificar la acción. Internamente uno le ve esenoséque que la diferencia del resto… La hace un Topo.

Yo siempre fui topero, siempre. Es ir a lo seguro. Algunos creen que no, que soy medio delicado con las minas pero la realidad es que para mí, esas “exquisiteces” eran topos. El Topo lo define cada uno, antes que nada es una vibración en el estomago.

¡No se ría padre! Le hablo muy en serio. Yo estaba buscando un topito, esperaba reconocerlo rápido, ya que no teníamos mucho tiempo para la parla.

Le juro, y es importante que lo sepa. Le juro que busqué por todas partes. Nadie más que yo quería encontrar algo que me acompañara en la vuelta a casa. Un miserable topacio, de esos incuestionables incluso, que me hiciera sentir de nuevo en el ruedo.

Pero no.

No se como, pero las minas te huelen. Hay algo que hacemos los hombres que nos delata. Me encaré de todo, incluso algunos topos cuestionables, muy cuestionables. Lo hacía relojeando al Tito, no perdona una el guacho. Si me veía en la barra ¡invitando un trago! a esos aspirantes a topo…

El punto es que me fue mal. Pero muy mal. Me tomaban el pelo las muy turras. Pedían que las invite con algo y se iban con otro. Realmente me sentía un tremendo… mire padre, la palabra es pelotudo, la digo porque quiero que escuche la historia tal como la siento: ¡me sentía un flor de pelotudo!

Las minas pueden ser muy putas. Yo les contaba que estaba sensible, volviendo a salir después de una relación muy fuerte, y esperaba que eso me juegue a favor. Pero las cosas cambiaron mucho en los meses que estuve noviando. O quizá fueron siempre igual y yo jugaba el mismo juego, no sé ni me importa. El hecho es que yo sentía que hacía el ridículo.

Así que me fui. Eran las cuatro, faltaba un buen rato para cerrar la noche, y le dije a los muchachos que me iba. Obvio que les mentí, les dije que estaba muy borracho, que había vomitado y lo mejor era volver a la cucha.

¿Sabe que me mude?, ya no vivo más con mis viejos, ahora alquilo un departamentito en Mendoza entre Buenos Aires y Rosas. Estaba cerquita de casa, y decidí volver caminando.

Cuando llego a la esquina, no se de donde se aparece una minita. Venía de una fiesta de disfraces seguro, tenía una túnica celeste y la cabeza cubierta. Le pedí fuego mientras la catalogaba.

Fuego no tenía, pero ya sabía que era un Topo. Topazo. Ojo, tirando a bonita, y de ninguna manera pasaba por impenetrable. Estaba linda, y tenía un evidente nosequé.

El nosequé es complicado de explicar. De hecho, se identifica por su indefinición. Si decís que son los ojos, se acaba el misterio. Eso es lo increíble de los topos, te atraen porque hay algo que no terminás de entender. Y ese algo, es la atracción misma. ¿Curioso no?

La borrachera duraba, así que me puse a charlar, le pregunté de donde venía, si era rosarina, adonde iba, etc. Ella contestaba con evasivas, apenas comentó que no era de Rosario y menos pregunta dios y perdona.

No se como, pero intuía que tenía una chance. Así que le ofrecí venir a casa para llamar un taxi. A esas horas es prácticamente imposible encontrar uno, y menos en esa zona.

Ella ni lo dudo, me agarró de la mano y encaró derechito para mi casa. Tenía una confianza que llegó a asustarme un poco, pero a los topos no hay que mostrarles miedo. Se los encara y ataca. Nada más.

Mientras esperábamos el ascensor la loca me parte la boca de un beso. Pero mal, con una violencia contenida por años. Pensé que tenía suerte, que había agarrado un topito que estaba saliendo de una relación fuerte, igual que yo. No sabe la alegría que me dio.

No quiero entrar en detalles, pero le aseguro que fue para filmarlo, María, era un volcán. Ojo, no había dudas de que no tenía mucha práctica, pero le puso una garra envidiable.

De hecho, me aclaró que era la primera vez. Yo no lo podía creer. La mina era grande, y no parecía hacerle asco a nada. Si me decís que tiene algún trauma de la infancia se entiende, pero no. Era obvio que la loca había salido esa noche, me vio pasar, y decidió que la haga debutar en primera.

Perdón padre, estoy acostumbrado a hablar de mujeres con amigos y usamos estos términos.

Vuelvo a la historia.

Ya estaba roto, y entre la borrachera y la sesión quedé liquidado. Antes de quedarme dormido me puse a pensar que estaría bueno seguir viéndonos.

Decidí proponerle una salida para el otro fin de semana. Soy de hacer esas cosas, me cuesta tener simples encuentros con las mujeres, siempre tiendo a construir relaciones. No sé cómo ni con que pretexto diría Benedetti.

Ella ni respondió. Se quedó mirando el techo en silencio. Parecía preocupada por algo.

Nos quedamos dormidos. Faltaba poco para el amanecer.

A media mañana me desperté. En realidad lo hizo ella con el escándalo que estaba haciendo en la pieza.

Parecía desesperada. No paraba de gritar que estaba llegando tarde, tardísimo.

Me dijo que iba a misa, y que de ninguna manera podía faltar. Ahí entendí, me cerraron un montón de cosas. Tenía ese look católico, apostólico y, sobre todo, romano.

Mire, en un momento me agarró la locura y le propuse acompañarla. Hacía años que no pisaba una iglesia, y parecía piola invitarla después a almorzar en casa… y seguir con lo que habíamos empezado la noche anterior.

