"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Abril del 2008


CAROLINA MUSA

Publicado en Poemitas. el 30 de Abril, 2008, 11:04 por Caro Musa

Instantánea  (I)

Los pies hurgan la arena.

La humedad sube por las pantorrillas hasta la ingle y de allí

a los hombros.

Está también el horizonte con su línea azul, con su ruido a mar, a viento y el murmullo

del gentío riendo fácilmente bajo el sol   /  pero

esto es como un fondo pintado a la acuarela: lo principal es

arena

humedad en los dedos/  fría / pegajosa sensación que sube y exige

1

2

3 pasos:

salir

4

disimular la emoción del tacto.

                                            CARO   MUSA     (1º, Jueves)

hola

Publicado en Poemitas. el 30 de Abril, 2008, 1:03 por tomasboasso

Mi ídolo es Matthew Bellamy, sí, sí, como para vos lo fue Jagger o Lennon, quizás Waters. Hasta los periodistas estarían muy contentos siendo estrellas de rock.

A veces me confundo y creo que voy a llegar a ser como Bolaño o como Pessoa, pero quién me quita el sueño...

Si lo pienso bien, me gustaría ser una persona que no piense. Un tonto. Me encantaría ser un tonto.

Pero qué lindo sería poder viajar por todo el mundo y tener plata y tomarme aviones cuando me lo permita el jefe.

Lo mejor hubiese sido el fracaso absoluto, anónimo. Pero quién te dice.

Esa tanguita en tu culo

Esa bala a un centímetro de la sien

Ese bandoneón furioso

Esa foto en la que ya nadie está vivo

Algo así tendría que ser.

Un cuarto de libra con doble queso

humeando en la bandeja

ante la mirada hambrienta de una gorda.

Soy de esos que no creen que creer cree crecimiento.

Tengo la piel de gallina.

 

El Domingo vamos, CARAMBA...!!!

Publicado en General el 29 de Abril, 2008, 12:54 por MScalona

  DOMINGO 4 de mayo, 20,30 hs.

Teatro LA MORADA San Martín  771 .-     

Vemos la obra y después hacemos análisis y debate.

La entrada es $ 15.-, pero por estudiantes del taller

pagamos $ 10.-  Me confirman por mail quiénes van...

sorry, lo tuve que re-publicar porque había unas horrorosas

ofertas de GOOGLE para gente desesperada...!!! más bien muerta...

Caramba ! Recórcholis Batman...!!!!!!!

La recomendación y análisis de mi primera mirada sobre la obra

está más abajo... down down down... YA ME CONFIRMARON

UNOS  15...  después les digo en qué bar hacemos la previa 19 hs...

Nunca vi a la muerte llorando

Publicado en Poemitas. el 28 de Abril, 2008, 20:59 por Ivana Simeoni

                                                                                         

Cuando vi a la muerte salí corriendo,
para que viera que
lo único que haría en la vida
sería correr para quedarme
hasta la muerte con él…

Día por día
una muerte
como impulso
mata.

Hoy
otra vez
un tiro que me arrastra
hasta donde vi la muerte
y disparé corriendo.


hay cosas que solas hacen que una mate
sin la muerte.


                                                                           Para el de los libros

                                            P i p u

Fiesta Bienvenida 1º Año 2008

Publicado en General el 27 de Abril, 2008, 18:14 por MScalona

FesFintall-07 (39)FesFintall-07 (28)

viernes  9  de mayo,  22 hs. BAR DON CHICHO,  Pje. Zabala y Mitre. En la primera parte, arriba, hacemos la ceremonia de lectura, comida y entrega de premios.  Luego, en el subsuelo, la fiesta con el DiscJay Fernando... máquina de humo islero, la mejor música para bailar y están volviendo los lentos... Reserven la fecha. Ya tengo anotados para leer Kuba-Oriato-Simeoni-Fabi-Musa,  espero más...  relato breve-miscelánea, 25 renglones... o un poema... lectura zapping... PLEASE,  CONFIRMEN ASISTENCIA POR MAIL...!!!!!!!!!!!!!!!!!

MAURICIO REDOLÉS

Publicado en De Otros. el 26 de Abril, 2008, 14:13 por MScalona
Bello Barrio

                                                                     

Descubrí un bello barrio en Santiago de Chile. Es un barrio en que los camaradas no han desaparecido aun y los bares son color anilina que puede leerse al revés igual. Descurbí un bello barrio de luces antiguas y gente amable, las muejeres son bellas ánimas aun mas que una madre y atraviesan las calles en aeroplanos. Y hay avisos, y hay avisos y hay avisos y hay avisos antiguos envueltos en gazas y paños sencillos. Y el Blues aun vive en la sangre y aun no llega la hora de los asesinatos. Es mas aun, la banda de asesinos aun es tramitada en las fronteras del polo sur.
Descubrí un bello frágil barrio al suroeste de Santigo de Chile. Su belleza es tal que aun mi hermano tiene el rostro recompuesto antes de la fiebre verde y los fierrazos. Es bello porque parece ser Londres 1956 por Bernardine, o Buenos Aires 1950 con equipos de fútbol, y barras denigrantes y Gato Barbieri es chico y tiene olor a chocolate y naranjas. Hay arreglos de guitarra imaginativos, y tengo amores con una muchacha que es casi de este barrio. Hay la alegría de esa utopía que nos negó este siglo.
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse.
Aqui nadie discrimina a los negros porque todos somos negros.
Aqui nadie discrimina a los obreros porque todos somos obreros.
Aqui nadie discrimina a las mujeres porque todos somos muejeres.
Aqui nadie discrimina a los chicanos porque todos somos chicanos.
Aqui nadie discrimina a los comunistas porque todos somos comunistas.
Aqui nadie discrimina a los chilenos porque todos somos chilenos.
Aqui nadie discrimina a los cabros chicos porque todos somos cabros chicos.
Aqui nadie discrimina a los rockeros porque todos somos rockeros.
Aqui nadie discrimina a los punkys porque todos somos punkys.
Aqui nadie discrimina a los mapuches porque todos somos mapuches.
Aqui nadie discrimina a los hundues porque todos somos hindues.
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse.
Bello barrio bello barrio bello barrio bellobarrio bello, en que los cines dan las peliculas del guatón Ruiz y la música de Los Jaivas no ha sido destruida a hachazos. Bello barrio con B larga y A corta, en que el proyecto cultural no ha sido culeado ni tampoco nos borraron los murales que anuncian la venida del afamado grupo chicano de rock Los Lobos, y la emigracion de viejos chipriotas y hermanas negras traen la comida y la música que nadie les pisoteará. Porque aqui nadie discrimina a los chipriotas porque todos somos chipriotas. Y en donde tu vas con tu sueño y la ternura viva en los labios. Porque aqui nadie discrimina a los que van con su sueño y su ternura viva en los labios.
Bello barrio, en que los dinamitados aun tienen los dedos pegados a las manos y el páncreas dentro de su cuerpo. Y van por ahi tranquilos, mas tranquilos que son esos. Barrio donde existen horas que despues no fueran necesarias. Barrio de lluvia, y gotas com estufas, y hay una sinceridad de panadería que me pone nostalgico y sureño. Y la guerra no esta ni en las historietas del kiosko. Porque en esas historietas vienen solo colores y gritos de gozo.
Iba un hombre mitad pez y mitad hombre y todos lo quieren y le preguntan: "Cual es tu nombre amigo?", y el ríe con sus ojos anaranjados de pez. Barrio donde ese loco de Miraflores y Merced salió hace cincuenta siglos, la mañana en que el tiempo ajeno fue el tiempo.
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse.
Barrio con cuadernos de hojas verdes y gruesas donde el lápiz conversa con el cuaderno al escribir, y son amigos. Barrio donde Soledad Fariña pinta su primer libro. Barrio donde Teyes organiza un primer tucaneo. Descrubí un bello barrio en que el oxígeno es bello, y puedo llorar cuando escribo. Descrubrí un bello barrio donde nadie discrimina a los hallanados porque todos nos hemos hallado.
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse.
Barrio donde los misterios son misterios bellos y entretenidos. Barrio donde las chimeneas hechan oxígeno y la gente puede perder un paraguas pero nadie le devuelve una metralleta conchatumadre. Barrio en que en la tele aun sale el perro Olivares y Cortazar y Arlen Siu y Victor Jara Y Roque Dalton y John Lennon. Estan posibles con la posibilidad que vivieron. Barrio donde los accidentes son accidentales, aca el presente no ha acontecido. Es mas aun, las balas que desgarrarán los tiernos pezones de los desaparecidos aun son plomo en lejanas minas de un continente no descubierto.
Ven a vivir esta fragilidad peligrosa de corromperse.
En donde las librerías de viejos estan llenas de obras que luego la memoria tendrá que someter a la fantasía. Barrio en donde los poetas aun dialogan con la muerte de madrugada bebiendo pisco y no se han enemistado con ella. Aca el futuro se vive en su pasado, noticias vulgares en radios vulgares.Se llega por recorridos de micros inexistentes. Se llega por calles subterráneas. Ven a esta bella barriada a encender el ultimo fuego
... Amor.
Mauricio Redolés
Es lindo decubrir un bello barrio, es mas, es lindo descubrir una bella ciudad.
Desde la clandestinidad.

