"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




el Otoño y yo...

Publicado en Poemitas. el 22 de Marzo, 2007, 22:16 por MScalona

 

         el  Otoño y yo

 

 

 

Siempre vuelvo a este punto

mirando por la ventana afuera

buscando no sé qué suerte.

Una convalecencia ambarina

la cuarentena de infancia

las veredas ocres

las plazas de añil

y unos rostros desvaídos

como la luz de las seis de la tarde.

 

Llueve mucho en esta época del año:

el otoño cumple su destino

de matar al verano

                            y arrastrarlo

a la otra orilla

                            del mundo.

 

 

El otoño es un corazón solitario.

Se lo pasa bebiendo esplín

las tardes de domingo

para darse coraje

y seguir buscando

los colores del crepúsculo:

se tarda una quincena todavía

en saturar de bermellones

el horizonte del ocaso.

Abril es el mejor refugio

de las palabras.

 

Tiene algo de irreal el paisaje.

Como una luz desleída

de duermevela, delirio

intervalo, cuando

cesa la fiebre

o el instante

en que la música

se vuelve un rayo

y descubre todos los rincones. 

 

El otoño es un pecho desnudo,

par de piernas largas

y una boca de arroyo

chocolate desborda

las comisuras de ella

en el cine matinée.

Viento y agua en la salida

correr al auto

emblema repetido

de la contingencia.

A menudo, de la mano

el resuello del estío

pervive una furia asesina

y él la abraza, de arrebol

como las hojas

a merced del chubasco.

 

 

Los poetas descubren primero el otoño.

Mucho antes que los meteorólogos.

Un estado de ánimo

un rabdomante de la pena.

Linneo, por ejemplo,

empezó nombrando pistilos y corolas

y acabó escribiendo poemas

en las hojas descartadas de los experimentos.

 

Es un flash:

la mirada inventa el amarillo.

La creación del naranja

y el sur de Francia

recién pudo completarse

con los ojos incendiados de Van Gogh

y a este aire opresivo

que palidece el ocre

él podría oponerle unas lilas

y su silla de paja en la vereda

y con la ayuda de Gauguin

y los vecinos,

un pomo de agua,

la serpentina

cientos de máscaras

al corcho quemado.

El corso terminaría

en esas tres calles que bajan al río

remedando el Montmartre:

Maipú, Urquiza, Laprida.

 

 

Suelo imaginar la murga

calle abajo

sin ton ni son

como agua va

un paseante hacia el río

sin alzar la vista

hacia mi ventana

donde estoy escribiendo que

 todo pende de una hebra

de luz

           tinta

                     saliva.

 

 

Más atrás va una parejita

haciendo un round de reproches.

Ella está cansada

de que él se desviva

por una tal Lucrecia.

Él porfía que es rubia auténtica

y su preocupación fraterna

huele a descaro.

 

 

Después pasa un cortejo

de una mujer sola

que desciende Laprida

con una lágrima

bajo mi ventana

que ella no ve

por los párpados pesados.

 

¿Puedo acaso compartir su dolor...?

¿Hace falta agregarle una pena al otoño?

Agita la cabeza incrédula

se cubre el rostro con las manos

y lanza un hipo convulsivo.

Alguien se ha muerto para siempre

entre sus brazos.

 

El otoño es cansado

regreso del año.

de la ilusoria del viaje infinito.

El río es un caballo

de crines de espuma

hacia el vaivén original de la mar.

La vista del horizonte

devuelve el espíritu

y otra vez calle arriba

el paseante, el mismo,

sube despreocupado

y la mujer vuelve llorando.

 

Pero ya no es la misma.

¿Acaso será Lucrecia?.

 

El otoño

prefiere hacer lo que más sabe:

                                                  llover

y que otros lo escriban.

 

El río está inmóvil

aunque el agua se repite

nada es uno y el mismo.

La mirada del instante

captura el perfume

y me apresuro a cerrar la ventana.

 

Trato de paladear despacio la fragancia

la noche será larga

y el lunes

                      tan lejano.

 

¡El último tren del estío…!

-vocea un boletero-

¡Se va… se va el verdor!

No habrá más flores…

- Favor, señores pasajeros

                                            Apearse...

Última llamada.

El andén se vacía

y yo vuelvo a quedar solo

y me parece que nunca

tengo el boleto adecuado.

Espero un tren que ha partido

y recojo del piso los tickets perforados

para garabatearles en el dorso unas epístolas.

 

 

Me queda el viaje de las cartas.

Le cuento a la primavera

cómo imagino el otoño.

Como un hombre ordinario

escribo, anónimo

insignificante :

 

                      un hombre que a menudo

                      ya no soporta

                      que le agreguen otra pena.

 

 

 

                                                       Marcelo  Scalona

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-