"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Febrero del 2008


LEÓN FELIPE

Publicado en De Otros. el 29 de Febrero, 2008, 15:40 por Beto Frangi

deshaced ese verso, quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia, y hasta la idea misma … Aventad las palabras y si después queda algo todavía, eso será la poesía” (Versos y oraciones del caminante – 1920) León Felipe

 

Sé todos los cuentos

 

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan
con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo sé muy pocas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.


 

Cañada -hoy- suspendido por lluvia...

Publicado en General el 29 de Febrero, 2008, 11:38 por MScalona
CHICAS-OS...
finalmente ante el estado del tiempo en la zona, con BETO
decidimos suspender la excursión nocturna a Cañada. Si bien parece mejorar el tiempo, sigue habiendo pronóstico de lluvia todo el finde, y me dice Beto, que allá está lloviendo y esta mañana
y anoche, había mucha neblina en la Ruta 9... de modo que en ppio lo corremos igual
para el viernes próximo...
salute...  MaRcE                                                                 
y  bué... no habrá más remedio que ver al canaya...

CLAUDIA MASÍN

Publicado en De Otros. el 28 de Febrero, 2008, 17:20 por MScalona
Claudia nació en Chaco (vive en BsAs.) en 1972

La Repetición

            Cuentan de un personaje

         que había vendido su sombra.

         Desde entonces, temido y rechazado,

         se dedicó a huir del día. Cuentan

         que los chicos, en el norte, al cruzar el monte

         como una imagen detenida de sí mismos,

         proyectan una sombra débil

         que los confirma: son reales.

         -Se está yendo la sequía- dice uno.

         Ojos pequeños, desconfiados.

         ¿Quién, que conociera este paisaje,

         tendría confianza en él?

         Demasiada perplejidad para alimentar

         cualquier inocencia. Además,

         los niños criados en el exceso de luz

         saben cosas diferentes.

         "No puede elegirse lo que nos ha elegido antes

         -dicen- hay un amor  a lo inevitable que es casi

         un talismán contra la furia de las sequías

         y las tormentas. Los animales

         están inquietos esta tarde, hay alguaciles

         volando sobre los charcos. Va a caer

         un aguacero interminable."

         Mientras caminan, imaginan la luna

         perfecta del verano, empañada por el agua

         y la sorpresa. A la noche alguien

         tendrá deseos de pensar en otros sitios

         de helada claridad por las mañanas,

         países árticos donde la soledad

         no se confunde con el mareo del calor.

         -El calor no te deja pensar,

         dicen los viejos, y es verdad.

         Pero por suerte, en unos días, la lluvia,

         el viento fresco del sur, van a pasar.

vuelve Poesía en los Bares

Publicado en General el 28 de Febrero, 2008, 15:01 por MScalona


From:       poesiadiz@hotmail.com

                      VUELVE LA POESIA A LOS BARES

Les comunicamos a los poetas que el martes 4 de marzo comenzará  el Ciclo La Poesía en los Bares. En esta oportunidad leerán los poetas Sandra Mendizaba, Vicky Lovell y Eduardo D'Anna. Las presentaciones estarán a cargo de Silvio González  y la cita es en el Bar LA SEDE, San Lorenzo y Entre Ríos, a las 20.30 horas. Organiza la Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Rosario.

                                                                           

2666, más...

Publicado en De Otros. el 28 de Febrero, 2008, 12:58 por MScalona
Roberto Bolaño, Chile, 1953-2003

En 1920 nació Hans Reiter. No parecía un niño sino un alga. Canetti y creo que también Borges, dos hombres tan distintos, dijeron que así como el mar era el símbolo o el espejo de los ingleses, el bosque era la metáfora en donde vivían los alemanes. De esta regla quedó fuera Hans Reiter desde el momento de nacer. No le gustaba la tierra y menos aún los bosques. Tampoco le gustaba el mar o lo que el común de los mortales llama mar y que en realidad sólo es la superficie del mar, las olas erizadas por el viento que poco a poco se han ido convirtiendo en la metáfora de la derrota y la locura. Lo que le gustaba era el fondo del mar, esa otra tierra, llena de planicies que no eran planicies y valles que no eran valles y precipicios que no eran precipicios.

Cuando la tuerta (su madre), lo bañaba en un barreño, el niño Hans Reiter siempre se deslizaba de sus manos jabonosas y bajaba hasta el fondo, con los ojos abiertos y si las manos de ella no lo hubieran vuelto a subir a la superficie él se habría quedado allí, contemplando la madera negra y el agua negra en donde flotaban partículas de su propia mugre, trozos mínimos de piel que navegaban como submarinos hacia alguna parte, una rada del tamaño de un ojo, un abra oscura y serena, aunque la serenidad no existía, sólo existía el movimiento que es la máscara de muchas cosas, incluida la serenidad.

Pag. 797   2666,   Ed. Anagrama.

si gustan

Publicado en General el 28 de Febrero, 2008, 9:37 por negrointenso

MUSEO CASTAGNINO + MACRO + CLUB DEL DIBUJO

Lectura bisiesta

tres poetas leen

Beatriz Vignoli

Mercedes Gómez de la Cruz

Eloísa Oliva

Viernes 29 de febrero - 20,30 hs

Museo de Arte Contemporáneo de Rosario

Piso 7 / Bv. Oroño y Río Paraná

www.macromuseo.com.ar

 
 
Beatriz Vignoli: es poeta y narradora. Algunos de sus libros publicados son: Viernes, AlmagroItaca, y recientemente Nadie sabe adónde va la noche. Vive y trabaja en la ciudad de Rosario.
Mercedes Gómez de la Cruz: es poeta y editora. Ha publicado, entre otros, 100 muñecas y Soy fiestera. Vive y trabaja en la ciudad de Rosario.
Eloísa Oliva: es poeta y editora. Ha publicado Humus. Vive y trabaja en la ciudad de Córdoba. Se encuentra en Rosario realizando la Residencia para I Solo Artista Verano.
 
