"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




1 de Octubre, 2007


Lilian Neuman

Publicado en De Otros. el 1 de Octubre, 2007, 20:57 por MScalona

Un lugar tan pequeño que no existe en ningún plano. Una casa vieja y en una habitación, la que daba a la calle, un mostrador que la atravesaba a lo largo y  ni siquiera en la entrada un cartel.

Tal vez se llamase tiendita, o mercería; era un negocio familiar en donde podían comprarse sobres y lápices, cuadernos de marcas que ya no existían, medias ( can can), sombras de párpados y perfumes baratos, juguete de plástico, hebillas nacaradas, aspirinas, historietas viejas, libros de la fuente Estefanía y Blasco Ibáñez, collares de perlas falsas; un inventario infinito, un revoltijo en el que aquella mujer de pelo blanco, ajada e insegura dentro de sus vestidos descoloridos, ni bien me veía entrar se ponía de pie y sabía lo que tenía que hacer: Con lentitud pero con decisión se inclinaba hasta el último estante del mueble de madera y reaparecía, y ponía sobre ese mismo mueble una caja rectangular, esa caja sin fondo, ese sueño de todo ilusionista: la caja perfecta que dará siempre de sí.

Allí dentro, aquellos pequeños paquetes blancos se amontonaban sin orden alguno. Eran una serie infinita de sacapuntas de bronce, ninguno era igual a otro –principal aspiración de todo coleccionista-, ninguno se repetía ni estaba en ningún otro negocio que en ése ni en ninguna otra caja que ésa. Eran pequeñas joyas, diminutas y pesadas, uno un fonógrafo, otro una rueca, un trombón, una trompeta, un piano de cola, una máquina de coser; eran réplicas en miniatura, exactas, que yo desenvolvía y examinaba una por una mientras la anciana esperaba paciente, mirándome en silencio.

Y así luego de meditarlo unos últimos instantes, me quedaba con uno, sólo uno, tenía que ser un solo sacapuntas cada vez, para que hubiese una próxima vez, y otra próxima vez, para que siempre existiese esa escena ritual, ese único momento en que salía de mi casa  y llegaba allí.

Una vez que yo había elegido, la mujer sabía lo que tenía que hacer. Primero terminaba de envolverlo en ese mismo papel blanco, luego hacía dos envoltorios más en papel madera y al fin una atadura de hilo grueso. Y allí venia el momento que ella murmuraba, en su castellano con acento yddish, dónde habrá una caja. Yo intentaba una frase educada, que no se preocupara por eso, que de la caja me ocupaba yo, pero ella una vez más buscaba entre tan revoltijo y al fin volvía con una pequeña caja de cartón cualquiera, en esa caja ponía mi paquete, yo le pagaba y salía de allí.

Entonces empezaba a caminar con pasos rápido, impaciente, de pronto no recordaba que un momento antes mientras elegía un sacapuntas me había sentido débil y, en cambio, tenía un objetivo en esta vida, tenía que llegar rápidamente al correo, no tenía que distraerme con nada en el trayecto, no tenía que encontrarme con nadie porque el correo cerraría sin mí. Y una vez allí, despachaba por fin esa caja. La despachaba a nombre de mi padre.

Una encomienda a nombre de mi padre y a la ciudad de mi padre, sin duda para él una ciudad muy parecida, por pequeña y anónima, perdida en el último rincón de un negocio oscuro, a la ciudad donde vivía yo.

            ¿En que ciudad vivía yo? Y en que otra  ciudad estaría mi padre en aquel tiempo, su último tiempo antes de morir.

 

 

                                                  LILIAN   NEUMAN

 

 

 

De la novela  Levantar Ciudades, Edic. Destino, finalista del Premio NADAL 1999. Lilian es rosarina, nació en 1960 y vive desde 1990 en Barcelona; es colaboradora habitual del diario LA VANGUARDIA, la revista WOMAN y editora de varias editoriales españolas.

