"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




13 de Octubre, 2007


Literatura " Infantil "

Publicado en De Otros. el 13 de Octubre, 2007, 14:32 por Lauisaia

Te regalo un círculo

 

 

Un círculo para jugar, para usarlo de

túnel, de casa, de espejo.  Un círculo para hacer

ula ula, para usarlo de techo en los días de lluvia y como bur-

bujero en los días de verano. Un círculo para usarlo de rueda y así

recorrer caminos y descubrir el mundo. Un círculo para rebotar hasta el

cielo y convertirlo en globo para volar o que te sirva de sol en los días nublados.

Un amigo te da un círculo para ser tu espejo, para esconderte adentro... para que

juntos caminen por laberintos que te lleven al tesoro que está siempre en el centro (de

uno). Un amigo te regala un círculo para guardar tus cosas preferidas (flores, caracoles de

mar, tarjetas, autitos, figuritas, naipes, letras de canciones...) Para encerrar y no dejar

escapar los monstruos, los bichos o las cosas que no te gustan. Un amigo te regala un círcu-

lo para pintarlo con tus colores preferidos y que sea tu bandera. Para que esté vacío y pue-

das mirarlo en silencio dejando volar tu imaginación. Un niño con un círculo nos cuenta lo

que le importa, el lugar donde vive, lo que ve por su ventana, las letras de su nombre, la fe-

cha de su nacimiento, sus emociones y con todo esto ha construido su mayor tesoro, aunque a

 veces no lo sepa. Un niño encontró un círculo-espejo, le mostró lo que refleja y lo

 que esconde.  Cuando un niño tiene un círculo para guardar sus cosas, las  que le

importan, reinventa un mundo que puede sostener con sus propias manos. Un

niño creó con un círculo su mundo. Otro niño creó con un círculo su mundo.

Te regalo un círculo porque creo que hay lugar para que existan todos

los mundos posibles. Que dos mundos se hacen más bellos si se

acercan y que cuando muchos círculos se toman de la mano

crean un mundo con sentido.

 

Andrea Porello

Tokio Blues, cap. VI

Publicado en De Otros. el 13 de Octubre, 2007, 11:35 por MScalona

HARUKI  MURAKAMI, Japón, 1949.  Estuvo nominado al Nóbel este año

y figuraba entre los finalistas. 

                                                                                                 

                                                                                                       

Después de la clase de alemán, subimos al autobús, fuimos hasta Shinjuku y entramos en un bar llamado DUG, situado en uno de los subterráneos de detrás de la librería Kinokuniya, donde pedimos dos vodkas con tónica.

-Vengo a veces. Aquí no te sientes incómoda bebiendo durante el día –dijo Midori-

-¿Tienes por costumbre beber durante el día?

-No. Sólo a veces. –Hizo tintinear el hielo del vaso-. A veces, cuando el mundo empieza a angustiarme, me paso por aquí y me tomo vodka con tónica.

-¿El mundo te parece angustioso?

-A veces –dijo Midori-. Yo también tengo problemas.

-¿Cuáles son tus problemas?

-Mi familia, mi novio, las irregularidades de la regla…, muchas cosas.

-¿Tomamos otra copa? –sugerí.

-Hecho.

            Levanté la mano, llamé al camarero y le pedí otros dos vodkas con tónica.

-Por cierto, el otro domingo me diste un beso –terció Midori-. He pensado en eso. Me gustó mucho.

-Eso está bien.

-"Eso está bien" -repitió Midori-. Verdaderamente, Watanabe, hablas de una manera extraña.

-Puede ser –dije.

-Dejémoslo así. En fin, en ese momento lo pensé. Me hubiera encantado que aquél fuera el primer beso que me daba un chico. Si pudiera cambiar el curso de mi vida, haría que ése fuera mi primer beso. Sin dudarlo. Y viviría el resto de mi vida pensando: " ¿Qué debe de estar haciendo ahora Watanabe, aquel chico que me dio mi primer beso una tarde en el terrado de mi casa? ¿Qué habrá sido de él ahora que ha cumplido cincuenta y ocho años?". ¿No te parece precioso?

-Debe de ser precioso –dije  mientras pelaba un pistacho.

-¿Por qué estás ausente? Ya te lo he preguntado antes.

-Quizá porque aún me cuesta volver a la vida cotidiana –concedí tras reflexionar unos instantes-. Me da la impresión de que éste no es el mundo real. La gente, las escenas que me rodean  no me parecen reales.

