"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




71 Alrededor

Publicado en Cuentos el 23 de Enero, 2007, 12:47 por MScalona

                                         

 

“La cópula es hermana del sueño; en la misma cama

se sueña y se posee. La posesión arroja la

figura soñada, desnuda y llena de placeres, al

mundo estrictamente real de una habitación”

             El aprendiz de brujo.           Georges Bataille

 

“Entramos en la habitación donde ella dormía

con mi hermano; Julita cerró la puerta y me sonrió;

 yo giré para desnudarme, para no verla, se me ocurrió

con desconsuelo que la adolescencia no es una etapa

de la vida, sino una enfermedad mía, un vicio de

conformación, una lacra incurable”     

                            Juntacadáveres.           J.C. Onetti

 

“Le dije a mi corazón sin gloria pero sin pena,

 no cometas un crimen mi amor

 si no vas a cumplir la condena”

                     . Paloma.                     Andrés Calamaro.

 

 

 

La novela estaba marcada en la página 35. Ahí estaba puesto el señalador, en la primer escena de posesión entre Jorge y Julita. La primera que nombra Onetti en “Juntacadáveres”. Página 35. El señalador, curiosamente, era un aviso de promoción del motel “La Posta del Diablo”, Ruta 21, Km. 289, Alvear, habitación Gold Club, cinco estrellas, $ 35, todas las tarjetas.

 El 35 es el pajarito en la quiniela y el hombre pájaro es el artista, especie de picaflor, vagabundo filosófico, Dédalo o Dédalus, el narrador del “Ulises”, el personaje de Joyce o el propio Joyce, tan objetivo, científico y escolástico que sin embargo hace lo mismo que todos: contarse a sí mismo, escribir sus soliloquios, percepciones, mocos verdes y hasta la sordina de las tripas revueltas. ¿Mejor que nadie? Bueno... eso sí.

 La segunda vez que Jorge fue al motel Posta del Diablo, la conserje era Carla... Carlita, una adolescente amiga de su hijo Esteban. --¿Noviecita? ¿Quince? Esta nena no puede estar acá... familia bien che... gente de trabajo. Este país se fue a la mierda loco... ¡Qué pena! Pero no iba a decir nada y menos preguntar. Convengamos que el peor ubicado para preguntar era él... --Señor Jorge... ¡qué sorpresa! ¿cómo le va? ¿qué hace por el motel? ¿con quién va a aprovechar la Gold Club, esposa, secretaria, sirvienta...?  ¿y Esteban... cómo está? A veces viene los sábados el nene, hijo e´tigre... pero usté tranquilo, los días de semana no viene... su hijo no tiene auto, bah... a mí me pasea en bici... y ahora que pienso, acá viene con su auto... a ver, sí, ése, el mismo... pero no va a la Gold Club, apenas la pieza 20, pobre Stephen, yo tengo que prestarle el preservativo... los dos pesos, digo, no se va a creer que le doy un forro usado. Eso no Don Jorge, yo adoro a su hijo, pero él no. Él es como usté... un picaflor, pájaro inquieto dice mi mamá... mamá, mami, grita hacia la pieza del fondo y ahora Jorge va a sufrir un soponcio si aparece la vieja: -- ¿Por qué hacen esto Jorge... los varones?... Señor Jorge, a la que todavía no vi nunca por acá, es a su mujer, pero no se aflija, esto es como sanatorio o tribunales, tarde o temprano, caen todos... sabe qué dice mi mamá, cuando unos van, otros vienen... las camas no se enfrían nunca, y el que se fue a Sevilla... además, su mujer es hermosa, no va a tardar ni diez minutos en conseguir taxi... ¿preservativos tiene Jorge? La Gold Club tiene champaña, ¿Brut o demi-sec? Ah, saludos a su mujer Jorge... y a Stephen. La llave, Don Jorge... me olvidaba, habitación 35... ja, el 35 es el pajarito... ¿sabía Don Jorge? Lotería uno, la nacional, a primera, diez, y a los diez, diez... ¿y qué hacemos con el ambo? Si sale, aunque sea salvamos la guita de la jugada y volvemos a jugar.

