"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




19 de Diciembre, 2007


Oferta NAVIDEÑA - Libros de Vero Laurino

Publicado en Sugerencias. el 19 de Diciembre, 2007, 14:45 por MScalona


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Layla... no se entiende el menú...

Publicado en Aguafuerte el 19 de Diciembre, 2007, 1:19 por MScalona

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Layla es la moza del Bar del Mar.

Pedimos nachos, un agua y las cartas.

Ella pide gancho... aunque sea un agua, dice

lo tiene que anotar. No recuerda nada.

Ni siquiera recuerda traer el anotador.

Inevitable no evocar a Lisa Kudrow,

la moza de Mad about you.

Cada voz nuestra, Layla hace un eco:

hielo-hielo, tallarín-tallarín, Santa Julia-Julia 

pero ni rezando vendrá pronto con nada.

Al rato vuelve con una comisura de chocolate

y recomienda la mouse

de su boca impúdica y llena

mientras equivoca cubiertos.

Malbec es Merlot, ¿tintos son los negros, no...? 

y Fabricio es Mauricio en su diccionario

de chica estudiante de teatro

yohagoestoperosoyactriz...

Otra noche de los 4 Magníficos

por la bondad de las mujeres.

Una noche al año salimos

de caza rentada en el coto de la ciudad virgen

y aunque acabemos pagando, es como

pedir limosnas por un par de piernas.

La bondad de las mujeres

ahora son 80 pesos 20 minutos.

Ya no quedan lácteos en las góndolas.

Layla es bonita pero no tiene memoria.

-Yo le meto un giga, dice Fabri, con el disco duro.

Ella vuelve sin servilletas,

sin la cuchara, sin el pan,

pero es tan bonita... tan leve

y vuelve... vuelve... no se queja

el que no tiene cabeza tiene pies, dice.

Parece no tener conciencia de nada.

Y sin embargo no parece tonta

más bien, las cosas le resbalan

como la mouse por las comisuras.

Luego aparece masticando unos calamares

y pide disculpas, a boca llena:

abre el vino hundiendo el corcho

en el fondo de un día áspero de tribunales.

¿De qué mesa viene la fragancia pino sándalo?

No se entiende el menú del Mar

pero la salsa abunda. Suenan los Redondos,

alguien repite frases de Symms

y pasan a saludarnos los parroquianos

del inventario, Dani y el almogávar.

Como las valijas de Wilson, de Evo,

de George, de Néstor, de Amira.

Mundo Sansonite...

¡Tampoco vas a creerle a Bush...!

25 años a Nicolaides, familia cianuro

y Víctor que no vuelve:

ya pasaron cinco días.

Era la luz del tren lo que vió

al final del túnel.

Y esa abuelita de Wheelwright

partiéndole el cráneo a la nieta

llorando en cámara

el cadáver irreconocible en la banquina de Pérez.

300 metros de piernas, brazos y manubrios.

¿Qué piensa el chofer que se da a la fuga?

¿La bici era una Graciela -dice el milico-?

Ponen todo en una bolsa.

Habrá que esperar a Wilson

y dos turnos, dice Miguelito:

Las Vegas está a tope un 18 de diciembre.

Despedidas de año, de soltero,

de mí,de otro cumpleaños.

No puedo con putas.

No puedo. Siempre le busco el pelo a la concha:

que mal aliento, que el Sida,

que no se me para sin caricias,

que estoy muy borracho,

que ya son los 20 minutos...

Rubiecita falsa le dice al Nico:

- Usté dígame señor, si así está bien... si le molestan

los dientes. Parece que no tuviera. Chupa la salsa,

Como un guiso, una ensalada, la piba es misionera

abunda el relleno, el salpicón, la salsa...

pero la carne

                no aparece.

                                                                                      

                            

                                                                              

                      

                       MARCELO  SCALONA

                                                                                                                                  

                          a  Nico,  Migue  y  Fabri

Pintado hacia atrás...