Infrecuencia

Publicado en Cuentos el 25 de Abril, 2008, 13:53 por MScalona

                                            

                                                         "La infrecuencia con que ocurre lo esperado..." 

                                                                 William Carlos William

                          Casi nunca sucede lo que esperamos. Si algo nos define intrínsecamente es esta especie de niño con grandes expectativas. Todos somos de alguna manera aquél compañerito que lucía para genio en la primaria y quedó trunco en el primer año de Medicina. Y luego quedó tomando medicinas para el resto de su vida, lo cual incluyó, no sólo la carrera, sino todo el campeonato.
¿Quién no cree, acaso, que no tiene oculto en sí mismo, aún ahora, a los cuarenta años, el talento de un pequeño Amadeus de siete? ¿Alguno de ustedes se ha resignado ya a no escribir otra versión de "El Aleph"? Pues yo no, claro. Y es obvio que jamás podré hacerlo... pero ¿saben qué pienso? Que no voy a escribir esa nueva versión de Borges, sólo porque no me da la gana o me falta el tiempo... talento, es lo que me sobra, es que a veces no me pongo en vena y además, ¡queremos tanto al viejo... !

                                                                           


                           A menudo somos un personajito de Flaubert perdido en un tiempo irrecobrable de Proust. ¿No les pasa los domingos a las siete de la tarde... ? Renata dice que eso es ser esplinático y que ella es. Que viene de esplín, tedio de la vida, y no tiene nada que ver con un estornudo a causa del hollín. ¿Pero existe ese vocablo... esplinático? No te abusés Renata de mi tristeza... Melancólico digo yo... es lo mismo. Nooo, dice ella: el esplín no es una melancolía cambiante del tipo ciclotímico. El esplín es una condición permanente, tu certeza adquirida de que hagas lo que hagas, el futuro será siempre humo y decepción. Chejov, dice Renata y agrega: eso no te deja ver los premios. Y no es que un día estemos tristes. Ni siquiera es que seamos tristes... somos desencantados. Pero no de alguien, más bien de todo, y claro, empezando por nosotros. La definición del suave desaliento: Chéjov. Y sus hijos, Carver, Milosz, Mansfield, Mc Cullers. ¿Y nosotros, Reny...? Nosotros seríamos los nietos, dice. Medio bastardos. Claro.
                                                            

          Pero veamos, no es que seamos aburridos. Tampoco. Al contrario, somos juguetones, de pensamiento y con las manos. Sin ir más lejos, somos un grupo de siete u ocho, que a veces vamos al Hotel "Ideal" a jugar al ajedrez en las piezas, por un turno de doce. Hay de todo, peones, reinas, torres, alfiles y potrancas. ¿...que no se puede jugar al ajedrez de siete?, ¿quién dice... ? El que pierde, le ayuda a Matilde a lavar el patio. Peor es limpiar las piezas. Y aceptamos contentos que amanezca, pero no hay caso... nosotros somos de la especie aquella para los que el día no empieza con el sol, sino con el café.
- ¿Me explico, Renata... ? Y este es el momento en que la toco con mi brazo derecho y tanto le disgusta. Soy tan posesivo, a veces. que además del terrible latiguillo, la toco con el brazo en su brazo como si le empujase el sentido. Psé... justamente a ella, una chica que entiende todo.


           Tampoco somos oscuros, densos o nihilistas. Ni ahíííí la pose de insultar la vida con metáforas de mierda. Al contrario... ¿cómo explicarlo? No creemos que vaya a suceder lo que esperamos, y casi no creemos en nada, pero luchamos por todo. Tenemos una vitalidad de moribundos en el intervalo lúcido, de rehenes con el síndrome de Estocolmo. A veces pienso que nos quedó de tanto jugar quién aguantaba más debajo del agua, de chicos, en la Pelopincho. Una especie de resistentes que le hubiera gustado a Laertes para su ejército.

           Y tampoco es que seamos jodidos. Ni modo... es más, alentamos un saludo entusiasta, las manos como palomas para todos aquellos felices que van a pasárselo bomba a Miami... y mejor todavía si es con un tío que tiene toda la pasta... ¡Qué puede haber mejor que la playa en invierno, sábanas de seda y champán frappé! Todo pago... muñeca... en dólares, tarifa en dólares a cuatro pesos. Miami es un lugar del mundo donde los tipos que te lavan el parabrisas, también son rosarinos... como aquí, ¿entendés? Es bárbaro, ni siquiera extrañás eso.
- Billetera vence a galán, billetera vence a galán -dijo Renata. Y tiene esas cosas, a veces repite las frases como en la propaganda de la margarina: "era para untar, era para untar". Pero suena raro esa vulgaridad en una chica acostumbrada a las citas de Wittgenstein. Y entonces volvió a decirla : - Billetera vence a galán... Jacobo Winograd, dijo, Winograd.
- No jodás Renata.
- Billetera no sabe de esplines. Billetera no sabe de domingos por la tarde. Billetera vence melancolía. Billetera vence a galán...
- Renata... lo que esperamos nosotros, no pasará nunca...
- ... y a propósito, dijo ella, ¿porqué llegaste tan tarde vos...?
- Encontré un gatito abandonado en las vías del Pasaje Jorgito. ¿Te acordás que hacía meses que buscaba uno... ?
- La ciudad está infestada de gatos... solamente vos podías no encontrar uno.
- ... mmm... no sé... me habrán gustado los ojos de éste...
- ¿Se los viste?.
- Después, cuando ya lo tenía en el regazo y llegamos a la esquina de Virasoro. Ahí lo puse debajo del farol, de la luz de mercurio, y me parecieron grises... y también me di cuenta que era nena...
- ¿Es gata?
- Sí... Cecilia le voy a poner.

         Y aunque no se tragó el cuento, Renata volvió a su libro: "La Calle de las Camelias", de Mercé Rodoreda. A propósito, leyó en voz alta esa parte en que el señor Jaime encuentra la niña en la calle de las Camelias y la llama Cecilia. Entonces, en esos momentos, yo pienso en las cosas que nos alcanzan. Que para nosotros casi nunca sucede lo que esperamos, aunque a veces, incluidos los domingos de tarde, encontramos un poema, un fragmento al final de un libro y la misma gata abandonada que se llamará Cecilia.
Y luego no hay mucho más, un abrazo cucharita, una copa de Beajoulois Rosado; una copa para los dos, porque ya no queda más que un culote. Un beso de mitad de boca abierta, con los labios pegados, tres minutos, sin lengua. Y después de que ya ha pasado media hora, con la luz apagada y yo mismo me he escuchado roncar más de dos veces... a oscuras, quién sabe a qué hora, ella todavía se da vuelta en la cama... (nunca sabe si estoy despierto o soñando) y me pregunta:
- Adrián... ¿de qué novela era ese pasaje?.
- "La Plaza del Diamante", digo mal, a propósito.
- Burro... "La Calle de las Camelias"

                   Y entonces sí, nos dormimos.

                                                            Marcelo  Scalona

qué es la poesía ?

Publicado en General el 24 de Abril, 2008, 9:05 por MScalona

La poesía y las baldosas flojas

Por Alberto Szpunberg *

Por algún motivo –estudio o entretenimiento o devoción marketinera–, el habitual lector de libros sigue un orden establecido: por la numeración de las páginas, la secuencia de los capítulos o la saga de una trama atrapante, y así hasta alcanzar el punto final, ya sea del texto o de su paciencia. El lector de poesía, en cambio, es diferente. Humildísimo como nadie, no dispuesto a dar vueltas inútiles o ganado por la legítima ley del menor esfuerzo, lee menos cantidad de texto por página: las líneas ni siquiera llegan hasta el otro margen. Su comportamiento suele ser extraño: a menudo, abre el libro por donde se le canta (esto de que “se le canta” es uno de sus rasgos fundamentales) y va saltando de un poema a otro e, incluso, dentro de un mismo poema, de un verso a otro. Como si, por ejemplo, un día de lluvia, cruzase una vereda de baldosas flojas. Por más saltos que dé, una vez puesto a bailar, sabe que esa vereda es una experiencia irreversible. Cuando termina de atravesarla, descubre que, como en el mundo cuántico, donde sólo la ubicuidad explica el yo soy otro, las partículas de la vereda tienen un comportamiento extraño: sólo en esas baldosas es posible el milagro de que llueva de abajo para arriba.

