"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




29 de Octubre, 2007


HOULLEBECQ... Ampliación del campo...

Publicado en De Otros. el 29 de Octubre, 2007, 20:30 por MScalona

        Michel Houllebecq nació en Bélgica en 1957

                                                                                                                                        

                                                                                                                         

    La dificultad es que no basta exactamente con vivir según la norma. De hecho consigues (a veces por los pelos, por los mismos pelos, pero en conjunto lo consigues) vivir según la norma. Tus impuestos están al día, las facturas pagadas en su fecha. Nunca te mueves sin el carnet de identidad (¡y el bolsillito especial para la tarjeta VISA!...).

            Sin embargo, no tienes amigos.

            La norma es compleja, multiforme. Aparte de las horas de trabajo hay que hacer las compras, sacar dinero de los cajeros automáticos (donde tienes que esperar muy a menudo). Además, están los diferentes papeles que hay que hacer llegar a los organismos que rigen los diferentes aspectos de tu vida. Y encima puedes ponerte enfermo, lo cual conlleva gastos y nuevas formalidades.

            No obstante, queda tiempo libre. ¿Qué hacer? ¿Cómo emplearlo? ¿Dedicarse a servir al prójimo? Pero, en el fondo, el prójimo apenas te interesa. ¿Escuchar discos? Era una solución, pero con el paso de los años tienes que aceptar que la música te emociona cada vez menos.

            El bricolaje, en su más amplio sentido, puede ser una solución. Pero en realidad no hay nada que impida el regreso, cada vez más frecuente, de esos momentos en que tu absoluta soledad, la sensación de vacuidad universal, el presentimiento de que tu vida se acerca a un desastre doloroso y definitivo, se conjugan para hundirte en un estado de verdadero sufrimiento.

            Y, sin embargo, todavía no tienes ganas de morir.

            Has tenido una vida. Ha habido momentos en que tenías una vida. Cierto, ya no te acuerdas muy bien; pero hay fotografías que lo atestiguan. Probablemente era en la época de tu adolescencia, o poco después. ¡Qué ganas de vivir tenías entonces! La existencia te parecía llena de posibilidades inéditas. Podías convertirte en cantante de variedades; o irte a Venezuela.

            Más sorprendente aún es que has tenido una infancia. Mira a un niño de siete años que juega con sus soldaditos en la alfombra del salón. Te pido que lo mires con atención. Desde el divorcio, ya no tiene padre. Ve bastante poco a su madre, que ocupa un puesto importante en una firma de cosméticos. Sin embargo juega a los soldaditos, y parece que se toma esas representaciones del mundo y de la guerra con vivo interés. Ya le falta un poco de afecto, no hay duda; ¡pero cuánto parece interesarle el mundo!

            A ti también te interesó el mundo. Fue hace mucho tiempo; te pido que lo recuerdes. El campo de la norma ya no te bastaba; no podías seguir viviendo en el campo de la norma; por eso tuviste que entrar en el campo de batalla. Te pido que te remontes a ese preciso momento. Fue hace mucho tiempo, ¿no? Acuérdate: el agua estaba fría.

            Ahora estás lejos de la orilla: ¡ah, sí, qué lejos estás de la orilla! Durante mucho tiempo has creído en la existencia de otra orilla; ya no. Sin embargo sigues nadando, y con cada movimiento estás más cerca de ahogarte. Te asfixias, te arden los pulmones. El agua te parece cada vez más fría, y sobre todo cada vez más amarga. Ya no eres tan joven. Ahora vas a morir. No pasa nada. Estoy ahí. No voy a abandonarte. Sigue leyendo.

            Vuelve a acordarte, una vez más, de tu entrada en el campo de batalla.

            Las páginas que siguen constituyen una novela; es decir, una sucesión de anécdotas de las que yo soy el héroe. Esta elección autobiográfica no lo es en realidad: sea como sea, no tengo otra salida. Si no escribo lo que he visto sufriría igual; y quizás un poco más. Un poco solamente, insisto en esto. La escritura no alivia apenas. Describe, delimita. Introduce una sombra de coherencia, una idea de realismo. Uno sigue chapoteando en una niebla sangrienta, pero hay algunos puntos de referencia. El caos se queda a unos pocos metros. Pobre éxito, en realidad.

