"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




NIÑOS... Revelación de un mundo

Publicado en De Otros. el 12 de Agosto, 2007, 10:59 por Lauisaia

LECCIÓN DEL HIJO

Recibí una lección de uno de mis hijos, antes de que él cumpliera 14 años. Me habían telefoneado avisándome que una muchacha que yo conocía iba a tocar por televisión (...) . Prendí el televisor, pero con grandes dudas. Yo la había conocido personalmente y era una muchacha excesivamente suave, con voz de niña, y algo femenino infantil. y me preguntaba: ¿tendrá fuerza al piano? La había conocido en un momento muy importante: cuando ella iba a elegir el " camisón de la noche de bodas" para su casamiento. La preguntas que me hacía eran de una franqueza ingenua que me sorprendía. ¿Tocaría ella el piano?

Empezó. Y, Dios, sí que tenía fuerza. Su rostro era otro, irreconocible. En los momentos de violencia apretaba fuertemente los labios. En los instantes de dulzura entreabría la boca, entregándose por completo. Y transpiraba, de su frente se escurría el sudor de su rostro. Por la sorpresa de descubrir un alma insospechada, se me nublaron los ojos, la verdad es que yo lloraba. Vi que mi hijo, casi un niño, se había dado cuenta, y le expliqué: estoy emocionada, voy a tomar un calmante. Y él:

- ¿No sabes diferenciar emoción de nerviosismo? Estás teniendo una emoción.

Entendí, acepté y le dije:

- No voy a tomar ningún calmante.

Y viví lo que merecía vivirse.

UNA ESPERANZA

Aquí en casa se posó una esperanca*. No la clásica que tantas veces se constata que es ilusoria, aunque aún así nos sostenga siempre. Sino la otra, bien concreta y verde, el insecto.

Hubo un grito contenido de uno de mis hijos.

- ¡ Una esperanca! ¡ En la pared encima de tu silla! Emoción que unía en una sola a las dos esperanzas, ya tiene edad para eso. Pero antes mi sorpresa: la esperanza es algo secreto y suele posarse directamente en mí, sin que nadie lo sepa, y no encima de mi cabeza en una pared. Pequeño bullicio; pero era indudable, allí estaba ella, y más esbelta y verde no podía ser.

- Casi no tiene cuerpo- me quejé.

- Sólo tiene alma- me aclaró mi hijo y, como los hijos son nuestra sorpresa, con sorpresa descubrí que hablaba de las dos esperanzas.

Ella caminaba despacito sobre las hilachas de sus largas piernas, entre los cuadros de la pared. Tres veces intentó con obstinción una salida por entre dos cuadros, tres veces tuvo que retroceder, le costaba aprender.

- Es tontita- comentó el niño.

- Sé de eso- respondí un poco trágica.

- Ahora está buscando otro camino, mira, pobrecita, cómo vacila.

- Lo sé, es así.

- Parece que la esperanca no tuviera ojos, mamá, se guía por sus antenas.

- Lo sé- seguí aún más desanimada.

Así nos quedamos, no sé por cuánto tiempo mirando.(...).

- Ella olvidó que puede volar, mamá, y sólo piensa que puede caminar así de lento.

y de verdad que andaba lentamente - ¿Estaría acaso herida?

Ah no, si no de algún modo manaría sangre, siempre sucedió eso conmigo.

Fue entonces que olisqueando del mundo lo que es comestible, salió de atrás de un cuadro una araña.(...). Avanzando por su tela invisible, parecía trasladarse blandamente por el aire. Ella quería la esperanca. Pero nosotros también la queríamos y lo que menos queríamos era comerla. Mi hijo fue a buscar la escoba. Le dije débilmente, confundida, sin saber si había llegado lamentablemente el momento de perder la esperanza:

- No hay que matar a la araña, dicen que trae mala suerte...

- ¡Pero va a despedazar a la esperanca!- respondió el niño con ferocidad.

- Necesito hablar con la empleada para que limpie detrás de los cuadros. Después fantaseé cómo sería de sucinta y misteriosa con la empleada: le diría tan sólo: haga el favor de facilitarle el camino a la esperanca.

El niño, una vez muerta la araña, armó un retruécano con el insecto y nuestra esperanza. Mi otro hijo, que estaba mirando televisión,  oyó y rió de placer. No cabían dudas: la esperanza se había posado en casa, en cuerpo y alma.

Y qué bonito es el insecto: más que vivir se posa, en un esqueletito verde, y tiene una forma tan delicada que eso expica por qué a mí, que me encanta agarrar cosas, nunca se me ocurrió agarrarla.

Una vez, sin embargo, ahora que me acuerdo, una esperanca mucho menor que esta se había posado en mi brazo. No sentí nada, de tan leve que era, fue sólo visualmente que tomé conciencia de su presencia. Me intimidó su delicadeza. No movía el brazo y pensaba: "Y ahora qué tengo que hacer?". En verdad no hice nada. Me quedé totalmente quieta como si una flor hubiera nacido en mí. Después no recuerdo que pasó, creo que no pasó nada.

  CLARICE LISPECTOR, REVELACIÓN DE UN MUNDO

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-