            Midori, acodada sobre la barra, me miró de arriba abajo.

-Esto mismo dice una canción de Jim Morrison

-<<People are strange when you are a stranger>>, o sea, <<la gente es extraña cuando tú eres un extraño>>.

-¡Cierto! –dijo Midori.

-¡Esto es! –exclamé.

-Me gustaría que me acompañaras a Uruguay. –Midori seguía acodada sobre la barra-. Dejándolo todo: la novia, la familia, la universidad…

-No estaría mal. –Me reí.

-¿No te encantaría dejarlo todo y marcharte a un lugar donde nadie te conociera? A mí, a veces me dan ganas de hacerlo. Unas ganas locas. Así que, si de pronto se te ocurre llevarme lejos, te pariré un mantón de bebés fuertes como toros. Y viviremos todos tan felices… Revolcándonos por el suelo.

            Volví a reírme y apuré mi segundo vaso de vodka con tónica.

-Aún no tienes ganas de tener bebés fuertes como toros, ¿es eso? –me preguntó Midori.

-No, mujer, tengo curiosidad. Me gustaría saber qué se siente –dije.

-Tranquilo. Si no te apetece, no pasa nada. –Ahora Midori comía pistachos-. Total, estoy bebiendo a primera hora de la tarde y diciendo lo primero que se me pasa por la cabeza. Te insto a que lo dejes todo y te vayas a Uruguay, nada menos. Si allí no hay más que cagajones de burro…

-Tal vez.

-Cagajones por todas partes. Una mierda si estás aquí, una mierda si vas allá. El mundo entero es una mierda. Toma, te doy éste, que está duro. –Midori me dio un pistacho que costaba pelar. Le quité la cáscara con esfuerzo-. Pero el domingo pasado me relajé muchísimo. Los dos en el terrado mirando el incendio, bebiendo y cantando. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien. Me presionan por todas partes. En cuanto asomo la cabeza, me dicen esto y lo otro. Al menos, tú no me fuerzas a nada.

-No te conozco lo suficiente.

-¿Quieres decir que, si me conocieras mejor, tú también acabarías presionándome como todos los demás?

-Es posible –dije-. En el mundo real todos vivimos presionándonos los unos a los otros.

-Sí, pero no creo que tú lo hicieras. Yo estas cosas las adivino. En cuanto a presionar y a ser presionado, soy una autoridad. Y tú no eres así. Contigo siento que puedo bajar la guardia. ¿Sabes que en este mundo hay montones de personas a quienes les gusta forzar a los demás a hacer esto y lo otro, y que, a su vez, les gusta que las fuercen? Y montan un gran follòn con todo esto. Yo te he presionado porque tú me has presionado… Les encanta. Pero a mí no. Yo lo hago porque no me queda otro remedio.

-¿Y a qué cosas fuerzas a los demás? ¿O a qué cosas te fuerzan los demás a ti?

            Midori se llevó un cubito de hielo a la boca, que chupó durante un momento.

-¿Quieres conocerme mejor?

-Me gustaría –reconocí.

-Acabo de preguntarte: << ¿Quieres conocerme mejor?>>. ¿No te parece una crueldad responderme como lo has hecho?

-Quiero conocerte mejor, Midori –repetí.

-¿De verdad?

-Sí.

-¿Aunque te den ganas de apartar la mirada?

-¿Tan terrible eres?

-En cierto sentido, sí. –Midori esbozó una mueca-. Quiero otra copa.

Llamé al camarero y le pedí tercera ronda de vodkas con tónica. Hasta que nos los trajeron, Midori permaneció acodada en la barra con la mejilla sobre la palma de la mano. Yo guardaba silencio escuchando Honeysuckle Rose, de Thelonious Monk. En el bar había cinco o seis clientes, pero éramos los únicos que tomábamos alcohol. El aroma del café confería una atmósfera de tarde familiar en la penumbra de un bar.

-¿Estás libre el próximo domingo? –me preguntó Midori.

-Creía habértelo dicho antes. Los domingos siempre estoy libre. Al menos, hasta las seis, cuando voy a trabajar.

-¿Entonces me acompañarás este domingo?

-Si quieres…

-El domingo por la mañana iré a recogerte a la residencia. Pero no sé la hora exacta. ¿Te importa?

-No –le dije.

-Watanabe, ¿sabes lo que me gustaría hacer ahora?

-Ni me lo imagino.

