"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




13 de Febrero, 2007


Freud, el escritor...

Publicado en De Otros. el 13 de Febrero, 2007, 8:13 por MScalona

            Un saber y su narrativa

Con una insistencia propia de la erudición mecánica o del arte menor de la disección se ha escrito con esmero y desvelo acerca de los textos que fundaron los conceptos freudianos. Ríos de tinta que a su vez fueron sombreando el placer experimentado por Sigmund Freud leyendo las tragedias de Sófocles, las poéticas de Goethe o el Quijote.

            El entusiasmo que relevan estas líneas, la maravilla que le atribuye a esas otras, proclaman cómo el enamorado sale al encuentro de un argumento confiando en el afecto a posteriori que provocará esa escritura.

            Acentuar entonces esta marca que atraviesa a Freud –su relación con lo que produce un texto- es también insinuar que sólo a partir de este flechazo se establece el primer paso para que un lector dispuesto a maravillarse con unas líneas se presente –a futuro- como escritor.

            Aunque el desfiladero no tome la forma de una epifanía ni tampoco necesite ser reconstruido en sus pormenores, es posible encontrar una raya divisoria en este pasaje. El azar y el mercado de los recuerdos nos ofrecen esa evidencia: los envases en los que hoy se colocan los objetos comprados en la Fundación del Museo Freud, de Viena, llevan en una cara la portada del último texto prepsicoanalítico: "Acerca de la cocaína" y en la otra, una de las obras mas conspicuas de la narrativa freudiana: El chiste y su relación con lo inconsciente.

            En el primer texto, que difundía el reciente descubrimiento de las hipotéticas virtudes anestésicas de esa droga, se mantiene el canon que hace a la oratoria profesional de época; pero en el otro articulo –años después-  hay un escritor que se pasea cómodamente entre humoradas, condensaciones, anécdotas de judíos pobres y una riqueza conceptual que no condesciende a lo impropio o lo convencional.

            "Mis historiales –dice- parecerían carecer del severo sello científico que se acostumbra y son leídos como fragmentos literarios…". Luego de este poco inocente asombro, Freud no duda en hacer blanco: "pero esto no depende de mi sino del material en cuestión". Y en consecuencia se presenta a sí mismo como aquel autor construido por la necesidad de transmitir lo que su clínica le hace escuchar.

            Pero ni la repercusiones del texto que conmuevan a un sujeto ni las condiciones de posibilidad que le imponga el material a su práctica serán suficientes para producir un escritor, si llegara a desatarse el ataque, como decía Roland Barthes, "de uno de los enemigos más tristes del arte": la ausencia de talento. Es en este territorio en donde Sigmund Freud se muestra en la plenitud de sus recursos. A tal punto que, anhelando también otros, el único premio que recibe en vida es el "Goethe", precisamente por la cualidad literaria de sus obras.

            Cualidad, calidad de su disposición para establecer una política textual que no vacila, como si fuera un insólito epígono de Oscar Wilde o Lucio Mansilla en eso de acampar su argumentación en espacios ficcionales: sugiere infatigables diálogos entre un psicoanalista y un contradictor, le da el formato de conferencias (que no serán pronunciadas) a conceptos fundamentales del psicoanálisis o fragmenta, con obstinada elocuencia, una consulta que acontece fuera de los lugares habituales: "En las vacaciones de 189…emprendí una excursión por la montaña con el propósito de olvidar durante un tiempo la Medicina…". Así se expresa Freud en el comienzo de uno de esos historiales clínicos que entrecruza, sin pérdida, un relato, un interrogante, un padecimiento. Historiales, poemas, historias: sólo es su voz –pasada por el desfiladero de la letra- la que logra hacer advenir a un escritor. Aquel que conduce un saber al encuentro con una narrativa.

           

                                                                                               

CARLOS  BRÜCK, Psicoanalista, Director de la revista  Mal Estar

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-