Pronto se da cuenta de que todas las veredas, por más firmes que sean, tienen las baldosas flojas y de que el milagro es más posible de lo imaginado. Ahí empieza a ver poemas donde pone los ojos, incluso los ojos cerrados: en las paredes, en la cara de la gente, en quien lo llama por teléfono y, perdón, equivocado. En ese momento decisivo de la historia, el policía de la esquina lo mira de reojo, y el lector de poesía asume su condición de extraño, raro, subversivo. Silba bajito, pero sólo para disimular lo que él y el resto de los lectores de poesía saben: también el policía de la esquina, la esquina entera y hasta la macritud del mismo Gobierno de la Ciudad están parados sobre baldosas flojas. El lector de poesía huele el humo que recorre las calles, piensa en el fantasma del manifiesto y llega a la conclusión correcta: la cosa está que arde. Como nunca se le suben los humos a la cabeza, levanta la vista y observa el estallido del ocre en los fresnos. Y el lector de poesía se asoma al poema, se incorpora a él y lo hace suyo, es decir, de todos. Este otoño, piensa, la llamarada de las hojas; el próximo invierno, el palacio homónimo, y aunque todo ya ocurrió hace mucho, y mal, muy mal, el milagro es para cualquier momento.

* Poeta. Mañana a las 19 presenta Apuntes. Luces que a lo lejos (Colihue) en la sala D.F.S.

Silvia Cerejido - 1º Martes

Publicado en Nuestra Letra. el 23 de Abril, 2008, 19:27 por MScalona

Sentado en el patio de baldosas roídas

            Sentado en el patio de baldosas roídas por el sol, la lluvia y los años; me parece verlo. Sentado en un banquito bajo junto a la jaula del canario, sosteniendo sobre sus rodillas su viejo bandoneón. Aquel que en su juventud lo acompañaba a todos lados en la juerga con sus amigos.

Me parece verlo, tocar con sus manos cada uno de los botones blancos, concentrado en la melodía que sale de aquel viejo bandoneón. Inflando la boca con el aire que lleva a los labios, como si ese gesto le sirviera para sacar las notas afuera. Lo miro desde un rincón, sin que me note, para no irrumpir en esa intimidad que no le gustó nunca compartir con nadie.

            La melodía sale lenta, grácil, con la misma delicadeza de sus manos, las mismas que me peinaban y hacían las trenzas para ir al colegio Su pelo, apenas salpicado por pocas canas, su mirada en el piso y la música acompañando su estado de ánimo de hombre abatido por los años, a pesar de que es joven, pero la enfermedad lo hace vivir como si no lo fuera.

            Tuvo que retirarse de su trabajo porque su corazón no le permitía seguir. Pasó a depender del esfuerzo de mi madre. Mi hermana y yo, felices de tenerlo en la casa, sin imaginar lo que ésto le significaba.

            Escucho la melodía y me parece verlo, junto a la jaula de su canario a quien le dedica horas de atención y con él sí comparte.

            Por momentos se posesiona, cuando se olvida que pueden escucharlo, le pone el alma, la vida, saca todas sus emociones afuera, y al bandoneón lo estira, lo vuelve achicar, lo ondula. A veces cierra los ojos y desde mi rincón me pregunto "¿dónde estás papá?". Lo sigo observando cuando esboza una leve sonrisa como si algo lo hiciera feliz. Qué daría porque me contara, y me trasladara a ese mundo mágico que lo hace sentir bien.

            Los años pasaron y aquí estoy, sentada en el mismo patio, en su mismo banco, con su bandoneón sobre mis rodillas de mujer madura, pero no sé hacer nada con él. No sé ni cómo estirarlo, rememoro aquellos momentos en que lo espiaba, añoro y deseo que me llegue algo de aquella magia que lo transportaba, y me permita sentir y saber qué era lo que lo hacía sonreír.

SILVIA  CEREJIDO,  1º Martes

Txt inspirado en "Viernes Santo" de Dino Saluzzi

Al final del Arco Iris (Nick Tosches)

Publicado en De Otros. el 22 de Abril, 2008, 23:57 por seldonito
















Después de siete horas y casi igual número de cervezas, el técnico ha transferido todo de mi computadora vieja a la nueva. Está todo programado, sintonizado y listo para usar. El tipo de la computadora da un paso atrás, eructa y sonríe.

Yo miro desde el sillón el nuevo monitor pantalla plana análogo TFT-LCD de 19 pulgadas de alto contraste, resolución de 1280 x 1024, un ángulo de visión de 170 grados y una frecuencia de escaneo de 30-81 khz (horizontal) y 56-75 (vertical). O así me dijeron.

Lo que veo son las colinas verdes, el cielo azul y las nubes del paisaje en mapa de bits del condado de Napa, llamado Bliss (dicha), que es el fondo de escritorio por default de Windows XP. Parece una invitación al suicidio para un domingo a la tarde.

"¿Podés cambiar eso?"

El tipo de la computadora entra a las preferencias. Miro y veo un sendero rústico cubierto de hermosas hojas otoñales caídas de grandes y viejos arces que se inclinan, románticos y soñadores. Eso me gusta más. Y también es el comienzo de un cierto tipo de locura.

Me voy a Jersey, viajo a París, de ahí a la Península Arábiga, y después vuelvo a casa.

Me siento en el sillón y observo ese sendero rústico y esos viejos arces. A esta altura conozco el nombre de este fondo de pantalla, o wallpaper, o como se llame: Autumn (Otoño). Acercándome al escritorio para mirarlo con más detenimiento, veo algo oscuro, vago, al final del sendero. ¿Una cabaña? ¿Un puente cubierto? ¿Un granero? Quiero estar ahí, honestamente, en ese sendero, bajo esos arces, caminando lentamente hacia esa oscuridad, conjurando algo. Vuelvo a París, de ahí me voy a Tokio, después a Milán y al lago Como, y regreso a casa. Estoy cansado de todo y de todas partes. Sólo quiero ir a Otoño.

Es un caso sencillo, me imagino. Soy un buen detective. Encontré un fumadero de opio en Vientiane, China; me dieron entrevistas cardenales, mafiosos y sheiks; estafé al Vaticano para que me otorgara un doctorado y así poder acceder a sus archivos clasificados; descifré el críptico mensaje de Ezra Pound garabateado en su propia copia de los Cantos mientras estaba encerrado en el manicomio; encontré y entrevisté a la primera esposa de Phil Spector, dada durante años por muerta; encontré mi camino hasta la piedra sagrada de la Gran Madre, en Chipre; obtuve el número de celular de Charlotte Rampling; hasta estuve cerca de entender la segunda página de mi declaración de impuestos. Encontrar el lugar donde fue tomada una foto –una foto ubicada en millones de pantallas de computadora– parecía la nada misma. Qué tontos somos los mortales. Al cliquear sobre la foto y pedir las propiedades de la imagen, la respuesta que se despliega es: "¿qué es esto?". Exactamente mi pregunta.

Yendo más en profundidad, un archivo llamado "propiedades de otoño" revela sólo que es un "theme file" de Windows de 5 kb. Cuando trato de averiguar qué es un "theme file", el Centro de Ayuda de Windows sugiere: "chequee su ortografía". Bueno, mierda, alguien en Microsoft debería saberlo. Pero de acuerdo a cómo terminaron las cosas, si lo saben, no lo dicen.

La curiosidad se vuelve deseo, y el deseo obsesión. Varios amigos se involucran en mi búsqueda. Ya no quiero meramente encontrar Otoño e ir ahí. Ahora quiero ir y buscar un pequeño lugar para vivir cerca del sendero cubierto de hojas secas. Editores de fotografía, editores de editores, chequeadores de datos, investigadores, técnicos de computadora y muñecos de computadora: todos ellos se convirtieron en mi variopinta y devota tripulación, que empezó a ser conocida como el Equipo Otoño.

