"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




1 de Diciembre, 2007


Levantar ciudades, fragmento

Publicado en De Otros. el 1 de Diciembre, 2007, 15:30 por Lauisaia

Era una ciudad. No era sórdida, no era oscura, pero el tiempo se había detenido allí, o el tiempo, como en las cajas de música cerradas, no había empezado a transcurrir.

Mi portera - su casa pegada a la mía, separadas por un pequeño patio rectangular - amenazaba de tanto en tanto con entrar a poner orden y limpiar. Pero no traspasaba la puerta de entrada. Normalmente, por las mañanas, se dedicaba a golpearme la puerta. No eran dos golpes, ni tres. Era algo distinto, una descarga de ametralladora, golpes rápidos y sucesivos hasta que terminaba saltando de la cama y tropezando con revistas, diarios, papeles, cajas, envases, libros, casetes y al fin me encontraba con ella - porte altivo, peinado de peluquería al spray-, que sabía que sólo podía estar durmiendo, extendiéndome un sobre cuyo remitente ya había examinado.

Mi padre me enviaba cartas breves y puntuales, con su caligrafía enérgica y elegante: en el día de la fecha te hago efectiva la transferencia a través de mi banco. Espero que estés bien. Y en general un aparte refiriéndose a que hacía mucho que no le escribía una carta a mi madre.

Eran cartas que llegaban en forma regular, exactamente una vez al mes, y que amontonaba una encima de la otra en un rincón de papeles. Allí había cartas de mi madre, cartas de alguna compañera de escuela que quería saber cómo estaba, cartas de la prima Bibi, telegramas de cumpleaños, invitaciones a casamientos a los que ni se me habría ocurrido asistir. Y encima de todo, una carta curiosa, que tampoco me dignaba a contestar, cuando estaba claro que la carta pedía - como todas las otras- una respuesta. Pero cuando se han amontonado en un rincón tantas cartas sin contestar y muchas de ellas sin abrir lo que se amontona allí es una pirámide de silencio, y el silencio es una construcción mucho más sólida que los gritos o las palabras. Cuando se ha hecho silencio - no lo sabía entonces, porque vivía en el silencio -, será difícil, llevará tiempo, llevarán años salir de ese silencio amurallado, piedra sobre piedra, carta sobre carta, dentro de cuatro paredes de una casa cuadrada en planta baja, con un pequeño patio rectangular.

Lilian Neuman, Finalista Premio Nadal 1999

Esos días en que la soledad ronda lámparas apagadas

Publicado en General el 1 de Diciembre, 2007, 15:13 por Lorena Aguado

Tengo la costumbre de imaginarnos mejor de lo que éramos. De poner más amor ahí, en el pretérito de nosotros; de agregarle noches a la cama, de inventarte un piel hidratada.
Te quito color en los ojos, te alargo las pestañas, y le sumo minutos a los besos.
Pienso que dijiste más cosas, que sonreíste muchas veces y que el café que preparabas era demasiado fuerte.
Altero tanto los recuerdos, que te extraño.
Supongo que es normal, dadas las circunstancias del tiempo.
Me dicen que esperás que vuelva.
¿Cómo volver a un lugar que no existe?

LA VUELTA

Publicado en relatos el 1 de Diciembre, 2007, 12:11 por Beto Frangi

LA VUELTA

 

                                   

                                  

         Pasada las seis y media de la tarde, el dueño del bar de la esquina cantora, decidió sacar las mesas y las sillas a la vereda. Hacía demasiado calor adentro del boliche.

         Los animadores de siempre comenzaban a llegar. Unos en bicicleta, otros a pie o en auto. Las ruedas de amigos parecían aceitarse cada vez más en licor o cervezas frías y poco a poco, se consolidaba la música de las cáscaras rotas de los maníes tostados.

         Los alguaciles volaban de a montones y los cascarudos aparecían por el piso, lentos como Kaisers Carabelas. De pronto, todos vieron con asombro como un rayo nervioso, le pegó un latigazo seco al culo desnudo y fofo de las nubes negras. Hubo un quejido grave y las primeras gotas no tardaron en caer. El traslado de los parroquianos al interior del boliche fue inevitable.

         El anuncio del cierre de la carnicería y de la faena clandestina, alentó la morosa algarabía que en algún momento se silenció ante el desgarro de un trueno, mientras el viento parecía empeñado en barrer las pegajosas babas de las lenguas cortadas y el aguacero lavaba los charcos de sangre inútil.

          Por fin no habría más carne colgada en los ganchos de acero. Por fin no habría más ruidos en las noches y ya dejarían de espiar tras las hendijas.

         Algunas que otras copas se alzaron tímidas por la ilusión que florecía. Hubo abrazos y también risas y llantos. Lo normal en un bar de una esquina cantora.

 

 

ROBERTO  FRANGI

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-