"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




9 de Octubre, 2007


Pablo Neruda

Publicado en De Otros. el 9 de Octubre, 2007, 22:29 por MScalona
Chile,  1904-1973.  Premio Nóbel  1971

Walking Around

Sucede que me canso de ser hombre.

Sucede que entro en las sastrerías y en los cines

marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro

navegando en un agua de origen y ceniza.

El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos.

Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,

sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,

ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.

Sucede que me canso de mis pies y mis uñas

y mi pelo y mi sombra.

sucede que me canso de ser hombre.

Sin embargo sería delicioso

asustar a un notario con un lirio cortado

o dar muerte a una monja con un golpe de

            oreja.

Sería bello

ir por las calles con un cuchillo verde

y dando gritos hasta morir de frío.

No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas,

vacilante, extendido, tiritando de sueño,

hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra,

absorbiendo y pensando, comiendo cada día.

No quiero para mí tantas desgracias.

No quiero continuar de raíz y de tumba,

de subterráneo solo, de bodega con muertos,

aterido, muriéndome de pena.

Por eso el día lunes arde como el petróleo

cuando me ve llegar con mi cara de cárcel,

y aúlla en su transcurso como una rueda herida,

y da pasos de sangre caliente hacia la noche.

Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas

            húmedas,

a hospitales  donde los huesos salen por la

            ventana,

a ciertas zapaterías con olor a vinagre,

a calles espantosas como grietas.

Hay pájaros de color de azufre y horribles

            instintos

colgando de las puertas de las casas que odio,

hay dentaduras olvidadas en una cafetera,

hay espejos

que debieran haber llorado de vergüenza y

            espanto,

hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos.

Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos,

con furia, con olvido,

paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia,

y patios donde hay ropas colgadas de un

            alambre:

calzoncillos, toallas y camisas que lloran

lentas lágrimas sucias.

Naoko y Kizuki...

Publicado en De Otros. el 9 de Octubre, 2007, 22:24 por MScalona

op.  cit...  pag.  174-175


                                                                                                                                                   

                                                                                                                                                   

- La nuestra no era la típica relación de pareja. Parecía como si nuestros cuerpos estuviesen pegados. Si nos separábamos, una peculiar fuerza de atracción volvía a unirnos. Kizuki y yo nos hicimos novios de la forma más natural del mundo. Era algo que estaba fuera de duda, no había alternativa posible. A los doce años ya nos besábamos, y a los trece nos acariciábamos. Yo iba a su habitación, o él venía a la mía, y se lo hacía con las manos. No se me pasaba por la cabeza que fuésemos precoces. Si él quería acariciar mis pechos, o mi sexo, yo no tenía nada que objetarle, si él quería eyacular no me importaba ayudarlo. Por eso, si alguien nos hubiera criticado por ello, creo que me hubiera  sorprendido, o enfadado. ¡Vamos! Nosotros hacíamos lo que se suponía que debíamos hacer. Nos habíamos mostrado cada rincón de nuestros cuerpos, casi teníamos la sensación de compartir el cuerpo del otro. Sin embargo, decidimos no dar un paso más. Temíamos un embarazo y, en aquella época, no sabíamos cómo prevenirlo. En fin, maduramos así, formando una unidad, tomados de la mano. Y apenas experimentamos las urgencias del sexo o las angustias del ego sobredimensionado que acompañan la pubertad. Nosotros, como te he dicho antes, estábamos muy abiertos respecto al sexo y, en cuanto al ego, como cada uno absorbía y compartía el del otro, no teníamos una conciencia muy fuerte de nosotros mismos. ¿Entiendes lo que estoy tratando de expresar?

              - Creo que sí.

            - No podíamos estar separados. Si Kizuki viviera, seguiríamos juntos, amándonos y siendo cada vez más infelices.

 

Sometimes

Publicado en General el 9 de Octubre, 2007, 13:12 por Saty

A veces no hace falta

Andar por la calle rogando una limosna

Embriagarse al modo de no ver lo que no nos gusta

A veces nos alcanza

Con estirar la mano, aferrarnos al brazo

Enredarnos con otros y mirar a quién corresponde

A veces…solo a veces.