 

Sandra Mendizaba

Publicado en De Otros. el 27 de Febrero, 2008, 18:02 por MScalona

LAS MANOS

 

 

 

Remedio invaluable.

Cáscara. Cemento. Esbozo literal

de un destino.

Naufragio de aplausos

en un estallido unimembre

de belleza.

Son ellas el intrínseco secreto.

Resumen de plegarias y consuelos.

Manos y desvelos.

Contenidas heridas

lastiman márgenes, labios.

Ríos de formas

laceran promiscuos senderos.

Clausuran epitafios

con sólo la caricia mínima.

Alzan banderas, mástiles…

Clausuran el olvido.

Vestigios de silencios

inauguran inaudible la imagen

que despeja la sombra

de la forma.

Manos húmedas quebradizas…

Certeras elocuencias

de confines,

de táctiles percepciones futuras.

Acción directa y efectiva.

Caridad de un cuerpo de plata

rozando ojos de liturgia.

Deseo crepúscular

de genes inclinados

a la magia y el suspiro.

a cantar se ha dicho!

Publicado en General el 27 de Febrero, 2008, 14:29 por negrointenso
 Edición 2008
                        » Lanzamiento de convocatorias de la Editoral Municipal
                        .:: La Editorial Municipal de la Secretaría de Cultura y Educación (Av. del Valle 2734), abre la convocatoria para presentación de proyectos literarios y discográficos.

                        Por segunda vez se realizará el concurso literario "Ciudad de Rosario", en las categorías de relato de ficción y relato de no ficción, dirigido a autores nacidos o residentes en todo el territorio de la Provincia de Santa Fe. Para la categoría relato de ficción podrán presentarse cuentos u otro tipo de relatos; en relato de no ficción podrán presentarse crónicas, relatos de viaje y memorias. Para cada una de las categorías habrá un primer y segundo premio en peses y la publicación de la obra.

                        Las propuestas deberán presentarse del 2 al 30 de mayo del 2008, y las bases completas pueden solicitarse en emr@rosario.gov.ar, o bajarse del sitio www.rosario.gov.ar/emr.

                        También se convoca a la nueva edición del Programa de Coproducciones Discográficas. Este año se podrán presentar proyectos de coedición en dos llamados: el primero entre el 1º y el 30 de abril, y el segundo entre el 1° y el 29 de agosto. De las propuestas que se reciban se seleccionarán un máximo de dos por llamado. Los nuevos títulos se incorporarán al catálogo del sello Ediciones Musicales Rosarinas, que se hará cargo de la edición. Los solistas o grupos musicales interesados en presentar proyectos pueden solicitar las bases a emr@rosario.gov.ar.

Llueve y llueve...

Publicado en De Otros. el 27 de Febrero, 2008, 13:35 por Gonza!

Aplastamiento de las gotas 

        Yo no sé, mirá, es terrible como llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro, qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana; se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes, mientras le crece la barriga; ya es una gotaza que cuelga majestuosa, y de pronto zup, ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. 
        Pero las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós. 

Julio Cortázar

 

http://www.youtube.com/watch?v=R52iNrFKUSw

more Guiamet

Publicado en De Otros. el 27 de Febrero, 2008, 7:03 por MScalona

P O L I N E S I A

                         

No es agua lo que simula transparencia en el vaso. El hombre lo mira y recuerda el verano aquel en que seguía las huellas de los niños por las dunas, donde cada pisada o agujero parecido a dibujaba certezas o incertidumbres acerca de la punta de la costa que habían elegido sus hijos esa tarde para resistir el acoso de piratas.

Recuerda también la costra que cubría el estiletazo que, el primer día frente al mar, un tábano le había bienvenido. Pero eso fue en otro viaje, especula, aún no había hijos.  Estábamos con ella hasta el amanecer apostando qué se vaciaba primero, si la botella de whisky o la noche de oscuridad.

Ahora los niños ya no viven con él. Queda sí un remedo: Pascuas, fines de semanas largos y Navidades. Afuera de su departamento la sirena de una ambulancia subraya la noche del sábado.

Trata de imaginar. Primero trata de imaginar sudores: la transparencia en los labios de una adolescente luego de coger, exactamente sobre los labios, allí donde si fuera un varón habría bigote. Después, el rostro de un mormón, el sudor en la frente y en el cuello, que moja la camisa y obliga a aflojar el nudo de la corbata, arrancar el sudor de un manotazo de las sienes antes de llamar en una casa para predicar.

Se esfuerza en esos recuerdos. Intenta mezclar esas imágenes de sudores con el resto: olores, ropas, los otros detalles. Con los ojos cerrados, exigiéndose en la construcción de esas imágenes, distante deja caer el vaso semivacío de vodka en el piso. El vaso estalla sobre los mosaicos.