No sabe la cara de susto que puso, se horrorizó de sólo pensar que podía ir con ella. Imaginé que era para evitar contacto con la familia, le propuse ir separados y juntarnos a la salida.

Ni me contestó, directamente salió corriendo.

¿Entiende padre? La mina salió espantada. Fue gracioso verla correr con su disfraz.

Ahí me enojé, decidí no darle bola y subí a tomar unos amargos antes de tirarme a dormir por el resto de la mañana.

Pero no podía, estaba muy enojado, con ella y con la situación. Hacía meses que no salía y me encuentro con una minita que parece interesante pero sale espantada! Simplemente no es justo.

Después de unos mates, tomé una decisión. Iba a ir a misa a buscarla a la salida. Para que vea que estoy interesado, que no le tengo miedo a la familia ni a toda la congregación.

Ya sé, era una locura, apenas habíamos hablado y yo pretendía meterme en su vida sin previo aviso.

Creo que lo hice porque todavía estaba medio en pedo, ¿ya le dije cómo termino cada vez que mezclo bebidas?

Me pegué una ducha para despejar la cabeza y hasta me afeité. Era temprano todavía, pero claro, ella tenía que ir a cambiarse antes.

Era una mañana preciosa, sol a pleno pero sin ese calor húmedo que arruina la existencia.

Doblé por Buenos Aires y paré a tomar un cafecito en el bar que está pegado a la cochera. Tuve tiempo de leer el diario y charlar con el mozo. El pobre es de Central y está desesperado con el promedio.

Confieso que estaba haciendo tiempo, no quería venir a la misa completa, tenía miedo de quedarme dormido.

Cuando me decidí, pagué el café y encaré derechito a buscarla.

La iglesia era un infierno, estaba lleno. Usted si que sabe convocar a la gente, padre. No cabía un alfiler. Bueno, era semana santa, todos estamos más cerca de dios en esos días.

Pidiendo permiso pude escurrirme entre la gente y me puse a buscarla.

A primera vista no la encontré, tal vez estuviera en sentada adelante, lo que no hubiera llamado mi atención, estaba convencido que había sido la primera en pisar la iglesia.

Pero no, no estaba en ninguna parte.

Pensé que no la reconocía porque la había visto disfrazada, así que miré de nuevo a cada mujer.

Nada.

Claro, me había mandado cualquiera la loca, y yo había entrado como un boludo. La hija de puta me dijo que tenía que ir a misa pero en realidad no se animaba a decir que se iba a la casa. Me agarré una bronca bárbara, no tanto por haberle creído o no encontrarla, sino por estar en medio de una misa, con una resaca de novela y buscando a una mina que me había dicho cualquiera.

Tuve que concentrarme mucho para no explotar y putear a medio mundo.

De pronto me di cuenta que algo raro pasaba. No puedo explicarlo, pero sentía que me estaban observando. Es horrible esa sensación. En un primer momento creí que era porque hacía siglos que no pisaba una iglesia y no estaba en mi hábitat normal. Decidí irme rápido.

Estaba saliendo cuando la vi. Ella se hizo la boluda, pero era indiscutible que habíamos cruzado nuestras miradas. Incluso se ruborizó un poco la muy perra.

Ahí estaba ella. Sola. Observando la ceremonia desde su altar. Vestida tal como la encontré la noche anterior. Escuchando por enésima vez la historia de cómo su hijo había sido crucificado para resucitar al tercer día.

Padre, no se ponga nervioso, le pido que me escuche.   

Era ella, sin ninguna duda.

La Virgen María había aparecido la noche anterior… ¡y yo me había acostado con ella!

¿Entiende ahora porque estoy tan nervioso? La Virgen, la santísima María, no es ni tan santa ni tan virgen. Agarra viaje de una, solo es cuestión de proponérselo.

Salí corriendo de la iglesia, empujando a todos y recibiendo puteadas de los guantes más blancos y refinados de la high society rosarina.          

Padre, estoy desesperado. Esto no se arregla rezando un ave maría o un padrenuestro.

Me gar…, disculpe, hice el amor con la madre de nuestro señor Jesucristo. No hay perdón posible.

¡Y lo peor es que hice cornudo a dios!  

No se que hacer. Desde que esto pasó vivo con miedo, hasta se me cae el pelo. No logro descansar durante la noche, y si lo hago tengo unas tremendas pesadillas donde me castigan eternamente por lo que hice.

Y la verdad es que, internamente,  yo siento que no fue mi culpa. ¿Cómo iba a saber quien era esa mina? Uno no sale de noche preguntando a las mujeres cual es su relación con dios.

¿Usted cree que podrá perdonarme? No dudo que él sabe muy bien lo que hice, es más, estoy seguro que estaba presente en el momento en que pasó todo. Suena un poco perverso eso, pero es la verdad. Él está en todas partes, ¿cómo es posible que no hubiera visto eso? ¿No podía acaso evitarlo?

Así que vengo a dar la cara. Estoy cansado de esperar que venga a recriminar mi conducta. Acá estoy, si dios absuelve a todos que sepa disculparme, y deje mi conciencia en paz. Estoy harto de esperar un castigo que no llega.        

 

 

Esa es la historia padre. El relato del pecado más infame que un hombre puede cometer.

He humillado el nombre del Padre y el del Hijo.

Y si agarro al Espíritu Santo… 

Amén

                        El Anticristo

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-