Publicado en De Otros. el 19 de Diciembre, 2007, 0:59 por MScalona

Las palmeras, por ejemplo.

            Inevitables en los afiches de turismo, pueden convocar por sí solas un cielo más deslumbrante que cualquier alianza de azul y amarillo disponible en la imprenta: en la leve inclinación de sus troncos se delata la piadosa brisa vespertina; mejor que cualquier coreografía, el indolente mecerse de sus hojas sugiere el paso despreocupado de cuerpos bronceados junto al mar.

            No tienen sentido, desde luego, si no están valorizadas como objetos de deseo desde el paisaje industrial de ciudades templadas. Toda sociedad sueña su Apocalipsis, y el sol es ese círculo indefinido de amarillo pegajoso entre verdes y naranjas químicos, impreso en papel y pegado en las paredes del subterráneo de Estocolmo. Es accesible, también: en Estambul o Túnez, en Iberia o Creta, con personal de hotel que habla sueco y tarifas reducidas de ida y vuelta, la vacación misma resumida en ese violento estallido de luz impresa, en las cifras que deletrean, negro sobre blanco, su precio para los internados de un welfare state.

            Se trata de palmeras domadas, evidentemente. Pueden estar en oasis irreprochables, proyectar sombras crecientes sobre una arena que guarda el calor del día, pero cualquier comercio carnal asociado a su imagen ha sido traducido en términos de un intercambio diferido: divisas fuertes y economía subdesarrollada ponen en escena una ceremonia de violación cuya única posibilidad de gozo depende de una voluntaria suspensión de credulidad en la Némesis histórica. Aunque no hayan sido transplantadas, están tan exiliadas como las palmeras simbólicas de la Croisette, que guardan cintas de arena traída desde otra naturaleza y descargada por camiones frente al mar.

            Tal vez sea la costosa vecindad de boutiques y hoteles, casinos y festivales de cine lo que las mantiene vivas. ( Su taquigrafía son esas palmeras enanas, enmaletadas, huérfanas del trópico conciso que alguna vez proyectaron; florecen súbitamente, como flores de papel japonesas en un vaso de agua, para proponer deshidratados jardines de invierno, fantasmales salones para el desayuno: el glamour acallado, si no obsoleto, de nombres como Ritz o Maxim"s.) Si se las extirpara de esa segunda naturaleza, la que el dinero puede pagar, se pudrirían o se petrificarían. Como esos troncos pesados, callosos, amarillentos, que en la Plaza de Mayo enfrentan a una casa de gobierno pintada de color rosado, o sus facsímiles en el verdor duplicado de los lagos de Palermo: sí, las palmeras de Buenos Aires son las más tristes. Más cercanas al paisaje real, por lo menos que las de Londres o Frankfurt, son una errata: no ilustran el trópico, el ocio abigarrado de Bahía o la fascinación políglota, epiceno, de colonias como Macao o Suraby; como los habitantes de la ciudad, con su industriosidad de zombies, pertenecen a una tierra de nadie poblada por identidades desplazadas,  a un reino de vudú urbano.

            Quizá porque siempre parecieron estar en lugar de otra cosa, y para otros, me agradan más las palmeras desafiantemente bidimensionales, en blanco y negro; sobre todo cuando parpadean en un fondo proyectado detrás de la chica del cabaret y de su amigo marinero durante el paseo dominical. Hemos aprendido que no puede haber exotismo en la naturaleza si no se apoya en un erotismo social o cultural, y es el perfume de la piña, que están cortando en cuatro mientras busco unos cruzeiros en mi traje de baño mojado, lo que me devuelve Ipanema, así como es la trabajosa mecanografía de esta oración, mirando filas de ventanas ciegas desde mi propia ventana mirando al sur, lo que me confirma París.

                                                                                      

                                                                                      

                                                                                      

                                                                                      

 EDGARDO COZARINSKY.  Vudú Urbano. EMECÉ-

 EDGARDO COZARINSKY.  Vudú Urbano. EMECÉ-

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-