"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




4 de Octubre, 2007


a pura poesía

Publicado en General el 4 de Octubre, 2007, 20:00 por negrointenso
 Aquí se Bakunin
Poesía y Poetas y Poemas en Rosario
Ángel y Antonio Oliva
Consuelo Fraga
Eduardo Mileo
Gabriela Franco
Irma Marc
Juan Pablo Fernández
Leonor Silvestri
Marcelo Cutró
Martín Pucheta
Nicolás Cambón
Canciones x Valeria Cini
Homenaje a Aldo Oliva y José Watanabe
Librería Los Argonautas
San Juan 819 - Rosario
Viernes 5 de octubre a las 23
Poemas, canciones y sangría.

Concurso MICROCUENTOS por SMS...

Publicado en General el 4 de Octubre, 2007, 19:39 por MScalona


una  NOTEBOOK  de Premio... interesante,  160 caracteres...  clickear

                                                                                                                    

http://www.clarin.com/diario/2007/10/04/um/m-01512428.htm

decía de espíritus impostores...

Publicado en General el 4 de Octubre, 2007, 14:28 por Nano

... decía de espíritus impostores, de guardias del pasado.

Hoy ya ni se habla de merecimientos. Hay equipos defensivos que extorsionan a la pelota para que ésta acate a los chicaneros, a los avaros, a los mendigos. Y los pródigos se quedan sin nada... Esto es una especie de revés.  Todo se ha dislocado. Todo se ha subvertido. Los payasos lloran, los cocodrilos sonríen, Susana razona.... Los mafiosos son exitosos, los goleadores son corruptores de menores, los abusadores son sólo los negros! Basta! O sigan si quieren. El mundo del revés confunde a los toreros, a los virginianos, (que solamente están enceguecidos con su presa) y a pocos más. El pueblo siempre se equivocará. Esto es fácil de saberlo, porque el gran Pocho decía:  “¡El pueblo nunca se equivoca!  ”Después hay mentiras más solapadas, como cuando el más grande decía: Boludas y boludos de mi patria! , la gilada entendía:   -¡ Compañeras y compañeros! La gente no entiende lo que le decís, sino lo que quiere escuchar. Después están los que se hacen los.... , los que aparentan ser. La videncia pone en evidencia lo que supuestamente está oscuro, mientras que para los giles, en la oscuridad todos los gatos son pardos.

                                                      

                                         El Nano                         

XV Fest. Poesía Rosario, anoche...

Publicado en Fotitos. el 4 de Octubre, 2007, 10:34 por MScalona

FestPoes07 (6)  FestPoes07 (1)

...  y el TERCER TIEMPO, claro... faltan Pablo Castro, Ramiro, Any y

Carlos Bagnato que no se pudieron quedar. La crónica inmortal recordará

que FABRI  "cada día escribe mejor",  que Fabián Herrero no nos gustó,

unánimemente; que Silvia Mellado y Silvio González nos gustaron mucho,

unánimemente; que Vero Laurino tomó un té,  que el próximo lunes leen en

TERCER MUNDO, Tommi, Lorena y Carlos Bagnato y que esta noche vamos

de nuevo, a las 20 hs. al Festival porque leen CLAUDIA MASÍN 

y ALICIA GENOVESE,   first class...

Tokio Blues pag. 107-111

Publicado en De Otros. el 4 de Octubre, 2007, 0:36 por MScalona
 HARUKI  MURAKAMI ,     Japón, 1949

Mientras escuchaba aquella canción absurda, pensaba que si el fuego alcanzaba la gasolinera la casa volaría por los aires. Cuando se hartó de cantar, Midori se tendió como un gato al sol y posó la cabeza en mi hombro.

            -¿Qué te ha parecido mi canción? –me preguntó.

            -Es única y original y refleja fielmente tu personalidad -respondí con cautela.

            -Gracias –dijo ella-. No tengo nada…, ése es el lema.

            -Sí, ya me lo ha parecido –asentí.

