"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




27 de Febrero, 2008


Sandra Mendizaba

Publicado en De Otros. el 27 de Febrero, 2008, 18:02 por MScalona

LAS MANOS

 

 

 

Remedio invaluable.

Cáscara. Cemento. Esbozo literal

de un destino.

Naufragio de aplausos

en un estallido unimembre

de belleza.

Son ellas el intrínseco secreto.

Resumen de plegarias y consuelos.

Manos y desvelos.

Contenidas heridas

lastiman márgenes, labios.

Ríos de formas

laceran promiscuos senderos.

Clausuran epitafios

con sólo la caricia mínima.

Alzan banderas, mástiles…

Clausuran el olvido.

Vestigios de silencios

inauguran inaudible la imagen

que despeja la sombra

de la forma.

Manos húmedas quebradizas…

Certeras elocuencias

de confines,

de táctiles percepciones futuras.

Acción directa y efectiva.

Caridad de un cuerpo de plata

rozando ojos de liturgia.

Deseo crepúscular

de genes inclinados

a la magia y el suspiro.

a cantar se ha dicho!

Publicado en General el 27 de Febrero, 2008, 14:29 por negrointenso
 Edición 2008
                        » Lanzamiento de convocatorias de la Editoral Municipal
                        .:: La Editorial Municipal de la Secretaría de Cultura y Educación (Av. del Valle 2734), abre la convocatoria para presentación de proyectos literarios y discográficos.

                        Por segunda vez se realizará el concurso literario "Ciudad de Rosario", en las categorías de relato de ficción y relato de no ficción, dirigido a autores nacidos o residentes en todo el territorio de la Provincia de Santa Fe. Para la categoría relato de ficción podrán presentarse cuentos u otro tipo de relatos; en relato de no ficción podrán presentarse crónicas, relatos de viaje y memorias. Para cada una de las categorías habrá un primer y segundo premio en peses y la publicación de la obra.

                        Las propuestas deberán presentarse del 2 al 30 de mayo del 2008, y las bases completas pueden solicitarse en emr@rosario.gov.ar, o bajarse del sitio www.rosario.gov.ar/emr.

                        También se convoca a la nueva edición del Programa de Coproducciones Discográficas. Este año se podrán presentar proyectos de coedición en dos llamados: el primero entre el 1º y el 30 de abril, y el segundo entre el 1° y el 29 de agosto. De las propuestas que se reciban se seleccionarán un máximo de dos por llamado. Los nuevos títulos se incorporarán al catálogo del sello Ediciones Musicales Rosarinas, que se hará cargo de la edición. Los solistas o grupos musicales interesados en presentar proyectos pueden solicitar las bases a emr@rosario.gov.ar.

Llueve y llueve...

Publicado en De Otros. el 27 de Febrero, 2008, 13:35 por Gonza!

Aplastamiento de las gotas 

        Yo no sé, mirá, es terrible como llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. 
        Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. 

Julio Cortázar

 

http://www.youtube.com/watch?v=R52iNrFKUSw

more Guiamet

Publicado en De Otros. el 27 de Febrero, 2008, 7:03 por MScalona

P O L I N E S I A

                         

No es agua lo que simula transparencia en el vaso. El hombre lo mira y recuerda el verano aquel en que seguía las huellas de los niños por las dunas, donde cada pisada o agujero parecido a dibujaba certezas o incertidumbres acerca de la punta de la costa que habían elegido sus hijos esa tarde para resistir el acoso de piratas.

Recuerda también la costra que cubría el estiletazo que, el primer día frente al mar, un tábano le había bienvenido. Pero eso fue en otro viaje, especula, aún no había hijos.  Estábamos con ella hasta el amanecer apostando qué se vaciaba primero, si la botella de whisky o la noche de oscuridad.

Ahora los niños ya no viven con él. Queda sí un remedo: Pascuas, fines de semanas largos y Navidades. Afuera de su departamento la sirena de una ambulancia subraya la noche del sábado.

Trata de imaginar. Primero trata de imaginar sudores: la transparencia en los labios de una adolescente luego de coger, exactamente sobre los labios, allí donde si fuera un varón habría bigote. Después, el rostro de un mormón, el sudor en la frente y en el cuello, que moja la camisa y obliga a aflojar el nudo de la corbata, arrancar el sudor de un manotazo de las sienes antes de llamar en una casa para predicar.

Se esfuerza en esos recuerdos. Intenta mezclar esas imágenes de sudores con el resto: olores, ropas, los otros detalles. Con los ojos cerrados, exigiéndose en la construcción de esas imágenes, distante deja caer el vaso semivacío de vodka en el piso. El vaso estalla sobre los mosaicos.

