"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




DRUMMOND DE ANDRADE

Publicado en De Otros. el 14 de Febrero, 2008, 12:03 por MScalona

Desaparición de Luisa Porto

                                                                   

Se pide a quien sepa
del paradero de Luisa Porto
que avise a su domicilio
en la Calle Santos Oleos, 48.
Que prevenga urgente
a la solitaria madre enferma
paralítica desde hace largos años
yerma de sus cuidados.

Se pide que avisen a
Luisa Porto, de 37 años,
que aparezca, que escriba, que mande decir
donde está.
Se suplica reportar al corresponsal,
al cajero, al mata-mosquitos, al transeúnte,
a cualquiera del pueblo y de la clase media,
hasta a los mismos señores ricos,
que sientan pena por la madre afligida
y le restituyan a la hija volatilizada
o por lo menos den información.
Es alta, delgada,
morena, de rostro velludo, dientes blancos,
cicatriz de nacimiento junto al ojo izquierdo,
levemente estrábica.
Vestido sencillo. Lentes.
Desaparecida hace tres meses.
Madre tullida la llama.

Se ruega al pueblo creativo de esta ciudad
que tome en consideración un caso de familia
digno de simpatía especial.
Luisa es de buen carácter, correcta,
amable, trabajadora, religiosa.
Fue a hacer compras en la feria de la plaza.
No volvió.

Llevaba poco dinero en la cartera.
(Busquen a Luisa.)
Normalmente no se demoraba:
(Busquen a Luisa.)
Enamorado no tenía.
(Búsquenla, Búsquenla.)
Hace tanta falta.

Si aún no la encuentran
no por eso dejen de buscarla
con obstinación y confianza

que Dios siempre recompensa
y tal vez la encuentren.
Madre viuda, pobre, no pierde las esperanzas.
Luisa iba poco a la ciudad
y aquí en el barrio es donde se puede buscar mejor.
Su mejor amiga, después de su madre enferma,
es Rita Santana, costurera, joven desocupada,
la cual no da noticia alguna,
se limita a responder: No sé.
Lo que no deja de ser extraño.

Desaparecen tantas personas anualmente
en una ciudad como Río de Janeiro
que tal vez Luisa Porto jamás sea encontrada
Una vez, en 1898
o 9,
se perdió el propio jefe de la policía
que salía en la tarde para una ronda en Largo Rocío
y hasta hoy.
La madre de Luisa, entonces joven,
lo leyó en el Diario Mercantil,
y quedó pasmada.
El periódico se confunde en la memoria.
Difícilmente sabía ella que el casamiento corto, la viudez,
la pobreza, la parálisis, el lamento
serían, en la vida, su suerte
y que su única hija, afable puesto que estrábica,
se diluiría sin explicación.

Por última vez y en nombre de Dios
todo poderoso y lleno de misericordia
busquen a la muchacha, busquen
a esa que se llama Luisa Porto
no está enamorada.
Olviden la lucha política,
Pongan de lado las preocupaciones comerciales,
Pierdan un poco de tiempo indagando,
Inquiriendo, removiendo.
No se arrepentirán. No
hay gratificación mayor que la sonrisa
de una madre festejando
y la paz íntima
consecuencia de las buenas y desinteresadas acciones,
rocío puro del alma.

No me vengan a decir que Luisa se suicidó.
El santo fuego de la fe
ardió siempre en su alma
que pertenece a Dios y a Teresita del Niño Jesús.
Ella no se mató.
Búsquenla.
Tampoco fue victima de una tragedia
que la policía ignora
y la prensa no dirá.
Está viva para consuelo de una tullida
y triunfo general del amor materno,
filial
y del prójimo.

Nada de insinuaciones en cuanto a su castidad
y que no tenía, no tenía enamorado.
Algo extraordinario habrá pasado,
un terremoto, llegada de un rey,
las calles cambiaron de rumbo,
para que demore tanto, es de noche.
Pero ha de volver, espontánea
o traída por mano benigna,
con mirada desviada y tierna,
canción.

A cualquier hora del día y de la noche
quien la encuentre que avise a la calle Santos Óleos.
No hay teléfono.
Hay una empleada vieja que recibe el recado
y tomará providencias.

Pero
si creyeran que la suerte de los pueblos es más importante
y que no debemos atender los dolores individuales,
si cerraran oídos a este llamado de campana,
no hagas mal, ni insulten a la madre de Luisa,
pasen la página:
Dios tendrá compasión de la abandonada y de la ausente,
se erguirá la enferma y sus miembros paralizados
ya se desatan en forma de búsqueda.
Dios le dirá
Ve,
busca a tu hija, bésala y enciérrala para siempre en tu corazón.

O tal vez no sea necesario ese favor divino.
La madre de Luisa (somos pecadores)
se sabe indigna de tamaña gracia.
Y queda la espera, que siempre es un don.
Si, los extraviados un día regresan
o nunca, o puede ser, o ayer.
Y  de pensar alcanzamos.
Quiere apenas su hijita
que en una tarde remota de Cachoeiro
por fin nació olorosa a leche,
a cólico, a lágrima.
Ya no interesa la descripción del cuerpo
ni, con perdón, esta fotografía,
engaño de una realidad más intensa
que no proveerá anuncio alguno.
Que cesen las pesquisas, radios cállense.
Calma de flores abriéndose
en el vivero azul
donde desabrochan senos y una forma de virgen
intacta en los tiempos.
Y al sentir comprendemos.
Ya no es necesario buscar
a mi querida hija Luisa
que en cuanto vago por las cenizas del mundo
con inútiles pies fijos, mientras sufro
y sufriendo me suelto y me recompongo
y vuelvo a vivir y ando,
ella está inmóvil
clavada en el centro de la estrella invisible
Amor.
 

                                                                                          CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE

(1902-1987, Brasil)

Traducción: Nidia Hernández

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-