 

 

 

el MIÉRCOLES 3, con Primero...

Publicado en General el 1 de Octubre, 2007, 18:34 por MScalona

                                                       

en lugar de hacer el taller, VAMOS AL C.C.B.RIVADAVIA, al  XV Festival Internacional de Poesía de Rosario a escuchar a nuestros amigos y compañeros, FABRICIO SIMEONI, PAULA ARAMBURU, FERNANDO MARQUÍNEZ y SILVIO GONZÁLEZ...  nos congregamos allí en el hall tipo 19,30 hs... igual los que llegan antes van pasando... el evento siempre tiene un atraso de media o una hora... de modo que 19,30-20 hs... estará bien... y luego hacemos un tercer tiempo de crítica y análisis... en el BAR  VITTORIO , allí debajo del Centro Cultural (para los que lleguen muy tarde)                 

obvio que nos encantaría que vayan también los de        2º  y   3º, a primera hora, segunda o tercera...

More Tokio Blues

Publicado en De Otros. el 1 de Octubre, 2007, 15:53 por MScalona
HARUKI  MURAKAMI,  Kyoto (JP), 1949

                                       Dentro del frasco, la luciérnaga brillaba con luz mortecina. La luz era demasiado débil; el tono, demasiado pálido. Hacía mucho tiempo que no había visto una luciérnaga, pero creía recordar que éstas despedían una luz mucho más nítida y brillante en la oscuridad de las noches de verano. Tenía grabada en mi memoria la imagen de un bicho que desprendía una luz llameante.

Quizás aquella estuviese débil, medio muerta. Agarré el frasco y lo sacudí con cuidado varias veces. La luciérnaga se golpeó contra la pared de cristal y levantó el vuelo. Pero su luz continuó siendo tan mortecina como antes.

Intenté  recordar cuándo había visto una luciérnaga por última vez. ¿Dónde había sido? Logré recordar la escena. Pero no el lugar ni el momento. En la oscuridad de la noche se oía el ruido del agua. Había una esclusa de ladrillo, de modelo antiguo, que se habría y cerraba al girar una manivela. El río no era una corriente tan pequeña como para que las hierbas de la orilla pudieran ocultar casi  por completo la superficie del agua. Los alrededores estaban sumidos en la penumbra. Una oscuridad tan profunda que, tras apagar la linterna de bolsillo, no me veía los pies siquiera. Y sobre el estanque de la esclusa volaban cientos de luciérnagas. Los destellos de luz  se reflejaban en la superficie del agua como chispas ardientes. Cerré los ojos y me sumergí un momento en el recuerdo. Oía el viento con una claridad meridiana. Aunque no soplaba con fuerza, en mi cuerpo dejaba a su paso un rastro extrañamente brillante. Abrí los ojos y comprobé que esa noche de verano era, se cabe, más oscura.

Destapé el frasco, saqué la luciérnaga y la deposité en un reborde que sobresalía unos tres centímetros del depósito. La luciérnaga se sostenía a duras penas en su nuevo hábitat. Dio una vuelta alrededor  del perno tambaleándose y se subió a  unos desconchones de la pintura que parecían costras. De pronto avanzó hacia la derecha, se dio cuenta de que aquello era un callejón sin salida y viró de nuevo hacia la izquierda. Después se encaramó muy despacito a la cabeza del perno y se acurrucó. Permaneció inmóvil, como si hubiese exhalado el último suspiro.

Yo la observaba apoyado en la barandilla. Durante mucho rato, ni la luciérnaga ni yo hicimos el menor movimiento. El viento soplaba a nuestro alrededor. Las incontables hojas del olmo susurraban en la oscuridad.

Esperé una eternidad.

Fue mucho después cuando la luciérnaga levantó el vuelo. Desplegó las alas como si se le hubiese ocurrido de repente. Un instante más tarde, cruzaba la barandilla y se sumergía en la envolvente oscuridad. Describió, ágil, un arco en torno al depósito, tal vez intentando recuperar el tiempo perdido. Y tras permanecer unos segundos inmóvil observando  cómo la línea de luz se extendía en el viento, voló hacia el sur.

