"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




9 de Abril, 2008


P I Z A R N I K

Publicado en De Otros. el 9 de Abril, 2008, 18:34 por Ivana Simeoni

Alejandra Pizarnik, 1936-1972

                                              

                                        

PALABRAS

                                                  

                                                  

                                                  

     Se espera que la lluvia pase. Se espera que los vientos lleguen. Se espera. Se dice. Por amor al silencio se dicen miserables palabras. Un decir forzoso, forzado, un decir sin salida posible, por amor al silencio, por amor al lenguaje de los cuerpos. Yo hablaba. En mí el lenguaje es siempre un pretexto para el silencio. Es mi manera de expresar mi fatiga inexpresable.

        Debiera invertirse este orden maligno. Por primera vez emplear palabras para seducir a quien se quisiera gracias a la mediación del silencio más puro. Siempre he sido yo la silenciosa. Las palabras intercesoras, las he oído tanto, ahora las repito. ¿Quién elogió a los amantes en detrimento de los amados? Mi orientación más profunda: la orilla del silencio. Palabras intercesoras, señuelo de vocales. Ésta es ahora mi vida: mesurarme, temblar ante cada voz, temblar las palabras apelando a todo lo que de nefasto y de maldito he oído y leído en materia de formas de seducción.

        El hecho es que yo contaba, yo analizaba, yo relacionaba ejemplos proporcionados por los amigos comunes y la literatura. Le demostraba que la razón estaba de mi parte, la razón de amor. Le prometía que amándome iba a serle accesible un lugar de justicia perfecta. Esto le decía sin estar yo misma enamorada, habiendo sólo en mí la voluntad de ser amada por él y no por otro. Es tan difícil hablar de esto. Cuando vi su rostro por primera vez, deseé que fuera de amor al volverse hacia mi rostro. Quise sus ojos despeñándose en los míos. De esto quiero hablar. De un amor imposible porque no hay amor. Historia de amor sin amor. Me apresuro. Hay amor. Hay amor de la misma manera en que recién salí a la noche y dije: hay viento. No es una historia sin amor. Más bien habrá que hablar de los sustitutos.

        Hay gestos que me dan en el sexo. Así: temor y temblor en el sexo. Ver su rostro demorándose una fracción de segundo, su rostro de detuvo en un tiempo incontable, su rostro, un detenerse tan decisivo, como quien mueve la voz y dice no. Aquel poema de Dylan Thomas sobre la mano que firma en el papel. Un rostro que dure lo que una mano escribiendo un nombre en una hoja de papel. Me dio en el sexo. Levitación; me izan; vuelo. Un no, a causa de ese no todo se desencadena. He de contar en orden este desorden. Contar desordenadamente este extraño orden de cosas. A medida que no vaya sucediendo.

        Hablo de un poema que se acerca. Se va acercando mientras a mí me tiene lejos. Sin descanso la fatiga; infatigablemente la fatiga a medida que la noche –no el poema- se acerca y yo estoy a su lado y nada, nada sucede. Sólo una voz lejanísima, una creencia mágica, una absurda, antigua espera de cosas mejores.

        Recién le dije no. Escándalo. Transgresión. Dije no, cuando desde hace meses agonizo de espera y cuando inicio el gesto, cuando lo iniciaba… Trémulo temblor, hacerme mal, herirme, sed de desmesura (pensar alguna vez en la importancia de la sílaba no).

1964

Ed. Lumen, Prosa Completa p. 26-27

Las hembras no son todas iguales

Publicado en Pavadas hechas texto, el 9 de Abril, 2008, 12:23 por Saty

En el género animal, la "hembra" sería la que presenta órganos sexuales femeninos, si bien muchos diccionarios se empeñan en decir que una "hembra" es "una pieza con un hueco o agujero por donde otra se introduce y encaja".

Ahora bien, remitiéndonos a esta última definición, no se especifica en ninguno de los casos, en el supuesto de una "hembra humana", si ese hueco que se menciona, está en la parte superior de su cuerpo o en la inferior. Suponiendo que estuviese en la superior, podríamos deducir que el agujero podría llegar a ser su cerebro y lo que se introduce, un cúmulo de conocimientos. Tendríamos aquí la denominada "hembra inteligente o culta".

