"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




2 de Abril, 2008


CORTÁZAR sobre Néstor... que es Sánchez.

Publicado en homenaje el 2 de Abril, 2008, 20:55 por MScalona

Julio Florencio Cortázar

Del Prólogo a la edición original de

NOSOTROS DOS, Edit Seix Barral, 1971

                                                                                                     

"No soy crítico ni ensayista ni pienso defender a Sánchez que ya es grandecito y sale solo de noche; ni siquiera tomo su libro como un ejemplo especial, me limito a afirmar que es una de las mejores tentativas actuales de crear un estilo narrativo digno de ese nombre, y que al margen de sus méritos o deméritos representa un raro caso de personalidad en un país tan despersonalizado como la Argentina en materia de expresión literaria. Sánchez tiene sentimiento musical y poético de la lengua: musical, por el sentido del ritmo y la cadencia que trasciende la prosodia para apoyarse en cada frase, que a su vez, se apoya en cada párrafo y así sucesivamente, hasta que la totalidad del libro recoge y transmite la resonancia como una caja de guitarra; poético, porque al igual que toda prosa basada en la simpatía, la comunicación de signos entraña un reverso cargado de latencias, simetrías, polarizaciones y catálisis donde reside la razón de ser de la gran literatura".         

                        JULIO  CORTÁZAR    

                                                                  

nota:   les recuerdo que catálisis y elipsis son los dos trabajos del escritor, para acrecentar el texto, con más recursos, con más intensidad semántica (poner más) o aliviarlo, disminuir, quitar, respectivamente. Lo vimos con los más grandes a través de Barthes. Por ejemplo, Borges y Onetti son más bien catalíticos. Carver o Rulfo, más bien elípticos.       

Policial sin ficción

Publicado en General el 2 de Abril, 2008, 20:40 por MScalona


ESTA MADRUGADA en la zona del boliche    Madame  , le robaron su auto al querido NICO HERRERA, alias El Negro Rasta. Cuando salió del boliche no estaba y tampoco en la Direcc. de Tránsito. En la Comisaría SÉPTIMA  (Cafferata al 300), de jurisdicción en la zona, NO le querían recibir la denuncia y sólo dos horas después, con idas y venidas legales y la intercesión de un policía amigo de la víctima, de otra Seccional, se la recibieron. Al salir del precinto, un "señor de civil" que estaba a bordo de una camioneta "civil" con una placa de la policía de la Unidad Regional 2º en la luneta delantera del vehículo, estacionada frente a la Seccional, le dijo que si quería el auto, tenía que poner dos mil dólares... bueno, colgué este aviso acá, no para que piensen que yo pienso que la policía tenga alguna complicidad con el robo de autos en la zona de Madame... no, no, de ninguna manera es verano hoy 2 de abril ni Las Falklands son inglesas y no es cierto que los pollos que se pudrieron en la ruta sean los mismos de Mazzorín...  ¿yo qué dije...?

Yo NO digo que la zona de Madame sea una zona liberada para robo de autos... No sean mal pensados y nunca se olviden de aquella sugerencia del graffiti de los chicos de Anarquía "Déle una mano a la policía, péguese solo..." 

                                                                                               

y en serio, hagan correr la advertencia...!!!!

more Sánchez, que es Néstor...

Publicado en De Otros. el 2 de Abril, 2008, 14:46 por MScalona

 Néstor Sánchez, ARG, 1935-2003


                                                                       

                                Imprevistamente desaparecen los trenes y me quedo solo agarrado a la baranda; nunca había estado solo de verdad o me parece mentira comprenderlo. Después de levantar todo lo de Banfield, después de ese primer mes en que ni vi al chico y en el que sentí agrupado el final, siguieron para mí los hoteles de sábanas recién desinfectadas, mi festejo siempre pareciéndose a un sollozo cuando lo descubro, mi llamada voz para el amor en una llamada pieza del mundo, lo mucho que esperé este momento incluido el pasado carmesí para que lo consuele. A vos te reprochaba la soledad de la vida juntos, la isla con la lámpara gris en el caserón de los techos agujereados: recobro Banfield y cruzar la vía al costado de los perros, la calle de tierra inmediata, a las radios de par en par y en el fondo del pasillo los dos platos separados por el pan, el ruido de los cubiertos contra la loza hasta desesperar de tu silencio. De modo que grité en las piezas altísimas, te denuncié mil veces no haberme dejado llorando en el terraplén de La Lucila –la humedad de tus manos cuando los derrumbes que siguieron y entonces también parecían hacerte la seña, ahora, acérquese despacio a ese hombre, tire de ese argentino con la eterna falta de astucia para los corretajes en el Gran Buenos Aires.

