"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




17 de Abril, 2008


BEATRIZ VIGNOLI

Publicado en De Otros. el 17 de Abril, 2008, 20:34 por Lauisaia

SI EN LO QUE RESTA


¿Si en lo que resta
no somos quienes seríamos;
si en lo que resta
no me anudo al cuello un pañuelo italiano
ni señalo, con un gesto, el espacio
que contemplar, si en lo que resta no me tomo un barco,
no me siento al sol, no salgo
al encuentro de tu cuerpo sin que me moleste
que las palabras no coincidan,
si en lo que resta no llego a saber
qué gusto tenía tu boca, si en lo que resta no te digo
nada que te haga sentir
que estás en una de aquellas películas, y es cierta;
si en lo que resta no amo una gran ciudad,
no me llevo a mí, a aquella, la que era linda,
a los nuevos barrios del tiempo, si en lo que resta no me canto una canción
ni lloro, ni te veo mirarme como diciendo:
"Ya sé, tu canción sigue siendo demasiado bella
para soportarla", y hay tiempo, o hay al menos la misma
sensación de que hay tiempo, y además
la sensación de que lo hubo, un alta mar
de tiempo donde ninguna orilla se divisa;
si en lo que resta no canto como cantaría, no dejo que mi voz
gorjee e inunda la noche
hasta convertirla en otra cosa, en algo parecido a un pastel
de oro y dulces, un pastel para mirar,
si en lo que resta no te vuelves absoluto,
no te vuelves absoluto sólo por un instante
en que toda la belleza del Hombre se concentra en tu imagen
y esa tu imagen puede ser tocada, tenida, mía
y entonces nada falta,
si en lo que resta
no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,
si, dulces moribundos, no borramos
el borde entre esta soledad
y el mundo, si en lo que resta no somos
ni nos acordamos de que aquí somos,
ni nos anoticiamos de que se nos es,
si en lo que resta no somos espléndidos,
si en lo que resta no somos quienes seríamos,
no damos con nuestro recuerdo del futuro,
no honramos aquella nostalgia del mañana;
si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,
hacia aquellos que amábamos, hacia aquello en lo que devendríamos,
si en lo que resta no, entonces cuándo,
si no nosotros, entonces quién
nos consolará de estar tirados acá?

Buenos Aires - Rosario, marzo de 2001



Beatriz Vignoli

 

 

Uno que quedó fuera del podio

Publicado en Cuentos el 17 de Abril, 2008, 12:44 por seldonito

Confesionario

 

 

-No sé por donde empezar… ¡Por dios!

-Hijo mío, nada has de temer, estamos en la casa del Señor. Él nos protege, nos cuida y, sobre todo, nos perdona. Así que abandona tus miedos, confiésate con sinceridad, que nada te hará perder su bendición.

-Padre, a nada ni nadie le temo más que al señor. Es de él quien me escondo.

-No seas ridículo… ¿acaso no sabes de quien pretendes esconderte? Es imposible estar oculto ante sus ojos. Por eso te pido, hijo mío, que confíes en nuestro señor y me cuentes cuales son los pecados que te atormentan.

-¿Tengo alguna garantía de que no sufriré consecuencias por contarle esto?

- ¡Hijo! Nada más sagrado que el secreto confesional. Tus palabras quedaran entre nosotros y él.

-Eso me temo… En fin, voy a contarle porque a eso vine. Aunque le aseguro que no es nada fácil para mí. Pasó tanto tiempo de mi última confesión que ya había olvidado el procedimiento. Dudé mucho en venir, pero soy conciente que es aquí donde debo estar. Antes que nadie, es él quien debe perdonarme…

           

Fue el primer fin de semana de abril. Recuerdo que era  semana santa y se juntaban unos días que venían al pelo para descansar. Entre el trabajo y el estudio estaba agotado.

El Tito, un amigo de la infancia, ¿lo recuerda? usted lo ayudó mucho cuando se separaron sus padres. No importa, el punto es que el Tito me llama por teléfono y dice que tiene unas ganas tremendas de salir a buscar mujeres.

Si padre, ya lo sé, no es algo correcto, pero tiene que entender que somos jóvenes todavía. Bien, el tema es que yo muchas ganas de salir no tenía, pero el Tito es muy persuasivo, ¿vio? Me dijo que hacía meses que no teníamos una buena noche de joda, de esas que dejan una hermosa resaca de sábado por la mañana.