De todas maneras los cerebros de estas "hembras" no son todos iguales, como así tampoco el resto de su anatomía. Los agujeros o huecos que poseen cada una de ellas en su parte inferior, tampoco presentan idénticas características. Las hay las que tienen agujeros grandes, el vulgo las denomina "hembras argolludas" y las que los tienen pequeños, que podríamos llamar "hembras estrechas".

Bueno, en realidad este tema de los huecos inferiores no es muy pertinente en este momento. Nos interesa más el tema de los agujeros superiores, aquellos por los que las "hembras" absorben y maman la cultura, lo que las distingue de las otras "hembras animales". Como anteriormente dijimos, tampoco acá, son todas iguales. Algunas son románticas, otras se rajan con el vecino de enfrente dejando al marido y los hijos, están las liberadas que consumen droga y se entregan a todos los placeres prohibidos y aquellas reprimidas que se la pasan hablando de los que no harían pero que mueren por hacerlo. Están las que se visten todas de negro y las que mueren por los colores flúo, las de pelo cortito y las platinadas.  Por ende, están las que gustan de la literatura y las que no. Y si hurgamos un poquito más, dentro de aquellas que se entregan en los brazos de los libros, las hay devotas por los textos costumbristas, los paródicos, por los introversiales, por los clásicos, por la mezcla de ellos, etc, etc, etc. Por eso resulta totalmente inexplicable la actitud del profe en su comentario discriminatorio: "hembras abstenerse".

Crítica

Publicado en General el 9 de Abril, 2008, 0:51 por negrointenso
mario trejo presenta hoy su antología poética, acompañado por noé jitrik
"Ahora Me Dicen Duro de Matar"
08.04.2008

Multifacético. Guionista de cine, autor teatral, periodista, actor, fotógrafo, profesor. Siempre poeta.

"Aunque estoy muy arropado por los amigos, tengo una debilidad extrema: quisiera estar mejorado para la presentación, porque tengo que hablar y no puedo fingir, no quiero estar con la cara triste." El poeta Mario Trejo acaba de pasar quince días internado, está casi ciego y combate un cáncer de vejiga. Cada tanto, sin embargo, se da ánimo con humor: "¿Sabe cómo me dicen? Duro de matar". Así que hoy a las 19 estará en la Casa de la Cultura para presentar su Antología poética (editada por el Fondo Nacional de las Artes) con la compañía del escritor y académico Noé Jitrik y de los actores Aldo Barbero y Leonor Manso, quienes leerán algunos de sus versos.

Trejo es un personaje multifacético: fue guionista de cine, autor teatral, periodista, actor, fotógrafo y profesor. Su pasado se puebla de vivencias y trabajos compartidos con grandes artistas: Bernardo Bertolucci, que fue su amigo y lo consideraba "un poeta genial", lo dirigió en el documental La vía del petróleo; Astor Piazzolla musicalizó algunos de sus poemas ("Escándalos privados", por ejemplo) y él le puso letra a una melodía del músico, Los pájaros perdidos. "Piazzolla también compuso para el poema "A propósito de la palabra Dios", pero nunca supe dónde fue a parar", apunta Trejo.

Con No hay piedad para Hamlet, escrita junto a su amigo Alberto Vanasco, ganó el Premio Municipal de Buenos Aires y el Premio Nacional Florencio Sánchez. La obra se estrenó en 1948 y se repuso en los 60 en el Instituto Di Tella, donde también fueron montadas Libertad y otras intoxicaciones y Reconstrucción de la Ópera de Viena. "Yo tengo premios de televisión –dice Trejo–. El primer Martín Fierro que se otorgó, en el año 59, fue para mí y para Osvaldo Dragún, por Historias de jóvenes, un programa al que llevé gente como Dalmiro Sáenz, Germán Rozenmacher, David Viñas."