            -Cuando murió mi madre –Midori se volvió hacia mí-, no sentí la menor tristeza.

            -¿Ah, no?

            -Y ahora que mi padre se ha ido, tampoco.

            -¿Ah, no?

            -¿Te parece inhumano?

            -Supongo que tendrás tus razones.

            -Pues sí, varias –reconoció Midori-. Todo ha sido muy complicado en casa. Pero yo siempre he pensado que, tratándose de mis padres, al morirse o al separarnos yo debía sentirme triste. Sin embargo, no siento nada. Ni tristeza, ni soledad, ni amargura; apenas pienso en ellos. A veces sueño con ellos, eso sí. Mi madre me mira fijamente desde las tinieblas y me hace reproches. <<¡Tú te alegras de que esté muerta!>>, me dice. No me alegra que mi madre haya muerto, pero tampoco estoy muy triste. No derramé una sola lágrima. Aunque, cuando de pequeña se murió el gatito, me pasé toda la noche llorando.

            << ¿Por qué sale tanto humo?>>, me decía. Aunque no se veía fuego, no parecía que el incendio se hubiera extendido, porque emanaba esa imponente columna de humo. << ¿Cuánto tiempo seguirá ardiendo?>>, me pregunté.

-No es sólo culpa mía. Me refiero a que yo sea tan poco afectuosa. Y lo reconozco. Pero sin ellos…, si mi padre y mi madre…, si ellos me hubiesen querido un poco más, yo, por mi parte, ahora sentiría de otra forma. Y estaría mucho, pero que mucho más triste.

- ¿Crees que no te quisieron demasiado?

Ella volvió la cabeza y me miró fijamente. Hizo un gesto afirmativo.

- Yo diría que entre un <<no lo suficiente>> y un <<nada de nada>>. Siempre estuve hambrienta. Aunque sólo hubiera sido una vez, hubiera querido recibir amor a raudales. Hasta hartarme. Hasta poder decir: <<Ya basta. Estoy llena. No puedo más>>. Me hubiera conformado con una vez. Pero ellos jamás me dieron cariño. Si me acercaba con ganas de mimos, mis padres me apartaban de un empujón. <<Esto cuesta dinero>>, decían. Únicamente sabían quejarse. Siempre igual. Así que pensé lo siguiente: <<Conoceré a alguien que me quiera con toda su alma los trescientos sesenta y cinco días del año>>. Estaba en quinto o sexto curso de primaria cuando lo decidí. 

-¡Qué fuerte! –exclamé admirado-. ¿Y lo has conseguido?

-No es tan fácil como creía –reconoció Midori. Reflexionó un momento contemplando el humo-. Quizá sea por haber esperado tanto tiempo, pero ahora busco la perfección. Por eso es tan difícil.

-¿Un amor perfecto?

-¡No, hombre! No pido tanto. Lo que quiero es simple egoísmo. Un egoísmo perfecto. Por ejemplo: te digo que quiero un pastel de fresa, y entonces tú lo dejas todo y vas a comprármelo. Vuelves jadeando y me lo ofreces. <<Toma, Midori. Tu pastel de fresa>>, me dices. Y te suelto: <<¡Ya se me han quitado las ganas de comérmelo!>>. Y lo arrojo por la ventana. Eso es lo que yo quiero.

-No creo que eso sea el amor –le dije con semblante atónito.

-Sí tiene que ver. Pero tú no lo sabes –replicó Midori-. Para las chicas, a veces esto tiene una gran importancia.

-¿Arrojar pasteles de fresa por la ventana?

-Sí. Y yo quiero que mi novio me diga lo siguiente: <<Ha sido culpa mía. Tendría que haber supuesto que se te quitarían las ganas de comer pastel de fresa. Soy un estùpido, un insensible. Iré a comprarte otra cosa para que me perdones. ¿Qué te parece? ¿Mouse de chocolate? ¿Tarta de queso?>>.

-¿Y qué sucedería a continuación?