Un poco me dejé convencer. La idea de estar con una mina era tentadora, habían pasado seis meses desde que terminé con Angie y el cuerpo pedía a gritos un poco de acción.

Nos juntamos en mi casa a tomar unos copetines primero. ¿Le parece mal? Es muy caro tomar en el boliche, es mejor hacerlo en casa, a precio de lista.

Tito llegó a eso de las once. El Tucu ya estaba porque había venido a cenar.

Si, el Tucu, el mismo que rompió la ventana de su oficina. ¿Parece mentira no? Pasan los años y seguimos siendo tan amigos como siempre.

Pero déjeme seguir que esto es largo.

El Tito llegó con un vodka y un tequila. Él está acostumbrado a salir y toma como condenado, pero yo no. El muy cabrón insistió tanto que probé un poco. ¡Y ya tenía encima un par de porrones! A mí la mezcla me mata, pierdo el sentido de coordinación. En realidad rota 45 grados, así que si quiero ir derecho tengo que apuntar para el costado. ¿Se imagina como estaba? Bueno así salí de casa.

Entramos al boliche a las dos, ahora se manejan esos horarios, mucho tiempo no tenés para chamuyarte una minita, hay que elegir bien donde apuntar.

Lo mío es simple. Voy derecho a los Topos.

Si, Topos. ¿Nunca escuchó hablar de la Teoría del Topo? Claro, usted no frecuenta la noche.

Básicamente un Topo es una mina que no te puede decir que no. No puede, no le da la cara. Debajo del Topo tenés lo impenetrable, esa cosa que, a la vez, está tan cerca y tan lejos del sexo femenino. Por encima hay miles de mujeres: camiones, pasables, para presentar a tus viejos, etc.

El Topo es esa mina que, para algunos es impenetrable, pero para vos tiene algo –y esto es clave- que la hace atractiva, eso alcanza para justificar la acción. Internamente uno le ve esenoséque que la diferencia del resto… La hace un Topo.

Yo siempre fui topero, siempre. Es ir a lo seguro. Algunos creen que no, que soy medio delicado con las minas pero la realidad es que para mí, esas “exquisiteces” eran topos. El Topo lo define cada uno, antes que nada es una vibración en el estomago.

¡No se ría padre! Le hablo muy en serio. Yo estaba buscando un topito, esperaba reconocerlo rápido, ya que no teníamos mucho tiempo para la parla.

Le juro, y es importante que lo sepa. Le juro que busqué por todas partes. Nadie más que yo quería encontrar algo que me acompañara en la vuelta a casa. Un miserable topacio, de esos incuestionables incluso, que me hiciera sentir de nuevo en el ruedo.

Pero no.

No se como, pero las minas te huelen. Hay algo que hacemos los hombres que nos delata. Me encaré de todo, incluso algunos topos cuestionables, muy cuestionables. Lo hacía relojeando al Tito, no perdona una el guacho. Si me veía en la barra ¡invitando un trago! a esos aspirantes a topo…

El punto es que me fue mal. Pero muy mal. Me tomaban el pelo las muy turras. Pedían que las invite con algo y se iban con otro. Realmente me sentía un tremendo… mire padre, la palabra es pelotudo, la digo porque quiero que escuche la historia tal como la siento: ¡me sentía un flor de pelotudo!

Las minas pueden ser muy putas. Yo les contaba que estaba sensible, volviendo a salir después de una relación muy fuerte, y esperaba que eso me juegue a favor. Pero las cosas cambiaron mucho en los meses que estuve noviando. O quizá fueron siempre igual y yo jugaba el mismo juego, no sé ni me importa. El hecho es que yo sentía que hacía el ridículo.

Así que me fui. Eran las cuatro, faltaba un buen rato para cerrar la noche, y le dije a los muchachos que me iba. Obvio que les mentí, les dije que estaba muy borracho, que había vomitado y lo mejor era volver a la cucha.

¿Sabe que me mude?, ya no vivo más con mis viejos, ahora alquilo un departamentito en Mendoza entre Buenos Aires y Rosas. Estaba cerquita de casa, y decidí volver caminando.

Cuando llego a la esquina, no se de donde se aparece una minita. Venía de una fiesta de disfraces seguro, tenía una túnica celeste y la cabeza cubierta. Le pedí fuego mientras la catalogaba.

