"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




6 de Diciembre, 2007


¡ F i e s t a a a a a...!!!!!!!!!!

Publicado en General el 6 de Diciembre, 2007, 7:57 por MScalona

 

love is in their (4)

© foto: nico f.Afoto: nico f.ll rights rd.

Uad

los poetas y sus sonrisas
CASA DE LA POESÍA20 HS. LECTURAS

21 HS.    BRINDIS-ENTREMESES

22 HS.     F I E S T A A A A A...... los esperamos...

Hoy es nuestra fiesta fin de curso 2007

Hoy    

© All rights re

varios-22

          maripau, omar y bianca 

fiesta fin de taller 2007

en el aire hay bailongo,

en los tachos 100 porrones,

y aunque leeremos borradores

será noche de gran bonete...

                                                                                                      

Ni el  GRAN RUBÉN lo diría mejor...

entrevista Houellcq... 2º parte

Publicado en General el 6 de Diciembre, 2007, 7:52 por MScalona

-Hablamos de religión, en Plataforma usted se burla de la existencia del reino de los cielos.

            -¿Y qué otra cosa puede hacer? ¿Tomárselo en serio?

            -Pero, entonces, ¿por qué afirma que una de las personas que más lo irritan es el filósofo ateo Michel Onfray? Finalmente, no hay mucha diferencia entre ustedes dos.

            -¡Desde luego que la hay! Onfray no tiene ni una décima parte de mi talento. Es un ignorante verborrágico. Los hombres no esperaron a Onfray para saber que Dios no existe.

            -Le recuerdo que usted está por visitar un continente donde más del 90 por ciento de la gente es creyente.

            -Pues, se equivocan.

            Las amenazas y la presión desatadas por sus afirmaciones sobre el Islam consiguieron que Marie- Pierre, su segunda mujer, decidiera abandonarlo. Profundamente afectado, Houellebecq se fue de Francia “a tomar aire por un tiempo”.

            Esa ausencia terminó siendo permanente. Desde entonces, Houellebecq reside alternativamente en Irlanda y en España, donde escribió su cuarta y última novela, La posibilidad de una isla.

            -¿Por qué vivió tanto tiempo en España?

            -Tengo tendencia a instalarme en el sitio en que escribo mis libros. La trama de La posibilidad de una isla se desarrolla en la isla canaria de Lanzarote, aunque yo vivía en Andalucía.

            Como sus otros libros, esa novela despertó mucho revuelo. También en este caso, su protagonista es un héroe antipático, falócrata y desencantado. Como de costumbre, es difícil saber si el Daniel de la ficción piensa como Houellebecq o es Houellebecq que piensa como el personaje del libro. La novedad en esta última novela son las sectas.

            ¿Por qué? Porque para el autor las iglesias monoteístas –que, dice, agonizan- están siendo reemplazadas por raelianos y cienciologistas de todo tipo.

            En La posibilidad de una isla, Daniel 1, un humorista políticamente incorrecto, lector de Balzac y realizador de filmes improbables, termina en el seno de los “elohimitas”, una secta que “venera a unas criaturas extraterrestres, responsables de la creación de la humanidad”. Paralelamente, Daniel 24, clon del clon del clon de Daniel, especie de neo-humano que vive en el futuro, sin deseos ni pasión, ve a los últimos hombres sobrevivir en un estado cercano al salvajismo.

            -¿Usted cree realmente que la vida es tan terrible?

            -Creo que, en la actualidad, los hombres no sirven para nada, excepto para preservar la especie.

            -Pero, entonces, ¿en qué categoría coloca usted la creación? ¿Qué es escribir, hacer música, dirigir una película, como acaba de hacerlo usted?

            -No sé. Quizás haya en todo eso una dimensión sensual o lúdica.

            -Por otra parte, se puede decir que en sus libros da una importancia particular al amor. Hay una frase interesante de un protagonista de una de sus historias que podría ser suya, según la cual, el amor puede resolver los problemas espirituales. “Saber amar es una sabiduría superior”.

            -No me acuerdo, pero se me parece mucho. En mis libros, los personajes capaces de amar suelen ser bastante bien tratados…

            Para la salida de ese libro, el autor abandonó a su editor y firmó un contrato sin precedentes de 2,2 millones de dólares con Fayard, que incluyó los derechos de un filme que acaba de realizar él mismo. En el sofisticado mundo de la edición francesa, el gesto de Houellebecq fue comparado con un “vulgar pase futbolístico”. El escándalo sirvió para colgarle definitivamente la etiqueta de voraz “marketinero” y para hacerle perder un codiciado Goncourt que ese año, más que nuca, parecía estarle destinado.

            La atribución de ese premio a Francois Weyergans fue un golpe duro. Sobre todo porque Houellebecq está convencido de que La posibilidad de una isla es, sin duda, su mejor novela.

            “Creo que es el mejor de mis libros porque es la síntesis de todo lo que he hecho hasta ahora. La tercera parte de esa novela es realmente novedosa. Esa parte permite adivinar la dirección que tomaré a partir de ahora: es casi seguro que, de aquí en más, evolucionaré fuera del mundo”, afirma.

