"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




11 de Enero, 2008


F o n t a n a r r o s a

Publicado en De Otros. el 11 de Enero, 2008, 14:50 por MScalona

                                                                                                           

Rosario, Capital Nacional de la Potra

                                                                                                              

                                                                                                                

                                                                                                              

                                                                                                                

            Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual? Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación.

            Rosario tiene lindas minas y buen fútbol. ¿Qué más puede pretender un intelectual? Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qué vivo en Rosario. Hecho que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un millón doscientas mil personas han tomado la misma determinación.

            Lo de las mujeres, señores, es destacable. Más de una vez pensé, y hasta lo propuse, que si había que hacer una campaña publicitaria de Rosario como destino turístico, a falta de mar, picos nevados o juegos de azar, teníamos que hacer hincapié en nuestras mujeres. Considerando, además, que ya pasó aquel momento brillante de la ciudad, cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostitución y miles de turistas llegaban a la Chicago Argentina, en busca del luminoso barrio. Pichincha. Momento que, por lógicas razones cronológicas, no pude vivir, lo que me recuerda aquella frase de Woody Allen: <<Yo me perdí la Revolución Sexual por dos meses>>.

            Admito que nunca encontré una frase impactante para mi propuesta publicitaria. La fellinesca <<Rosario, la ciudad de las mujeres>> suena un tanto obvia y sin gracia. <<Rosario, Capital Nacional de la Potra>>, rotunda y aceptada rápidamente por la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia el género femenino. Buscar algo en torno a <<loba>>, nos hubiera emparentado demasiado con Roma. La idea quedó en la nada.

            Este impulso mío de resaltar la belleza de las mujeres locales se contrapone, paradójicamente, con una inquietante y reveladora teoría que estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo <<Somos todos feos>>. Allí sostengo, valientemente, que el 90 por ciento de los seres humanos nos dividimos, estéticamente, entre normales, feos y horribles. Sólo hay, lo lamento, un 10 por ciento de bellos, que son aquellos a los que se les paga por su condición de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas, desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos. No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones profundas. Sólo se les reclama que sean lindos. Cuando se generaliza diciendo <<la mujer brasileña es bellísima>> o <<el hombre argentino es muy buen mozo>>, se habla, duro es admitirlo, de un 5 por ciento de nuestros habitantes.

            Pero toda teoría tiene su excepción, mis amigos. Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) está muy, pero muy buena. Rebuena, dirían los chicos. Y aquí también arriesgo un par de explicaciones a tal fenómeno natural. Primero: la soja. Esta leguminosa  (hoy por hoy alimento estrella a nivel mundial) es la base nutricional de la mujer rosarina, la que la hace más sólida, más maciza, más protuberante y más sabia. Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la época de las lavanderas, nuestras señoras debieron descender hacia el río Paraná por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obligaba a echarse hacia atrás en busca del equilibrio, comprimiendo los glúteos, tensando los músculos del estómago y sacando pecho, para sostener, además, el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados están a la vista, mis amigos, aunque no todos al alcance de la mano. Usted no puede darse vuelta a mirar a una señora en la peatonal Córdoba porque se pierde… se pierde a la que viene de frente.

            La exaltación de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta de atractivos geográficos mayores. Seamos realistas: el Paraná boca arriba (como poetizó José Pedroni) es enorme, pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serranías, como Córdoba. Entonces, cada vez que un rosarino habla de Rosario, menciona nombres y apellidos: el <<Che>> Guevara, Alberto Olmedo, Fito Páez, Juan Carlos Baglietto, el <<Gato>> Barbieri, etc. etc.

            Por ahí va la cosa. Más que nada por el lado de la cultura. Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa desde otras latitudes: << ¿por qué en Rosario se produce un movimiento cultural tan grande?>>, suelen  preguntarme periodistas porteños, por ejemplo, que llegan a Rosario y no encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atraido por la oferta de teatro y espectáculos musicales, cuando no congresos y simposios. <<Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer>> contesto yo, medio en serio, medio en broma. Lo que no es absolutamente cierto, pero que algún viso de realidad tiene. Las ciudades turísticas no se caracterizan por generar cultura. En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energía en alquilar esquíes, elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los cuales sacarse fotos. En Mar del Plata, la energía recaerá en ofrecer barcas para pescar tiburones, organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta Mogotes. Siempre me pregunto: << ¿Cuántos escritores dio Las Vegas?>>.

            Debe darse, además, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio: <<Si de acá salió Fito –se preguntará algún pibe, como el mío, que toca el bajo- y salió Baglietto y salió Litto Nebbia… ¿Por qué no puedo salir yo?>>. Los proyectos artísticos no suenan, entonces, tan descabellados. Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista profesional. Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que han aparecido en las inferiores de Ñuls, Central o Renata Casarini.

            En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires más chica, afortunadamente más chica y con muchos menos habitantes.

            Soy lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, de manera egoísta, que no seamos millones. Nadie ha podido explicarme cuál es la ventaja de ser muchísimos, dónde radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de México, exagerando.

            Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente italiana, más tanguera que folclórica, más comerciante que colonial, que busca un perfil identificatorio a través de lo que hace y produce. Pero claro, nuestra proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella. Hablamos como los porteños, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y todo el cielo pero ignora el Monumento a la Bandera, no tenemos un cantito como los cordobeses, tucumanos o santiagueños y todo esto en ocasiones, nos acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos falta una personalidad clara y avasalladora. En verdad, nunca me desveló ese tema. <<El estilo es la insistencia>> dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar un estilo. Poco habría producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese pretendido definir mi estilo. El estilo aparecerá con el correr del lápiz. A mi juicio, la identidad, como el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad.

            Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para crear la bandera, eligió Rosario.

ROBERTO  FONTANARROSA

Inédito publicado en la antología rosarina, 70 AÑOS DE LIBRERÍA ROSS

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-