Las salpicaduras, los pedazos brillantes y diminutos que en principio no puede distinguir si son hielo o vidrio (siempre había tenido una presunción: el vidrio era más frágil que el hielo); le traen el recuerdo de un mapa polinésico colgado en la pared de una pieza de pensión, allá por el año 79’ esos innumerables recortes de tierra muriéndose aquí y allá, hundiéndose desde siempre en un océano que los vincula y los disgrega, islitas de morondanga tiradas por cualquier lugar.

Pero cada una de esas islitas, fotografiadas en una revista, era como un paraíso en escala, piensa (esto ya lo piensa jugando con un trozo de hielo ínfimo que empuja con su anular zurdo por sobre los mosaicos; dibuja con el rastro húmedo ríos, montañas y fronteras, corrientes marinas y nuevos archipiélagos: una geografía efímera que el trapo de piso en dos o tres minutos más despejará).

Pero todo ese fue antes o después, se dice – le dice en voz alta al departamento vacío-, del nuevo trabajo, de la mudanza aquella, de las macetas y las bolsitas, de ese último verano en que nos emborrachábamos. Porque todo eso fue antes de ese verano que no salimos de vacaciones, que los chicos se fueron a lo de mi suegro, del verano en que se rajó el block del Chevrolet.

Ese último verano del que él olvida la noche en que erró de tren suburbano, terminó perdido en las calles de tierra de Cabin 9, hablando con esa pendeja, manoseándole las tetas contra un tapial, diciéndole que no tenía veinte mangos para los remedios de ninguna hermana (cosa que tampoco creía, la enfermedad o la existencia de la hermana); y escuchándola gritar como si estuviera en una ópera, gritar y gritar, y metiendo como sea la pija adentro de la bragueta otra vez, decirle que se tranquilice, y después correr, los perros que ladraban, correr y agitarse, correr y agitarse hasta Provincia Unidas.

Y ahí sí, en la avenida, recostarse contra el frente de una casa y contar el dinero, confirmar que realmente no se tenían los veinte pesos. Pero todo eso fue después, mucho después de las vacaciones en el mar, que a su vez fueron muchísimo después de que la conociera en la pensión. Ahora se mira el anular. Está goteando sangre. Qué boludo soy, le dice en voz alta al departamento vacío, no era hielo, era un vidriecito. Se arrodilla en los mosaicos y con las gotas de sangre agrega aquí y allá arrecifes carolinos en el mapa hecho de vodka, hielo derretido y vidrios rotos, ahora sangre, la Polinesia.

Ese mapa colgado en la pensión en el 79’, cuando ella le dijo: “va a tardar, pero algún día la revolución va a llegar hasta ahí también”. Eso fue pocos días antes de la noche en que descubrió que el vidrio era frágil, de la noche en que quiso mostrar su bronca pero el puñetazo excesivo rompió el vidrio de la ventana de la pieza de ella en la pensión, y por un segundo el silencio adentro de la pieza fue más silencio, y todo el que quería podía escucharlo a él putearla y putearla y putearla, empujar sin suerte la puerta y la ventana de la pieza mientras le preguntaba, gritando, con cual de los tipos amigos de ella estaba cogiendo esa vez.

El dedo deja de gotear sangre. Se levanta del piso de mosaicos y enciende el televisor. Empuja la mesita del televisor hasta el dormitorio, la pone cerca de la puerta de entrada. Vuelve al otro ambiente. Busca la botella de vodka, busca otro vaso. Con todo en la mano se acerca al modular que divide el ambiente. De un cajón saca un papel plateado. Lo abre, va hasta el cajón de los cubiertos en la alacena y vuelve con una cuchara de café. Abre el papel plateado. Está doblado en tres. Una vez abierto saca dos medias cucharas de cocaína.

Las pone sobre un plato de loza.

Va hacia el dormitorio. Lleva el control remoto del televisor en la boca, la botella y el vaso en la mano izquierda y el plato con la cocaína en la derecha. Se sienta en la cama, pone todas las cosas en la mesa de luz y se acuesta.

Busca una vieja película por los distintos canales. Cuando la encuentra le saca el volumen. Insensiblemente su mano derecha rasca allí donde, una década atrás, el tábano lo había picado, como si aún hubiera una picazón que calmar. Pero todo eso fue antes de los chicos, confirma, la vista clavada en el televisor inventando diálogos para esa película muda, antes de los niños y de las mudanzas y de las infidelidades y de que no nos excitáramos más. Todo eso fue antes, pero esto no se lo dice él, todavía no se lo sabe decir él; de esta otra picazón que sólo cura la merca y el insomnio.

Al día siguiente, a media mañana, se retirará del trabajo, con permiso médico, por cuarta vez en la quincena. Regresará al departamento vacío y dormirá hasta el anochecer.

 

RICARDO GUIAMET,

del libro homónimo,

se consigue en el stand municipal de Corrientes y Córdoba

The garden

Publicado en De Otros. el 26 de Febrero, 2008, 15:38 por lilian

no podría hacerlo otra vez,
apenas soporto la escena

en el jardín, en la lluvia leve
la joven pareja siembra
una hilera de habas, como si
nadie antes hubiera hecho algo así,
como si nunca aún se hubieran planteado y resuelto
las grandes dificultades

No pueden verse,
en la fresca suciedad, empezar
sin perspectiva,
con las lomas atrás, color verde pálido, cubiertas de flores

Ella quiere detenerse;
él quiere llegar hasta el final,
permanecer con la cosa

Mira cómo ella toca la mejilla de él
para instaurar una tregua, sus dedos
frescos de lluvia primaveral;
en el fino césped, estallidos de azafranes morados

aún aquí, incluso al comienzo del amor,
esa mano que abandona un rostro fragua
una imagen de partida

y ellos creen
que pueden ignorar
esta tristeza.

