"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




18 de Julio, 2007


La dama de Andalucia

Publicado en Cuentos el 18 de Julio, 2007, 20:45 por slb

La dama de Andalucía

He oído historias de cristos que derramaban lágrimas de sangre, de vírgenes aparecidas y aullidos en cementerios; de espíritus, casas embrujadas y lobisones. Diversos relatos han llegado hasta mis oídos con mayor o menor grado de verosimilitud; algunas veces dependiendo de las cualidades del orador, otras del horario o el lugar. Narraciones ligadas a eternos mitos, risueñas fábulas de infantes o sucesos envueltos en la añeja atención que concede la noche me atraparon. Pero esta anécdota es diferente, está respaldada en el sentido visual mas lúcido, en la experiencia tangible, cosa que nunca antes había sucedido. Señores, para un tipo pragmático como yo esto no es poco, ni mucho menos. Por eso me decidí a contar el relato, a sabiendas que me es imposible demostrar lo ocurrido y mucho menos presentar testigos, con el único fin de presentar una situación incomprensible al menos para mí, dejando en manos del lector el juicio sobre su veracidad.

El hecho ocurrió a mediados del año pasado en España, en la región de Andalucía. Para ser más precisos, fue en la plazoleta frente al alcázar de Sevilla. Mi tren había llegado al mediodía desde Francia y la reserva del hotel era a partir de las diez de la noche; tenía toda la tarde libre pero estaba demasiado cansado como para intentar el típico circuito turístico. Solo quería comer algo fresco sentado bajo el sol de primavera y procurarme el diario. Caminé entonces guiado por mi mapa hacia las cercanías del hotel -siempre por callejuelas angostas con sus típicos toques arábicos del siglo dieciséis- y preguntando, fui a dar con el comedor Andamán, justo frente a la popular plaza de los olivos. Elegí una mesa en la vereda con una sombrilla pequeña y su correspondiente silla de mimbre. Encendí un cigarrillo y acomodándome la vi al otro lado de la calle, justo al lado del puesto de flores. Subida a un pequeño banco, iniciaba un lento movimiento de agradecimiento al peatón que había depositado una moneda en el gorro con suma gracia, como una experta bailarina. Debía ser una chica joven, de unos veinticinco a treinta y cinco años, aunque por la vestimenta parecía más. Manejaba su títere vestido de mono con la precisión de un relojero. Sin duda, daba el pequeño show principalmente para todos aquellos que estábamos almorzando a escasos metros, apenas cruzando una delgada callejuela por donde solo circulaban motos y bicicletas. Dos hombres que se reían con estrépito a dos mesas de distancia agradecieron al mozo y saludando se dispusieron a cruzar mientras yo me decidía entre  ordenar una tarta o una ensalada. Cuando terminaron de recorrer los escasos metros de separación entre cordones, la titiritera se abalanzó sobre uno de ellos con la velocidad del rayo, como poseída, e hizo trastabillar al otro. Luego miró a todos y caminando hacia atrás lanzó dos gritos roncos en un idioma que parecía ser vasco. De allí en más, comprenderán, todo fue pánico y confusión; los comensales se dispersaron en varias direcciones arrastrando vajillas y cubiertos, tropezando y chocándose unos con otros derribando todo al paso. En aquellos instantes el sonido supo convertirse en una madeja chirriante, mezcla de aullidos y vidrios que explotan, de frenadas bruscas y pisadas que simulaban las de un batallón. Todo puesto en fuga por el seco estallido como de un petardo amplificado.

Y el tipo seguía allí, dando pequeños espasmos agonizantes, tomándose el vientre con ambas manos y circundado por un charco rojo móvil.

También yo seguía en el lugar, no por valiente ni nada que se le parezca; es que no podía dejar de observar el cuadro del moribundo y su asesina retrocediendo con pasos dislocados hacia atrás, victoriosa pero torpemente endemoniada. Creo que alguien estampó su cabeza en mi respaldar sumido por el pánico y el ansia de huir, mientras mis ojos se iban aferrados con la chica, como haciendo de guardianes. Impávidos dispusieron seguirla hasta donde fuera aún contra mi voluntad, mi cuerpo a esa altura ya se arrastraba y en mi mano se apretaba un zapato roto. La mujer- ya no me parecía que le quedara ni un aire de jovencita – seguía agitando los brazos como queriendo volar y yo me deslizaba gateando sin poder incorporarme, pero siempre en su dirección, hechizado entre recortes de manteles.