-Pues que yo a una persona que hiciera esto por mí la querría mucho.

-A mí me parece un desatino.

-Yo creo que el amor es eso. Pero nadie me comprende. –Midori sacudió la cabeza sobre mi hombro-. Para un cierto tipo de personas el amor surge con un pequeño detalle. Y, si no, no surge.

-Eres la primera chica que conozco que piensa así.

-Me lo ha dicho mucha gente. –Se toqueteó las cutículas de las uñas-. Pero yo no puedo pensar de otro modo. Estoy hablando con el corazón en la mano. Jamás he creído que mis ideas sean diferentes de las de los demás, ni lo busco. Pero cuando digo lo que pienso, la gente cree que bromeo, o que estoy haciendo comedia. Todo acaba dándome lo mismo.

-¿Sigues queriendo morir en el incendio?

-¡Ostras! ¡No! Eso es otro asunto. Sentía curiosidad.

-¿Por morir en un incendio?

-No. Me interesaba ver cómo reaccionabas. Pero morir no me da miedo. Te vas envuelto en humo, pierdes el conocimiento y te mueres sin más. Es un momento. No me da ni pizca de miedo. ¡Bah! ¡Comparando con la forma en que he visto morir a mi madre y a otros  parientes! En mi familia todos contraemos enfermedades graves y morimos tras una larga agonía. Debemos de llevarlo en la sangre. Tardamos muchísimo en morirnos. Tanto que al final ya no sabes si estás vivo o muerto. La única conciencia que queda es la del dolor y el sufrimiento.

Midori se acercó un cigarrillo Marlboro a los labios y lo encendió.

-Tengo miedo de morir de ese modo. La sombra de la muerte va invadiendo despacio, muy despacio, el territorio de la vida y, antes de que te des cuenta, todo está oscuro y no se ve nada, y la gente que te rodea piensa que estás más muerta que viva… Es eso. Yo eso no lo quiero. No podría soportarlo.

Por fin, al cabo de media hora el incendio fue sofocado. No hubo heridos. Todos los coches de bomberos, menos uno, abandonaron el lugar, y los curiosos se dirigieron a la calle comercial entre un baturrillo de voces. Un coche patrulla se quedó regulando el tráfico con las luces girando en el callejón. Dos cuervos, que habían venido de vete a saber dónde, posados sobre un poste de la electricidad, observaban la actividad que se desarrolla bajo sus ojos.

Midori parecía exhausta. Tenía el cuerpo desmadejado, la vista perdida en la lejanía. Apenas hablaba.

-¿Estás cansada? –le pregunté.

-No, no es eso –dijo-. Hacía mucho tiempo que no me dejaba ir de este modo.

Nos miramos a los ojos. Le rodeé los hombros con un brazo y la besé. Midori tensó el cuerpo un momento, se relajó de inmediato y cerró los ojos. Nuestros labios permanecieron unidos unos cinco o seis segundos. El sol de principios de otoño proyectaba en sus mejillas la sombra de las pestañas, agitadas por un temblor casi imperceptible. Fue un beso dulce, cariñoso, sin ningún significado. De no haberme encontrado sentado en el terrado, al sol de la tarde, bebiendo cerveza y contemplando el incendio, no la hubiera besado, y creo que a ella le sucedió lo mismo. Al contemplar los tejados brillantes de las casas, el humo y las libélulas rojas, había brotado entre nosotros un sentimiento cálido e íntimo que, de manera inconsciente, habíamos deseado materializar. Así fue nuestro beso. Sin embargo, era un beso que no estaba exento de peligro.

La primera en hablar fue Midori. Me acarició la mano mientras me contestaba con embarazo que salía con alguien. Contesté que ya lo suponía.

-¿Y a ti te gusta alguna chica?

-Sí.

-Pero estás libre todos los domingos.

-Es muy complicado.

Comprendí que la magia de aquella tarde de principios de otoño se había desvanecido.

             

           

           

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-