"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




LUZ AMARILLA

Publicado en Cuentos el 19 de Noviembre, 2007, 13:11 por MScalona

Esteban está a punto de quedarse sin gasoil. Un argentino medio está siempre a punto de perderlo todo: gasoil, auto, trabajo, casa, chica y vida entera. Un argentino medio vive un maratón infinito; carrera de obstáculos, Ludomatic, "El Estanciero" y si faltaba algo, llegó "el loco del puñal", por la espalda, con los picos de botella y encima de cerveza... con lo que le gusta el porrón a Esteban...
El cuidacoches del Hospital Vilela acaba de avisarle que no tiene gasoil:


- Mirá la luz amarilla, Esteban... Claro, los cuidacoches pueden ver la luz amarilla del tablero un día de eclipse, desde cien metros, con lentes de sol y a través de vidrios polarizados. Un cuidacoches es más solícito que el arcángel Gabriel y sabe más cosas. "En qué farmacia te venden el Viagra suelto... o Vimax 50, lo mismo, sin receta". "En qué horario hay en el bar La Rosa un happy hour de cerveza... una fellatio diez pesos... viste Entre Ríos, pasando el Policlínico Italiano, hay un taller mecánico, mano izquierda, viste esos carteles que paran en la vereda con ofertas. Fijate bien... de día, dice: cambio de aceite, filtro. A la noche, las chicas lo dan vuelta y ponen tarifas para changarines, de parado, en el caño de la bici. Es la zona... y bueno ¿qué querés? Andá al Sheraton entonces..."
El cuidacoches de Esteban sabe todo: "qué tintura usar para pintarse el pelo; para que no se note y cómo guardar el pomo en la heladera para que rinda muchos carnavales". "Cómo conseguir un aloe auténtico, para que crezca... doctor Botura, el pelo ¿viste?" "Cómo conseguir un Fonavi, cómo venderlo, cómo lavar chorizos con lavandina y cobrar tres Jefas y Jefes...." "Hasta sabe -dice- quién mató a Juan Castro... el recibe unos mails que le baten la justa... no tiene correo electrónico, ni idea, ni sabe, pero todos los Castros le parecen dudosos, Verónica, Cristian, Fidel y Juan... parece que había hasta animales en la fiestita..."


-- No tengo ninguna duda, dice lacónico Esteban.


El cuidacoches sabe, porque pregunta; es un interrogador de la KGB, un moscardón; Esteban tiembla cuando le lava el auto, porque cada vez, le encuentra un corpiño o bombacha distinto. Esteban piensa si no le hará como la policía cuando "planta" las pruebas. "Un día me va a encontrar merca este guacho, en el auto... a mí, que no fumo ni un Camel".


- ¿Y esto...? dice el cuidacoches mientras agita un sostén de puntillas, con una expresión mitad feliz mitad chantajista. -- Ja... Esteban, ¿no sabía que tenías un corretaje de Caro Cuore? Y decime, esa grandota que anda con vos, a veces... ¿qué onda?


Pero Esteban es tan distraído o indolente, que más bien parece un cínico engañador profesional. Jamás se le cae un nombre y menos los sucedidos. Evasivas, datos falsos, equívocos. Y después lo de siempre: hay hombres que nunca vieron a una mujer (en el mejor de los sentidos), que sólo ven el par de piernas o los pechos, solamente el chasis, por eso está tan en auge el chapa y pintura (cirugías, bobox, ab-tontic y silicon valley). Sus colegas de plástica están haciendo fortuna. Mujeres para obras en construcción, taller mecánico, estibador, Bar La Rosa, teatro de revistas o el show del stripper. La otra vereda, piensa él que es Clínico. Esteban muere por esa parte de las mujeres donde no llega el bisturí: la lengua, los ojos, los huecos, la cabeza, la mirada, un rictus del labio, un mohín de un oyuelo, la sonrisa, una lágrima, un piropo, la resistencia, la lealtad consigo misma, la espalda, verla irse, volver, la mirada, el beso furtivo, las contradicciones, el cabello, el vello, la oreja, el esfínter, un espasmo, el olor, el aliento, la cucharita, el poema...


¿Cómo compartirlo con el cuidacoches...? Cada vez que empieza la lista, el arcángel recoge la moneda y sale corriendo por otra luz amarilla. No quiere oír análisis y todos sus cuentos terminan con "Esteban, dejáte de boludeces..." Al cuidacoches lo que más le gusta es el culo, carne dura... y no está mal... lo tiene levantado y bien formadito.


- Hasta mañana... ¿Issue, me dijiste?