            Frente al mismo río que tengo toda la noche debajo iluminado por el vapor de la carrera –un marrón usado, un vértigo de suburbio-: me llevabas el libro de Macedonia Fernández y no eras feliz. ¿De dónde te venía aquella obstinación? Yo me había encargado de preparar pacientemente el desenlace, te explicaba en calma el mal de nuestro siglo, ¿recordás? El mismo río que se golpea abajo, que veo desde la baranda hasta no más de dos metros porque lo otro es la noche total y apenas tres o cuatro luces en Avellaneda. A la altura de La Lucila después de caminar toda la tarde entre naranjos, vos con el suéter celeste del cuello hasta arriba, se diría asomada por allí a la tarde que ni siquiera habías previsto. Debí llegar a palabras distintas, palabras para la salvación que no parecías escucharme. Así por la calle en barranca al mismo río y a segundos de mirarte las uñas quebradas por la Underwood, contestaste a todo con tus cuatro palabras, tu poder de síntesis, Clara: "entonces yo me tiro". Me reí del melodrama a casi dos metros de vos porque en esa forma habíamos vagado todo el tiempo entre los residenciales, sin argumento posible me reí de vos con los labios morados por el viento que me mirabas mirar el agua con algo de predestinado a dos años exactos del club social. Cuatro palabras para un final que no te concernía sentada en la piedra minúscula con el libro de Macedonio en la falda, insobornable cuando me volvía, cuando me inclinaba para silabearte que no era capaz. ¿Por qué razón no me dejaste llorando en el terraplén de La Lucila, por qué nos siguió aquel perro hasta los penosos trenes del sur?

            Cerca de un mes completamente solo recorriendo toda la costa de Uruguay para sentir el extranjero –hay mate, hay baraja española en los boliches. Sin embargo después llegué hasta el norte, otro idioma en las tiendas y dos días con sus noches conteniendo las ganas de seguir, de no volver en cambio cada fin de semana al chico que tiene sus mismos ojos y no sabe siquiera que ya te imita en los gestos. Dos días con sus noches en una pensión miserable mirándole las manos a la mucama, sumergido en sábanas como trapos con casi treinta y nueve de fiebre. Resistí, Clara, anduve a la tarde por la playa entre mareos y chuchos de frío (ese giro de lo imprevisible por primera vez), tirando entonces del telón a un verano de distancia, del telón lentísimo para cubrir finalmente la cama de dos plazas que compramos en el remate de Banfield a varios días de casarnos; al año, el cochecito en movimiento en el humo de la cocina del fondo, la manera si se quiere diáfana en que volviste a Griseta después de las ocho de la mañana con el suéter celeste entonces desteñido, un resplandor azul desde la banderola opaca hacia donde tiraba el humo y vos, se diría, asomada por el cuello alto a la pileta de azulejos, la canilla con agua muy escasa bajo el alero de zinc.

NÉSTOR  SÁNCHEZ, del libro   NOSOTROS DOS,  p. 17-18, Ed. Alción

Algo más que ruido

Publicado en Pavadas hechas texto, el 2 de Abril, 2008, 0:40 por JåvS

La gente en conngo, es hipersensible y un poquito imbécil. Dicen que por eso, en los hogares de esta tierra, a menudo se rezonga por pequeñeces.
Basta, por ejemplo, con que alguien abra una nuez de aspecto dudoso, entonces algún otro alguien dice (o insinúa) que la nuez está abichada, o podrida y recomienda no comerla.
La persona que peló la nuez, se siente insultada, como si el estado de la nuez fuese su responsabilidad, y recibe el comentario, como una ironía, pero con cara de reproche.
Se suscita una discusión, la voz se levanta pero ninguno dice nada a nadie y al mismo tiempo que todos hablan, nadie escucha.
Algunas familias prefieren, la tranquilidad y juran que nunca volverán a levantarse la voz y que se quieren mucho.
Otras, solamente dejan de comprar nueces.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-