Fuego no tenía, pero ya sabía que era un Topo. Topazo. Ojo, tirando a bonita, y de ninguna manera pasaba por impenetrable. Estaba linda, y tenía un evidente nosequé.

El nosequé es complicado de explicar. De hecho, se identifica por su indefinición. Si decís que son los ojos, se acaba el misterio. Eso es lo increíble de los topos, te atraen porque hay algo que no terminás de entender. Y ese algo, es la atracción misma. ¿Curioso no?

La borrachera duraba, así que me puse a charlar, le pregunté de donde venía, si era rosarina, adonde iba, etc. Ella contestaba con evasivas, apenas comentó que no era de Rosario y menos pregunta dios y perdona.

No se como, pero intuía que tenía una chance. Así que le ofrecí venir a casa para llamar un taxi. A esas horas es prácticamente imposible encontrar uno, y menos en esa zona.

Ella ni lo dudo, me agarró de la mano y encaró derechito para mi casa. Tenía una confianza que llegó a asustarme un poco, pero a los topos no hay que mostrarles miedo. Se los encara y ataca. Nada más.

Mientras esperábamos el ascensor la loca me parte la boca de un beso. Pero mal, con una violencia contenida por años. Pensé que tenía suerte, que había agarrado un topito que estaba saliendo de una relación fuerte, igual que yo. No sabe la alegría que me dio.

No quiero entrar en detalles, pero le aseguro que fue para filmarlo, María, era un volcán. Ojo, no había dudas de que no tenía mucha práctica, pero le puso una garra envidiable.

De hecho, me aclaró que era la primera vez. Yo no lo podía creer. La mina era grande, y no parecía hacerle asco a nada. Si me decís que tiene algún trauma de la infancia se entiende, pero no. Era obvio que la loca había salido esa noche, me vio pasar, y decidió que la haga debutar en primera.

Perdón padre, estoy acostumbrado a hablar de mujeres con amigos y usamos estos términos.

Vuelvo a la historia.

Ya estaba roto, y entre la borrachera y la sesión quedé liquidado. Antes de quedarme dormido me puse a pensar que estaría bueno seguir viéndonos.

Decidí proponerle una salida para el otro fin de semana. Soy de hacer esas cosas, me cuesta tener simples encuentros con las mujeres, siempre tiendo a construir relaciones. No sé cómo ni con que pretexto diría Benedetti.

Ella ni respondió. Se quedó mirando el techo en silencio. Parecía preocupada por algo.

Nos quedamos dormidos. Faltaba poco para el amanecer.

A media mañana me desperté. En realidad lo hizo ella con el escándalo que estaba haciendo en la pieza.

Parecía desesperada. No paraba de gritar que estaba llegando tarde, tardísimo.

Me dijo que iba a misa, y que de ninguna manera podía faltar. Ahí entendí, me cerraron un montón de cosas. Tenía ese look católico, apostólico y, sobre todo, romano.

Mire, en un momento me agarró la locura y le propuse acompañarla. Hacía años que no pisaba una iglesia, y parecía piola invitarla después a almorzar en casa… y seguir con lo que habíamos empezado la noche anterior.

No sabe la cara de susto que puso, se horrorizó de sólo pensar que podía ir con ella. Imaginé que era para evitar contacto con la familia, le propuse ir separados y juntarnos a la salida.

Ni me contestó, directamente salió corriendo.

¿Entiende padre? La mina salió espantada. Fue gracioso verla correr con su disfraz.

Ahí me enojé, decidí no darle bola y subí a tomar unos amargos antes de tirarme a dormir por el resto de la mañana.

Pero no podía, estaba muy enojado, con ella y con la situación. Hacía meses que no salía y me encuentro con una minita que parece interesante pero sale espantada! Simplemente no es justo.

Después de unos mates, tomé una decisión. Iba a ir a misa a buscarla a la salida. Para que vea que estoy interesado, que no le tengo miedo a la familia ni a toda la congregación.

Ya sé, era una locura, apenas habíamos hablado y yo pretendía meterme en su vida sin previo aviso.

Creo que lo hice porque todavía estaba medio en pedo, ¿ya le dije cómo termino cada vez que mezclo bebidas?

Me pegué una ducha para despejar la cabeza y hasta me afeité. Era temprano todavía, pero claro, ella tenía que ir a cambiarse antes.