                         Louise Glück
                         (Traduc. María Negroni)               
De The wild iris

BLANCA VARELA

Publicado en De Otros. el 26 de Febrero, 2008, 13:06 por MScalona
Blanca Varela, Lima, Perú, 1926

Tal vez en primavera

                                           

                                            

Deja que pase esta sucia estación de hollín y lágrimas
hipócritas.
Hazte fuerte. Guarda miga sobre miga. Haz una fortaleza
de toda la corrupción y el dolor.
Llegado el tiempo tendrás alas y un rabo fuerte de toro o
de elefante para liquidar todas las dudas, todas las
moscas, todas las desgracias.
Baja del árbol.
Mírate en el agua. Aprende a odiarte como a ti mismo.
Eres tú. Rudo, pelado, primero en cuatro patas, luego en
dos, después en ninguna.
Arrástrate hasta el muro, escucha la música entre las
piedrecitas.
Llámalas siglos, huesos, cebollas.
Da lo mismo.
Las palabras, los nombres, no tienen importancia.
Escucha la música. Sólo la música.

                                                              

                                                              

Ricardo Guiamet

Publicado en Cuentos el 25 de Febrero, 2008, 18:38 por MScalona

Guiamet nació en Rosario en 1959

                                                                

LAS  TORTUGAS  DEL  PAVON

La fecha, aséptica sobre los titulares del Clarín, quedó en el auto, en el mamotreto de papel de 60 páginas tirado en el asiento del acompañante.-

El Escort, a su vez, también quedó atrás, estacionado entre los raquíticos árboles que no se decidían, desde hacía una década, a crecer.-

No había nadie. Él siempre había imaginado el 2000 como un mundo superpoblado, sin chances de encontrar un lugar vacío de personas. Pero ese martes, ya en el nuevo milenio (aunque en las últimas semana, el tema en la televisión era cuando comenzaba el milenio, si en el año 2000 ó el 2001), en un planeta con seis mil millones de personas, la vera de ese arroyo a treinta kilómetros de Rosario, corriendo entre campos sembrados rodeados de suburbios industriales, estaba desierta.-

Detrás de él, a unos doscientos metros, el doble puente del ferrocarril y la ruta vieja también se alzaban vacíos. Hacía más de dos décadas que una autopista unía Rosario con Buenos Aires, y la vieja ruta 9 había muerto el mismo día de la inauguración de aquella.-

El único sonido en el lugar, con la fábrica de aglomerados abandonada (un bosque de coníferas salvajizándose la rodeaba), provenía de la cascada del Pavón.-

Él se acercó. Entre las toscas, aguas arribas del salto se amontonaban envases plásticos, un barro maloliente, los restos de comida de los visitantes del fin de semana. Después del salto no: el arroyo corría entre dos paredones de diez metros cortados a pique, resguardando primero una olla con merecida fama de letal y luego el cauce ya más angosto y profundo del Arroyo Pavón hasta su muerte en el Paraná.-

Se sentó sobre la barranca, a unos cinco metros del borde, en un saliente de la tosca. Recordó la promesa.-

Su hijo, ocho años atrás, le advirtió (la ecología fashion de los 90"), que no habría más tortugas flotando en el arroyo entrando el siguiente siglo. "El primero de enero del 2000, y te digo del 2000 –aclaró él a su hijo ocho años antes- y no del 2001, vamos a venir a verlo, y vas a ver que no es así".-

Ahora, diez días más tarde de lo dicho, cumplía su parte de la promesa. Abajo veía la misma olla donde casi treinta  años atrás pescaba tortugas con sus compañeros del Parti durante un campamento de formación: seis días leyendo el Programa de Transición de Trotsky y espiando los culos de las compañeras cuando meaban entre las gramíneas.

De ese campamento hubo una foto, que quizás sobrevivía en la Casa del Mono, o entre los papeles viejos del Fatiga conservados por algún familiar: Tres tortugas, dos previsiblemente pequeñas, una desaforadamente grande, colgando de un alambre entre dos palos, una ofrenda al sol previa a la remanida sopa de gusto salobre, con reminiscencia oceánicas. Completaba la foto, junto a las tortugas, una ofrenda menos feliz, el grupo de militantes: Fatiga, el Mono, la Culito, Ernesto y Jorge. De ellos ahora quedaban un agente de bolsa, dos abogados, una psicóloga, dos amas de casa, tres obreros y dos, como la foto, desaparecidos.

Luego de ese campamento la cascada del Arroyo Pavón siguió fascinándolo, convocándolo cada tanto con su ulular de sirena cautivante. La exhibió ante sus parejas como un paraje de incierta magia, fue el lugar indicado para iniciar a su único hijo en los arcanos de la pesca.-

Se levantó. Caminó hacia el este pegado a la barranca. Pasó la punta desde donde vio al ahogado en el 78", un día después del partido entre Italia y Alemania, un tipo de camisa bordó mirando perpetuamente hacia el fondo del arroyo, como si intentara descubrir las oquedades donde hibernan las tortugas.-

Caminó despacio, agitando lo menos posible los pastos, en el mayor silencio. Dos o tres veces se detuvo por unos minutos en sitios favorables para la observación, pero las tortugas no aparecían.

Hacía siete años que no las veía, y si bien tenía más que justificado el uso de las horas en esos últimos diez días; esa siesta, conduciendo el Escort por la autopista hasta la salida a Fighiera, creyó que había demorado el encuentro con ese lugar por temor a comprobar que la profecía aciaga de su hijo, ahora era real.