Otras, en cambio

Cuando me miro al espejo

Y no me gusta lo que veo reflejado

Suelo abrir la ducha y empañarlo por completo

Y si veo que tus manos

Buscan otras manos que no son las mías

Cierro la ducha y paso un trapo en el espejo hasta limpiarlo

Por completo

A veces… solo a veces

El agua sirve para limpiar

Heridas que nos quedaron guardadas en el piso

Cuando veo las gotas correr

Deslizándose sin prisa desde el cuello

Me inclino, levanto la rejilla para que el agua fluya rápido

A veces…. Pocas veces

Eso basta.

 

 

A primera vista, anoche

Publicado en General el 9 de Octubre, 2007, 10:07 por jesantos

A PRIMERA VISTA

Chico César
(Versión Castellana: Pedro Aznar)


Cuando no tenía nada deseé
Cuando todo era ausencia esperé
Cuando tuve frío temblé
Cuando tuve coraje llamé

Cuando llegó carta la abrí
Cuando escuché a Prince (Salif Keita) bailé
Cuando el ojo brilló entendí
Cuando me crecieron alas volé

Cuando me llamó allá fui
Cuando me di cuenta estaba ahí
Cuando te encontré me perdí
En cuanto te vi me enamoré

EN VIVO en CableVisión: http://www.youtube.com/watch?v=yfs5HSXE47s
PEDRO AZNAR guitarra, voz
ANDRES BEEUWSAERT teclados

- M U R A K A M I -

Publicado en De Otros. el 9 de Octubre, 2007, 3:10 por MScalona

                                                                                                                         

Era hermosa como un ángel. Tenía una belleza angelical. Fue la primera y la última vez en mi vida que vi una chica tan hermosa. Tenía el pelo largo y negro como la tinta china, los brazos y piernas largas y gráciles, los ojos brillantes, los labios delgados y suaves como acabados de hacer. Al verla, me quedé sin habla. Cuando se sentó en el sofá de la sala de estar, la estancia parecía haberse transformado  en otra mucho más lujosa. Si la mirabas de frente, quedabas deslumbrado. Tenías que entornar los ojos.

Así era ella. Aún hoy me parece verla. -Reiko entornó los ojos como si tratara de imaginársela-. Estuvimos hablando alrededor de una hora mientras tomábamos una taza de café. Charlamos de música, de la escuela…. Parecía inteligente. Sus opiniones eran claras, agudas, tenía el talento innato de quienes saben atraer el interés de su interlocutor. Casi me daba miedo. ¿Por qué la temía? Entonces lo sabía. Sólo se me pasó por la cabeza que probablemente fuera su inteligencia aguda lo que temía. Cuando hablaba con ella iba perdiendo la capacidad de juzgar.

En resumen, era demasiado joven y hermosa, y eso me aplastó, acabé viéndome a mí misma como un ser inferior. Si abrigaba algún pensamiento negativo respecto a ella, me daba la impresión de que ésta era una idea retorcida.-Negó con la cabeza varias veces-. Si yo fuera tan hermosa e inteligente como ella, sería una persona mucho más normal. ¿Qué más se puede pedir? Adorándola como la adoraba todo el mundo, ¿por qué atormentaba a los seres inferiores, más  débiles que ella, y los presionaba? ¿Que razones podía tener para hacer eso?

-¿Te hizo algo terrible?

-Vayamos por partes. Aquella chica era una mentirosa patológica. Una enferma. Se lo inventaba todo. Y acababa creyéndose lo que decía. Con tal de cuadrar las historias, iba cambiando esto y aquello a su antojo. Sin embargo, en cuanto yo pensaba ¡Qué extraño! No puede ser,  ella tenía una inteligencia tan rápida  que me tomaba la delantera, amañaba las cosas sin que me diera cuenta. No podía creer que todo fuera mentira. Nadie hubiera podido imaginar que una chica tan guapa mintiera sobre cosas tan insignificantes. Al menos yo no pude. Escuché sus mentiras durante un año y medio sin sospechar nada. Sin saber que se lo había inventado  todo de cabo a rabo. Increíble.

            -¿Qué clase de mentiras decía?