Era una mañana preciosa, sol a pleno pero sin ese calor húmedo que arruina la existencia.

Doblé por Buenos Aires y paré a tomar un cafecito en el bar que está pegado a la cochera. Tuve tiempo de leer el diario y charlar con el mozo. El pobre es de Central y está desesperado con el promedio.

Confieso que estaba haciendo tiempo, no quería venir a la misa completa, tenía miedo de quedarme dormido.

Cuando me decidí, pagué el café y encaré derechito a buscarla.

La iglesia era un infierno, estaba lleno. Usted si que sabe convocar a la gente, padre. No cabía un alfiler. Bueno, era semana santa, todos estamos más cerca de dios en esos días.

Pidiendo permiso pude escurrirme entre la gente y me puse a buscarla.

A primera vista no la encontré, tal vez estuviera en sentada adelante, lo que no hubiera llamado mi atención, estaba convencido que había sido la primera en pisar la iglesia.

Pero no, no estaba en ninguna parte.

Pensé que no la reconocía porque la había visto disfrazada, así que miré de nuevo a cada mujer.

Nada.

Claro, me había mandado cualquiera la loca, y yo había entrado como un boludo. La hija de puta me dijo que tenía que ir a misa pero en realidad no se animaba a decir que se iba a la casa. Me agarré una bronca bárbara, no tanto por haberle creído o no encontrarla, sino por estar en medio de una misa, con una resaca de novela y buscando a una mina que me había dicho cualquiera.

Tuve que concentrarme mucho para no explotar y putear a medio mundo.

De pronto me di cuenta que algo raro pasaba. No puedo explicarlo, pero sentía que me estaban observando. Es horrible esa sensación. En un primer momento creí que era porque hacía siglos que no pisaba una iglesia y no estaba en mi hábitat normal. Decidí irme rápido.

Estaba saliendo cuando la vi. Ella se hizo la boluda, pero era indiscutible que habíamos cruzado nuestras miradas. Incluso se ruborizó un poco la muy perra.

Ahí estaba ella. Sola. Observando la ceremonia desde su altar. Vestida tal como la encontré la noche anterior. Escuchando por enésima vez la historia de cómo su hijo había sido crucificado para resucitar al tercer día.

Padre, no se ponga nervioso, le pido que me escuche.   

Era ella, sin ninguna duda.

La Virgen María había aparecido la noche anterior… ¡y yo me había acostado con ella!

¿Entiende ahora porque estoy tan nervioso? La Virgen, la santísima María, no es ni tan santa ni tan virgen. Agarra viaje de una, solo es cuestión de proponérselo.

Salí corriendo de la iglesia, empujando a todos y recibiendo puteadas de los guantes más blancos y refinados de la high society rosarina.          

Padre, estoy desesperado. Esto no se arregla rezando un ave maría o un padrenuestro.

Me gar…, disculpe, hice el amor con la madre de nuestro señor Jesucristo. No hay perdón posible.

¡Y lo peor es que hice cornudo a dios!  

No se que hacer. Desde que esto pasó vivo con miedo, hasta se me cae el pelo. No logro descansar durante la noche, y si lo hago tengo unas tremendas pesadillas donde me castigan eternamente por lo que hice.

Y la verdad es que, internamente,  yo siento que no fue mi culpa. ¿Cómo iba a saber quien era esa mina? Uno no sale de noche preguntando a las mujeres cual es su relación con dios.

¿Usted cree que podrá perdonarme? No dudo que él sabe muy bien lo que hice, es más, estoy seguro que estaba presente en el momento en que pasó todo. Suena un poco perverso eso, pero es la verdad. Él está en todas partes, ¿cómo es posible que no hubiera visto eso? ¿No podía acaso evitarlo?

Así que vengo a dar la cara. Estoy cansado de esperar que venga a recriminar mi conducta. Acá estoy, si dios absuelve a todos que sepa disculparme, y deje mi conciencia en paz. Estoy harto de esperar un castigo que no llega.        

 

 

Esa es la historia padre. El relato del pecado más infame que un hombre puede cometer.

He humillado el nombre del Padre y el del Hijo.

Y si agarro al Espíritu Santo… 

Amén

                        El Anticristo

 

¿Qué es un autor?

