"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




24 de Diciembre, 2007


Formas de La Navidad

Publicado en relatos el 24 de Diciembre, 2007, 9:44 por MScalona
AGUIRRE (1927-1983) junto a María E. Walsh.

La  Navidad  de  Feijóo

                                       a  Marta de Aguirre

                 Cuando los vecinos de la calle Los Tilos al 1100  vieron esa mañana de diciembre una veintena de móviles  (entre policías, periodistas y curiosos) en la puerta de casa de Tesalio Feijóo,  tuvieron la certeza de que el viejo, al fin se había quitado la vida.   Si a un hombre tan extraño y acabado  como ése, venían a verlo tantos periodistas, era porque se había metido el tiro de tal manera o se había colgado de tal forma, que la foto de tapa bien valdría la venta de miles de diarios,  con perdón del mal gusto por las navidades.

           Pero no había sangre  ni dolor siquiera.  Al fin y al cabo era Navidad y no Pascua,  y Tesalio  era  agnóstico pero no nihilista.  Como Péguy,  podía faltar a misa o burlarse  de alguna sotana,  pero  siempre  daría  la vida en lugar de quitarla.  El bullicio de la multitud  era  feliz,  se veía que  el viejo Tesalio le había pegado a otra cosa que no era ni su cabeza ni su pescuezo.   Y  por fin se supo:    le había pegado  en la frente  al Gordo de Navidad, cuatro millones con el  20147. 

               Lo que no se sabía  es qué haría  aquel  viejo asilador de gatos con la fortuna. Para saberlo, estaban todos esperando que saliera  al balconcito con glicinas.  El rumor era aclamativo: los periodistas aguardaban  eufóricos con los flashes listos,  el instante  en que  ese mortal convertido en semidiós  por la lotería dijese:  qué casa, qué auto o qué viaje  iba a comprar primero.

---¿  Qué  va a hacer con tanto dinero, Sr. Feijóo…  ?

         Se lo iban a preguntar tantas veces que el viejo ladino mientras se afeitaba, hizo una larga lista de respuestas posibles. Pensaba ir alternando unas y otras para cada medio.

 ---¿ Qué va a hacer con tanto dinero, Sr. Feijóo… ?

 -- Voy  a comprar  una enema nueva,  la vi en oferta en la ferretería de Aldasoro. Yo tengo una vieja que está  pinchada  y no da más... Después me voy a ir a Suiza,  a una clínica de descanso donde  rectifican estiramientos  de esfínteres.  Y cuando vuelva, quiero ser Presidente, para acabar con la corrupción...

 

        Pero no,  aunque podían esperarse estas maldades del viejo, no dijo ninguna de esas cosas. Fue peor.  Salió al balcón  con la barbilla enjabonada  y  la  navaja en la mano.  No esperó la pregunta y señalando con  el arma a las cámaras,  como  si fuese una batuta  le dijo a todos los  argentinos, que usaría el dinero del  premio para editar las obras completas del poeta Raúl Gustavo Aguirre.

                                                                                       

-- ¿ Qué cosa...? --murmullos. 

-- ¿ Y el resto ? -preguntó  un cronista-.  Una edición de lujo,  digamos… hasta diez mil ejemplares, costará. máximo cincuenta lucas... ¿ Y el resto...?

-- Nada señores... No habrá resto.  La edición de Aguirre será  infinita,  en diez idiomas,  en rústica, en lujo, en miniprints, en película.  Cuatro millones de dólares en Raúl Gustavo Aguirre.  Le haré prensa,  reportajes,  afiches,  biografías,  talleres.  Pagaré la creación de las cátedras "Raúl Gustavo Aguirre".  Financiaré dos  concursos de poesía,  uno que se llame  "estado de alarma"  y otro, "estado de gracia".  Crearé una fundación para  rescatar hombres de lenta obsesión  y que los rescatados sean los encargados de  ver en la noche la estrella fugaz.  Y concluyó:  -- Ya  ven, no va a quedar nada de los cuatro palos. Ni siquiera van a alcanzar  -- y se metió para adentro sin molestarse  en cerrar las  persianas.  Se oyó levantar el volumen  de un Stabat Mater de Dvórak y nada más.

         Empezaron toda clase de comentarios. Los vecinos confirmaban  con anécdotas  las irreverencias de Feijóo, que solía ir a las ferreterías del barrio a comprar enemas nuevas, picanas eléctricas  o bisturíes para cirugías de esfínteres.

        Uno porfiaba que en lugar de Aguirre,  había dicho Ferrari...Que había querido decir que invertiría toda la guita en autos Ferrari.  Otro  preguntaba  si había dicho  algo de viajar a Saint Thomas.  Una mujer quiso saber si iría a vivir a un country o a un petit hotel de Recoleta.

       Los periodistas quisieron saber si el viejo tenía mujer o hijos.  Nada, ni  herederos, ni beneficencia.  Entonces, lo único que quedaba, era  saber quién era Aguirre.  Para esa tarde,  los pocos libros del poeta se habían agotado en todas las librerías.   La gente  buscando,  había  destripado  los anaqueles de viejo de la calle Corrientes.  No quedaron ni fotocopias de los poemas de Aguirre. Se vendió todo: conferencias, estudios, poesías. Hasta aquellas hojas sueltas de Poesía Buenos Aires o unas de Leda que editara en los 70 la municipalidad de Rosario.  Pero había tan poco de él, que esa misma tarde,  las editoriales más grandes salieron a la caza de  originales y de Marta, la mujer del poeta que aún vivía en Olivos.  Para la noche de ese mismo día, ya hubo un contrato de edición de las obras completas de Aguirre.   A la mañana siguiente,  llovieron pedidos  de Aguirre de  todas las librerías argentinas. 

          Y para entonces, ya se sabía que Feijóo había mentido. Que no había ganado  la lotería,  que ni siquiera había sacado un ambo  en  la quiniela.  Entonces,  los periodistas,  los vecinos  y la policía  volvieron al balcón del viejo, pero él  no salió a recibirlos.   Estaba en el fondo  de  la casa,  a la sombra, tomando mates y  afilando  la  navaja,  aunque  no pensaba  afeitarse. 

           Satisfecho,  hizo  cuentas  de sus ahorros  y supo que le alcanzarían para comprar  las obras completas de Aguirre.   Al día  siguiente era  Navidad  y  él  estaba, por fin,   en estado de  gracia.

 

                                                                  Marcelo   E.  Scalona      

Tesalio Feijóo es el protagonista de mi novela El Camino del Otoño  (Ed. Corregidor 1995),

pero este cuento está en El Altillo de mis Oficios (Ed. Corregidor, 1998)                                               

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-