"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




LA PRIMA.. BELLA!!! Feliz día!

Publicado en De Otros. el 21 de Septiembre, 2007, 12:09 por analia lardone

La primavera en boca cubana... para compartir!!!

Teoría de la primavera

Juan Orlando Pérez

Debemos recordar que antes la primavera era festejada. Ahora llega en silencio, transcurre y se desvanece cuando avanza el verano. Pero en épocas olvidadas por nuestra memoria, la primavera tenía un simbolismo mayor, provocaba una emoción cuya calidad también hemos perdido. Podemos sospechar que esa emoción expresaba una comunión entre el hombre y su espacio natural, el hombre reflejaba más coherentemente la transformación del mundo, la primavera provocaba un entusiasmo como el invierno atraía la pesadumbre. En algún momento, quizás en el auge de las ciudades y de la vida urbana, esa reflexión se interrumpió. La ciudad proporcionó un paisaje sin estaciones, a través de la ventana el habitante de la ciudad veía siempre casas iguales. El trabajo en la fábrica era el mismo los días de nieve que los días de mucho calor. La ciudad, que no fue sino un escondrijo contra el invierno, cambió la calidad de las emociones, las liberó de su dependencia natural. Mientras que el hombre en el campo imitaba la simpleza de las estaciones, el hombre de la ciudad adoptó sentimientos artificiales, descubrió cualidades sin correspondencia cósmica. El hombre del campo es espontáneo, su ánimo atraviesa estados primarios, la placidez juguetona del verano y los temores sombríos del invierno, mientras que el hombre de la ciudad es fundamentalmente escéptico, un sentimiento que no existe en la naturaleza, que es siempre positiva, mientras que el escepticismo es la negación anticipada de toda positividad. De tal manera, el hombre de la ciudad no siente ya la llegada de la primavera como la sentía antes el hombre natural, como un movimiento interior. Para el hombre de ciudad la primavera es exterior y estética, para el campesino es religiosa y moral. Con el tiempo, el significado alegórico de la primavera se desvaneció en la cultura de la ciudad; aislada de su misterio moral, la imagen se empobreció y murió, perdió su fuerza expansiva y su calidad poética. Los poetas que continuaron cantando odas primaverales fueron repudiados. Pero se puede pensar que en los restos de la vida campesina la llegada de la primavera todavía produce su equivalente espiritual, el cambio en la naturaleza marca también una súbita mejoría humana.

En el popular cuadro de Boticelli, La Primavera, quizás se puedan encontrar huellas de ese antiguo misterio. El cuadro es sorprendentemente oscuro, la danza de las doncellas tiene lugar en el bosque medieval, milagrero y siniestro, poblado por espíritus desconocidos y bestias infernales, que no aparecen, pero que intuimos acechantes en la espesura. La noche invernal, coto de caza de la muerte, ha terminado. La primavera provocaba la celebración de esa supervivencia, haber escapado de la persecución implacable de la muerte. El hombre medieval encontraba en la naturaleza súbitamente los signos de una esperanza, el mundo a su alrededor dejaba de ser hostil y se volvía benévolo y propicio. La vida alcanzaba mayor valor precisamente por el cercano peligro de la muerte, por los padecimientos del largo invierno. El cambio era tan inesperado como radical, no en balde el primer concierto de Vivaldi de la serie "Las cuatro estaciones" empieza con el conocidísimo allegro que es el más vivo y apasionado de todos los movimientos de la serie. Es curioso que el concierto dedicado al verano empiece con un allegro non molto, con algunas frases suavísimas y casi se diría melancólicas, como las mediatardes de agosto en los campos ya segados. También el segundo movimiento del concierto de la primavera es melancólico, como si la tristeza del invierno todavía permaneciera, como si quedara memoria de las noches de mucho frío, de las plagas y del hambre. Pero el tercer movimiento, una danza pastoral, es a la vez una corrección de la tristeza del segundo y de los excesos del allegro. Esta danza de doncellas campesinas, adolescentes con la esperanza del amor y la felicidad, cuya sexualidad es todavía ingenua y espontánea, se corresponde con la alegoría de Boticelli, y es justamente la que después la cultura de la ciudad explotó románticamente y luego ridiculizó. La danza primaveral de Vivaldi encuentra su equivalente en la danza otoñal, el allegro del tercer movimiento, en la que el tono es más vigoroso, las frases más robustas y mejor marcadas. Probablemente, en el sentido figurativo de Vivaldi, quienes bailan esta danza otoñal son las mismas muchachas primaverales, que han jugado ya los juegos secretos del amor y son ahora el símbolo de una plenitud natural, de la consumación de las fuerzas vitales. La determinación entre los ciclos de la naturaleza y del crecimiento individual, su correspondencia casi exacta, que inspiró al final del medioevo toda una larga serie de cuadros y composiciones alegóricas sobre las edades del hombre y las estaciones cósmicas, sólo podría ser más asombrosa si añadiéramos la correspondencia de los ciclos históricos, la periódica resurrección de los entusiasmos políticos tras las épocas oscuras de decadencia y desesperación, la renovación social que comienza tras la crisis desintegradora, las revoluciones que perecen pero que engendran otras revoluciones. Para el hombre de ciudad esta equivalencia triangular es probablemente casual y sin relevancia. Para el antiguo hombre natural era mágica e inevitable. Si los antiguos tenían algo de razón, entonces el ciclo se cumplirá, las fuerzas naturales alcanzarán su consumación y se prenderán de nuevo los entusiasmos históricos. Ahora la primavera ha comenzado. Hay sol brillante, calor, los pájaros cantan su eterna única canción, el árbol frente a mi ventana, que miro mientras escribo estas líneas, se ha cubierto de pequeñas hojas verdes.

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  Publicado en CubaLiteraria

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-