Publicado en De Otros. el 17 de Abril, 2008, 8:51 por seldonito

por Michel Foucault (1969)

1
Creo que el siglo XIX en Europa produjo un tipo de autor singular que no debe ser confundido con los "grandes" autores literarios, o los autores de textos religiosos canónicos y los fundadores de las ciencias. De manera algo arbitraria, podríamos llamarlos "iniciadores de prácticas discursivas".

La contribución distintiva de estos autores es que produjeron no sólo su propia obra, sino también la posibilidad y las reglas de formación de otros textos. En este sentido, su rol difiere completamente de aquel novelista, por ejemplo, quien, básicamente, nunca es más que el autor de su propio texto. Freud no es simplemente el autor de La interpretación de los sueños o de El chiste y su Relación con lo Inconsciente, y Marx no es simplemente el autor del Manifiesto Comunista o El Capital: ambos establecieron la infinita posibilidad del discurso.

Obviamente, puede hacerse una fácil objeción. El autor de una novela puede ser responsable de algo más que su propio texto; si él adquiere alguna "importancia" en el mundo literario, su influencia puede tener ramificaciones significativas. Para tomar un ejemplo muy simple, podría decirse que Ann Radclife no escribió simplemente Los Misterios de Udolfo y algunas otras novelas, sino que también hizo posible la aparición de Romances Góticos a comienzos del siglo XIX. En esta medida, su función como autora excede los límites de su obra.

Sin embargo, esta objeción puede ser refutada por el hecho de que las posibilidades reveladas por los iniciadores de prácticas discursivas (usando los ejemplos de Marx y Freud, quienes, creo, son los primeros y los más importantes) son significativamente diferentes de aquellas sugeridas por los novelistas. Las novelas de Ann Radclife pusieron en circulación un cierto número de semejanzas y analogías pautadas en su obra, varios signos, figuras, relaciones y estructuras que podían ser integradas a otros libros. En pocas palabras, decir que Ann Radclife creó el Romance Gótico significa que hay ciertos elementos comunes a sus obras y al romance gótico del siglo XIX: la heroína arruinada por su propia inocencia, la fortaleza secreta que funciona como ciudad paralela, el héroe proscrito que jura venganza al mundo que lo ha excomulgado, etc.

Por otro lado, Marx y Freud, como "iniciadores de prácticas discursivas", no sólo hicieron posible un cierto número de analogías que podían ser adoptadas por textos futuros, sino que también, y con igual importancia, hicieron posible un cierto número de diferencias. Abrieron un espacio para la introducción de elementos ajenos a ellos, los que, sin embargo permanecen dentro del campo del discurso que ellos iniciaron.

¿No es éste el caso, sin embargo, del fundador de cualquier ciencia nueva o de cualquier autor que exitosamente transforma una ciencia existente? Después de todo, Galileo es indirectamente responsable de los textos de aquellos quienes mecánicamente aplicaron las leyes que él formuló; además de haber preparado el terreno para la producción de afirmaciones muy diferentes a las suyas.

Superficialmente entonces, la iniciación de prácticas discursivas parece similar a la fundación de cualquier empresa científica, pero creo que hay una diferencia fundamental.

2
En un programa científico, el acto fundacional se encuentra en pie de igualdad con sus futuras transformaciones: es meramente una entre las muchas que hace posible. Esta interdependencia puede adoptar distintas formas. En el desarrollo futuro de una ciencia, el acto fundacional puede parecer poco más que una única instancia de un fenómeno más general que ha sido descubierto. Podría ser cuestionado, en forma retrospectiva, por ser demasiado intuitivo o empírico, y sometido a los rigores de nuevas operaciones teóricas, a los efectos de situarlos en un ámbito formal.

Finalmente, podría considerarse una generalización precipitada cuya validez debería ser restringida. En otras palabras, el acto fundacional de una ciencia puede ser siempre recanalizado a través de la maquinaria de transformaciones que ha instituido.

Por otro lado, la iniciación de una práctica discursiva es heterogénea con respecto a sus transfromaciones ulteriores.