-Quiero tenderme en una cama grande, muy mullida. Eso en primer lugar –explicó Midori-. Me encuentro a gusto, estoy borracha, a mi alrededor no hay ningún cagajón de mula, tú estás tendido a mi lado. Y entonces empiezas a desnudarme con dulzura. Como una madre desnudaría a su hijo. Suavemente.

-Y… -susurré.

-Yo al principio estoy adormilada, sintiéndome en la gloria, pero, de pronto, recobro el sentido y grito: << ¡No, Watanabe! Me gustas, pero salgo con un chico y no puedo hacerlo. Yo soy muy estricta en estas cosas. ¡Basta! ¡Por favor! ¡No puedes meterme una cosa tan grande y tan dura!>>.

-No la tengo grande. La tengo normal.

-Eso no importa. Es una fantasía. De pronto, pones una cara triste. Y yo me compadezco de ti y te consuelo: << ¡Pobre! ¡Pobrecillo! ¡Venga! ¡No pasa nada!>>.

-¿Y eso es lo que te gustaría hacer ahora?

-Sí.

-¡Vaya! –exclamé.      

Salimos del bar DUG después de tomarnos cinco vodkas con tónica cada uno. Cuando me disponía a pagar, Midori me dio un golpecito en la mano, sacó de su cartera un billete de diez mil yenes sin una arruga y pagó la cuenta.

-Invito yo. No te preocupes. He cobrado uno de los trabajos que hago a tiempo parcial. Ahora bien, si eres un fascista a quien no le gusta que lo invite una mujer, la cosa cambia.

-No lo soy.

-¿A pesar de que no te he dejado metérmela?

-Porque es tan grande y está tan dura…

-Exacto –dijo Midori-. Porque es tan grande y está tan dura…

                        Midori estaba ebria y resbaló cuando bajaba por la escalera. Estuvimos a punto de caer los dos escaleras abajo. Al salir del bar, vimos que las nubes que cubrían el cielo habían desaparecido y que un sol crepuscular vertía una suave luz sobre las calles por las que Midori y yo vagábamos. Ella me dijo que quería subirse a un árbol, pero, por desgracia, en Shinjuku no había ninguno y a aquella hora el parque ya estaba cerrado.

-¡Lástima! ¡Me encanta subirme a los árboles! –se lamentó ella.

Mientras paseaba con Midori mirando los escaparates de las tiendas, me di cuenta de que el mundo había dejado de parecerme tan irreal como un rato antes.

-Doy gracias por haberte conocido. Tengo la sensación de que me he readaptado al mundo –afirmé.

Midori se detuvo y me miró atentamente.

-Es verdad. Ahora ya enfocas bien la mirada. Chico, ¡te sienta bien salir conmigo!

-Sí.

        A las cinco y media Midori dijo que tenía que preparar la cena y que se iba a casa. Yo subí al autobús y volví a residencia. La acompañé hasta la estación de Shinjuku y allí nos despedimos.

-¿Sabes lo que me gustaría hacer ahora? –soltó cuando ya nos separábamos.

-No tengo la menor idea. ¡Quien sabe qué te ronda por la cabeza! –comenté.

-Me gustaría que unos piratas nos hicieran prisioneros, que nos desnudaran y nos ataran con una cuerda.

-¿Y por qué tendrían que hacer algo así?

-Porque serían unos piratas morbosos.

-Me parece que aquí la única morbosa eres tú.

-Nos dicen que dentro de una hora nos arrojarán al mar, así que, mientras tanto, tratemos de pasarlo lo mejor posible, así, tal como estamos. Y nos meten en las bodegas.

-¿Y?

-Lo pasamos estupendamente durante una hora. Revolcándonos y retorciéndonos.

-¿Y eso es lo que te gustaría hacer ahora?

-Sí.

-¡Vaya! –Agité la mano.

Op. Cit  p. 226-230

VERO presenta RUTA 11

Publicado en General el 13 de Octubre, 2007, 10:59 por MScalona

PRESENTACIÓN LIBRO
DE POEMAS DE VERÓNICA LAURINO
En la Biblioteca Argentina "Dr. Juan Alvarez" tendrá lugar la presentación del libro "Ruta 11", de verónica Laurino. La misma estará a cargo del editor Gustavo López, en tanto que durante el acto la autora leerá algunos de sus poemas.
En cuanto a la presentación esta se llevará a cabo en el Salón de lectura de la Biblioteca(Pje Juan Alvarez 1550), el LUNES 15 DE OCTUBRE A LAS 19.
Los esperamos, habrá vino y galletitas.


  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-