Cada miembro del Equipo Otoño empieza como lo hice yo, confiado en que encontrar la locación registrada en la foto sería una cuestión rápida y sencilla. Mientras pasan los meses, varios de los voluntarios, en vez de reconocer la derrota, se escudan en la premisa exculpatoria: "A lo mejor es una imagen generada por computadora", y vuelven a sus vidas reales.

Las preguntas a Microsoft son reenviadas a la firma de relaciones públicas Waggener Edstrom. El siguiente intercambio de mails entre un integrante del Equipo Otoño y un miembro del Equipo de Respuesta Rápida de Waggener Edstrom es representativo:

"Hola, soy un periodista que está escribiendo sobre arte para escritorios de computadora y tengo una pregunta: ¿podrían decirme el nombre del fotógrafo y la locación de la imagen de wallpaper que viene con Windows XP llamada Otoño? Envío la imagen exacta como archivo adjunto. Sé que éste es un pedido inusual; cualquier ayuda que me puedan dar será muy apreciada."

"Me alegra recibir esta consulta. Por favor, deme la oportunidad de conectarme con colegas para transmitirles su inquietud. ¿Necesita esta información para un artículo? Y de ser así, ¿cuál es su fecha límite de entrega y cómo usará la información?"

"¡Gracias por contestar tan rápido! Sí, es para un artículo. Mi fecha límite es el 10 de julio. El artículo es sobre las maneras en que los wallpapers afectan los hábitos de trabajo de la gente. Esta fotografía en particular es mi favorita, y voy a escribir sobre las formas en que ha inspirado y estimulado mi imaginación para escribir. Averiguar quién tomó la foto y, en particular, dónde lo hizo, serán datos muy importantes para el artículo. Por supuesto voy a citar su asistencia en nombre de Microsoft y enviar copias cuando se publique. Gracias otra vez."

"Hola. Le respondo su último email y me he conectado con colegas a propósito de su consulta. Desafortunadamente, no podremos contribuir en esta oportunidad. Le pido disculpas por los inconvenientes. Saludos."

"¿Puede decirme por qué no? Gracias."

"Hola. Desafortunadamente no estuve presente en el proceso de decisión sobre su pedido y no puedo comentar sobre las razones de mis colegas. Le pido disculpas por las molestias. Le sugiero que acuda a Internet para más información sobre las imágenes. Saludos."

Veo gente con capuchas y capas negras sentadas alrededor de una mesa, atadas por un juramento de sangre: nunca divulgar la latitud y la longitud de Otoño. ¿Por qué este muro de silencio y secreto? Nunca antes supe de una compañía que se niegue tan resueltamente a la buena publicidad.

Los miembros del Equipo Otoño me empezaron a hacer comentarios raros: "Hay caballos cerca. No se los ve, pero, ahí, mirá ese corral medio derrumbado a la derecha. Es un corral para caballos".

"Creo que es algún lugar de Vermont. Me da la impresión de que es Vermont."

Entonces, le escribo al Departamento de Turismo del estado de Vermont y me responden: "Creemos que esta foto es de un banco de imágenes que venía con MS Windows hace unos años. En todo caso, no es de nuestro banco de imágenes… He consultado al editor de la revista Vermont Life para ver si le resulta familiar".

En lejanos y nebulosos resultados de una exhaustiva búsqueda de imágenes en Internet, Otoño aparece casi acechante, con el nombre de "Tierno Otoño" en un sitio llamado art-screensavers.com. Despachamos una súplica: "¿Puede decirme por favor dónde fue tomada la fotografía "Tierno Otoño"?". La respuesta es rápida y amigable, aparentemente desde Rusia: "Esas fotos llegan a nosotros a través de nuestros amigos, así que desconozco su origen. Pero conozco el origen de las fotos de los salvapantallas llamados Fallen Leaves. Es el Jardín Botánico de Moscú. Los mejores deseos para esta Navidad, Roman Rusavsky".

Le pregunto al millonario S.I. Newhouse si conoce a Bill Gates. Le pregunto a la gente en los bares si conoce a alguien que trabaje en Microsoft. Mi email a Gates-bill@microsoft.com sigue sin respuesta, pero sé que él es el dueño de la imagen. Es dueño del Código Leicester de Leonardo Da Vinci. Es dueño de todo. Debe ser dueño de Otoño la foto, si no del verdadero lugar. Y al menos una de las 70 mil personas que trabajan para él –o él mismo– debe saber dónde se tomó la foto, o quién lo hizo.

Es dueño de Corbis, que alberga unos 70 millones de fotos. Resulta que la biblioteca de Corbis, a través de la que Bill Gates está dispuesto a venderme fotos de mí mismo, tiene unas 5000 imágenes archivadas bajo el nombre de "Otoño". Comienzo una metódica búsqueda mirando cada una de ellas. Casi en la mitad de la tarea, la encuentro: CB047623 ("Hojas de otoño cayendo sobre sendero"). Otras fotos de Corbis incluyen los datos de autor, fecha de la fotografía e información sobre la locación. Es día de pago. Hago clic sobre la imagen para pedir detalles. Lo único que consigo, y nada más, es: "Fecha de la fotografía: octubre de 1999".

"Querido Corbis…"

Encuentro una imagen del fotógrafo James Marshall, que vive en Brunswick, Maine. La foto, de arces otoñales en Hadley, Massachusetts, me recuerda a Otoño.

"Perdón, Nick –me dice–, pero ésta no es mía."

Algunos trataron de consolarme. "Mierda, debe estar cerca de un depósito de residuos tóxicos." Mi amigo Bruce sugiere que debe haber un elemento siniestro: "Puede ser como en Blow-Up. Algo malo puede estar sucediendo al final del sendero. Quizá por eso no quieren decirte nada".

Pero, ya sean residuos tóxicos o cadáveres, no me importa. Otoño me espera. En algún lugar. Sí. Al final del arco iris. Sí. Y lo voy a encontrar.

Un email llega en respuesta al que le envié a Bill Gates. No es del Gran y Malvado Bill sino de alguien que trabaja en algo llamado exchange.microsoft.com. "La locación de la foto es Campbellville, Ontario, Canadá."

¡Guau!

Ahora sólo necesito el nombre del fotógrafo para que me lleve al hogar donde nunca he estado.

"El banco de imágenes Corbis no quiere dar el nombre del fotógrafo

porque es dueño de los derechos de la imagen."

Yo no quiero pasar sobre ningún derecho. Por favor. Sólo quiero el nombre del fotógrafo.

"Mucha suerte."

Me dirijo a Campbellville en busca de ayuda. Sociedades históricas, la cámara de comercio, dueños de posadas, inmobiliarias, bibliotecas, estancias con caballos. Nadie puede identificar el lugar. Llamo a Graydon Carter, mi editor en Vanity Fair: "Ya sabés que estoy loco, pero…".

Me llama Ann Schneider, la editora jefa de investigación fotográfica de la revista. Ahora me refiero a ella con otros títulos: diosa, interventora divina –porque me ofrece, recuperado por su magia, el nombre del fotógrafo: Peter Burian–.

Salgo del vaso de cristal y del whisky y sonrío ampliamente. Pero pronto la sonrisa, como el whisky, desaparece.

Peter, que vive en Milton, Ontario, dice que sí, le dijo a Corbis que la imagen fue tomada en Campbellville, pero, "cuanto más lo pienso, puede haber sido cerca de Kilbride". Sale con el coche, busca en Campbellville y en Kilbride. "No fue en ninguno de los dos pueblos", reporta. "Me equivoqué." Pero "sé que está en un radio de 100 kilómetros de mi casa en Milton". El mismo se refiere a este asunto como "una aguja en un pajar". El hombre que encontró Otoño ha perdido a Otoño.

Pero ahora está tan obsesionado como yo. Se está yendo a París por diez días, y tiene que terminar mucho trabajo antes. "Y la nieve derretida no es buena" para vagar por caminos rurales. Pero "soy un tipo terco: vamos a encontrar la locación".

Mientras tanto, ante la primera mención de Kilbride, yo le escribo a un puñado de gente en Burlington, el lugar más cercano a Kilbride que tiene un puñado de gente a quien escribirle. Recibo respuesta de Jane Irwin, una archivista voluntaria de la Sociedad Histórica de Burlington. "Kilbride es parte de la ciudad de Burlington, pero en el área rural del norte, accesible sólo por auto. No manejo, y no he estado allí en por lo menos diez años, pero el sendero me resulta vagamente familiar. Basándome en el corral y en el granero del fondo, apenas visible, me parece que es un camino que lleva al sur, a la vieja propiedad de los Harris."

