"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




6 de Marzo, 2007


los 80 de GABO

Publicado en Aguafuerte el 6 de Marzo, 2007, 23:10 por MScalona
 Por WINSTON MANRIQUE

diario EL PAÍS, España  6-3-07-  www.elpais.es

""Bajo un aguacero extraviado, el 6 de marzo de 1927, y aterrando a todos, nació Gabriel García Márquez. Fue en la caribeña Aracataca, un poblado colombiano, un domingo novelable a partir del cual el niño viviría una infancia a la que ha vuelto muchas veces, y que le ha hecho convertirse en uno de los grandes escritores del siglo XX. Este año se celebran también los 60 años de su primer cuento, La tercera resignación; los 40 de Cien años de soledad, y los 25 de haber recibido el Premio Nobel de Literatura. Hoy hace 80 años nació una nueva forma de narrar, un universo y un lenguaje propios, y un escritor tímido, que odia las preguntas y ama los silencios, con un encanto que ha cautivado a intelectuales y políticos de varias generaciones.

Debió llamarse Olegario. Acababan de sonar las campanas de la misa de nueve cuando los gritos de la tía Francisca se abrieron paso, entre el ruido del aguacero, por el corredor de las begonias: "¡Varón! ¡Varón! ¡Ron, que se ahoga!". Y nuevos gritos enmarañaron la casa. Una vez liberado del cordón umbilical enredado en el cuello, las mujeres corrieron a bautizar al niño con agua bendita. Lo primero que se les vino a la cabeza fue ponerle Gabriel, por el padre, y José, por ser el patrono de Aracataca. Nadie se acordó del santoral. De lo contrario, se habría llamado Olegario García Márquez.

Aquel domingo 6 de marzo de 1927, Aracataca celebró la llegada del primogénito de Luisa Santiaga y Gabriel Eligio. Aunque, en realidad, para los cataqueros había nacido el nieto de Tranquilina Iguarán Cotes y el coronel Nicolás Ricardo Márquez Mejía, los abuelos maternos con quienes se crió hasta los ocho años en una tierra cubierta de platanales bajo soles inmisericordes del Caribe colombiano. Era un niño en un caserón de mujeres, amordazado por las creencias de ultratumba de la abuela y los recuerdos de guerras del abuelo. Ocho años de vivencias que lo harán universal en 1967 cuando publique Cien años de soledad. Aunque él cree que la historia que no embolatará su nombre en el olvido es la de sus padres recreada en El amor en los tiempos del cólera. La víspera de su vida. La historia donde todo empieza. La de los felices amores contrariados que hace 80 años convirtieron a Gabriel García Márquez en el mayor de siete varones y cuatro mujeres, y quien daría vida a tantas cosas.

- UN ESCRITOR. "¿Fue tu abuela la que te permitió descubrir que ibas a ser escritor?". "No, fue Kafka, que, en alemán, contaba las cosas de la misma manera que mi abuela. Cuando yo leí a los 17 años La metamorfosis, descubrí que iba a ser escritor. Al ver que Gregorio Samsa podía despertarse una mañana convertido en un gigantesco escarabajo, me dije: 'Yo no sabía que esto era posible hacerlo. Pero si es así, escribir me interesa", contó el autor a Plinio Apuleyo Mendoza en El olor de la guayaba.

- UN PERIODISTA. Empezó en el diario cartagenero El Universal en 1948; siguió en El Heraldo de Barranquilla, y luego en El Espectador, de Bogotá. Ryszard Kapuscinski aseguró que, aunque lo admiraba por sus novelas, consideraba que "la grandeza estriba en sus reportajes. Sus novelas provienen de sus textos periodísticos. Es un clásico del reportaje con dimensiones panorámicas que trata de mostrar y describir los grandes campos de la vida o los acontecimientos. Su gran mérito consiste en demostrar que el gran reportaje es también gran literatura".

- UN MUNDO. "Esta voluntad unificadora es la de edificar una realidad cerrada, un mundo autónomo, cuyas constantes proceden esencialmente del mundo de infancia de García Márquez. Su niñez, su familia, Aracataca constituyen el núcleo de experiencias más decisivo para su vocación: estos demonios han sido su fuente primordial", escribió Mario Vargas Llosa en Historia de un deicidio.

- UN LENGUAJE. "Es como si el lenguaje estuviera hecho para contar historias, para cambiar el mundo aterrador, para sumergir al hombre sin que se dé cuenta en los valles confortables del sueño. Como si de un gran caleidoscopio se tratase que mostrara la realidad de los trozos de colores, pero ordenados en vistosos encajes, mágicos, cambiantes, multiplicados por los engañosos espejos", explicó Ricardo Escavy Zamora, de la Universidad de Murcia, en el congreso Quinientos años de soledad.

- UN ESTILO. Carlos Monsiváis considera que "en sus libros clásicos se extrema la certidumbre: gracias a la belleza del idioma (la perfección de su sonido, la sucesión de frases inmejorables), los hechos adquieren otro relieve, son relatos que si no se dan con esas palabras se convierten en algo distinto. Para García Márquez, escribir bien no es una exhibición de dotes estilísticas; es añadir la noción épica del idioma a las épicas existentes".

- MACONDO. El territorio literario donde transcurre gran parte de su creación aparece por primera vez en Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. Pero su fama llega en Cien años de soledad: "Macondo era entonces una aldea de veinte casas de barro y caña brava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos".

plus Lispectorrrrrrrrrrrrrrrr....