Porque ahora tampoco podría decírselo a su hijo, y esa imposibilidad de demostrarle que tenía razón, lo indignaba.

Porque había algo en la muerte que indignaba, algo que rebelaba y luego resignaba y siempre terminaba con un dolor en el vientre, como con ganas reverenciales de cagar, cagarse en eso que no terminaba de ser pesadilla, que nunca un despertar propicio alcanzaba a calmar.

Lloró. No podía ser de otro modo. Lo sabía desde unos días atrás, y lo deseaba, deseaba sentir ese espasmo y ese sabor de las lágrimas, salobre como la sopa de tortuga, chorreando su boca. Lloró, no con la pasión, el  descontrol y la sinceridad de ocho años atrás, pero lo hizo.

Se quedó hasta el atardecer. Sabía que ni en pleno enero las tortugas se encaraman en las toscas de las orillas si los rayos del sol no calientan directamente sus caparazones. Supo también que no tenía, no tendría jamás, el valor de tirarse de la barranca, como unos meses antes al recordar la promesa, había imaginado. Nada que estuviera hecho con la amalgama del sacrificio podía contenerlo.

Estaba solo, desde ocho años atrás. Nada había vuelto a conmover su vida después que el auto aquel atravesara la de su hijo. Estaba tan solo como la madre del Fatiga, como los hijos del Indio, sin que la dudosa realidad de un despojo en el cementerio alcanzara a marcar una diferencia.

Era apenas otro ahogado más arrastrado por la vorágine de un arroyo que se empeñaba en tragar imágenes, memoria, gente; sus aguas siempre malolientes, siempre a medio estancar, siempre sonoras en la caída a su espalda.

Y allí las vio. Sobre una tosca, a flor de agua, semiocultas por una morada que crecía en la pared de tierra arcillosa: dos tortugas. Una pequeña, dos patas dentro del agua, el caparazón como una extensión del montículo donde permanecía. La otra no, la otra era la tortuga más grande que jamás hubiera visto, un bicho de más de cincuenta centímetros completamente fuera del agua, en la cúspide del pedregullo, una visión que un minuto después, de dos paletazos con las patas delanteras, se hundió sin ruidos en el Pavón.

Tuvo un deseo pequeño, más una obligación, de arrojarse detrás de ella, terminar con ese dolor del vientre, reparar la indignidad. Pero no lo hizo. Regresó hacia el Escort sin volver a mirar el arroyo. En la vuelta el ocaso lo enceguecería en la autopista, pero eso no le preocupó, había ganado firmemente su apuesta, volvía a su ciudad en paz: ninguno del millón trescientos mil rosarinos había alterado la vida de las tortugas del Pavón.

Aceleró en la autopista. Más atento al velocímetro que al raleado tránsito, no cejó con el acelerador hasta que la aguja tocó el 180. Frente a él se alzaba el doble puente sobre el Saladillo, el nacimiento de su ciudad. La foto de su hijo, oscilando en un baile breve en el llavero rozaba su muslo cada vez que apretaba el pedal. Él sintió el roce. Se preguntó si la aguja tocaría el 200 antes que llegara, insignificante, hasta las columnas bajo los puentes de la Avenida de Circunvalación. 

                                                                                                         

                                                      el cuento pertenece al libro POLINESIA, que obtuvo el 1º premio del concurso 2006 del Concejo Deliberante de Rosario.-

Migraciones

Publicado en General el 24 de Febrero, 2008, 22:29 por negrointenso
 

Llegó el día en que se vencía el permiso de permanencia, tenía que presentarse en el Consulado argentino y pedir una prórroga. La oficina donde le habían indicado debía dirigirse era Migraciones y ella al escuchar esa palabra se sintió un ave, un ave que había volado 14.000 kilómetros para encontrar un poco de libertad, para no morir encerrada y en una jaula. Necesitaba una excusa para permanecer en el país de los patos, la primera vez que fue a Migraciones, Amalia, una empleada argentina, evidentemente también caída en desgracia, le había indicado que si se esforzaba en aprender el idioma de los patos sería más fácil conseguir una nueva prórroga. Udo le extendió un certificado de estudios donde figuraba que Mercedes O. cursaba un nivel intensivo de idioma y firmaba él en carácter de traductor matriculado y ella esperaba que con ese papel y un trajecito impecable que había comprado en el galpón de segunda mano, que le quedaba pintado, que le daba un aspecto de persona seria y respetable, Mercedes esperaba que eso fuera suficiente para quedarse un tiempo más en el país de los patos.

Susana Thénon - ARG- 1937-1990

Publicado en De Otros. el 24 de Febrero, 2008, 18:54 por MScalona

Canto Nupcial

(título provisorio)

me he casado
me he casado conmigo
me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar
años de sufrimientos indecibles
de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo -el gran amor de mi existencia-
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme: hola ¿estoy bien?
yo me hacía negar

llegué incluso a escribirme en una lista de clavos
a los que no quería conectarme
porque daban la lata
porque me perseguían
porque me acorralaban
porque me reventaban

al final ni disimulaba yo
cuando yo me requería

me daba a entender
finamente
que me tenía podrida

y una vez dejé de llamarme
y dejé de llamarme
y pasó tanto tiempo que me extrañé
entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo?
añares
debe de hacer añares
y me llamé y atendí yo y no podía creerlo
porque aunque parezca mentira
no había cicatrizado
solo me había ido en sangre
entonces me dije: hola ¿soy yo?
soy yo, me dije, y añadí:
hace muchísimo que no sabemos nada
yo de mí ni mí de yo
¿quiero venir a casa?