Aunque Kilbride ha sido descartado, le paso la sugerencia de Jane a Peter, que va a revisitar el pueblo el sábado siguiente. Esa noche, recibo de él las palabras que he estado deseando escuchar durante más de un año: "Lo encontré".

Así que aquí estoy, sentado en una mañana de domingo de invierno, con una taza de café barata en la mano en vez del vaso de cristal, sonriendo con más serenidad. Como dijo una vez alguien más sabio que yo, nadie con un mapa decente necesita del arco iris.

Nick Tosches es uno de los mejores escritores de no-ficción del mundo anglosajón, y probablemente del mundo: ha encontrado el último fumadero de opio en China, se ha infiltrado en el Vaticano para acceder a sus archivos, ha conseguido entrevistas con mafiosos inhallables para cualquier otro, ha descifrado el misterioso manuscrito de Ezra Pound y hasta encontró gente dada por muerta durante años. Y sus crónicas, notas y libros están sobradamente a la altura de sus temas. Su última obsesión fue un idílico fondo de pantalla de Windows, y se convirtió en uno de sus casos más complicados.


*extraido de http://alt-tab.com.ar

M A C E D O N I O

Publicado en De Otros. el 22 de Abril, 2008, 14:59 por MScalona


 Macedonio Fernández, (BsAs 1874-1952)

LOS   DÌAS   

                        ¿Son felices los niños? ¿Hay períodos de felicidad real en la vida de los hombres?

                               No me pregunto si la vida es buena o feliz, pues está demasiado frecuentada por el dolor, para que incurramos, después de los treinta años, en ingenuidades tales. Pero, ¿hay épocas o edades de bienestar, de placer prolongado y real?

                Muchas veces, viviendo desdichado, han acrecentado mi sufrimiento las impaciencias de ser feliz suscitadas por algún capítulo final de Walter Scott donde, como siempre en las obras de este delicioso mago, el protagonista salva la última dificultad y se inaugura en el vivir dichoso, después de larga empresa. Creía entonces en la posibilidad de una dicha real, de cierta duración, mas Schopenhauer continuaba asegurando que no hay sustancia en el placer y sólo el dolor es positivo.

                Admiraba mucho entonces y admiro siempre la poderosa mentalidad del metafísico de más vocación que ha existido, pero el mucho sufrir y pocas energías intelectuales de aquel período me privaban de la reacción necesaria para sustraerme al prestigio del célebre pesimista.

                Después he visto claramente que fuera de su incomparable exposición metafísica, Schopenhauer, como tantos escritores, suele obstinarse en afirmaciones pueriles a las que él mismo no da crédito.

                Carece de todo sentido y mucho más de toda verdad su concepto de que el dolor es positivo y el placer irreal y negativo, como también pensaba Voltaire; pretender hallar el contenido de esta afirmación es tiempo perdido porque no lo tiene y, apartándose de toda conceptuosidad, tampoco es cierto que el dolor sea más frecuente que el placer ni más intenso ya que no más real.

                En cuanto a las lacrimosidades indeciblemente tontas y aburridas de Leopardi (redimidas sólo por sus versos, y exquisito estilo) consistentes casi siempre en un interminable lamentarse de la iniquidad y villanías de los hombres –género de pesimismo el más pueril e insufrible- nadie las ha refutado, mas no por irrefutables, seguramente.

                Hay tanta bondad como maldad en los hombres, y tanto dolor como placer en el mundo; eudemónicamente, pues, y, quizá, bajo todo aspecto, la vida vale muy poca cosa o nada y entre existir o no existir la opción es indiferente. Toda vida humana o animal, actual o futura, es y será un campo de acción en que alternativamente se instalan y se desalojan el Placer y el Dolor, por ley psicológica de compensación y relatividad y por ley cosmológica de constitución y complejidad del Universo.

                Cuando durante varios años consecutivos el dolor ha prevalecido sobre el placer en nuestra existencia, no quedan en la conciencia elementos para constituir la imagen del placer; se olvida que se ha gozado en la juventud y se deja de creer en la realidad del bienestar y de las intensidades del goce.

                A la inversa, cuando una época buena se ha prolongado desaparece la representación del dolor; se supone inherente el bienestar al vivir y se comentan las mayores imprevisiones y desatinos; el dolor no tarda en volver y es recibido a los cuarenta años con la misma sorpresa y cobardía que a los veinte. Sí, por ejemplo, entre los treinta y los cuarenta años hemos disfrutado un período grato y duradero, creemos deberlo a nuestra experiencia, habilidad y valor adquiridos en los malos años. Esto es, en cierto modo, verdad, pero es grande error imaginarse, como ocurre a todos, que esa experiencia, riqueza y vigor intelectual, actividad cotidiana y endurecimiento a las crudezas morales y físicas de la vida, se han adquirido definitivamente. Se pierden, más o menos en el mismo número de años que se requirió para adquirirlos; se pierden con el bienestar como se adquirieron con el sufrir.

                El sufrimiento determinó el esfuerzo para adquirir poder muscular o intelectual, para dominar emociones y deseos, para formarse habilidades y hábitos; el bienestar que dimana de esas mismas adquisiciones origina a su vez la pérdida paulatina de éstas. La experiencia, las infinitas nociones generales y particulares, orientaciones y acumulaciones intelectuales de todo género, la noción neta del dolor mismo, se van debilitando, e igualmente las aptitudes morales, el valor, la circunspección; cuando el dolor reaparece nos toma tan de sorpresa, es un tan completo desconocido para nosotros como si recién saliéramos de la cuna.

                Hoy, en 21 de diciembre de 1906, me encuentro yo en un estado de bienestar cotidiano casi completo que con lentitud indecible ha venido pronunciándose desde hace algunos años, pero sin merecer el nombre de bienestar hasta hace algunas semanas solamente.

                Opino que para el 1º de marzo de 1907 se habrá acentuado con un pequeño matiz que le falta todavía para ser completo sin ser intenso. Cuando llegue a esa fecha diré al lector si se ha confirmado mi pronóstico.

                Después, mi estado de bienestar continuará intensificándose y mi actividad actual también, durante un lapso muy difícil de calcular, ciertamente.

                Opino que habrá también intensificación de felicidad durante año y medio, desde 1º marzo 1907 hasta 1º septiembre 1908, fecha aproximativa en que alcanzará el más alto grado de placer cotidiano y de actividad intelectual y muscular que puede ofrecer mi existencia; y que inmediatamente ambas empezarán a declinar para llegar dentro de otro año y medio, en 1º marzo 1910, al estado de bienestar completo pero no intenso en que me encontraré el 1º de marzo 1907, dentro de dos meses, en rebroussant chemin.

                Esa declinación proseguirá, de modo que recorreré de nuevo los estados cotidianos que acabo de pasar en  este año 1906, en los cuales ha prevalecido el placer en leve proporción. Así será el año de 1º marzo 1910 a 1º marzo 1911.

                Más allá de esa fecha el descenso de bienestar y de actividad continuará durante media docena de años; el año 1912 sería de igualdad de dolor y placer y luego el dolor empezará a prevalecer lentísima pero inflexiblemente hasta llegar a la miseria y sufrimiento incesante que ya he soportado en 1897, 1898 y 1899. Espero no encontrarme para entonces en el mundo de los autores y lectores.

                                                                                                                                               

TEORÍAS, Macedonio Fernández, Edit Corregidor, año 1991, p. 47-49

Desatenciones

Publicado en haikus el 21 de Abril, 2008, 23:15 por Descarga

Suelo enredarme

en la malla evidente

de tus palabras.

 

 

Hacia el interés

recién avancé cuando

ví que llorabas.

 

 

No podría decir

qué trance de cintura

tiene la luna.

 

 

Cuánto demoré

en notar tu exhibición

de franca alquimia.

 

 

Se desvanece

la inquietud previa sobre

si me miraras.

 

 

ENRIQUE LIHN

Publicado en De Otros. el 21 de Abril, 2008, 13:17 por MScalona

  Chile, 1929-1988

                                                                                  

Para escribir correctamente poesía

Si se ha de escribir correctamente poesía
no basta con sentirse desfallecer en el jardín
bajo el peso concertado del alma o lo que fuere
y del célebre crepúsculo o lo que fuere.
El corazón es pobre de vocabulario.
Su laberinto: un juego para atrasados mentales
en que da risa verlo moverse como un buey
un lector integral de novelas por entrega.
Desde el momento en que coge el violín
ni siquiera el Vals triste de Sibelius
permanece en la sala que se llena de tango.