Ampliar la práctica sicoanalítica, tal como fuera iniciada por Freud, no es conjeturar una generalidad formal no puesta de manifiesto en su comienzo; es explorar un número de ampliaciones posibles. Limitarla es aislar en los textos originales un pequeño grupo de proposiciones o afrimaciones a las que se les reconoce un valor inaugural y que revelan a otros conceptos o teorías freudianas como derivados. Finalmente, no hay afirmaciones "falsas" en la obra de estos iniciadores; aquellas afirmaciones consideradas inesenciales o "prehistóricas", por estar asociadas con otro discurso, son simplemente ignoradas en favor de los aspectos más pertinentes de su obra.

La iniciación de una práctica discursiva, a diferencia de la fundación de una ciencia, eclipsa y está necesariamente desligada de sus desarrallos y transfromaciones posteriores. En consecuencia, definimos la validez teórica de una afirmación con respecto a la obra del iniciador, mientras que en el caso de Galileo o Newton, está basada en las normas estructurales e intrínsecas establecidas en Cosmología o Física. Dicho esquemáticamente, la obra de estos iniciadores no está situada en relación con la ciencia o en el espacio que ésta define; más bien, es la ciencia o la práctica discursiva que se relaciona con sus obras como los puntos primarios de referencia.

3
De acuerdo con esta definición, podemos entender por qué es inevitble que los practicantes de tales discursos deban "regresar al origen". Aquí, además, es necesario distinguir el "regreso" de los "redescubriemientos" o las "reactivaciones científicas". "Redescubrimientos" son los efectos de la analogía o el isomorfismo con formas actuales del conocimiento que permiten la percepción de figuras olvidadas u ocultas. "Reactivación" se refiere a algo muy diferente: la incersión del discurso en ámbitos totalmente nuevos de generalización, práctica y transformaciones.

La frase "regresar a", designa un movimiento con su propia especificidad, que caracteriza a la iniciación de prácticas discursivas. Si regresamos, es debido a una omisión básica y constructiva, una omisión que no es el resultado de un accidente o incomprensión.

En efecto, el acto de iniciación es tal, en su esencia, que está inevitablemente sujeto a sus propias deformaciones; aquello que expone este acto y deriva de él es, al mismo tiempo, la raíz de sus divergencias y parodias. Esta omisión deliberada debe estar regulada por operaciones precisas que pueden ser situadas, analizadas y reducidas a un regreso al acto de iniciación.

La barrera impuesta por la omisión no fue agregada desde el exterior; se origina en la práctica discursiva en cuestión, la que le aporta su ley. Tanto la causa de la barrera como el medio para su remoción -esta omisión- (también responsable de los obstáculos que impiden regresar al acto de iniciación) sólo pueden ser resueltos por medio de un regreso. Además, se trata siempre de un regerso al texto en sí mismo, específicamente, a un texto primario y sin ornamentos, prestando particular atención a aquellas cosas registradas en los intersticios del texto, sus espacios en blanco y sus ausencias. Regresamos a aquellos espacios vacíos que han estado cubiertos por omisión u ocultos en una plenitud falsa y engañosa.

En estos redescubrimientos de una carencia esencial, encontramos la oscilación de dos respuestas características: "Esta observación ha sido hecha, no puede evitar verla si sabe leer", o a la inversa, "No, esa observación no está hecha en ninguna de las palabras impresas en el texto, pero está expresada a través de las palabras, en sus relaciones y en la distancia que las separa". De ello resulta naturalmente que este regreso, que es una parte del mecanismo discursivo, introduce modificaciones constantemente y que el regreso a un texto no es un suplemento histórico que se adheriría a la discursividad primaria y la redoblaría bajo la forma de un ornamento que después de todo, no es esencial. Es más bien un medio efectivo y necesario para transformar la práctica discursiva.

Un estudio de las obras de Galileo podría alterar nuestro conocimiento de la historia, pero no de la ciencia de la mecánica, mientras que un reexamen de los libros de Freud o Marx puede transformar nuestra interpretación del sicoanálisis o del marxismo.

Una última característica de estos regresos es que tienden a reforzar el vínculo enigmático entre un autor y sus obras. Un texto tiene un valor inaugural precisamente porque es la obra de un autor particular y nuestros regresos están condicionados por este conocimiento. El redescubrimiento de un texto desconocido de Newton o Cantor no modificará la cosmología clásica o la teoría de grupos; a lo sumo, cambiará nuestra apreciación de sus génesis históricas. Sin embargo, sacar a la luz Esquema del Psicoanálisis, a tal punto que lo reconozcamos como un libro de Freud, puede transformar no sólo nuestro conocimiento histórico sino también el campo de la teoría sicoanalítica, ya sea solamente a través de un cambio en la focalización o a nivel medular. Estos regresos, componentes importantes de las prácticas discursivas, construyen una relación entre autores "fundamentales" y mediatos, que no es idéntica a aquella que liga un texto ordinario a su autor inmediato.