sí, dije yo

y volvimos a encontrarnos
con paz

yo me sentía bien junto conmigo
igual que yo
que me sentía bien junto conmigo
y así
de un día para el otro
me casé y me casé
y estoy junto
y ni la muerte puede separarme

más Bolaño, - 2 6 6 6

Publicado en De Otros. el 24 de Febrero, 2008, 18:43 por MScalona

                                                                                                                                          

A los diecinueve años empecé a tener amantes. Mi leyenda sexual es conocida por todo México, pero las leyendas nunca son ciertas y menos que en ninguna otra parte en México. La primera vez que me acosté con un hombre fue por curiosidad. Tal como lo oye. Ni por amor ni por admiración ni por miedo, que es por lo que suelen hacerlo el resto de las mujeres. Me hubiera podido acostar por lástima, porque en el fondo aquel chavo con el que cogí por primera vez me daba lástima, pero la mera verdad es que lo hice por curiosidad. Al cabo de dos meses lo dejé y me fui con otro, un pendejo que creía que iba a hacer la revolución. México es pródigo en pendejos de este tipo. Muchachos de una estupidez supina, arrogantes, que cuando se encuentran con una Esquivel Plata pierden el sentido, se la quieren coger de inmediato, como si el acto de poseer a una mujer como yo equivaliera a tomar el Palacio de Invierno. ¡El Palacio de Invierno! ¡Ellos, que no son capaces ni de cortar el césped de la Dacha de Verano! Bueno, a ése también lo dejé pronto, ahora es un periodista con cierta reputación que cada vez que se emborracha cuenta que él fue el primer amor de mi vida. Los amantes que vinieron después los tuve porque me gustaban en la cama o porque me aburría y ellos eran ocurrentes o divertidos o tan raros, tan infinitamente raros, que sólo a mí me hacían reír. Durante una época, como usted sin duda sabrá, fui un personaje con cierto interés en la izquierda universitaria. Hasta llegué a visitar a Cuba. Después me casé, tuve a mi hijo, mi marido, que también era de izquierda, se hizo del PRI. Yo empecé a trabajar en la prensa. Los domingos iba a mi casa, quiero decir a mi antigua casa, en donde se pudría lentamente mi familia, y me dedicaba a dar vueltas por los pasillos, por el jardín, a mirar los álbumes de fotos, a leer los diarios de antepasados desconocidos, que más que diarios parecían misales, a quedarme mucho rato quieta, sentada junto al pozo de piedra que hay en el patio, sumida en un silencio expectante, fumando un cigarrillo tras otro, sin leer, sin pensar, a veces incluso sin poder recordar nada. La verdad es que me aburría. Quería hacer cosas, pero no sabía concretamente qué cosas quería hacer. Meses después me divorcié. Mi matrimonio no llegó a los dos años. Por supuesto, mi familia intentó disuadirme, me amenazaron con dejarme en la calle, dijeron, y con toda la razón del mundo, por otra parte, que era la primera Esquivel que rompía con el sagrado sacramento del matrimonio, un tío sacerdote, un viejito de unos noventa años, don Ezequiel Plata, quiso platicar conmigo, mantener unas pláticas informales informativas, pero entonces, cuando ellos menos se lo esperaban, me salió el monstruo del mando o el monstruo del liderazgo, como se dice ahora, y los puse a cada uno y a todos en conjunto en su lugar correspondiente. En una palabra: bajo estos muros me convertí en lo que soy y en lo que seré hasta que me muera. Les dije que se había acabado el tiempo de las baterías y del chingaqueditismo. Les dije que no iba a tolerar más maricones en la familia. Les dije que la fortuna y las propiedades de los Esquivel no hacían sino menguar año tras año y que a este paso mi hijo, por ejemplo, o mis nietos, si mi hijo salía a mí y no a ellos, no iban a tener dónde caerse muertos. Les dije que no quería voces discordantes mientras yo hablara. Les dije que si alguien no estaba de acuerdo con mis palabras, que se fuera, la puerta era ancha y más ancho aún era México. Les dije que a partir de esa noche relampagueante (porque, en efecto, caían relámpagos por alguna parte de la ciudad, y desde las ventanas lo veíamos) se acababan las limosnas dispendiosas a la Iglesia, que nos aseguraba el Cielo, pero que en la tierra nos estaba sangrando desde hacía más de cien años. Les dije que no me volvería a casar, pero les advertí que de mí oirían cosas aún más horribles. Les dije que se estaban muriendo y que yo no quería que se murieran. Todos empalidecieron y se quedaron boquiabiertos, pero a nadie le dio un infarto. Los Esquivel, en el fondo, somos duros. Pocos días después, lo recuerdo como si fuera ayer, volví a ver a Kelly.

" 2666" , Ed Anagrama,  Pág. 749 Y 751

BORGES por Beatriz Sarlo

Publicado en homenaje el 23 de Febrero, 2008, 8:53 por MScalona
J.L.BORGES, Argentina -1899-1986

                                                       EN  BUSCA  DE  UN  TONO

                                                                                                                                               

En el origen de la literatura está la literatura. Borges sería el maestro. Sin embargo, en el origen de muchos de sus relatos se oye la voz de quien le ha contado. Proustiano de las orillas, Borges escucha el chisme: en "La intrusa", su amigo Santiago Debove le transmite la historia escandalosa que circuló en un velorio suburbano, un sucedido que es, precisamente, modelo de oralidad.