Salvo las honrosas excepciones las poetisas uruguayas
todavía confunden la poesía con el baile
en una mórbida quinta de recreo,
o la confunden con el sexo o la confunden con la muerte.

Si se ha de escribir correctamente poesía
en cualquier caso hay que tomarlo con calma.
Lo primero de todo: sentarse y madurar.
El odio prematuro a la literatura
puede ser de utilidad para no pasar en el ejército
por maricón, pero el mismo Rimbaud
que probó que la odiaba fue un ratón de biblioteca,
y esa náusea gloriosa le vino de roerla.

Se juega al ajedrez
con las palabras hasta para aullar.
Equilibrio inestable de la tinta y la sangre
que debes mantener de un verso a otro
so pena de romperte los papeles del alma.
Muerte, locura y sueño son otras tantas piezas
de marfil y de cuerno o lo que fuere;
lo importante es moverlas en el jardín a cuadros
de manera que el peón que baila con la reina
no le perdone el menor paso en falso.

Quienes insisten en llamar a las cosas por sus nombres
como si fueran claras y sencillas
las llenan simplemente de nuevos ornamentos.
No las expresan, giran en torno al diccionario,
inutilizan más y más el lenguaje,
las llaman por sus nombres y ellas responden por sus
nombres
pero se nos desnudan en los parajes oscuros.
Discursos, oraciones, juegos de sobremesa,
todas estas cositas por las que vamos tirando.

Si se ha de escribir correctamente poesía
no estaría de más bajar un poco el tono
sin adoptar por ello un silencio monolítico
ni decidirse por la murmuración.
Es un pez o algo así lo que esperamos pescar,
algo de vida, rápido, que se confunde con la sombra
y no la sombra misma ni el Leviatán entero.
Es algo que merezca recordarse
por alguna razón parecida a la nada
pero que no es la nada ni el Leviatán entero,
ni exactamente un zapato ni una dentadura postiza.


                   ENRIQUE   LIHN   

Francisco Kuba, 1º -Jueves

Publicado en General el 21 de Abril, 2008, 10:16 por MScalona

Trabajo 3

COMUNICACIÓN  vs. LITERATURA

Pasaje de frase expresiva a función poética.

De la frase expresiva numero 1.  de   Félix de Azúa,

del libro EL APRENDIZAJE DE LA DECEPCIÓN, Compac. Anagrama

" No es que yo afirme que el arte se muere cada día, sino que debemos matarlo diariamente. Puede gustarme mucho la torre de Pisa o un bosque, pero puede gustarme todavía más, ver caerse la torre o incendiarse el bosque".

Función Poética:  

"Atado a caminos marcados, el asesinato es la única forma que encontré de parirme.

Sólo me reconozco ahí, donde quemo los barcos de viajes anteriores. Soy en tanto que destruyo como un modo de la búsqueda. Nazco entre los escombros"

                                                                                                         

Francisco  Kuba

                                              

                                                                   INVERSA

     

        Pasaje de frase poética a función expresiva.

F.P.    Julio Cortázar –RAYUELA,  p. 2.

"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos"

F.E.:

Hay un modo de búsqueda, que intenta encontrar un mas allá. Si uno encuentra lo que estaba buscando no hay novedad posible y cabe suponer que ese objeto ya estaba desde el inicio. En cambio una verdadera búsqueda se da cuando lo que se encuentra es otra cosa, donde el efecto es inesperado y la alegría renovadora. Como dice Pablo Picasso: "Yo no busco, encuentro"

                                         Francisco Kuba -   22 años.

...ahora estamos llegando a LOVECRAFT...

Publicado en Aguafuerte el 20 de Abril, 2008, 11:00 por MScalona

cuando el suspenso vira al terror... pero nunca se sabe qué lo causa...

qué extraño dragón subterráneo causará esas lenguas de humo...!!!

 


La ciudad sin nombre

H.P. Lovecraft -USA- 1890-1937

Al acercarme a la ciudad sin nombre me di cuenta de que estaba maldita. Avanzaba por un valle terrible reseco bajo la luna, y la vi a lo lejos emergiendo misteriosamente de las arenas, como aflora parcialmente un cadáver de una sepultura deshecha. El miedo hablaba desde las erosionadas piedras de esta vetusta superviviente del diluvio, de esta bisabuela de la más antigua pirámide; y un aura imperceptible me repelía y me conminaba a retroceder ante antiguos y siniestros secretos que ningún hombre debía ver, ni nadie se habría atrevido a examinar.

Perdida en el desierto se halla la ciudad sin nombre, ruinosa y desmembrada, con sus bajos muros semienterrados en las arenas de incontables años. Así debía de encontrarse ya, antes de que pusieran las primeras piedras de Menfis, y cuando aun no se habían cocido los ladrillos de Babilonia. No hay leyendas tan antiguas que recojan su nombre o la recuerden con vida; pero se habla de ella temerosamente alrededor de las fogatas, y las abuelas cuchichean sobre ella también en las tiendas de los jeques, de forma que todas las tribus la evitan sin saber muy bien la razón. Esta fue la ciudad con la que el poeta incendiario Abdul Alhazred soñó la noche antes de cantar su dístico inexplicable:

«Que no está muerto lo que yace eternamente
y con el paso de los evos (pecuarios?), aun la muerte puede morir»

 en el centro casi no se podía respirar.

Yo debía haber sabido que los productores rurales tenían sus motivos para evitar la ciudad sin nombre, la ciudad de la que se habla en extraños relatos, pero que no ha visto ningún hombre vivo; sin embargo, desafiándolos, penetré en el desierto inexplorado con mi camello. Sólo yo la he visto, y por eso no existe en el mundo otro rostro que ostente las espantosas arrugas que el miedo ha marcado en el mío, ni se estremezca de forma tan horrible cuando el viento de la noche hace retemblar las ventanas. Cuando la descubrí, en la espantosa quietud del sueño interminable, me miró estremecida por los rayos de una luna fría en medio del calor del desierto. Y al devolverle yo su mirada, olvidé el júbilo de haberla descubierto, y me detuve con mi camello a esperar que amaneciera.

Cuatro horas esperé, hasta que el oriente se volvió gris, se apagaron las estrellas, y el gris se convirtió en una claridad rosácea orlada de oro. Oí un gemido, y vi que se agitaba una tormenta de arena entre las piedras antiguas, aunque el cielo estaba claro y las vastas extensiones del desierto permanecían en silencio. Y de repente, por el borde lejano del desierto, surgió el canto resplandeciente del sol, a través de una minúscula tormenta de arena pasajera; y en mi estado febril imaginé que de alguna remota profundidad brotaba un estrépito de música metálica saludando al disco de fuego como Memnon lo saluda desde las orillas del Nilo. Y me resonaban los oídos, y me bullía la imaginación, mientras conducía mi camello lentamente por la arena hasta aquel lugar innominado; lugar que, de todos los hombres vivientes, únicamente yo he llegado a ver.

Y vagué entre los cimientos de las casas y de los edificios, sin encontrar relieves ni inscripciones que hablasen de los hombres -si es que fueron hombres- que habían construido esta ciudad y la habían habitado hacía tantísimo tiempo. La antigüedad del lugar era malsana, por lo que deseé fervientemente descubrir algún signo o clave que probara que había sido hecha efectivamente por los hombres. Había ciertas dimensiones y proporciones en las ruinas que me producían desasosiego. Llevaba conmigo numerosas herramientas, y cavé mucho entre los muros de los olvidados edificios; pero mis progresos eran lentos y nada de importancia aparecía. Cuando la noche y la luna volvieron otra vez, el viento frío me trajo un nuevo temor, de forma que no me atreví a quedarme en la ciudad. Y al salir de los antiguos muros para descansar, una pequeña tormenta de arena se levantó detrás de mí, soplando entre las piedras grises, a pesar de que brillaba la luna, y casi todo el desierto permanecía inmóvil.

Obviamente, las palabras en azul las agregué yo para forzar un poco la humorada...

se dice humorada o humareda...? El cuento no está completo, lo pueden leer todo en

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/lovecraf/hpl.htm

Duele decirlo,  pero  B O T N I A,   es  Heidi al lado de esto...

Caramba...!!! IMPERDIBLE....