La vi sentarse en el borde de la fuente e inclinarse sobre sus rodillas rodeada por ventiscas de humo. Parecía una virgen entre sueños. Cuando quedé a poca distancia se incorporó, me miró extraviada y se arrojó dentro como hacen los buzos desde los pequeños barcos en los documentales.

A los tumbos, me abalancé con tal fuerza que mis rodillas quedaron sangrantes al aterrizar contra las piedritas que circundaban el óvalo.Extrañado solo vi agua y unas cuantas monedas desperdigadas. Ni un solo rastro de la titiritera. Era imposible que hubiera podido escapar y solo atiné a mirar alrededor.

Cuando llegó la policía conté lo sucedido, relaté hasta el hartazgo todo el itinerario con lujos de detalles. La ropa con que vestía, sus gritos, la forma de abalanzarse sobre el tipo, el mono, todo.

Al tipo de bigote duro nada le interesaba demasiado y parecía desconfiar, solo quería saber con severa insistencia quién había puesto el explosivo en el baño del comedor Andamán, una hora después de que estallara un vagón repleto en la estación de trenes mas importante de Sevilla. Para él y sus subordinados, al parecer, yo tenía todas las fichas del culpable.  

Di Benedetto y Bolaño

Publicado en De Otros. el 18 de Julio, 2007, 15:24 por MarceMex.-
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"Yo soy el de los concursos, dije. Miranda se sirvió más cogñac y dijo que durante un año, su padre había hablado bastante de mí. Noté que me miraba de otra manera. Debí improtunarlo bastante, dije. ¡ Qué va...! dijo ella, al contrario, le encantaban tus cartas, siempre se lo pasaba leyéndolas a mi madre y a mí. Espero que fueran divertidas, dije, sin demasiada convicción. Eran divertidísimas, dijo Miranda, mi madre, incluso, llegó a poneros un nombres. ¿Un nombre?, ¿ a quiénes ? A mi padre y a tí, os llamaba los detectives o los cazarrecompensas, ya ni me acuerdo, algo así como los cazadores de cabelleras.  Ah, me imagino porqué, dije, aunque creo que el verdadero cazarrecompensas era tu padre, yo solo le pasaba algún que otro dato de los concursos. Sí, él era un profesional, dijo Miranda de pronto seria. ¿Cuántos premios llegó a ganar? pregunté. Unos quince, dijo ella. ¿Y tú ? Yo por el momento solo uno. Una mención en Alcoy, y por eso lo conocí. ¿Sabes que Borges una vez le escribió una carta en donde ponderaba sus cuentos? dijo ella mirando su cogñac. No, no lo sabía, dije yo. Y Cortázar también escribió sobre él, y también Mujica Láinez. Es que él era un enorme escritor, dije yo. Joder, dijo Miranda y se levantó y salió al patio como si yo hubiera dicho algo que la ofendiera. Dejé pasar un instante, cogí la botella de cogñac y la seguí. Miranda estaba acodada en la baranda mirando las luces de Girona. Tienes una buena vista desde aquí, dijo. Le llené su vaso, llené el mío y nos quedamos durante un rato mirando la ciudad iluminada por la luna. De pronto me di cuenta de que ya estábamos en paz, de que por alguna misteriosa razón habíamos llegado juntos a estar en paz y que de ahí en adelante las cosas impercepctiblemente comenzarían a cambiar. Como si el mundo de verdad se moviera. Le pregunté qué edad tenía. Veintidós, dijo. Entonces, yo debo tener más de treinta, dije, y hasta mi voz sonó extraña".
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FRAG. del cuento  "SENSINI", del libro de cuentos   "LLAMADAS TELEFÓNICAS" Edit  Anagrama.-
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SENSINI, es la ficcionalización del escritor argentino ANTONIO DI BENEDETTO  (ZAMA) , del que Bolaño era un gran admirador y al que conoció realmente en un concurso literario de provincias en España, donde ambos estaban exiliados hacia 1982 y vivían (Di Benedetto seguro) de ganar pequeños concursos literarios de provincias.-  Di Bendetto estuvo preso entre 1978-80 por la dictadura militar, tuvo un hijo desaparecido, Gregorio (22) y hacia 1980 fue liberado por presión internacional y se exilió en España.  Regresó en 1984, pero ya venía muy enfermo y murió de tristeza entre la búsqueda de los restos de Gregorio y la falta de trabajo.  ZAMA está considerada (por Borges) la mejor novela escrita en Latinoamérica.  Bolaño, en el cuento, opina igual.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-