            Borges compone con citas, pero imagina con relatos que ha escuchado o que "ha escuchado", en el sentido en que a veces los atribuye a un decir ajeno aunque él los haya inventado por completo. Lo que está claro es que la máquina Borges funciona citando discursos referidos, y necesita recuerdos propios o de otros (si son verdaderos o falsos resulta secundario, porque, ¿qué es un recuerdo verdadero?). Como en Walter Benjamín, hay algo en Borges que reconoce la primacía del gesto y la voz sobre lo escrito, porque en ella queda el rastro de lo vivido y, se sabe, Borges siente el remordimiento y el despojo de no haber estado, como su abuelo, en la batalla de Junín, ese tiempo que exigía de los hombres virtudes, como el coraje, cardinales. En el presente se decae, "el presente está solo".

            También como en Benjamín, el viaje es un impulso y una materia del relato: el viaje maravilloso de Ulises o las tolderías adonde huye Martín Fierro, el sur hacia el que se precipita Dahñmann, los más modestos traslados del narrador que encuentra historias en el Uruguay, donde Funes recuerda infinita e interrumpidamente, y donde los gauchos degollados de "El otro duelo" corren una carrera final, como gallinas sin cabeza, despavoridas. Y Borges lo cuenta porque se lo ha contado  antes Carlos Reyles. El relato enmarcado no es simplemente un procedimiento, sino una forma que genera la ficción misma.

            Incluso cuando el Martín Fierro está en el origen de varios textos borgeanos, hay que pensar de qué modo esos textos han pasado por la voz. No sólo la anotación de la poesía criolla, ni sólo el recitado de memoria de ese poema que llegó a funcionar como el libro (es decir como lugar de sabiduría y consuelo) durante décadas, las décadas de formación de Borges, en la cultura argentina. También hay que imaginar a Borges recitando el poema de José Hernández, con la hipótesis casi obvia de que un argentino nacido en el último año del siglo XIX sabía de memoria cientos de versos del Martín Fierro. La propia voz repetía la de Fierro, milagrosamente tocada por la tradición oral que escuchó Hernández. Borges copió fragmentos de esas sextinas en algunos de sus cuentos, las llamó "límpidas estrofas" y las convirtió en prosa suya. La oralidad de la gauchesca traza una curva que corta o encuentra tangencialmente la literatura más culta que se ha escrito en este país.

            Borges buscó un tono; por eso una poética se condensa en la famosa anécdota sobre el final de "La intrusa": encontrar la línea de diálogo que pudiera cerrar sin reconciliación y sin truculencia un asesinato y una competencia fraternal por una mujer. Basta hojear las obras de Borges para leer esas frases donde respira el castellano del Río de la Plata. Quizá ninguna más espléndida que la traducción del famoso "Tu también, hijo mío", que exclamó Julio César cuando su protegido Bruto le hincaba el puñal, con un "Pero, che! Que tiene toda la tristeza y la indignación del traicionado sólo si se lo dice en voz alta.

            Alguien pasa un relato, alguien  podrá escribirlo, alguien corregirá tres décadas más tarde la historia; en ese movimiento, que va de "Hombre de la esquina rosada" a "Historias de Rosendo Juárez", se muestra el origen del relato en una oralidad y, también, que ella es incierta, corregible, un borrador del relato siguiente. Durante tres décadas, Borges exploró otras formas, pero incluso allí donde un texto escrito es fundamental, como en "Tlon, Uqbar, Orbis Tertius", en el despegue de la ficción está el recuerdo de un diálogo, algo que Bioy Caseres le habría dicho a Borges. Todo comienza con la invención de esa conversación amistosa y desconfiada.

            Tanto como un libro provoca el accidente y la enfermedad de Dahlmann en "El sur" o la muerte de Baltasar Espinosa en "El Evangelio según Marcos", la aventura empieza con la transmisión de una frase. Un libro o un diálogo está para lo mismo: alejar el relato de la literatura realista que renuncia a esas medicaciones para producir el efecto de una inmediatez del mundo. En cambio, el relato enmarcado pone en primer plano al narrador y muestra la máquina de hacer historias.

            "El encuentro" es una narración de aprendizaje escrita por un hombre viejo. Por cierto, no se escriben novelas de aprendizaje a los sesenta y tantos años, la edad que tiene Borges cuando se publican los cuentos que luego forman El informe de Brodie, y eso le da una cualidad madura, casi definitiva, al recuerdo (o a la invención del recuerdo). El autor Borges está muy alejado de la infancia que evoca el narrador del cuento, nacido, como él, sobre el filo del siglo XX.

            Hacia 1910, un chico acompaña a un primo, de apellido Lafinur (como el primo del narrador mencionado en "El Aleph") a una quinta en el norte de Buenos Aires. Llegan al atardecer, para comer un asado; más tarde, dos invitados se desafían al poker y las desinteligencias en el juego terminan en un duelo a cuchillo en el cual uno de los duelistas muere. Pero, en realidad, como en 1929, infiere ese chico testigo, después de conversar con un comisario conocedor del mundo de los matreros criollos, fueron dos gauchos enemistados y ya desaparecidos, Juan Almanza y Juan Almada, quienes se trenzaron en duelo a través de los cuchillos usados esa noche. Los presentes se juramentaron para mantener en secreto la forma de aquella muerte. Después de 1929, el chico, que junto a los demás había jurado silencio, decide romper su compromiso impresionado, justamente, por la historia de esos dobles criollos.