--Issue, color y suero... después ponelo en la heladera, te va a durar tres meses. Y con la pastillita, toda la noche... pero ojo, no chupes mucho...


Esteban se está quedando sin gasoil. La luz amarilla del tablero es tan ominosa como la cara de Anne Krueger. "Morirás, morirás, morirás de sed si intentas escapar por el desierto... te quedarás sin gasoil, morirás a mis pies..." A la Directora del FMI le sentaría bien un look skinhead, y si le gustase que le pegaran con un látigo de púas, yo le haría de Mistress. Encantado con ella de mezclar el placer con la sangre. En el film "Pascualino Siete Bellezas", de Lina Wertmüller, hay una oficial nazi idéntica a Krueger que de tarde en tarde tortura a un prisionero (Giancarlo Giannini) y de noche, lo obliga a cogerla.
Esteban tiene unas cábalas tontas. Por ejemplo, él cree que si aumenta el riesgo de quedarse sin gasoil, si continúa esa búsqueda imprecisa de la mujer verdadera, imaginaria, soñada, imposible, la posibilidad de alcanzarla es simétrica al riesgo de quedarse a pie. O sea, si sigue dando vueltas sin combustible, él piensa que le crecen las dos suertes, la de hallar a la chica en la misma proporción que quedarse en la cuneta. Un maratón infinito. Una fuga, rajarle a la muerte. El amor es el único viaje que desafía los límites: velocidad, caminos, mapas, repuestos, combustible. Cada vez más a prisa, se mueven los horizontes y en los carteles de vialidad en vez de kilómetros, está la cara de una chica.
Esteban levanta la vista en calle Santa Fe y un cartel dice "Aeropuerto". El dibujo del avión está hecho con las aletas de la nariz de ella. Podría tomar uno de esos vuelos de oferta y descarte que le guarda Elizabeth, una amiga azafata. Cincuenta pesos ida y vuelta a Buenos Aires en uno de esos vuelos que pierden una rueda o el tren de aterrizaje.


Pero esta mañana no puede, va rumbo al Hospital Centenario y antes necesita hacer unas fotocopias. Mira el cruce, Urquiza y Callao, lo encandilan dos palabras en un cartel de pizarra negra y letra de tiza: "girasol y alpiste". Un salón de ventas cualquiera. Parece un mercado persa, venden ropa, comida, regalos, útiles y hasta alimentos para pájaros. Esas dos palabras lo imantan: girasol y alpiste. Esteban es una especie de hombre pájaro. Las señales no lo defraudan, la chica que atiende está leyendo un libro de poemas y aunque sea de Benedetti, él piensa que es un comienzo. Pero caramba... es tan suavecita, leve o delicada, con apenas un shorcito ceñido y la panza lisa y al aire. Un top de dos tiritas tan breves que podrían estar sujetas del pico de dos palomas. Parece recién bañada, el pelo rapado y húmedo exhuma una colonia dulce como un oporto amaderado. Desgranando las copias de unas historias clínicas, cada flash de la máquina zumba una luz amarilla. Otra luz amarilla y la chica parece tan ágil como si en verdad fuera un jinete sobre la máquina. A Esteban le da de pensar que también hay una Ley de Murphy positiva, y que cuando uno cree que algo va a salir bien, todavía saldrá mejor.
La chica tiene uno de esos aritos en el cornete de la nariz. Esteban pregunta y ella lo tranquiliza: solamente está aplicado, no tiene perforada la carita de ángel. Ella está de espaldas y él aprovecha a auscultarla con la mirada: ¡qué alivio!, no tiene tatuajes. Apenas tiene nariz sobre dos labios carnosos muy delineados. Dos ojos pardo verdosos muy intensos, de esos ojos que se aclaran con la luz intensa. Ninguna pose ni seducción aconsejada por las revistas. Una chica transparente sobre el vidrio de una reproductora. Cambian ideas sobre el progreso de las máquinas, cierto sopor que ya se vislumbra a las nueve de la mañana y el consuelo sobre el fin del verano. Esteban no sabe qué más hacer para quedarse. Ya hizo suficientes juegos de copias. Ya compró tarjeta magnética por si se queda sin nafta, compró un lápiz Faber por las dudas, y sin sentido preguntó el precio de algunas ropas. ¿Qué más...? Un bombón, claro... "Bon-o-bon" dice y como un imbécil se lo ofrece a ella. A la chica, que tiene una caja llena y ya se ha dado cuenta y lo mira con ojos compasivos.


-- ¿Qué significa la luz amarilla de la fotocopiadora?, dice él intentando cambiar de tema.
-- Que por hoy está bien... tenés que irte.


                                     Marcelo   Scalona

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-