Publicado en Sugerencias. el 19 de Abril, 2008, 18:23 por MScalona

Una obra teatral como perfecta estructura barthiana :

CORRERÍA INTRATABLE DE

UN YO ENAMORADO-DESAMORADO QUE HABLA

USANDO OTROS DISCURSOS PARA EL SUYO PROPIO (intertextualidad con música

y danza)

AL TIEMPO QUE EL RELATO (historia objetiva)PROVIENE DE DISTINTAS VÍAS 

(coralidad, mismo personaje interpretado por distintos actores, alteraciones

de tiempo y espacio, alteraciones de la subjetividad, escenario abierto)

CON ÉNFASIS EN LA TENSIÓN INTERNA DE LOS PERSONAJES

y DESBARATAMIENTO DE PARADIGMAS Y CLICHÉS...

... Semánticamente (sentido)  es entretenida, reflexiva, sentimental, cómica,

     con rasgos de drama y parodia... dura 50 min, entrada  $  15.-

Excelente la puesta de vestuario, luces, danza, sonido, etc...

                UNA LECCIÓN DE ESTRUCTURA POSMODERNA...

el Sub-25 de la literatura... lo que vendrá...

Publicado en General el 19 de Abril, 2008, 13:13 por MScalona

muy interesante, un relevamiento sobre producción

y expectativas de jovencitos escritores...

para nuestro semillero, NICO, DAFNE, GONZA, TOMMI,

LAURA ORIATO, JERO...JON, PIPUUUUU... FRANKUBA


http://www.criticadigital.com.ar/impresa/index.php?secc=nota&nid=3065

Alejandro Caponi

Publicado en Nuestra Letra. el 19 de Abril, 2008, 13:01 por MScalona

TREM   DO  PANTANAL

 

 

Hace ya tiempo que le empardo a la vida vendiendo agroquímicos y semillas para una multinacional, de la cual obviaré el nombre por razones fáciles de imaginar. Dado el tamaño que ese mercado va adquiriendo, al menos una vez al mes me envían al estado de Mato Grosso do Sul, a los "Cerrados" como se conoce a esa región mas popularmente. No cuento con movilidad propia, las cosas me han ido mal y las razones que originaron mi decadencia, aunque exceden este corto relato, tienen que ver con una época de excesos, de droga, de alcohol, de sexo. Mi esposa, mis hijas y las hermanas de la congregación "Siervas de Jesús" fueron el apoyo que necesité, el perdón que todos algunas vez necesitamos. Siempre hago estos repasos cuando espero. Mis días son de mucha espera. Como ahora, sentado en una estación cualquiera, aguardando el "Tren do pantanal" que me depositará en Londrina desde donde tomaré el bus a Foz do Iguaçú para poder combinar vía Puerto Iguazú y Posadas el transporte que me dejará en Rosario. Algunos de Uds. se compadecerán de mí pero no me quejo, Dios ya ha sido piadoso conmigo permitiéndome volver.

La noche junto a los rieles es tórrida. Desusadamente tórrida para un mayo. No se porque, pero viene a mi el mayo francés, "Dani El Rojo", aquellos convulsionados acontecimientos de fines de la década del 60. Uno piensa en cosas así cuando los vahos de la espera lo adormecen. Entrecierro los ojos. Son esos enormes bichos negros, los caruncho-do-feijoeiro. Es el temor a que por un momento escapen a la atracción de la solitaria lámpara de mercurio y depositen su orina ácida y maloliente en mis castigadas corneas. "Hijos de remil putas", murmuro. Y mi puteada se pierde en la noche sin un destinatario preciso. La multinacional que me emplea. Los caruncho-do-feijoeiro. Aquella mujer que amé y no me amó. Menem. Suñé y su tiro libre, un diciembre de finales ya tan lejano como la vida. K. El glifosato. Vuelvo a Dani El Rojo. París. Aquella generación y su rol revulsivo en la historia.  Y me vi, como a tantos otros, en los 90, obsesionado por el viaje a Can Cun. Cuanta futilidad. El Cielo virtual. El Infierno real. Un lejano relámpago penetra mis parpados. El odio me invade. Aun en contra de mis intereses. "Ojala que caigan pijas de punta y estos hijos de puta no levanten un inmundo grano de soja" La lluvia, un Sodoma moderno, imagino a Lugones,  rescribiendo su "Lluvia de fuego" en una hoja manchada por restos de su masa encefálica aun tibia. La lujuria de esas potentes y avasallantes trilladoras verdes y amarillas tragando y tragando y cagando más y más para cada vez menos y menos. Hace tiempo que no tomo pero igual abro la botella que siempre llevo conmigo. Por las dudas. "En caso de emergencia rompa el vidrio". Me emborracho, otra vez.  Me adormilo. Una radio lejana y su estática penetran mi somnolencia. Un bandoneón. Tan lastimero. Tan réquiem. Un locutor, un poco más lejano que la radio, forzadamente grave, musita “Saluzzi Groupi”, y esa maldita costumbre de los brasileños de terminar todo con una vocal.  Después, ni siquiera la nada. ¿Y si la pena fuera una compañía?

Me acomodo en el banco del andén. La noche será larga. Todo nunca estuvo tan lejos.

 

 

ALEJANDRO  CAPONI – 1º Año, Jueves, 43 años.

 

El texto corresponde a la tarea COMUNICACIÓN-LITERATURA

 sobre el tema Viernes Santo de Dino Saluzzi

 

 

 

...la última vez

Publicado en homenaje el 18 de Abril, 2008, 19:01 por MScalona
 

            Fui con Silvio. Un momento, no más. Perdimos tiempo comprando un libro, un policial que ya tenía, y llegamos con un cuarto de hora para verlos a ambos: a él y a María. Primero a ella, preocupada por la idea de que las visitas podían perjudicarla. Quería ir y quería verlo, pero sólo un momento. Pensaba en su cara burlona, en su falta de naturalidad, en su actitud desentendida. No esperaba mucho bueno.

Tocamos la puerta y no pude evitar entrar primero, allí estaba Dolly corrigiendo cuentos traducidos-mal, parece- al inglés, sobre una mesita, y él en la cama. Asombrado, mudo, con su cara grande, mirando a Silvio se sentó en la silla y yo a los pies de la cama, y al principio nos dirigimos casi exclusivamente a ella. Enseguida, Dolly lo empezó a urgir ¿bromeando? Para que me dijera lo que quería decirme a raíz de mi noticia en La Opinión. Él seguía callado, mirándome o desviando la vista, tenso. Apenas cambio algunas palabras con Silvio. Al fin, dijo: "Esperaba leerla para escribir una carta". [Sólo sabía lo que le había contado] "Lo único que puedo decir es que yo no padezco de amnesia. "Y lo repitió frente a nuevas instancias de Dolly. Yo, bromeando: "Algo agresivo me está diciendo, pero no se qué".

Lo repitió. Silvio dijo algunas cosas sensatas, frases sueltas. Él callaba mordiéndose el labio superior, serio. Al fin, Dolly, en gesto muy suyo, le dijo a Silvio: "Vamos a ver a María; así estos dos hablan, si no, no le va a decir nada". O algo por el estilo. Siempre fue así; yo no podría.

Quedamos solos y callados. Callados. Pero yo no soy como entonces; algo aprendí; algo me enseñó el recuerdo; siempre sentí no haber tenido más madurez para tratarlo entonces. ¿O es la diferencia entre estar y no estar enamorada? "¿Nos moriremos sin aprender a hablarnos?", pregunté. "Siempre nos costó", dijo. "¿Te acordás de aquella vez que llegaste, después de tanto tiempo, y estuvimos veinte o treinta minutos sin hablar, sentados, yo en la cama y tú en la silla?

Me inhibiste siempre, en todo." "Si", dijo. "Tu también", dije. "Una vez me dijiste que no podías comer ni hacer el amor ni… conmigo." "Si", dijo. Y me miraba por momentos; por momentos  volcaba la cabeza; se mordía el labio superior, con una expresión de ¿impotencia, de desesperación? "Así que yo no sé lo que es el amor. Vos sufrís de amnesia, evidentemente. La primera vez que entre a tu sala del Museo quedé loco por vos. Nunca entendí lo que me pasaba; pero estaba loco por vos." "Nunca me lo dijiste". "Nunca entendía aquel deseo de posesión, aquel afán denominador. [Y yo no recordaba nada parecido.] No te dejaba ir a clases [Es cierto.] No podía soportarlo. Y no se trataba de deseo; si no, no sentiría esta horrible ternura que siento por vos".

Pero esto fue tal vez en la segunda parte de la visita. Por que vino el médico, y salí. "¿Y?" pregunto Dolly. "Bueno, estuvimos bastante callados; siempre nos cotó mucho hablar, ¿sabes?" No sabía.