Las salpicaduras, los pedazos brillantes y diminutos que en principio no puede distinguir si son hielo o vidrio (siempre había tenido una presunción: el vidrio era más frágil que el hielo); le traen el recuerdo de un mapa polinésico colgado en la pared de una pieza de pensión, allá por el año 79’ esos innumerables recortes de tierra muriéndose aquí y allá, hundiéndose desde siempre en un océano que los vincula y los disgrega, islitas de morondanga tiradas por cualquier lugar.

Pero cada una de esas islitas, fotografiadas en una revista, era como un paraíso en escala, piensa (esto ya lo piensa jugando con un trozo de hielo ínfimo que empuja con su anular zurdo por sobre los mosaicos; dibuja con el rastro húmedo ríos, montañas y fronteras, corrientes marinas y nuevos archipiélagos: una geografía efímera que el trapo de piso en dos o tres minutos más despejará).

Pero todo ese fue antes o después, se dice – le dice en voz alta al departamento vacío-, del nuevo trabajo, de la mudanza aquella, de las macetas y las bolsitas, de ese último verano en que nos emborrachábamos. Porque todo eso fue antes de ese verano que no salimos de vacaciones, que los chicos se fueron a lo de mi suegro, del verano en que se rajó el block del Chevrolet.

Ese último verano del que él olvida la noche en que erró de tren suburbano, terminó perdido en las calles de tierra de Cabin 9, hablando con esa pendeja, manoseándole las tetas contra un tapial, diciéndole que no tenía veinte mangos para los remedios de ninguna hermana (cosa que tampoco creía, la enfermedad o la existencia de la hermana); y escuchándola gritar como si estuviera en una ópera, gritar y gritar, y metiendo como sea la pija adentro de la bragueta otra vez, decirle que se tranquilice, y después correr, los perros que ladraban, correr y agitarse, correr y agitarse hasta Provincia Unidas.

Y ahí sí, en la avenida, recostarse contra el frente de una casa y contar el dinero, confirmar que realmente no se tenían los veinte pesos. Pero todo eso fue después, mucho después de las vacaciones en el mar, que a su vez fueron muchísimo después de que la conociera en la pensión. Ahora se mira el anular. Está goteando sangre. Qué boludo soy, le dice en voz alta al departamento vacío, no era hielo, era un vidriecito. Se arrodilla en los mosaicos y con las gotas de sangre agrega aquí y allá arrecifes carolinos en el mapa hecho de vodka, hielo derretido y vidrios rotos, ahora sangre, la Polinesia.

Ese mapa colgado en la pensión en el 79’, cuando ella le dijo: “va a tardar, pero algún día la revolución va a llegar hasta ahí también”. Eso fue pocos días antes de la noche en que descubrió que el vidrio era frágil, de la noche en que quiso mostrar su bronca pero el puñetazo excesivo rompió el vidrio de la ventana de la pieza de ella en la pensión, y por un segundo el silencio adentro de la pieza fue más silencio, y todo el que quería podía escucharlo a él putearla y putearla y putearla, empujar sin suerte la puerta y la ventana de la pieza mientras le preguntaba, gritando, con cual de los tipos amigos de ella estaba cogiendo esa vez.

El dedo deja de gotear sangre. Se levanta del piso de mosaicos y enciende el televisor. Empuja la mesita del televisor hasta el dormitorio, la pone cerca de la puerta de entrada. Vuelve al otro ambiente. Busca la botella de vodka, busca otro vaso. Con todo en la mano se acerca al modular que divide el ambiente. De un cajón saca un papel plateado. Lo abre, va hasta el cajón de los cubiertos en la alacena y vuelve con una cuchara de café. Abre el papel plateado. Está doblado en tres. Una vez abierto saca dos medias cucharas de cocaína.

Las pone sobre un plato de loza.

Va hacia el dormitorio. Lleva el control remoto del televisor en la boca, la botella y el vaso en la mano izquierda y el plato con la cocaína en la derecha. Se sienta en la cama, pone todas las cosas en la mesa de luz y se acuesta.

Busca una vieja película por los distintos canales. Cuando la encuentra le saca el volumen. Insensiblemente su mano derecha rasca allí donde, una década atrás, el tábano lo había picado, como si aún hubiera una picazón que calmar. Pero todo eso fue antes de los chicos, confirma, la vista clavada en el televisor inventando diálogos para esa película muda, antes de los niños y de las mudanzas y de las infidelidades y de que no nos excitáramos más. Todo eso fue antes, pero esto no se lo dice él, todavía no se lo sabe decir él; de esta otra picazón que sólo cura la merca y el insomnio.

Al día siguiente, a media mañana, se retirará del trabajo, con permiso médico, por cuarta vez en la quincena. Regresará al departamento vacío y dormirá hasta el anochecer.

 

RICARDO GUIAMET,

del libro homónimo,

se consigue en el stand municipal de Corrientes y Córdoba

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-