"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




10 de Marzo, 2008


Impresionismo práctico

Publicado en Poemitas. el 10 de Marzo, 2008, 19:00 por amanda poliester

Serena recopila

en un cuaderno rojo de papel araña.

Por ese cubo pasan

los olores a salsa

a pan tostado

la tarea

la chocolatada

infusiones varias y meriendas

las mujeres que venden canastitas

el cobrador del club.

Si fuera posible el feng shui se diría

es el lugar de la casa que está vivo.

Es amable allí la soledad

el ruido del motor de la heladera

 y el grillo.

La acompañan

cortázar fumando copyright sarafacio

con el te amo rubricado por diego

una chica vestida con flores amarillas

tiene manos muy grandes

según piensa el cuñado.

En un llavero escolar madre e hija

saltan un cerco invisible

eso las hace

visiblemente felices.

La planta en la maceta de los recalcitrantes.

Cuadros de hojas secas

fechados y con firma

de alguien que no está desde hace seis años.

Números de teléfono.

La invitación de Blas para un día de sol.

Otra foto

una niña y su padre

la pulcritud genética se cumple.

Niñas en la arena sonriendo a la cámara

dos canillas

yerba mate con palo

tres arroyos granola

microondas

rolisec decorado

cucharas de madera.

En la luz de la ventana

una silueta insecto

abre el día.

G U I A M E T

Publicado en De Otros. el 10 de Marzo, 2008, 16:40 por Beto Frangi

Nada de eso

 

                                         

El misterioso reconocimiento

que atrae el atardecer;

los recuerdos del mar

en la memoria de Melville;

el llanto insinuado

en la madre del niño muerto;

una cifra que discada

renace viejas voces:

Nada de eso

alterará las nubes.

 

                                           

RICARDO GUIAMET, "Nada de eso", Edit  Los Lanzallamas. Rosario

Carolina Balducci

Publicado en De Otros. el 10 de Marzo, 2008, 10:49 por MScalona
             Señales Equívocas

Después de un tiempo largo de sequía amorosa, sexo escaso pero malo, noches enteras dedicadas a la experimentación autodidacta –que empezó con el uso y abuso de vibradores sofisticados y termino en la obsesión con el heladero de conos grandes de Fisher Price que dejó mi sobrinita en casa-, el día que una se ve otra vez frente a un pedazo de carne y hueso, como un tipo, por ejemplo, acaba- ¿acaba?-confundiendo las señales. ¿Y saben qué es lo peor que te puede pasar frente a un tipo? Que confundas las señales.

El jueves, en un bar de Almagro, un chabón  estuvo a punto de convencerme de que yo debo estar muy confundida. Su nombre era Max, tenía ojos verdes y mucha sed: lo vi zarparse seis tequilas seguidos y pasarlos con cerveza sin hacer una mueca. Estaba por los cuarenta bien llevados y cantaba canciones que no se sabía, apelando a la vieja técnica de repetir y alargar las últimas tres sílabas de un verso: "…jo en flooor! Cada tanto, desde la barra, miraba hacia  la mesa donde yo estaba con las chicas de la oficina y se sonreía coqueto. Yo me ofrecí para ir a pedir la última ronda de fernés y  me paré estratégicamente a su lado. Entonces me habló: "¿Cómo te llamas?", "Carolina, ¿y vos?". El dijo Max y se me podía invitar un tango. Obvio que podía y podía también tocarme una teta, pero eso no se lo dije de movida. Estábamos en la típica situación de apretujamiento en un pasillo estrecho. Cada tanto, alguien me empuja y mis labios iban a parar, sin culpa, al cuello de Max que olía a perfume fino. Le hice señas a las chicas, que ya se iban, de que yo me quedaba. El se dio cuenta y me guiñó el ojo. Ya nadie guiña el ojo, pero hubo una época en que si un tipo te guiñaba el ojo tenías todo el derecho de pensar  que quería algo más. En esas cosas yo suelo aferrarme a la tradición y actuar en consecuencia.

Al cabo de un rato, el bar se llenó tanto que Max y yo quedamos prácticamente abrazados, a punto de asfixiarnos. Y por lo que sentí entre sus piernas pude comprobar que la inercia de la noche era la que era. Le dije a Max que saliéramos al patio, él dijo "sí, vamos, hace calor". ¡Bingo!, pensé. Porque ¿Cómo mierda se lee eso? Para mí, "hace calor" es la clave para decir "me tenés caliente". Así que avancé ansiosa por ese pasillo y una vez que estuvimos afuera lo apreté contra una pared, lo besé y le mandé la mano directamente al paquete para medir la urgencia de la situación. Pensé que si ese hombre estaba a punto de estallar yo quería mi esquirla. Pero me pareció que teníamos tiempo o que Max le tenía ínfima, cosa que por su puesto no me importó. O digamos que no tanto, porque no existe eso de que a una le da igual meterse un morrón que un hisopito Jonson. Él dijo algo que no entendí y que interpreté como un gemido de placer que me izo temblar las rodillas.

Me puse de espaldas a él: agarré una de sus manos y el encaje en mí escote, agarré la otra y la puse en mi panza y pegué mi cuerpo al suyo con el hambre de una presidiaria. Fue entonces cuando entendí con todas las letras lo que Max estaba diciendo: "¡Pará, pará, pará! Gritó. Tres veces lo gritó. Me empujó y me gritó como quien mira a una fiera peligrosa. "Pero…", eso fue todo lo que pude decir mientras  Max  retrocedía espantado, con el brazo extendido al frente y la palma en posición de: ¡Prohibido seguir! ¡Deténgase! ¡Sos una perra gorda y zarpada!

Puta vida. Salí de ese lugar a los pedos, fulminada. En el taxi me eché a llorar y traté de repasar una  a una las señales que supuestamente había confundido. ¿Y saben qué?

Que no confundí nada. De hecho, me parece que a otra le hubiera bastado con el "cómo te llamas, te invito un trago" y no habría esperado ni siquiera el guiño de ojo para ponerse de rodillas y chupársela allí mismo. Lo que pasaba es que hay tipos que ejercen ese mecanismo cruel que consiste en calentar y defraudar, que hasta no hace mucho era exclusivo de las minas. Histeria se le dice, dejo de ser un juego inofensivo. Es una práctica rastrera y, peor, adictiva. Un tipo histérico lo viene siendo hace mucho y no quiere dejar de serlo. Un tipo histérico rara vez coge, se frota su cosita diminuta pensando en su posibilidad de ponerla en una concha por que esa imposibilidad le da placer.

Y va por el mundo desparramando su demonio y convenciendo a chicas ingenuas, deseosas de un polvito cariñoso, decentes pero un poquito ansiosas, de que ellas son las culpables porque confunden las señales. Porque, claro, el ojiverde que te coquetea en un bar un jueves por la noche todo lo que quiere es ser tu amigo, tu psicólogo, tu mascota o tu mucama. De coger ni hablar. Que se maten los histéricos y sus señales equívocas que de eso yo ya tengo. Y para todo lo demás, por ahora, está mi heladero Fisher Price.

este es otro blog...de los que hacen sonreir

Publicado en General el 10 de Marzo, 2008, 0:27 por lilian
vean algunas "reflexiones"
http://mujergorda.bitacoras.com/

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-