–Bueno, jugalo entonces, si sale, volvemos a jugar. ¿Hay agencia por acá, a esta hora...?

–Me extraña Don Jorge, yo levanto clandestina, pero no sabe el capitalista que tengo... ja... ¿conoce al intendente de Disneylandia? Ese, accionista de todos los negocios del pueblo. Si usted pone un kiosco, el diez por ciento es de él. Si pone un frigorífico, también. Cobra igual que Dios, el diez por ciento... es lo justo. Acá en el motel también, ahora le digo, el sorteo es a las nueve... si sale el 35 a la cabeza, a las nueve y cuarto, le estoy golpeando la puerta de la pieza con las cinco lucas del premio... feté feté, nada de cheques ni promesas... al pan pan y al vino vino.  Ni la oficial paga así. ¿Juega entonces?  Ah... me olvidaba Jorge, llenando este cupón del motel, si sale a la cabeza el número de la factura, se lleva otra Gold Club para los sábados, pero eso sí, son los días que viene Stephen... ojo.

 

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Jorge sabía los días que no iban a coger. Era fácil, porque Julita, ni bien subía al auto,  le pedía que buscase un kiosco o farmacia donde comprar “Ibuevanol”. Ni hola, ni un beso, ¿caricia? ¿qué es eso? Esa clase de chica. Ella podría haberse sentado atrás y él hacer de chofer. Julita se sentaba, cambiaba la música del estéreo o bajaba el volumen y decía:

- Busquemos un kiosco o farmacia.

- ¿Qué te pasa?

- Nada, tengo que comprar Ibuevanol...

- Uy qué dolor, ¿querés que llamemos a ECCO?

- Hijo de puta... no te rías.

            Apenas comenzaba el paseo, la elipsis: Ibuevanol, dolor menstrual, puerta clausurada a regla y sangre. Lo único peor hubiera sido el AZT. Esa clase de chica.

 

                                                                 *******

 

Las reglas son para violarse, decía Jorge, y que para esos días se había inventado el 71, parecido al 69, pero con unos pequeños cambios justamente por la lluvia. El colectivo que te lleva a la dicha tiene muchos caminos, decía, 69 normal o 71 Negro, y para días de lluvia, el 71 Rojo, y que él estaba acostumbrado a mojarse y la sangre derramada con ganas siempre era buena o heroica, dichosa. Porque total... tarde o temprano se iba a derramar toda y qué mejor que no se desperdiciara y que fuera adentro suyo o de ella...

 

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Pero no había caso, el Ibuevanol desinflama todo, apaga incluso los espasmos ajenos. A menudo él se daba cuenta de que Julita ni siquiera lo tomaba, la elipsis era más larga, no es que le doliera la panza, era él que le dolía. Entonces Jorge se avivaba y la llevaba de vuelta a la casa, o lo más común, la dejaba en cualquier esquina donde ella esperaba otro chofer, y cosa extraña, llegaba el otro auto y ella se sentaba adelante, ni media hora había pasado de aquellas puntadas en el vientre, y a este auto subía dichosa, beso en la boca, caricia y volumen más alto. Como decía la madre de Carla (¿consuegra?), “cuando unos se van, otros vienen”.

 

                                                                   *******

 

Después de la derrota o alrededor de ella, Jorge volvía a La Posta del Diablo, le gustaba charlar con Carla, saber los diez números de la clandestina, qué pensaba ella de su hijo y tomarse un par de Jameson´s bajo esa luz irreal del neón. En fin, hacer el picaflor, pero sin mujer, solamente el vagabundeo filosófico, el alrededor de los alrededores, incluso acompañando a la niña hasta su casa. Pero no había otra cosa, hasta leía en algunas pausas en que la chica atendía las piezas. Leía sin fe un ladrillo “Ulises” de la primera edición española de Rueda: el hombre pájaro de Joyce que consiguió surcar todos los cielos. De modo que ya estaba hecho y escribirlo mejor, sería imposible. No había nada más entonces. Todo era un largo insomne alrededor.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-