"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




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Publicado en De Otros. el 26 de Mayo, 2007, 11:05 por MScalona

     En   uno   de   sus   libros   Ernest   Jünger,  escribió:

         - Generalmente me quedaba leyendo hasta muy tarde, ya que un día sin libros es para mí un día perdido. Tal vez el único consejo válido e ineludible que se le puede dar a un escritor es que lea como conejo, vale decir, que lea todo lo que se presente delante de sus narices, vale decir sus ojos. Un escritor debe ser una persona desprejuiciada respecto de sus lecturas, un espíritu abierto. Si bien la lectura dogmática y académica, las historias de la literatura que se imparten en las academias y en las universidades, sitúan de alguna manera al futuro escritor en medio de ese maremágnum que es la literatura universal y sus influencias y encadenamientos sucesivos de genealogías; no es de las escuelas de letras de donde salen, por lo general, la mayor parte de los escritores. Más bien todo lo contrario, dado que para un tímido e incipiente escritor, los conocimientos literarios impartidos en las aulas suelen tender a sacralizar la literatura y el oficio de escritor a un punto tal que nuestro tímido acaba inhibido y a veces impotente de ejercer su deseo de escribir durante largos años".

        De allí que el escritor deberá forjarse su propio canon literario y para ello deberá ejercitar la lectura como herramienta indispensable de su hacer. Quizá una de las preguntas que más atormentan a un escritor en ciernes es cómo distinguir un libro bueno de uno malo. A propósito de esta pregunta, inherente a todas las artes, hay una anécdota en la novela Barbazul de Kurt Vonnegut. La protagonista de la novela pregunta el pintor abstracto Rabo Karabekian, cómo distinguir un cuadro bueno de uno malo. Y la respuesta que le da es la siguiente: Lo único que tienes que hacer es contemplar un millón de cuadros, y entonces no podrás equivocarte jamás". La única manera de hacerse con un criterio de lecturas es leer sin descanso, leer como un enfermo casi todo lo que llegue a manos de uno, y lo que no llegue, salir a buscarlo.

        De allí que el escritor deberá forjarse su propio canon literario y para ello deberá ejercitar la lectura como herramienta indispensable de su hacer. Quizá una de las preguntas que más atormentan a un escritor en ciernes es cómo distinguir un libro bueno de uno malo. A propósito de esta pregunta, inherente a todas las artes, hay una anécdota en la novela Barbazul de Kurt Vonnegut. La protagonista de la novela pregunta el pintor abstracto Rabo Karabekian, cómo distinguir un cuadro bueno de uno malo. Y la respuesta que le da es la siguiente: Lo único que tienes que hacer es contemplar un millón de cuadros, y entonces no podrás equivocarte jamás". La única manera de hacerse con un criterio de lecturas es leer sin descanso, leer como un enfermo casi todo lo que llegue a manos de uno, y lo que no llegue, salir a buscarlo.

         El escritor novato aprenderá de los clásicos, a tal punto que Stephen Viczinzey recomendarás supeditar la lectura de material recién editado a la lectura y sobre todo, la re-lectura de textos clásicos como Las ilusiones perdidas de Honoré de Balzac. Un escritor, sin embargo, aprenderá también de los libros malos: Stephen King, el mago del terror norteamericano, da como ejemplo en su libro Escribir, que leer libros malos y detectarlos como tales edifican un criterio y una estética del escritor novel, que hará sobre ellos diagnósticos sobre cómo hubieran sido mejores esos libros si en tal o cual capítulo hubiera sucedido tal cosa o tal otra.

         Pero ya sea que se ponga en discusión el material que se ponga en discusión, lo que no entra aquí es descalificar a la lectura como la herramienta fundamental con la que cuenta un escritor.

         A su vez, la lectura se promueve en sentido contrario: así como es herramienta de escritores, según dijimos antes, es también el mayor estímulo para que un lector se vuelva un escritor. Lector y escritor son las dos caras de la luna: de trata de dos actividades alternas que dependen la una de la otra y que se retroalimentan. Hay muchos motivos para querer aprender a escribir, con esto queremos decir, aprehender las técnicas para contar una historia, sin duda uno de los motivos predominantes es la vocación, pero también está el efecto de contagio que logra la lectura nunca lectura hecha con placer y de aquellas en que uno acaba lamentándose de que se termine el libro- en la cual el lector exclama: ¡Cómo    me    gustaría    a        escribir    algo    así! (Exclamación, claro está, que es como la víbora bajo la flor de los escritores).-

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-