"Entrevisté a gente muy fuerte, a grandes como Yasser Arafat", rememora Trejo, que ejerció el oficio de periodista radial y gráfico. En 1946 publicó su primer poemario, Celdas de sangre, al que siguieron El uso de la palabra (que reúne tres libros, Crítica de la razón poética, El amor cuerpo a cuerpo y Lingua Franca), La lengua capital y Orgasmo y otros poemas. En 1964 le dieron el premio Casa de las Américas.

Como los datos sobre su lugar de nacimiento (1926) son ambiguos parece oportuno preguntarle: "Mire, eso sólo le importa a la policía y a la aduana", responde. Se le discute un poco su hipótesis y entonces cuenta. "Es que ni yo sé si nací en Ushuaia o en La Plata, no sé esa parte de la historia –explica–. Un hermano de mi padre estaba preso en una cárcel del sur, y pudo haber sido ahí; o tal vez nací en La Plata, porque el fundador del Teatro Argentino, don Pepe Podestá, era pariente. No sé." Trejo vivió muchos años fuera del país, sobre todo en España. "En los 70 olí que algo no andaba bien, mi sobrino andaba con los fierros –cuenta–. Armé mi salida del país en horas. Y cuando fui a embarcarme, una mañana, me cobraron coima para sacar las maletas. Un fantoche este país." Fue el 9 de diciembre de 1974. "Acababan de matar al abogado Ortega Peña y a un periodista que era amigo mío, Leopoldo Barraza –evoca–. La noche que lo mataron yo estaba con él. Ahí dije "me voy, no aguanto más". Y me salvé. Estábamos en casa de Martha Peluffo y hacíamos intercambio: yo te doy coca, vos me das hachís. Y yo tenía una materia muy importante, ácido lisérgico."

"Lo más fuerte del mundo es el deseo –dice Trejo–. Y una vez saciado ya no existe: muere." Ha leído poco y nada de los poetas jóvenes. "Y te voy a decir algo: he colgado los botines de la poesía. Es decir, escribo todo el tiempo, pero no sé si es poesía o qué. Yo no estoy en las maripositas. Lo que me importa más es lo filosófico: a mí acercame a los presocráticos. Cuando digo lo de las maripositas no hay que caer en el otro extremo, que hablan de Baldomero Fernández Moreno y dicen "ay, 70 balcones". No, era un grandísimo, terrible poeta. Hay que leer el Soneto a la crucifixión, que escribió por los años 30."

Está entusiasmado con la vuelta de una obra suya al teatro pero prefiere no anticipar: por superstición."Por eso no tengo nada contra las religiones –explica–. La vida no da nada, nos deja solos, abandonados, y creo que el pobre ser humano que no ha alcanzado ni lo que se llama la cultura se tiene que agarrar de algo. Es un ahogado en el mar y está bien que se agarre, mientras no le haga daño a terceros. Como yo, que me he drogado, pero jamás me di una inyección ni aconsejaría a nadie que lo haga."

Trejo está escribiendo sobre su vida y la poesía. "De Oliverio Girondo, de Enrique Molina, de Alberto Vanasco, poetas que la gente olvida –dice–. Esas cosas te resienten. Son heridas." ¿Habla de él, también, se siente poco reconocido? "Mire, yo les doy oportunidades, he estado fuera del país no sé cuántos miles de años para que tengan pretextos, pero creo que son un poco demasiado injustos. ¿Pero sabe por qué? Por ignorancia. En primer lugar, no me han leído. Y no han leído nada, porque son muy ignorantes. Me parece todo tan ridículo que no va más."

"Maestro esencial, agudo, sutil, irónico, la poesía de Mario Trejo es palabra plena: fuga de consignas para huir de la historieta", anotó Liliana Heer en el Preámbulo de esta antología. "En resumen: / más vale ser cabeza de león que cola de ratón. / El mejor modo de esperar es ir al encuentro", escribió Trejo en Apuntes para una crítica de la razón poética. "La vida es difícil sobre todo cuando uno es joven –dice Trejo–. La juventud es un período muy de boludez extrema. De omnipotencia, de creer que yo lo sé todo, y no es así. Hay que sentarse, cebar unos mates y meditar. Creo que eso es lo mejor que hay."

"No hay tiempo que perder / en mitos y melancolías", escribió Trejo. "Exactamente –dice–. Y son versos de cuando tenía veintipico."

