"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




22 de Noviembre, 2007


South of border... Haruki

Publicado en De Otros. el 22 de Noviembre, 2007, 18:42 por MScalona


No cabía duda de que era una niña precoz y de que se sentía atraída por mí como representante del sexo opuesto. Y yo, por mi parte, también me sentía atraído por ella, pero no sabía que hacer con mis sentimientos. Tal vez tampoco Shimamoto lo supiera. Me tomó de la mano una sola vez. Fue un día que me llevaba a algún sitio, y el gesto decía: <<Rápido, es por aquí>>. Nuestras manos permanecieron unidas como mucho diez segundos, pero a mí me parecieron treinta minutos. Y cuando me soltó, deseé que el contacto no se hubiera interrumpido. Yo lo sabía, sabía que ella me había cogido la mano de una manera espontánea, pero que, en realidad, lo había hecho porque deseaba hacerlo. Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a cualquier otro que haya experimentado después. Era simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó. Me enseñó que en el mundo real existía un lugar como aquél. Durante diez segundos tuve la sensación de haberme convertido en un pajarillo perfecto. Surcaba el aire, sentía el viento. Desde las alturas, podía ver paisajes lejanos. Tan remotos que no era capaz de vislumbrar con claridad lo que había. Pero supe que existían. Y que algún día iba a visitarlos. Esa certeza me dejó sin aliento, me hizo estremecer.

            Al regresar a casa, me senté ante la mesa de mi habitación y mantuve largo rato los ojos clavados en la mano que Shimamoto había sostenido. Me sentía lleno de felicidad. Aquel dulce tacto me caldeó el corazón durante muchos días. Pero, al mismo tiempo, me turbó, me confundió, me angustió. ¿Qué diablos tenía que hacer con aquella felicidad? ¿Hacia dónde debía conducirla?

                                                           * * * * * * * * * * * *

            A la tercera cita, la besé. Aquel día, ella había venido a casa. Mi madre dijo que se iba de compras y se marchó. Nos quedamos solos. Cuando me acerqué y puse mis labios sobre los suyos, ella cerró los ojos en silencio. Tenía una docena de excusas preparadas por si se enfadaba o apartaba la cara, pero no hubo necesidad de usarlas. Con los labios pegados, la rodeé con un brazo y la atraje hacia mí. Estábamos a finales de verano y ella llevaba un vestido de algodón a rayas azules y blancas. Un lazo anudado a la cinta le colgaba por detrás, como una cola. Mi mano tocó el cierre metálico del sujetador en su espalda. Sentía su aliento en mi cuello. El corazón me empezó a latir desacompasadamente, como si fuera a salírseme del pecho. Mi pene, duro, a punto de reventar, se le clavaba en el muslo y ella se apartó un poco. Pero eso fue todo. La situación no pareció chocarle ni desagradarle. Permanecimos abrazados, inmóviles, en el sofá de la sala de estar de casa; con el gato, echado sobre una silla, como único testigo. Cuando nos abrazamos, alzó los ojos y nos dirigió una mirada rápida, pero se desperezó en silencio y se durmió. Le acaricié el pelo a Izumi, posé los labios sobre sus pequeñas orejas. Pensé que algo tendría que decirle, pero no se me ocurría ni una sola palabra. A duras penas podía respirar. Le cogí la mano y la besé otra vez. Durante largo rato no dijimos nada, ni ella ni yo.

 AL SUR DE LA FRONTERA...  p.  25-26  -  33-34

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La planta

Publicado en Nuestra Letra. el 22 de Noviembre, 2007, 12:12 por Saty

“Lo único que les pido es que no me corten esas flores”. Las dos se miraron y él convencido de que había sido un poco imperativo, agregó: “es que tienen su historia”. Un tutor envuelto de verde y con un par de flores color rosa. Parecía poca cosa. No cambiaría nada si alguna arrancaba alguna, tal vez él ni se daría cuenta, pero ni siquiera lo intentaron. Se quedaron mirando la planta que subía recostada en la escalera, buscando descubrir en el cielo algo de esa historia.

Las macetas, una en cada escalón, también invitaban a subir con la mirada.

No aguantó más y preguntó: ¿Qué historia? ¿Romántica?

No…sentimental. Me la regaló un amigo, era de su madre, que ahora ya no está. Y como floreció, quiero regalárselas a él.

Las mujeres quedaron sin habla. No había palabras para tal demostración de afecto.

Y volvieron a mirar hacia arriba, hacia el cielo. Era lógico.

Como también era lógico el silencio, cualquier cosa hubiera sido una violación a los recuerdos.

 

Y entonces, no sé por qué, me acordé que nunca pude escribir nada de vos, ni siquiera lo intenté. No porque no hubiera nada por contar. Quizás, como una manera de guardarte para mí sola.

 

Tampoco nunca te llevo flores al cementerio. Y no porque no me acuerde, es que no tengo ganas. No me gusta eso de limpiar la jardinera, tirar los papeles en el cesto, colocar ordenadamente los claveles y sentarme a mirar el muro de granito gris.

Alguna vez lo hice. Me dejé llevar por el qué dirán de la gente del pueblo. Tuve temor que alguno pensara que no me importabas.

Recuerdo que era un día gris y lloviznaba. Compré un ramito a la entrada y empecé a andar por ese camino interminable, afortunadamente el viento secaba mis lágrimas, porque no había llevado pañuelo.

Después del rito de colocar las flores, me senté a mirar. Pero no sentí que estabas ahí. Te juro que lo intenté, pero no pude. Y no fui más.

 

A veces sí, miro tu foto. Limpio meticulosamente el portarretrato para que nada empañe tu sonrisa, le saco brillo al marco de plata, vuelvo a colocarlo junto a las otras fotos y me doy por satisfecha. Como si de esa forma lograra borrar la melancolía que me invade cada vez que pienso en vos.

 

Casi no te menciono tampoco. Aunque la gente te recuerda mucho.

Siempre que me encuentro con algún conocido tuyo y empieza a hablarme, yo hago como que lo escucho, para no pasar por maleducada, pero en realidad trato de pensar en otra cosa. Hasta que se despide con un “Qué gran persona que era” y yo respondo que sí como una autómata.

Me enferma. Y aunque hace rato que no estás, me sigue molestando.

Invaden con sus comentarios nuestra intimidad y eso no lo soporto.

 

Me hubiera gustado que alguien tuviera una planta tuya y que florecieras en ella cada primavera. Pero nunca regalé ninguna.

Será por eso que me cuesta escribir sobre vos. Será por eso, tal vez, que mis dedos no pueden apretar las teclas que debiera y solamente intentan deslizar una caricia sobre tu rostro en el portarretrato del comedor.

 

1º año empezó a despedir el 2007

Publicado en General el 22 de Noviembre, 2007, 8:21 por MScalona


MABY, con su medalla de maratonista, trajo dos Chandon Rosé; Iberia apenas se asoma

por la izquierda. Alejandro no se ve, porque en el momento de la foto estaba levantando

el biombo que tiró Jorgelina. Nano ya se había ido, a seguir luchando contra la democracia.

Sergio ayer no vino. Los demás estamos todos... happy together...

A Beto le dura la euforia de Amsterdam...

¿Quién dice que Borges  -eso leímos anoche- es tristeeee...?

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-