"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




La mano de Dios

Publicado en Cuentos el 30 de Junio, 2007, 13:39 por slb

La mano de Dios

Desde la lejanía vi correr al hombrecillo con la belleza de un esteta. Lo vi perforar el aire y saltar justo debajo de mi.

Con él corrían millones; seres invisibles que apuntalaban sus pasos, flexionaban sus rodillas y limpiaban sus botines. Había mujeres que acomodaban su camiseta y pibes que lo imitaban hasta el ridículo.

Miré a todos sorprendido, pues solo yo podía verlos. El ejército rival solo seguía a ese muchacho de cabello enrulado llamado Diego que cada vez subía más al cielo.

Alguien me susurró al oído que aquella barbarie sin rostro había perdido hasta su propio país, y que ahora vagaban sin patria, incongruentes, como animales carroñeros; recordando los viejos alguna grandeza perdida, quejándose por lo que les había sido robado. Observé mejor. Eran espectros soñadores, envidiosos, melancólicos e hipócritas. Los estudié con premura. Habían sostenido tiranos a sabiendas, hurtado en los campos de sus vecinos, quemado sus propias instituciones y hasta hoy se mataban los unos a los otros. Juro que me dieron ganas de mirar para otro lado.

Sin embargo, todos aquí deseábamos ver rabiar un poco al gigante poderoso; al que se me había ido de las manos con su cara siempre prolija y sus modales señoriales, con su deseo sangriento de conquista y su aspecto de fantasma húmedo.

Fue así como decidido extendí mi brazo, acaricié el esférico de cuero y, entrelazando mis dedos con los del capitán de bandera blanquiceleste, formamos la cuchara de una catapulta e impulsamos el proyectil con energía. Alguien cercano a mí esbozó una sonrisa cómplice y guiñó un ojo.

Los británicos observaron atónitos como se derrumbaba su imperio. El arquero, último bastión de la resistencia solo atinó a mirar al cielo en mi búsqueda. Creo que nos quedamos con la vista clavada al menos un minuto. Él juró venganza mientras yo escuchaba su respiración entrecortada y los gritos de júbilo provenientes desde lejanas aldeas sometidas.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-