"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




30 de Enero, 2007


pedacito de EL PORTADOR, cap. 11º

Publicado en Nuestra Letra. el 30 de Enero, 2007, 20:03 por MScalona

Mientras recorría esas callecitas estrechas e irregulares de Victoria, esas aceras umbrosas en lomada, me puse a hacer el jueguito semántico con los nombres de las canciones de Bill Evans: urdía un poema con los nombres de los temas mientras tarareaba las melodías al galope del sonido del estéreo:  Hola Bollinas, no es cierto que seas Minha, pero Esta tarde vi llover y pensé, Nos volveremos a encontrar, ¿Qué vas a hacer el resto de tu vida? Debes creer en la primavera. Yo te amo, Porgy.

 

            A menudo me dormía con esos garabatos verticales de metáforas robadas. Tesalio, mi personaje de pantuflas, me había enseñado que más que la melodía había un tesoro en las resonancias de los nombres de esas canciones. El viejo se pasaba horas haciendo una especie de criptograma literario con los títulos de las canciones, y a cada rato decía:  “Sí… la melodía es buena, pero los títulos esconden unas resonancias…”

 

            Yo solía estacionar el BM junto a los arroyos, el Ceibas, el Döll, el Clé, cualquier pausa de la tierra sobre la ruta 34, esperando que acabasen los temblores y la intermitencia. Mi preferido terminó siendo el vado de Spatzen, porque era un camino real del siglo XVIII, solitario y olvidado de los mapas. Desde los 33 Orientales, decían, no cruzaba nadie por allí. Un camino baldío, decían los arrieros, ideal para perderse los fugitivos y le guiñaban un ojo al forastero.  Y es de no creer, pero cada noche, cuando el Concierto de París llegaba a los acordes de Quiet now (en ese exacto momento), aparecía en el abrevadero un alazán arisco y sudado buscando su jinete. Quizá un caudillo del siglo XIX. Quizá el mismísimo Fierro, Hernández vivió en Entre Ríos. ¡Quién sabe esos vericuetos de la neurolingüística! Porque ni bien veía el animal agitarse, me venía la voz de Pamela adentro de la cabina del auto, esa frase repetida en la noche cada vez que ella me daba su abrazo cucharita: Nada podrá vencer esta ternura. Nada. Entonces solía dormirme en mitad del disco y a la mañana siguiente nunca sabía si era un sueño o de verdad había ocurrido.

 

 

                                                               * * * * *

 

Jaime Sabines...

Publicado en De Otros. el 30 de Enero, 2007, 18:46 por MScalona

Los amorosos

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.
Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables.
Los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota corno sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-