Ver nota de opinión "Un nobel para Trejo", en la sección Cultura.

ENRIQUE VILA MATAS

Publicado en De Otros. el 9 de Abril, 2008, 0:51 por MScalona
  Vila Matas, 1948, ESP.

                                  JUGUETES  RABIOSOS

Estoy pensando en juguetes rabiosos. Y también en aguas fuertes porteñas, jorobaditos y noctámbulos, lunas rojas y siete locos en trajes fantasmas. Estoy pensando en Roberto Arlt y en aquella mañana en la que sus compañeros de trabajo lo encontraron en la redacción del periódico con los pies sin zapatos sobre la mesa, llorando, los calcetines rotos. Tenía enfrente un vaso con una rosa mustia. A las preguntas, a las angustias, contestó:

-¿Pero no ven la flor? ¿No se dan cuenta que se está muriendo?

Son las cuatro de la madrugada en Barcelona y soy yo ahora el que tiene enfrente un vaso con una rosa mustia. El vaso no me quita la angustia, pero me ayuda aún más a pensar en Roberto Arlt, el autor de Los siete locos, hombre de personalidad compleja y estrafalaria, escritor que-digan lo que digan- escribía muy bien, aunque a veces quedara entrampado por los gerundios. Pienso en él y me acuerdo de la atmósfera de sueño y de inquietud en la que vivía un tal Erdosain, ese personaje de Los siete locos  que se pasaba el día circulando por una zozobrante  atmósfera a la que llamaba "la zona de angustia". Erdosain se imaginaba que dicha zona existía sobre el nivel de las ciudades, a dos metros de altura, y era la consecuencia del sufrimiento de los hombres y "como una nube de gas venenoso se trasladaba pesadamente de un punto a otro (…): angustia de dos dimensiones que guillotinando las gargantas dejaba en éstas un regusto de sollozo".

En realidad pienso en Roberto Arlt desde que ayer, poco después de comprar la rosa, encontré en la calle a un amigo literato que salió por la tangente y, en lugar de hablarme de la rosa, me preguntó si en alguna ocasión, al igual que hiciera Arlt en otros días, me había fijado en las ventanas iluminadas a las cuatro de la madrugada. Hizo una pausa, y luego añadió: "La de historias que hay en ellas".

Y es verdad, las hay. Si lo sabré yo ahora, que estoy insomne en mi personal zona de angustia, a las cuatro de la madrugada, y acabo de mirar por la ventana y he visto, más allá de la rosa mustia, la misteriosa ventana recién iluminada de un vecino, y de inmediato me he preguntado qué historia habrá en ella, qué estará sucediendo ahí en ese interior.

Roberto Arlt, al escribir sobre ventanas iluminadas en la alta madrugada, decía: "¿Cuántos crímenes se hubieran evitado si, en ese momento en que la ventana se ilumina, un hombre hubiera estado ahí espiando?" Esto lo escribió Roberto Arlt mucho antes que todos estuviéramos noticias de cierta ventana indiscreta de Hitchcock. Arlt se adelantaba a todo, tal vez porque era de esas personas que no leen libros, sino que hojean en el cerebro de esos libros. Yo creo que era un hombre de grandes intuiciones y por eso las ventanas iluminadas en la alta madrugada le mantuvieron despierto en tantas ocasiones: "Nada  más llamativo en el cubo negro de la noche que un rectángulo de luz amarilla. ¿Quiénes están ahí adentro?

¿Jugadores, ladrones, suicidas, enfermos? ¿Nace o muere alguien en ese lugar? Ventana iluminada en la alta madrugada. Si se pudiera escribir todo lo que se oculta detrás de tus vidrios biselados  o rotos se escribiría el más angustioso poema que conoce la humanidad".

Mirando desde mi zona de angustia esa ventana iluminada del vecino, mi imaginación se ha despertado y he pensado, en primer lugar, en alguien que a estas horas esta navegando por la infinita red en la pantalla de su ordenador. No sé porque he elegido está opción. Hasta el momento mismo de elegirla se habrían ante mí todas las opciones del mundo, me encontraba como un escritor ante la primera frase de su novela. Ante esa primera frase, el escritor tiene toda la libertad del mundo, se le ofrece la posibilidad de decirlo todo,  de todos los modos posibles. "Hasta el instante previo al momento en que empezamos a escribir-dice Italo Calvino-, tenemos a nuestra disposición el mundo, un mundo dado en bloque, sin un antes ni un después".