            ¡Qué contraste con el poder absoluto, milagroso, de la lectura! Una vida entera leyendo habría colmado todos mis deseos; lo sabía ya a los siete años. La textura del mundo es dolorosa, inadecuada; no me parece modificable. De verdad, creo que toda una vida leyendo me habría sentado mejor.

            No me ha sido concedida una vida semejante.

            Acabo de cumplir treinta años. Tras un comienzo caótico, me las arreglé bastante bien con mis estudios; actualmente soy ejecutivo. Analista programador en una empresa de servicios informáticos, mi salario neto supera 2,5 veces el salario medio interprofesional; eso ya implica un bonito poder adquisitivo. Puedo esperar un progreso significativo en el seno mismo de mi empresa; a menos que decida, como otros muchos, irme con un cliente. En resumen, puedo considerarme satisfecho con mi estatus social. En el plano sexual, por el contrario, el éxito no es tan deslumbrante. He tenido varias mujeres, pero durante períodos limitados. Desprovisto tanto de belleza como de encanto personal, sujeto a frecuentes ataques depresivos, no respondo en modo alguno a lo que las mujeres buscan de forma prioritaria. Por eso siempre he tenido, con las mujeres que me abrían sus órganos, una especie de leve reticencia; en el  fondo yo apenas representaba para ellas otra cosa que un remedio para salir del paso. Lo cual no es, como reconocerá cualquiera, el punto de partida ideal para una relación duradera.

            De hecho, desde que me separé de Véronique hace dos años, no he conocido a ninguna mujer; las débiles e inconsistentes tentativas que he hecho en este sentido sólo han conducido a un fracaso previsible. Dos años; parece mucho tiempo. Pero en realidad, sobre todo cuando uno trabaja, pasan muy deprisa. Todo el mundo te lo confirmará: pasan muy deprisa.

            A lo mejor resulta, simpático amigo lector, que eres una mujer. No te preocupes, son cosas que pasan. Además, eso no modifica en absoluto lo que tengo que decirte. Voy a ir a por todas.

            Mi propósito no es hechizarte con sutiles observaciones psicológicas. No ambiciono arrancarte aplausos con mi sutileza y mi sentido del humor. Hay autores que ponen su talento al servicio de la delicada descripción de distintos estados de ánimo, rasgos de carácter, etc. Que no me cuenten entre ellos. Toda esa acumulación de detalles realistas, que supuestamente esboza personajes netamente diferenciados, siempre me ha parecido, perdón por decirlo, una pura chorrada. Daniel, que es amigo de Hervé pero que siente algunas reticencias respecto a Gérard. El fantasma de Paul, que se encarna en Virginie, el viaje a Venecia de mi prima…, así nos podríamos pasar horas. Lo mismo podríamos observar a los cangrejos que se pisotean dentro de un tarro (para eso basta con ir a una marisquería). Por otra parte, frecuento poco a los seres humanos.

            Al contrario, para alcanzar el objetivo que me propongo, mucho más filosófico, tengo que podar. Simplificar. Destruir, uno por uno, multitud de detalles. Además, me ayudará el simple juego del movimiento histórico. El mundo se uniformiza ente nuestros ojos; los medios de comunicación progresan; el interior de los apartamentos se enriquece con nuevos equipamientos. Las relaciones humanas se vuelven progresivamente imposibles, lo cual reduce otro tanto la cantidad de anécdotas de las que se compone una vida. Y poco a poco aparece el rostro de la muerte, en todo su esplendor. Se anuncia el tercer milenio.