Publicado en De Otros. el 6 de Marzo, 2007, 17:18 por MScalona

ME HAGO CARGO DEL MUNDO

         Soy una persona muy ocupada: me hago cargo del mundo. Todos los días miro desde el balcón el pedazo de playa con mar, y veo a veces que las espumas parecen más blancas y que a veces durante la noche las aguas avanzaron inquietas, veo eso por la marca que las olas dejaron en la arena. Miro los almendros de mi calle. Presto atención a si el cielo de noche, antes de irme a dormir y encargarme del mundo en forma de sueño, si el cielo de noche está estrellado y azul marino, porque ciertas noches en vez de negro parece azul marino. El cosmos me da mucho trabajo, sobre todo porque veo que Dios es el cosmos. De eso me ocupo con cierta aversión.

         Observo a un niño de diez años, vestido con harapos y flaquísimo. Tendrá una futura tuberculosis, si es que ya no la tiene.

         En el jardín Botánico, luego, quedo exhausta, tengo que hacerme cargo con mi mirada de las mil plantas y árboles, y sobre todo de las victorias regias.

         Que se note que no menciono ni una vez mis impresiones emotivas: lúcidamente sólo hablo de algunas de las millares de cosas y personas de las que me encargo. Tampoco se trata de un empleo pues no gano dinero con eso. Tan sólo me entero de cómo es el  mundo.

         ¿Si hacerse cargo del mundo da trabajo...?  Sí. Y recuerdo un rostro terriblemente inexpresivo de una mujer que vi en la calle. Me hago cargo de los miles de favelados de arriba de las laderas. Observo en mí misma los cambios de estación: yo claramente cambio con ellas.

         Me han de preguntar por qué me hago cargo del mundo: es que nací; así, todo es de mi incumbencia. Y soy responsable por todo lo que existe, incluso las guerras y los crímenes de leso cuerpo y lesa alma. Soy inclusive responsable por el Dios que está en constante cósmica evolución para mejor.

         Me ocupo desde niña de una fila de hormigas: ellas andan en fila india cargando un pedacito de hoja, lo que no impide que cada una, al encontrarse con una fila de hormigas que viene en dirección opuesta, pare para decir algo a las otras.

         Leí el célebre libro sobre las abejas, y me hice cargo desde entonces de las abejas, especialmente de la reina madre. Las abejas vuelan y lidian con flores: esto yo lo constaté.

         Pero las hormigas tienen una cintura muy finita. En ella, pequeña como es, cabe todo un mundo que, si no presto atención, se me escapa: sentido instintivo de organización, lenguaje que supera lo supersónico para nuestros oídos, y probablemente los sentimientos instintivos de amor-sentimiento, pues hablan. Me hice cargo de las hormigas cuando era pequeña, y ahora, que yo quería tanto poder verlas de nuevo, no encuentro ni una. Que no hubo matanza de ellas, lo sé porque si la hubiera habido yo me habría enterado. Ocuparse del mundo exige también mucha paciencia: tengo que esperar el día en que aparezca una hormiga. Paciencia: observar las flores abriéndose imperceptible y lentamente.

         Sólo que no encontré todavía a quién rendir cuentas.

                                                                                             

CLARICE LISPECTOR, op.  cit.  p. 220

María Maseroni

Publicado en De Otros. el 6 de Marzo, 2007, 9:10 por MScalona


http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-7602-2007-03-06.html

                                                                                                                             

ROSARIO/12  recuerda con este texto maravilloso a esta compañera

que hoy hubiera cumplido 42 años...

Clarice Lispector

Publicado en De Otros. el 6 de Marzo, 2007, 8:47 por MScalona

FUTURO IMPROBABLE

 

         Alguna vez iré. Alguna vez iré sola, sin mi alma esa vez. Al espíritu, lo habré entregado a la familia y a los amigos con recomendaciones. No será difícil cuidar de él, exige poco, a veces se alimenta con diarios. No será difícil llevarlo al cine, cuando vayan. Mi alma yo la dejaré, cualquier animal la cobijará: serán vacaciones en otro paisaje, mirando a través de cualquier ventana llamada alma, cualquier ventana de ojos de gato o perro. De tigre, preferiría. Mi cuerpo, a ése me veré obligada a llevarlo. Pero le diré antes: ven conmigo, como única valija, sígueme como un perro. E iré hacia delante, sola, al fin ciega para los errores del mundo, hasta que tal vez encuentre en el aire algún bólido que me reviente. No es la violencia lo que busco, sino una fuerza todavía no clasificada pero que no por eso dejará de existir en el mínimo silencio que se desplaza. En ese instante hará mucho que la sangre ya habrá desaparecido. No sé cómo explicar que, sin alma, sin espíritu, y un cuerpo muerto –seré todavía yo- horriblemente lista. Pero dos y dos son cuatro y eso es lo contrario de una solución, es un callejón sin salida, puro problema arrollado en sí mismo. Para volver al “dos y dos son cuatro” es necesario volver, fingir saudade, encontrar el espíritu entregado a los amigos, y decir: ¡Cómo engordaste! Satisfecha hasta el tuétano por los seres que más amo. Estoy muriendo mi espíritu, siento eso, lo siento…

                                                                                                  

Revelación de un Mundo,  p. 218                                            

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-