            Importan dos cosas: la traición al juramento y la ficción de aprendizaje que precede el "relato central" de la partida de cartas, la ofensa y el duelo, aunque su centralidad se ve mellada por el enmarque que se vuelve más sugestivo y enigmático que la ya familiar historia de dobles que, a través de otros hombres, siguieron peleando después de la muerte.   

ANTES DE LA MINIPIMER

Publicado en General el 21 de Febrero, 2008, 19:05 por amanda poliester

Nollora

Mientras lee entrecortada los problemas
sencillos de la infancia
y sus dedos tiznan esta calma
en que el violín trompeta y su boca clara
abren un patio antiguo
de moscardones
y compadres abrazan las mujeres
todo viene de un lugar
tan incierto como vos
y yo
que dejé el aceite de geranio
extraño
el abrazo mojado.

Javier tiene ojos tan tristes
que sólo pudo ser violinista.

Apago el pensamiento
como a una lámpara de bajo consumo
y cubro con laca las uñas
de la oficinista.

En el jardín
de siempreverdes
busca
los rastros de ella
pero
encuentra
una piedra roja.

ENERO

Allá
en tu soledad
caen como gotas
las palabras de un año no bisiesto.

Un terreno
una parte de tierra en el mundo
que uno compra
delimita
planta un árbol
traza un plano
apila los ladrillos.

Aberturas
cortinas
y dicroicas.

Entonces
se da cuenta
de que es otro distinto
de aquel que compró el terreno
y ahora debe
edificarse a sí mismo.

EL AMOR DE ANKA II

Aliviar en él un océano índico.

para qué estoy estos tilos
de limpieza
si cuando digas algo
todo
se volverá escombros

Viernes 29 febrero en CAÑADA...

Publicado en Sugerencias. el 21 de Febrero, 2008, 18:42 por MScalona
Beto BETO FRANGI,  2º año
Desde: "Estudio Roberto Frangi" <esfrangi@arnet.com.ar> Guardar dirección | Encabezados
Para : "Scalona Marcelo" <info@scalonamarcelo.com.ar>
CC : "Sergio Ballatore" <sergio_ballatore@yahoo.com.ar>,"Gonzalo Ruzafa" <gonzaloruzafa@hotmail.com>, "Jonatan Ezequiel Santos" <jesantos@gmail.com>, "Bortnik Gabriel" <gbortnik@gmail.com>, "melisa sanchez" <mel_ramski@hotmail.com>, "tombolini, silvia" <silviatombolini@hotmail.com>, "Verba Javier" <javierverba@gmail.com>
Fecha : Thu, 21 Feb 2008 18:26:50 -0300
Asunto : Beto

Amigos, después del escrache, les digo solamente que siempre estoy con este espíritu!!! …. Bailar, tirar un caño, fumar un puro, gritar un gol …., en fin … vivir la vida y demostrar que "no sólo la alegría es brasilera"… Los quiero mucho, manga de truanes!!!! … Los espero con los brazos abiertos Beto

quedamos entonces para el viernes 29 de febrero, salir de Rosario en caravana a Cañada de Gómez tipo 19 hs, vamos a el club de Beto (Atlético Perdidos en Tokio) a comer un asado y después vemos qué ofrece la noche cañadense... POR FAVOR CONFIRMAR QUIÉNES VAN, no hay límites de grupos... eso sí, a poner el auto...

Lo prometido. Minimalistas, abstenerse...

Publicado en De Otros. el 21 de Febrero, 2008, 15:56 por MScalona
 William Shakespeare, INGLAT, 1564-1616

                                                      

Soneto 22

         El espejo no puede convencerme de ser viejo.

            Mientras vos seas joven tendremos la misma edad

            y cuando vea los surcos profundos que hace el tiempo

            pediré a la muerte que ponga fin a mis días.

            Porque toda la belleza que te cubre

            es el único ropaje de mi corazón,

            que vive en tu pecho, como vos en el mío;

            ¿cómo puedo en tal caso ser más viejo que vos…?

         Ten por ello,  mi amado, cuidado de vos mismo

            como yo bien me guardo sólo por tu bien.

            Tengo tu corazón con el mismo cuidado que usa el ama

             más tierna cuando cela a su niño.  No cuentes

con tu corazón cuando muera el mío porque vos me diste el tuyo

y yo el mío, y ya no se pueden devolver.

                 

Soneto 22

        

         My glass shall not me I am old,

            So long as youth and thou are of one date,

            But when in thee times furrows I behold,

            Then look I death my days should expiate.

            For all that beauty that doth cover thee,

            Is but seemly raiment of my Heart,

            Which in thy breast doth live, as thine in me,

            How can I then be elder than thou art?

            O therefore love be of thydelf so wary,

            As I not for myself, but for the Hill,

            Bearting thy Heart which I Hill keep so cari

             As tender nurse her babe from faring ill,

             Presume not on thy Heart when mine is slain,

            Thou gav"st me thine not to give back again.

                                                                                                                                                     

                                                                          

La traducción española es la del Instituto Cervantes de la Lengua, del Sr. Ramón Gómez Calderón, pero en una asistencia mía, del tipo traducción-interpretación, quedó como aparece arriba. Aclaro que no es una versión libre y que he leído traducciones de este soneto más cercanas a la mía.    

Artículos anteriores en Febrero del 2008

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-