Muchas veces, al comenzar desde una zona de angustia un texto sonámbulo como este,  pretendo llevar a cabo un acto que me permita situarme en este mundo. Pero también es cierto que, en cuanto realizo ese acto, es decir , en cuanto escribo la primera frase, mi angustia me deja algo parecido a un regusto de sollozo ante una rosa mustia, pues veo que mi mundo ha quedado ya de inmediato limitado.

En el caso que me ocupa, la frase es está: Estoy pensando en juguetes rabiosos. A estas alturas de mi escrito sonámbulo, a estas alturas de la alta madrugada, no queda otra opción que seguir adelante, aunque mi libertad creativa se haya visto ya restringida: no puedo ser más que alguien que está pensando en juguetes rabiosos y espiando la ventana de un vecino que viaja por una ventana iluminada; no puedo ser más que alguien parecido a Erdosain cuando entraba en la zona de angustia y sentía las primeras náuseas de la pena.

-"¿Qué es lo que hago con mi vida?", decíase entonces Erdosain, queriendo quizás aclarar con esta pregunta los orígenes de la ansiedad que le hacía apetecer una existencia en la cual el mañana no fuera la continuación del hoy con su medida del tiempo, sino algo distinto y siempre inesperado.

Mi angustia viene de mi deseo de ser yo distinto mañana, alguien no atado a la primera frase de sus escritos. Y  ya sólo me calma pensar que, después de todo, no he perdido tanta libertad como creía. Si bien no puedo ya dejar de ser un espía, lo  que puedo imaginar que aparece en la pantalla de mi espacio es ilimitable. Por otra parte, quién sabe. Tal vez mi vecino está espiando otra ventana iluminada  en la alta madrugada, y esa ventana es la mía y para él yo puedo estar ahora a punto de suicidarme, o tal vez celebrando la inmensa fortuna que acabo de ganar en un casino de juego, o, simplemente, ser alguien al que, de tanto mirar la rosa mustia o la luz de su ordenador, se le han quemado las pupilas.

Ventanas que son faros en la alta madrugada. Como decía mi amigo: la de historias que hay en ellas. Historias de ladrones con linternas o de moribundos que dictan su último testamento ante temblorosos familiares; historias de madres que se inclinan atormentadas de sueño sobre una cuna o historias de parejas que hacen el amor, o de tipos que charlan interminablemente sobre el misterio del universo, historias de soñadores que tiene insomnio o de  insomnes que piensan que el más angustioso poema, que se puede escribir sobre la humanidad está ahí, en las ventanas iluminadas de las cuatro de la madrugada.

Ventanas iluminada del vecino, la que estoy ahora contemplando: ventana de alguien que se ha asomado a la "red" y tiene a su disposición el mundo, el mundo dado en bloque, sin un antes y un después, tiene a su disposición todo, hasta a mí mismo, que soy un espía estéril que en cualquier momento puede aparecer en su pantalla diciendo, por ejemplo, que mañana será otro día. Y es verdad. Mañana me desperté y ya no seré el que ha escrito un texto que nació sonámbulo en una ventana iluminada. Mañana seré otro, tal vez alguien que recuerde unos versos de Larkin: "Y de inmediato, / más que en palabras, pienso en ventanas altas: / el cristal en donde cabe el sol, y más allá, / el hondo aire azul, que nada muestra, / y no está en ninguna parte, y es interminable".

Mañana seré otro, es cierto, pero sólo seré el que volverá a tener a su disposición ese juguete rabioso que es el mundo, el que intentará de nuevo situarse en ese mundo y, para ello, desde la gran zona de angustia de la "red", volverá a escribir la primera frase sonámbula de un escrito que, de nuevo, será incapaz de abarcar un mundo que, como el hondo aire azul, no está en ninguna parte, y es interminable.  

                 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-