            Mientras estaban ellos aún dentro, al comienzo, cuando se hablaba de mi nota que sólo Dolly había visto, recordé que tenía la copia en la cartera; se la di y la leyó. Objeciones: "Obsesión por la pureza, sí; por la virginidad, no. Y eso de mi amnesia. Y así que muequeo".

            Cuando volví a entrar sola, pensando despedirme, me miró callado un rato, y luego me dijo: "Estás hermosa; no recordaba que fueras tan hermosa". Yo llevaba mi lindo traje de blue jean celeste y me había arreglado con cierto cuidado, para que no me viera más fea o más vieja. "¿Hace tal vez cinco años que no nos vemos? "Yo tenía incomprensiblemente unos celos terribles, y tú eras muy celosa. Sólo no sentí nunca celos de Carlos; no sé por qué." "Por la misma razón, tal vez, que yo nunca los sentí de Dolly" "Lo que nunca pude recordar, lo que nunca pude saber, fue cómo terminó lo nuestro, cómo te perdí de vista, qué pasó." "Mirá", le dije, eso lo sé. Una tarde (hacía tres días que estabas en casa) no querías que fuese a una asamblea. Discutimos. Me vestí y me desvestí dos veces, creo. Finalmente me fui. Cuando volví, te habías ido. [Todavía recuerdo aquella desolación.] Te había tenido que recoger A. (Días sin comer, con Namurón y vino.) Después te fui a ver porque D. me avisó que estabas enfermo (columna). La tercera vez fui a las doce de la noche. Llegué en un taxi y no me abrieron. No volví. Tiempo después, creo, Carlitos R. me dijo que andabas enamorado de Carlos. Así se acabó para mí la historia, con desgarramiento pero de golpe." "Sí, es comprensible. Pero, ¿qué sabe ese pajarraco?, ¿qué sabía para decirte eso? Yo creo que la que tuvo una película frente a mí fuiste vos. ¿No te acordás de aquella noche?" "Sí", dije, "me acuerdo. Fue la única vez que creí".

            Y volvían los silencios, la tensión. Me ponía en el estado de siempre; pendiente de él con todo mi ser, sin saber qué esperaba de mí, qué hacer, qué decir, sin saber casi cómo ser yo misma. Fue entonces, creo, cuando me dijo lo de la ternura; estaba evidentemente conmovido. "Mira", dijo, "yo, borracho, lloré una o dos veces en mi vida, vos sabés; pero en seco, nunca. Y siento que voy a llorar".

            ¿Qué hacía yo ahí supremamente conmovida, inclinada hacia él desde mi silla, poniendo todo en los ojos, impotente, desesperada? Pensé que tal vez era la última vez que lo veía. "Tengo sesenta y tres", dijo. "Se supone que es la edad de la impotencia. Pero no estoy impotente, y me acuerdo de tu amor, de todo, de tu boca, como si hubiera estado anoche contigo," Estábamos como declarándonos.

            Entre otras cosas le dije: "Tuve años tu robe de chambre, aquella que fue de no sé quién, y que tú usaste, colgada allí, recordándote. Durante mucho tiempo la olía a veces, hundía la cara en la seda hasta que perdió aquel olor". Le dije también cómo, casi cada vez que pasaba por su oficina pensaba que estaba allí, tras esa pared. Pareció costarle creerlo: "¿Es verdad, no es ficción?" Y volvía a silencio. Y se mordía el labio. Y temí que iba a llorar. Y pensé que era tal vez la última vez que lo veía en la vida. Me levanté y quise tocarlo, tocar su mejilla con la mía, consolándolo, reconociéndolo, no sé. Apenas llegaba a él cuando me agarró con un vigor desesperado y me besó con el beso más grande, más tremendo que me hayan dado, que me vayan a dar nunca, y a penas comenzó su beso, sollozó, empezó a sollozar por detrás de aquel beso después del cual debí morirme. No sé de dónde sacaba la fuerza de se abrazo. Yo estaba sobre su pecho, envolviéndole; con una mano le acariciaba la nuca sudorosa; mi otro brazo lo abrazaba con toda mi vida. Pero oía por momentos –por momentos no oía nada- que del otro lado de la puerta estaban ellas conversando. Y así lo aparté diciéndole bajito mi amor, mi amor. Y él miró a otro lado y yo volví a los pies de la cama. "Hace rato que quería pedírtelo", me dijo, "pero pensé, temí que te negaras", susurró.

            Estaba un poco de lado, con su largo brazo sobre la pierna y su mano que no soltaba la mía. Miré sus uñas, que no recordaba tan pequeñas, toqué su piel siempre tan suave. Manos delicadas de escritor, tan diferentes de las mías que están fuertes, quemadas. Incliné la cabeza sobre esa mano, sobre su cuerpo, y la rocé, olí su piel, pegué mis labios a ella una y otra vez, con vehemencia, diría. No sé por qué lo hice, qué sentía, qué palabras sustituía así. "Yo tengo que besar tus manos." Y me besó la mano, fervorosamente, también, una y otra vez.

            Estábamos como enfermos de emoción. "Esta noche no voy a poder dormir", dijo con afligida certeza; "voy a necesitar una dosis doble. Desde que entré nunca sentí deseos de alcohol, al contrario; pero hoy quisiera emborracharme". Sólo escribirlo me trae todo el sufrimiento.

            Era lo de siempre; me tenía en sus manos; me partía en dos. No me olvidaba de Leonor ni de Dolly. Si no, si hubiera cedido a mi emoción, creo que me hubiera arrodillado junto a la cama, y le hubiera dicho: "lo que quieras, como quieras".

            Hubo aquí y allá otras cosas. "Nunca pude encontrar la foto de tus ojos, la que más me gustaba"; "¿Siempre vivís en esa casa que yo nunca conocí?"; "Esa casa está en gran  parte de la novela que estoy escribiendo". Y las invitaciones –tres- a residir en España, pero no quiere, no quiere. Y la claustrofobia, cuando empezó a querer hablarle a los termos. Y el reproche por haber sacado aquella dedicatoria del libro. "¿Cómo pudiste? Yo tenía que llegar antes de las siete a la editorial con las correcciones de Homero. Hacía dos horas que estaba allí y me había acordado una o dos veces, pero no podía irme, quebrar esa tensión, esa emoción. Entró Dolly a ponerse la chaqueta: "Me voy a comer una pizza al café", dijo echándose por los hombros. "Mirá", le dije, "que yo debo irme; tengo que llegar antes de las siete a Banda, y que irme después para afuera". "Quedáte un poco más", decía ella, cuando llegó la cena. Dejó la chaqueta y se quedó. Me acerqué a él y me besó en la boca. Ella me acompañó hasta la puerta, y no me volví a mirarlo.

            Esperé largo rato el ómnibus con ganas de llorar o de morirme. Vi un teléfono y hablé a la editorial para que me esperaran. Seguí esperando y preguntándome por qué no me volví a mirarlo. Entregué las pruebas de página y luego fui a casa para recoger algunas cosas. Sólo dos días después lloro. No volveré. Ocurrido el 15 de marzo de 1974.  Escrito porque sí tengo amnesia.

CONSTRUCCIÓN DE LA NOCHE,       M.E. Gilio – C.M.Domínguez

(Una Biografía de J. C. Onetti), Ed. Planeta, p. 198-202.-

La crónica literal, casi, es de Idea Vilariño, contando cómo fue la última tarde que vio a Onetti en Montevideo. Fueron amantes durante 30 años, a través de dos matrimonios de él. En la escena, están las parejas de entonces de ellos dos, Silvio, de Idea, y Dolly, de Onetti.  Es el momento de la despedida. Onetti, al poco tiempo, -1974- dejó el hospital –donde había ido a parar después de su detención por la dictadura uruguaya en 1973- y viajó a España, país del que jamás regresó. Diez días antes de morir, en 1994, le escribió una carta de despedida a Idea Vilariño –está celosamente guardada por un amigo de la poeta- que sólo podremos leer –con suerte- el día que Idea muera. Que ojalá, no suceda nunca.

un cuento de Cortázar

Publicado en Aguafuerte el 18 de Abril, 2008, 15:35 por MScalona

Hay quien dice que cada día se hará más denso (el humo?) y finalmente desapareceremos...

¿No les parece que este ispa cada día se copia más de los cuentos de Cortázar...?

Casa Tomada- Bestiario(s) - Ómnibus- Cosmonautas de la autopista-

Los Premios- El Examen-

Sugerencia:  pónganse ropa flúo  y relean esos textos...

Artículos anteriores en Abril del 2008

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-