            -De todo tipo. –Reiko sonrió con sarcasmo-. Cuando alguien miente una vez, luego tiene que seguir mintiendo para encubrir esa primera mentira. A eso lo llaman mitomanía. Pero, en el caso de los mitómanos, las mentiras que cuentan son inofensivas, y la mayoría de la gente que los rodea se da cuenta. Pero esta chica era diferente. Mentía para protegerse a sí misma  y, para ello, hacía daño a los demás sin pestañear. Además, utilizaba a cualquiera que estuviera a su alcance. Mentía según quién fuera su interlocutor. A las personas que pudieran descubrirla fácilmente, como su madre o sus amigas, no les mentía, y cuando no le quedaba más remedio que hacerlo, tomaba infinitas precauciones. Nunca les decía ninguna mentira susceptible de ser descubierta. Si la descubrían, se inventaba una excusa o pedía perdón con voz suplicante y las lágrimas saltándole de sus bonitos ojos. Nadie podía enfadarse con ella.  

            >>Sigo sin entender por qué me eligió a mí. ¿Me eligió como una víctima más o, más bien, para que la ayudara? Hoy todavía no lo sé. Tanto da. Ya todo ha terminado y así es como han ido las cosas.

            Hubo un breve silencio.

            -Ella me repitió lo que había dicho su madre. Me dijo que, al pasar por delante de casa, me había oído tocar el piano y que se había emocionado, que me había visto por la calle y que me admiraba. Me sonrojé. ¿Aquella chica, hermosa como una muñeca, me admiraba? Pero eso no creo que fuera mentira. Yo pasaba de los treinta y no era tan bonita e inteligente como ella, ni tampoco poseía un talento especial. Pero había algo en mi interior que la atraía. Tal vez algo que a ella le faltaba. Por eso había despertado su interés. Ésta es la conclusión a la que he llegado. Y, oye, no estoy presumiendo.

            -Ya me lo imagino –dije.

            -Trajo unas partituras y me preguntó si podía tocarlas. Le respondí que sí. Y tocó una Invención de Bach. ¡Qué Interpretación tan interesante! ¿O debería decir extraña? En todo caso, no era normal. No era una interpretación correcta. La chica jamás había estudiado en una academia, había tomado clases en días alternos, así que tocaba muy a su aire. El sonido no era pulido. En los exámenes de ingreso en el conservatorio la hubieran suspendido inmediatamente. Pero se hacía escuchar. Los pasajes más importantes se hacían escuchar. ¡Una invención de Bach, nada menos! Eso hizo que empezara a sentir interés hacia ella. << ¿Quién será esa chica?>>, me decía.

            <<Con todo, el mundo está lleno de chicas  que tocan a Bach muchísimo mejor que ella. Las hay que lo tocan veinte veces mejor. Pero sus interpretaciones raramente tienen contenido. Son vacías. En su caso, en cambio, la técnica era mala, pero tenía algo que atraía. Al menos a mí. Pensé que valía la pena darle clases. Por supuesto, ya era tarde para corregir todos sus errores y hacer de ella una profesional. Pero tal vez sería posible convertirla en una pianista que fuera capaz de disfrutar tocando el piano, como yo en aquella época, y ahora, claro. Éste fue, al final y al cabo, un deseo vano. Porque no era de esas personas que hacen algo en silencio, para sí misma. Se trataba de una chica que, para provocar la admiración en los demás, utilizaba cualquier medio a su alcance y lo calculaba todo minuciosamente. Sabía que tenía que hacer exactamente para que los demás la admiraran o la alabaran. Y también sabía cómo tenía que tocar para llamar mi atención. Todo estaba calculado al detalle. Había practicado la invención una y otra vez. Saltaba a la vista. Con todo, incluso ahora, que soy consciente de esto, sigo pensando que su interpretación era maravillosa, y que, si pudiera volver a escucharla, me daría un vuelco el corazón. A pesar de todas sus astucias, mentiras y defectos. ¿No te parece? En la vida ocurren estas cosas.

            Tras soltar una tos seca, Reiko interrumpió su relato y enmudeció un momento.

            -¿Y la aceptaste como alumna? –pregunté.

            -Sí. Venía una vez por semana, toda la mañana del sábado. En su escuela hacían fiesta los sábados. No falto nunca, jamás llegó tarde, era una alumna ideal. Estudiaba. Y, al terminar la clase, comíamos pastel y hablábamos. –En este punto Reiko miró su reloj-. Deberíamos volver a casa. Me preocupa Naoko. ¿No me digas que te habías olvidado de ella?

            -¡No! –dije riendo-. Pero la historia me ha atrapado.

            -Si quieres saber cómo continúa, te lo cuento mañana. Es una historia un poco larga. No puede contarse toda de golpe.

            -Pareces Scherezade.

                                                                                                        

                                                                                                         

Tokio Blues, p. 167-174

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-