"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




20 de Marzo, 2007


FRANCISCO GANDOLFO

Publicado en De Otros. el 20 de Marzo, 2007, 19:16 por MScalona

 

 

Mito del rechazo

 

         De niño,

            los borrachos italianos

            desaforaban la noche americana

            cantando a toda voz

            “Las campanas de San Juan”.

 

            Adulto ya,

            una jovencita con voz de madre

            o madre con voz de niña

            lo invitó por radio

            a comer la bañacauda en Turín

            y aceptando

            tomó un barco en Buenos Aires

                                   cruzó el océano

            y se abrazó con ella en Génova.

 

            Tenía cara de novia

                 pecho de suegra

                      cintura de prima

                          cadera de esposa

                               piernas de tía

                                   trato de amiga

                                       y aire de hermana.

 

            Sintió una emoción semejante

            a abrazar a todas ellas

            y esperando que la banda

            terminara de tocar el himno

            agradeció al pueblo la recepción.

            En Turín, la familia piamontesa

            le había tendido casamiento

            pero mezcladas en ella tantas mujeres

            se excusó a tiempo.

                                                                                                

Francisco  Gandolfo,  Rosario, 1922

Panóptico...

Publicado en ¡¿Blog?! el 20 de Marzo, 2007, 12:45 por maripau.-

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Al final de la columna de la izquierda, ya pueden encontar el link al sitio de estadísticas...

Visitas al blog, por mes, día, por hora, paises, duración, etc, etc...

(se extrañaba esto de los post con flechitas...!)

more Clarice ...

Publicado en De Otros. el 20 de Marzo, 2007, 8:24 por MScalona
CLARICE LISPECTOR a los 30 años.

UNA   ESPERANZA

            Aquí en casa se posó una esperança (*). No la clásica que tantas veces se constata que es ilusoria, aunque aun así nos sostenga siempre. Sino la otra, bien concreta y verde: el insecto.

            Hubo un grito contenido de uno de mis hijos:

            -¡Una esperança! ¡En la pared encima de tu silla! –emoción que unía en una sola a las dos esperanzas, ya tiene edad para eso. Pero antes mi sorpresa: la esperanza es algo secreto y suele posarse directamente en mí, sin que nadie lo sepa, y no encima de mi cabeza en una pared. Pequeño bullicio; pero era indudable, allí estaba ella, y más esbelta y verde no podía ser.

            -Casi no tiene cuerpo –me quejé.

            -Sólo tiene alma –me aclaró mi hijo y, como los hijos son nuestra sorpresa, con sorpresa descubrí que hablaba de las dos esperanzas.

            Ella caminaba despacito sobre las hilachas de sus largas piernas, entre los cuadros de la pared. Tres veces intentó con obstinación una salida por entre dos cuadros, tres veces tuvo que retroceder. Le costaba aprender.

            -Es tontita –comentó el niño.

            -Sé de eso –respondí un poco trágica.

            -Ahora está buscando otro camino, mira, pobrecita, cómo vacila.

            -Lo sé, es así.

            -Parece que la esperança no tuviera ojos, mamá, se guía por sus antenas.

            -Lo sé –seguí aún más desanimada.

            Así nos quedamos, no sé por cuánto tiempo mirando. Vigilándola como se vigilaba en Grecia o Roma el inicio del fuego en el hogar para que no se apagara.

            Ella olvidó que puede volar, mamá, y sólo piensa que puede caminar así de lento.

            Y de verdad que andaba lentamente -¿estaría acaso herida? Ah no, si no de algún modo manaría sangre, siempre sucedió eso conmigo.

            Fue entonces que olisqueando del mundo lo que es comestible, salió de atrás de un cuadro una araña. No una araña sino, a mi ver, la araña. Avanzando por su tela invisible, parecía trasladarse blandamente por el aire. Ella quería la esperança. Pero nosotros también la queríamos y, ¡oh, Dios!, lo que menos queríamos era comerla. Mi hijo fue a buscar la escoba. Le dije débilmente, confundida, sin saber si había llegado lamentablemente el momento de perder la esperanza:

            -No hay que matar a la araña, dicen que trae mala suerte…

            -¡Pero va a despedazar a la esperança! –respondió el niño con ferocidad.

            -Necesito hablar con la empleada para que limpie detrás de los cuadros –dije sintiendo la frase fuera de lugar y percibiendo cierto cansancio en mi voz. Después fantaseé cómo sería de sucinta y misteriosa con la empleada: le diría tan sólo: haga el favor de facilitarle el camino a la esperança.

            El niño, una vez muerta la araña, armó un retruécano con el insecto y nuestra esperanza. Mi otro hijo, que estaba mirando televisión, oyó y rió de placer. No cabían dudas: la esperanza se había posado en casa, en cuerpo y alma.

            Y qué bonito es el insecto: más que vivir se posa, es un esqueletito verde, y tiene una forma tan delicada que eso explica por qué a mí, que me encanta agarrar cosas, nunca se me ocurrió agarrarla.

            Una vez, sin embargo, ahora que me acuerdo, una esperança mucho menor que ésta se había  posado en mi brazo. No sentí nada, de tan leve que era, fue sólo visualmente que tomé conciencia de su presencia. Me intimidó su delicadeza. No movía el brazo y pensaba: "¿Y ahora qué tengo que hacer?". En verdad no hice nada. Me quedé totalmente quieta como si una flor hubiera nacido en mí. Después no recuerdo qué pasó. Creo que no pasó nada.

(*) Insecto volador, inofensivo, con caparazón, del aspecto y tamaño de la vaquita de San Antonio, pero de color verde y con patas muy finitas en relación al cuerpo.

 Op Cit.  p. 156.-

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-