4
Desafortunadamente, hay una decidida ausencia de proposiciones positivas en este ensayo ya que se refiere a procedimientos analíticos o directivas para investigaciones futuras, pero debo al menos dar las razones por las cuales atribuyo tanta importancia a la continuación de este trabajo. Desarrolllar un análisis similar podría proveer la base para una tipología del discurso. Una tipología de esta clase no puede ser entendida adecuadamente en relación con los rasgos gramaticales, las estructuras formales y los objetos del discurso ya que indudablemente existen propiedades discursivas específicas o relaciones que son irreductibles a las reglas de la gramática y de la lógica y a las leyes que gobiernan los objetos.

Estas propiedades requieren investigación si esperamos distinguir las grandes categorías del discurso. Las diferentes formas de relaciones (o la ausencia de éstas) que un autor puede asumir son evidentemente una de estas propiedades discursivas.

Esta forma de investigación podría también permitir la introducción de un análisis histórico del discurso. tal vez ha llegado la hora de estudiar no sólo el valor expresivo y las transformaciones formales del discurso sino su modo de existencia: las modificaciones y variaciones, dentro de cualquier cultura, de los modos de circulación, valorización, atribución y apropiación. En parte a expensas de los temas y conceptos que un autor ubica en su obra, el "autor-función" podría también revelar la manera en que el discurso es articulado sobre la base de las relaciones sociales.

¿No es posible reexaminar, como una extensión legítima de este tipo de análisis, los privilegios del sujeto? Claramente, al emprender un análisis interno y arquitectónico de una obra (tanto sea un texto literario, un sistema filosófico o un trabajo científico) y al delimitar referencias sicológicas y biográficas, surgen sospechas concernientes a la naturaleza absoluta y al rol creativo del sujeto. Pero el sujeto no debería ser abandonado por completo. Debería ser reconsiderado, no para reestablecer el tema de un sujeto originador, sino para captar sus funciones, su intervención en el discurso y su sistema de dependencias.

Deberíamos suspender las preguntas típicas: ¿cómo un sujeto aislado penetra la densidad de las cosas y las dota de significado? ¿Cómo cumple su propósito dando vida a las reglas del discurso desde el interior?

Más bien, deberíamos preguntar: ¿bajo qué condiciones y a través de qué formas puede una entidad como el sujeto aparecer en el orden del discurso? ¿Qué posición ocupa? ¿Qué funciones exhibe? y ¿qué reglas sigue en cada tipo de discurso? En pocas palabras, el sujeto (y sus sustitutos) debe ser despojado de su rol creativo y analizado como una función, compleja y variable.

El autor, o lo que he llamado "autor-función", es indudablemente sólo una de las posibles especificaciones del sujeto y, considerando transformaciones históricas pasadas, parece ser que la forma, la complejidad, e incluso la existencia de esta función, se encuentran muy lejos de ser inmutables. Podemos imaginar fácilmente una cultura donde el discurso circulase sin necesidad alguna de su autor. Los discursos, cualquiera sea su status, forma o valor, e independientemente de nuestra manera de manejarlos, se desarrollarían en un generalizado anonimato.

No más repeticiones agotadoras. "¿Quién es el verdadero autor?" "¿Tenemos pruebas de su autenticidad y originalidad?" "¿Qué ha revelado de su más profundo ser a través de su lenguaje?". Nuevas preguntas serán escuchadas: "¿Cuáles son los modos de existencia de este discurso?" "¿De dónde proviene? ¿Cómo se lo hace circular? ¿Quién lo controla?" "¿Qué ubicaciones están determinadas para los posibles sujetos?" "¿Quién puede cumplir estas diversas funciones del sujeto?". Detrás de todas estas preguntas escucharíamos poco más que el murmullo de indiferencia: "¿Qué importa quién está hablando?"

viaje a Darjeeling

Publicado en La vi y me gustó el 17 de Abril, 2008, 0:24 por negrointenso
aunque no es del gusto masivo, es una joya exquisita.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-