"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




6 de Marzo, 2008


DAL MASETTO

Publicado en De Otros. el 6 de Marzo, 2008, 19:01 por MScalona
nació en Italia en 1938, Desde 1950 vive en Bs.As.

PLAZA

Paso el fin de semana con mi hija. Es sábado, vamos a una plaza. Hace rato que estoy sentado cerca de los juegos, fumando, observando, escuchando, con la cabeza más o menos en blanco. De vez en cuando, en la confusión de colores, corridas y gritos infantiles, detecto la figura de mi hija, y entonces, al descubrirla tan feliz, tan frágil y entregada, me asaltan los mismos contradictorios sentimientos de siempre: una mezcla de placer y angustia. Lucho contra esto, evito ponerme grave, conozco los mecanismos de mis impulsos, sé lo que hay ahí de incontrolable y tramposo. Intento abandonarme a la lentitud de la hora, a la calma que me ofrece esta tarde de sol bajo los árboles.

            Mi hija se acerca corriendo, informa, pide permiso, después vuelve a alejarse. La sigo con la mirada y advierto que, así como yo la busco, también ella, sin interrumpir su juego, suele echar una ojeada para este lado. Esas miradas, rápidas, económicas, precisas, sirven para reafirmar cierto acuerdo tácito establecido entre los dos, para comprobar que todo sigue en orden.

            Va pasando el tiempo. La claridad comienza a menguar, hay un cambio en el aire y me inquieto como ante la presencia de una amenaza. Dentro de poco se prenderán los faroles y hará demasiado frío para quedarse. Recorro una vez más las hamacas, los toboganes, busco a mi hija con cierta impaciencia y la descubro inquieta, severa, incansable, absolutamente aplicada a esa actividad de los juegos, a la charla con alguna amiga ocasional. Recupero la paz e intento rescatar alguna de esas ideas que se me han estado insinuando y escapando durante toda la tarde. Pienso en las veces que a lo largo de los años, en los atardeceres, en las noches, en las madrugadas, estuve así, en esa posición, en esa actitud. Las veces que, por una u otra razón, alegre o desgraciado, harto, enfurecido, mis pasos derivaron hacia un banco de plaza. Igual que entonces, en esta jornada nueva, ahora con mi hija jugando a pocos metros, vuelvo a disfrutar con esta entrega, con el silencio, con la evidencia de cierta vieja tenacidad.

            Miro nuevamente alrededor, veo los bancos ocupados, y me digo que al margen de las historias, las mías, las ajenas, siempre he encontrado ahí la misma cosa. Los árboles que se tiñen y pierden sus hojas y vuelven a florecer cuando corresponde. Y también las parejas lentas buscándose y abrazándose en la sombra. Entonces creo saber que puedo liberarme, desentenderme de cuanto está ocurriendo más allá de esta isla. Liberarme de las amenazas, de los miedos, de las desesperanzas. Estos encuentros que se reiteran a mi alrededor parecen desmentir todo. Esas caras y esos cuerpos anónimos, confundidos en la invariable actitud de la ternura, insisten. Se oponen, insisten. Igual que mi hija insiste en sus juegos. Ellos, sea quienes sean, vengan de donde vengan, se asocian para el viejo ritual común. Siento que esa cita a través del tiempo es realmente más fuerte que todo. Y pensarlo es un hallazgo y un alivio. También yo insisto. Esta afirmación mansa, sin estridencias, reencontrada en cada oportunidad, es una de las pocas que he visto perdurar. No ha habido muchas tan firmes, tan intocables, tan alejadas de las oscilaciones del mundo. Enciendo otro cigarrillo. En el centro de este templo abierto al cielo, entre la multitud de fieles sin cara, percibo, como seguramente lo percibí otras veces, que estoy participando de una ceremonia invencible.

            Busco una vez más a mi hija. Ella me está dando la espalda, pero ante la insistencia de mi mirada gira la cabeza rápidamente, levanta la mano y esboza un saludo. En la fugacidad de ese gesto pretendo descubrir, no sólo la complicidad de siempre, sino también una aprobación a todas esas divagaciones mías.

Antonio Dal Masetto

Del libro de cuentos  AMORES , Firpo y Dobal Editores

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-