"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




NORMA HUIDOBRO - Premio Clarín Novela

Publicado en De Otros. el 4 de Febrero, 2008, 14:55 por MScalona

Huidobro nació en Lanús (BA.) en 1949

                                                

                                                          

El lugar perdido

Hay un lugar donde se pone el sol y otro donde amanece y otro donde siempre es noche. Hay un lugar cercano y otro irremediablemente perdido. Y hay momentos, en el transcurrir de los días, en que el tiempo se aligera y tuerce el rumbo de las horas. Quizá sea una trampa del aire, que se espesa y se vuelve brevemente corpóreo y confunde al tiempo. Lo cierto es que sólo en esos momentos el espíritu se ahonda, se expande, huye y al fin regresa, trayendo entre los dientes el lugar perdido.

                                                                                                                                               

       

Villa del Carmen, Jujuy, 1977

             Un escarabajo patas arriba se mecía tontamente en el agua de la palangana. Ferroni lo miró con cierta aprensión y resolvió que lo más adecuado sería volcar el agua con el escarabajo en el desagüe de la pileta. Enjuago la palangana y dejó correr el agua de la canilla; se lavó la cara pensando en lo bien que se sentía cada vez que el agua helada golpeaba sus mejillas. El agua lo despertaba, lo ponía en guardia, le activaba las neuronas.

                  Ferroni pensó en el escarabajo y lo imaginó caminando por el caño del desagüe, tratando de escapar de esa prisión oscura y tubular. De pronto, ahí parado en el patio, junto a la pileta de lavar la ropa, sintió frió. Se dio cuenta de que era arriesgado salir en camiseta a horas tan tempranas. Podía resfriarse. No estaba acostumbrado a esas mañanas tan frescas en pleno verano.

                 En Buenos Aires era diferente. No bien uno se despertaba, también salía al patio, pero para poder respirar, para no seguir ahogándose en la pieza, para despegarse de una vez por todas de ese colchón caliente que se adhiere a la espalda y oprime desde abajo. Si seguía así se iba a resfriar. En pleno mes de enero. Ferroni entró a la pieza decidido a vestirse.

                Alguien tiene que ir, le había dicho su superior cuando él le preguntó por qué no mandaban a otro, por qué tenía que ser él. Alguien tiene que ir, vos o cualquier otro es lo mismo; te tocó a vos. Y después: alégrate, te va hacer bien, necesitas cambiar de aire. Mentira; él no necesitaba cambiar nada. Uno cambia de aire en las vacaciones, no mientras trabaja. Y su trabajo estaba en Buenos Aires. Además, las vacaciones se la iban a dar en marzo; faltaba poco. Ya tenía todo arreglado con Paulino, que le prestaba el departamento de Mar del Plata y lo iba a remplazar en los interrogatorios durante los quince días de sus vacaciones.  

               Dos meses más de trabajo intenso, una quincena descansando en Mar del Plata y otra vez a Buenos Aires, a la rutina de los interrogatorios, el almuerzo con los compañeros de tareas, la siesta en la oficina se su superior. Lo suyo; su trabajo, su lugar. Pero lo mandaba a Jujuy en pleno mes de enero, con ese calor inmundo y tenía que alegrarse. ¿De qué? Un tipo como él, cumplidor, meticuloso, eficiente. Su superior lo había dicho; no a él, claro, no era amigo de andar haciendo alabanzas, y mucho menos a los que estaban bajo su mando. Pero Paulino lo había escuchado por casualidad y se lo dijo. Muy eficiente. Para mí, el mejor, dijo que había dicho. El mejor y lo mandaban a Jujuy a buscar a alguien que quién sabe dónde carajo estaba. O tal vez lo mandaban por eso mismo, porque era el más eficiente, el más prolijo, el único capas de encontrar a la mina esa. Pero entonces por qué su superior le había dicho que le iba a venir bien cambiar de aire y que si alguien tenía que ir, él u otro, era lo mismo. Si lo mandaban por ser el mejor, no tenía sentido que le dijera eso. Y si lo querían era alejarlo de los interrogatorios, tampoco tenía sentido. Él era el más eficiente. Lo había dicho su superior. Paulino lo escuchó. Mejor tomarse las cosas con calma, se dijo. Después de todo, ésa era otra de sus cualidades: la calma. Él sabía esperar como nadie, sin exasperarse.

            Tranquilo y eficiente. Todos lo sabían.

                                                                 

                                                                          

p. 11-13.-  Edit. Alfaguara

EL LUGAR PERDIDO obtuvo el Premio de Novela CLARÍN 2007,  JURADOS José Saramago, Rosa Montero y Alberto Manguel.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-