            -Hablando del mundo. En ese libro escribió que “el mundo es de tamaño medio”. ¿Qué quiere decir eso?

            -No lo sé. Pero es una linda expresión. Creo que nunca hay que perder de vista la dimensión estética de la escritura.

            -¿Aunque lo que uno escribe no quiera decir nada?

            -Tal vez.

            -Usted también suele afirmar que la literatura es el único arte conceptual.

            -¿Y usted no lo cree?

            -En realidad imagino que debe de haber muchos plásticos o cineastas que no estarán muy de acuerdo.

            -Me da igual.

            -Hay otra frase suya que es muy interesante: “Aprender a ser poeta es desaprender a vivir”.

            -Es verdad. También pienso que la poesía es más importante que la prosa. Porque se acerca mucho más a la categoría platónica de la belleza.

            En plena celebridad, un día se le ocurrió consagrarse a la música. En 2000 sacó un primer álbum como cantante de rap, Presencia humana, una experiencia que quedó grabada en la memoria de sus colaboradores como una auténtica pesadilla.

            “En las giras desaparecía, se quedaba varado en alguna parte de las autopistas, deprimido, y había que reembolsar a los organizadores de los conciertos. Si llegaba, se olvidaba de cantar cuando comenzaba la música”, recuerda el compositor y ex amigo Bertrand Burgalat. Caprichoso, Houellebecq ponía cara de niño abandonado y reclamaba constantemente sumas de dinero que no figuraban en los contratos.

            “Yo, que lo conocí en la época en que publicó Ampliación del campo de batalla, tuve la sensación de que, con el éxito de Partículas comenzó a comportarse como si estuviese infantilizado por su entorno”, confesó Burgalat.

            Por la noche, después de los conciertos, Houellebecq hacía su propio casting para el cortometraje erótico-sáfico La Riviére, que dirigió poco tiempo después.

            Para algunos, la vida sexual del escritor no tendría nada que envidiarle al marqués de Sade. Houellebecq tendría una líbido cercana a la patología, presente en toda su obra artística. Otros críticos lo comparan con Howard-Phillips Lovecraft y con Louis-Ferdinad Céline.

            “Teniendo en cuenta que el 99 por ciento de la población del planeta padece de neurosis sexual, Michel es exactamente como todo el mundo”, afirma su amigo el escritor Philippe Sollers.

            Para otros no es tan así.

            “Su marketing de la abyección es deliberado. Yo creo que, en el fondo, Houellebecq es realmente racista y misógino”, replica Eric Naulleau, autor del libro Socorro, Houellebecq regresa.

            Avaro, pesimista, desesperado, cómico, esquizofrénico, alcohólico y fumador compulsivo. Siempre lleva un cigarrillo encendido, que porta –con gesto extravagante- entre el anular y el mayor. Pero, ¿quién es finalmente ese hombre que, a juzgar por su éxito, muchos no dudan en calificar de “Harry Potter francés”?

            Como nadie es profeta en su tierra, la pregunta parece ser mucho más pertinente en el extranjero que en su propio país. A fines de octubre, la Universidad de Ámsterdam organizó el tercer coloquio internacional sobre “El mundo de Michel Houellebecq”. Al término de diez horas de debates y ponencias, los especialistas llegados de todo el planeta parecieron estar de acuerdo en que “al establecer pasarela sexuales sobre las ideologías derrumbadas, Houellebecq permitió a una generación posar una mirada menos catastrófica sobre un futuro posmoderno francamente poco atractivo”.

            En 2006, los universitarios reunidos en Edimburgo también disecaron su obra con ahínco de entomólogos. Un eminente profesor de Cambridge examinó con minucia “las peregrinaciones privadas de Houellebecq en los clubes échangistes de París y de Cap d’Agde”.

            En todos esos coloquios, un dilema vuelve como un boomerang: ¿Houellebecq cree en lo que escribe?

            Cada vez que le hacen esa pregunta, el escritor se muestra evasivo: “Mi obra no es autobiográfica”, repite. Eso no impide que su descripción literaria del hombre coincida con su convicción personal de que la humanidad no tiene futuro.

            Más que reaccionario, como lo califican muchos, Michel Houellebecq es definitivamente un pesimista en el más puro concepto de Schopenhauer. Es brillante y mucho más infeliz que sus lectores. A estas alturas, hasta ha dejado de creer que la clonación salvará al mundo, como lo afirmaba en Las partículas elementales.

            En el fondo, a su juicio, sólo los perros valen la pena. Desde que se separó de su segunda mujer, su corgiClément- se ha convertido en el personaje central de su vida afectiva y hasta literaria: “La bondad, la compasión, la fidelidad, el altruismo permanece cerca nuestro como misterios impenetrables, contenidos sin embargo en el espacio limitado del envoltorio corporal de un perro”, le hace decir a Daniel en La posibilidad de una isla, refiriéndose a su propio perro, Fox.

            -¿Usted se da cuenta de que esta entrevista ha sido difícil?

            -Probablemente.

            -Daría la sensación de que hablar con la prensa le provoca una fatiga existencial.

            -No solo con la prensa…

            -¿Con quién más?

            -Con todos. Con el tiempo me he transformado en un auténtico misántropo.

 

           

           

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-