AMPLIACIÓN DEL CAMPO DE BATALLA,  p. 16-21. Compactos Anagrama

de otra vida

Publicado en Pavadas hechas texto, el 29 de Octubre, 2007, 16:54 por maripau.-

Aquel febrero fue blanco. Lo suficiente cómo para que me hiciera falta preguntar por que le habían puesto Selva Negra a ese lugar en el que estábamos sin descanso entre la nieve. Hablaba en aquél dialecto múltiple que hacía dos semanas me enlazaba al exterior a modo de salvavidas. Cómo con un paquete de galletitas familiares surtidas, que por cierto allá no se conseguían. Así armaba las oraciones cuando me eran ya casi inevitables. Sacaba un anillo color rosa flúor, una boca de dama, otra amarronada, unas rellenas y todas juntas hacían un párrafo queriendo pedir por ejemplo una taza de leche para disolverse. Pero de alguna forma entendieron la pregunta que no se habían hecho antes. Tal vez por que era tonta, con seguridad por no estar rodeados de rótulos indicando los nombres de las cosas.

Ese fin de semana la actividad consistía en abrigarnos y desabrigarnos. Salir a la nieve en vísperas de San Valentín y al volver ser recibidos por una mesa cubierta de comida en varias fuentes, creo que de porcelana. Con aquel frío cobraban importancia los chocolates, abundantes en el menú tanto como la papa.

No sólo por los dulces puedo decir también que parábamos en la casa de Hansel y Gretel. Bajo el techo a dos lados había más pisos de los que aparentaba desde afuera; habitaciones que incluían camas de elástico junto a lavatorios de baño anticuados, justo donde la mayoría esperaríamos la mesa de luz. Por supuesto, un sótano familiarizándonos con los recuerdos de la guerra y en todos lados aquella sensación de inestabilidad dada por el chirriar de los pisos de madera. Allí vivía la abuela, una alemana gigante que ya no debe vivir.

Era después del almuerzo. Íbamos en el auto avanzando en altura. Empinados entre coníferas y rastros que delataban chimeneas que desde donde estábamos aún no se divisaban. La radio iba encendida, fue ahí que pregunté. Por el camino, los autos que cruzábamos y que nos cruzaban, conducían cargados como nosotros. Con trineos hechos de madera sobre hierros redondeados, ideal para niños que de seguir frecuentando ese paisaje algún día esquiarían con oficio. Aquella vez con Sandra jugamos en la nieve varias horas. Cercanas como nunca más. Con el desahogo con que otras veces yo sólo había jugado al carnaval con mi hermano.

La vuelta la hicimos a pie y un poco en trineo descendiendo entre la nieve que por momentos nos llegaba a las rodillas. Los padres se habían adelantado con el auto y nos esperarían en la casa. Allí hubo tortas y té frente al hogar. Memoricé las partes del cuerpo para conformarlos y jugamos a algo. La lista de palabras que iba juntando en el cuadernillo a dos columnas por página, el que llevaba siembre junto al diccionario, aumentaba proporcionalmente al frío de afuera. Más tarde haría con ellas cartelitos adhesivos.

La voz en interrogación se ofrece íntima y algo ansía. O al menos así quería que sonara la mía dándole entonación. Los tres rieron familiarmente cómo si se tratara de mí primer chiste internacional. Trate y cuándo pude me incluí entre las risas. Fue mientras íbamos en el auto cuesta arriba, después de almorzar sopa de tomates intensamente roja. Me acuerdo bien porque me dio vergüenza, que ya no recuerdo cómo se decía.

CONCEPCIÓN BERTONE...

Publicado en General el 29 de Octubre, 2007, 10:59 por MScalona


                                               

                                                        

                                                                  

Una piedra en el río

                                              

                                                              

Donde hay poco caudal

hay islas

momentáneas.


Les hace falta mar.

Y no perdura

en un poco de légamo


la vida. Es otra cosa

creo. Una isla

si no es


como Puerto Rico

un país.


Es tan sólo un coral

en la marisma.


Una piedra en el río.


                                                                    

                                                                             

                            Concepción Bertone

hip hip... REP...

Publicado en Humor el 29 de Octubre, 2007, 9:36 por MScalona
Rep 

Con Palabras...

Publicado en General el 29 de Octubre, 2007, 9:26 por MScalona

http://static.pagina12.com.ar/fotos/20071029/notas/NA07FO20.jpg
PARA LEER CON RIMMEL
Por Sandra Russo
                                                                        
                                                                               

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-