"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




- M U R A K A M I -

Publicado en De Otros. el 9 de Octubre, 2007, 3:10 por MScalona

                                                                                                                         

Era hermosa como un ángel. Tenía una belleza angelical. Fue la primera y la última vez en mi vida que vi una chica tan hermosa. Tenía el pelo largo y negro como la tinta china, los brazos y piernas largas y gráciles, los ojos brillantes, los labios delgados y suaves como acabados de hacer. Al verla, me quedé sin habla. Cuando se sentó en el sofá de la sala de estar, la estancia parecía haberse transformado  en otra mucho más lujosa. Si la mirabas de frente, quedabas deslumbrado. Tenías que entornar los ojos.

Así era ella. Aún hoy me parece verla. -Reiko entornó los ojos como si tratara de imaginársela-. Estuvimos hablando alrededor de una hora mientras tomábamos una taza de café. Charlamos de música, de la escuela…. Parecía inteligente. Sus opiniones eran claras, agudas, tenía el talento innato de quienes saben atraer el interés de su interlocutor. Casi me daba miedo. ¿Por qué la temía? Entonces lo sabía. Sólo se me pasó por la cabeza que probablemente fuera su inteligencia aguda lo que temía. Cuando hablaba con ella iba perdiendo la capacidad de juzgar.

En resumen, era demasiado joven y hermosa, y eso me aplastó, acabé viéndome a mí misma como un ser inferior. Si abrigaba algún pensamiento negativo respecto a ella, me daba la impresión de que ésta era una idea retorcida.-Negó con la cabeza varias veces-. Si yo fuera tan hermosa e inteligente como ella, sería una persona mucho más normal. ¿Qué más se puede pedir? Adorándola como la adoraba todo el mundo, ¿por qué atormentaba a los seres inferiores, más  débiles que ella, y los presionaba? ¿Que razones podía tener para hacer eso?

-¿Te hizo algo terrible?

-Vayamos por partes. Aquella chica era una mentirosa patológica. Una enferma. Se lo inventaba todo. Y acababa creyéndose lo que decía. Con tal de cuadrar las historias, iba cambiando esto y aquello a su antojo. Sin embargo, en cuanto yo pensaba ¡Qué extraño! No puede ser,  ella tenía una inteligencia tan rápida  que me tomaba la delantera, amañaba las cosas sin que me diera cuenta. No podía creer que todo fuera mentira. Nadie hubiera podido imaginar que una chica tan guapa mintiera sobre cosas tan insignificantes. Al menos yo no pude. Escuché sus mentiras durante un año y medio sin sospechar nada. Sin saber que se lo había inventado  todo de cabo a rabo. Increíble.

            -¿Qué clase de mentiras decía?

            -De todo tipo. –Reiko sonrió con sarcasmo-. Cuando alguien miente una vez, luego tiene que seguir mintiendo para encubrir esa primera mentira. A eso lo llaman mitomanía. Pero, en el caso de los mitómanos, las mentiras que cuentan son inofensivas, y la mayoría de la gente que los rodea se da cuenta. Pero esta chica era diferente. Mentía para protegerse a sí misma  y, para ello, hacía daño a los demás sin pestañear. Además, utilizaba a cualquiera que estuviera a su alcance. Mentía según quién fuera su interlocutor. A las personas que pudieran descubrirla fácilmente, como su madre o sus amigas, no les mentía, y cuando no le quedaba más remedio que hacerlo, tomaba infinitas precauciones. Nunca les decía ninguna mentira susceptible de ser descubierta. Si la descubrían, se inventaba una excusa o pedía perdón con voz suplicante y las lágrimas saltándole de sus bonitos ojos. Nadie podía enfadarse con ella.  

            >>Sigo sin entender por qué me eligió a mí. ¿Me eligió como una víctima más o, más bien, para que la ayudara? Hoy todavía no lo sé. Tanto da. Ya todo ha terminado y así es como han ido las cosas.

            Hubo un breve silencio.

            -Ella me repitió lo que había dicho su madre. Me dijo que, al pasar por delante de casa, me había oído tocar el piano y que se había emocionado, que me había visto por la calle y que me admiraba. Me sonrojé. ¿Aquella chica, hermosa como una muñeca, me admiraba? Pero eso no creo que fuera mentira. Yo pasaba de los treinta y no era tan bonita e inteligente como ella, ni tampoco poseía un talento especial. Pero había algo en mi interior que la atraía. Tal vez algo que a ella le faltaba. Por eso había despertado su interés. Ésta es la conclusión a la que he llegado. Y, oye, no estoy presumiendo.

            -Ya me lo imagino –dije.

            -Trajo unas partituras y me preguntó si podía tocarlas. Le respondí que sí. Y tocó una Invención de Bach. ¡Qué Interpretación tan interesante! ¿O debería decir extraña? En todo caso, no era normal. No era una interpretación correcta. La chica jamás había estudiado en una academia, había tomado clases en días alternos, así que tocaba muy a su aire. El sonido no era pulido. En los exámenes de ingreso en el conservatorio la hubieran suspendido inmediatamente. Pero se hacía escuchar. Los pasajes más importantes se hacían escuchar. ¡Una invención de Bach, nada menos! Eso hizo que empezara a sentir interés hacia ella. << ¿Quién será esa chica?>>, me decía.

            <<Con todo, el mundo está lleno de chicas  que tocan a Bach muchísimo mejor que ella. Las hay que lo tocan veinte veces mejor. Pero sus interpretaciones raramente tienen contenido. Son vacías. En su caso, en cambio, la técnica era mala, pero tenía algo que atraía. Al menos a mí. Pensé que valía la pena darle clases. Por supuesto, ya era tarde para corregir todos sus errores y hacer de ella una profesional. Pero tal vez sería posible convertirla en una pianista que fuera capaz de disfrutar tocando el piano, como yo en aquella época, y ahora, claro. Éste fue, al final y al cabo, un deseo vano. Porque no era de esas personas que hacen algo en silencio, para sí misma. Se trataba de una chica que, para provocar la admiración en los demás, utilizaba cualquier medio a su alcance y lo calculaba todo minuciosamente. Sabía que tenía que hacer exactamente para que los demás la admiraran o la alabaran. Y también sabía cómo tenía que tocar para llamar mi atención. Todo estaba calculado al detalle. Había practicado la invención una y otra vez. Saltaba a la vista. Con todo, incluso ahora, que soy consciente de esto, sigo pensando que su interpretación era maravillosa, y que, si pudiera volver a escucharla, me daría un vuelco el corazón. A pesar de todas sus astucias, mentiras y defectos. ¿No te parece? En la vida ocurren estas cosas.

            Tras soltar una tos seca, Reiko interrumpió su relato y enmudeció un momento.

            -¿Y la aceptaste como alumna? –pregunté.

            -Sí. Venía una vez por semana, toda la mañana del sábado. En su escuela hacían fiesta los sábados. No falto nunca, jamás llegó tarde, era una alumna ideal. Estudiaba. Y, al terminar la clase, comíamos pastel y hablábamos. –En este punto Reiko miró su reloj-. Deberíamos volver a casa. Me preocupa Naoko. ¿No me digas que te habías olvidado de ella?

            -¡No! –dije riendo-. Pero la historia me ha atrapado.

            -Si quieres saber cómo continúa, te lo cuento mañana. Es una historia un poco larga. No puede contarse toda de golpe.

            -Pareces Scherezade.

                                                                                                        

                                                                                                         

Tokio Blues, p. 167-174

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-