Aún después de que la luciérnaga hubiera desaparecido, el rastro de su luz permaneció largo tiempo en mi interior. Aquella pequeña llama, semejante a un alma que hubiese perdido su destino, siguió errando eternamente en la oscuridad de mis ojos cerrados. Alargué la mano repetidas veces hacia la oscuridad. Pero no pude tocarla. La tenue luz quedaba más allá de las yemas de mis dedos.

                                                                              

                                                                              

op.   cit.   p.  66-67  Ed. Tusquets

Un pequeño relato

Publicado en General el 1 de Octubre, 2007, 13:59 por Gabi Gervasoni

SUS CHANCES

Se sintió muy mal al lado de ese muerto al que ni siquiera podía mirarle las manos. ¿Qué hago acá?, se preguntó mientras el grotesco tul que adornaba el cadáver le rozaba el brazo. Era tan ajeno ese muerto que ni recordaba bien el nombre. Pero más que sobre el sentido de su presencia en ese velorio, ella se había preguntado sobre sus posibilidades de salvarse, de zafar. "Ni una sola chance", pensó. Nadie que se pare una hora al lado de un muerto desconocido, de cuyo paso por la tierra no tiene ni un atisbo borroso, puede salvarse. Un sujeto así está condenado a morir en el más opaco desconsuelo. Tiene el deber de seguir sus enfermizos pasos anteriores y entregarse al deseo ajeno. Está obligado a pegarse a los deseos de los otros como en ese instante se le pegaba el codo a la asquerosa mortaja de ese muerto que también era de otros. Alguien que ha comido tantos bocados que no hubiera querido probar debe ser privado del gusto. Su lengua no merece el arrebato de las mandarinas.

Un perfume no mucho mas nauseabundo que el de las tantas viejas que olió en repetidas visitas inundó la habitación. Las flores para los muertos tendrían que ser plantadas en otros campos diferentes de donde se cultiven flores para los vivos. Si, si, definitivamente. "Sindicato de matriceros", decía la corona. Ciento veinte pesos, decía la factura.

No quiso probar el licor, pero negarse al café le pareció un exceso. Lo tomó en silencio mientras un ser que salía de ella pero era mucho peor le contaba chistes de muertos en voz muy baja. Chistes sobre moribundos que quieren despedirse con frases memorables y terminan diciendo "la puta madre" o "ay, el dolor se repite... ay ". Miró de reojo al muerto y le devolvió la sonrisa. "No tenés salvación", se dijo, mucho más segura que antes. Tantas horas de taco alto, tantos "encantada, un gusto", tanta empanada con pasa de uva; tanto tanto tanto casamiento-bautismo-velorio, tantas pavaditas "para no caer con las manos vacías", que volver a encontrar un lugar solitario donde mirarse es imposible. El café acuoso le cayó muy mal. Cuando apoyó la taza sobre la mesa tuvo ganas de llorar. Con repugnancia pasó una mano por la cara del muerto mientras con la otra se secaba una oportunísima lágrima.

Gabi

("ay, el dolor se repite... ay " es un aforismo de ERNESTO ESTEBAN ETCHENIQUE, creación del Negrito Fontanarrosa).

disculpas... fui yo...

Publicado en General el 1 de Octubre, 2007, 13:28 por MScalona


que borré (sin querer) los últimos artículos

publicados en el blog...

además de putearme con razón, los que puedan ,

vuelvan a colgarlos,

las MARÍAS LAURAS 2 y 3, colgar Shepard y

ANNE, please...GABI GERVASONI,  La Chance...

SATY, la invitación al asado y DESENGAÑO,

y JON...  la selección musical SEPTEMBER...

otra vez mil disculpas... si falta algo más, lo mismo...  

                                         Marce 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-