"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




23 de Enero, 2007


ONETTI ... paso por casa...

Publicado en De Otros. el 23 de Enero, 2007, 23:06 por bianka

Durante muchos años atrás, yo había sabido que era necesario meter en la misma bolsa a los católicos, los freudianos, los marxistas, y los patriotas. Quiero decir: a cualquiera que tuviese fe, no importa en que cosa; a cualquiera que opine, sepa o actúe repitiendo pensamientos aprendidos o heredados. Un hombre con fe es más peligroso que una bestia con hambre. La fe los obliga a la acción, a la injusticia, al mal; es bueno escucharlos asintiendo, medir en silencio cauteloso y cortés la intensidad de sus lepras y darles siempre la razón. Y la fe puede ser puesta y atizada en lo más desdeñable y subjetivo. En la turnante mujer amada, en un perro, en un equipo de fútbol, en un número de ruleta, en la vocación de toda una vida.
El leproso se exalta cuando tropieza, suda olores fosfóricos frente a la oposición más pequeña o sospechada, busca afirmarse – afirmar la fe – pisando cabezas o intimidades internas, sagradas.
Para concluir – pienso en Pablo y en su edad – un hombre contaminado por cualquier clase de fe llega velozmente a confundirla consigo mismo; entonces es la vanidad la que ataca y se defiende. Con la ayuda de D-ios, es mejor no encontrarlos en el camino; con la ayuda propia, es mejor cambiar de vereda.

Juan Carlos Onetti - Dejemos Hablar al Viento - p. 15 - Ed. Seix Barral 1984



los epígrafes son...

Publicado en Cuentos el 23 de Enero, 2007, 17:20 por MScalona

de SÉPTIMO ALREDEDOR


       "Si el mundo no fuera transfigurado  por el rostro cuya ausencia es dolorosa, tendría la apariencia de una burla. Llega un punto en que la deslumbrante  maravilla que un ser posee en el fondo de sí,  sólo puede ser confirmada en una cama.  ¿De qué otro modo  terminar con el carácter  ilusorio del ser amado?                    

  Georges Bataille.  El aprendiz de brujo.     

      "Cleo, Cleo, Cleopatra  la reina del Nilo,  Cleo, Cleo, Cleopatra la reina del twist,  Julio César te ama pero no sabe bailar. Marco Antonio sí, pero tiene acné.   Cleo, Cleo, Cleopatra querés tener  todo Egipto a tus pies. Cleo, Cleo, Cleopatra  ¿dónde está tu tumba?"        

      "Cleo, Cleo, Cleopatra  la reina del Nilo,  Cleo, Cleo, Cleopatra la reina del twist,  Julio César te ama pero no sabe bailar. Marco Antonio sí, pero tiene acné.   Cleo, Cleo, Cleopatra querés tener  todo Egipto a tus pies. Cleo, Cleo, Cleopatra  ¿dónde está tu tumba?"        

      FABI  CANTiLO

Séptimo Alrededor

Publicado en Cuentos el 23 de Enero, 2007, 17:13 por MScalona

  

  

                Diez días sin verla, ni un llamado, ni un mail, ni un espía, ni paloma mensajera. Nada. Enero, claro... podía estar vendiendo bijouterie en Gesell o arriba de un crucero a Buzios o en un yate privado donde los aritos de vidrio son la única ropa. El yate de Armani o De la Renta, nada menos. Esa clase de chica.

Pero él sabía dónde encontrarla o verla. Dos o tres guardias. Tenía que apostarse en la Peatonal Córdoba, dos o tres horarios previsibles. Ella no podía estarse un solo día sin los piropos, una histeria hasta la exasperación. Esas siete u ocho cuadras en que todos la miraban a ella. ¡Qué va... no está mal creerlo un poco! Solo a ella, chica Dotto o Piñeyro, un poco frustrada, pero no podía estarse sin la pasarela.  Pueblo grande, ciudad chica... tenemos ese defecto, sí... pero la  carne es buena, sin grupo, buena y dura, nalga para bifes, diez pesos el kilo. "Cincuenta kilos quinientos pesos, con todos los juguetes", dice siempre Nadia cuando me cobra. La ley de la calle es tan exacta como la Ley de Gresham y el que quiere Celeste (Cid), tiene que tener el vento de Doval.

Y a propósito de Doval, yo no sé... debe ser la genética, la sangre, el alimento, el Paraná, aunque no sé bien, habrá que esperar qué pasa con los transgénicos. Si esto sigue así, empezarán las mutaciones, y dos o tres generaciones más adelante, Pancho Dotto va a tener que buscar sus chicas en la cuenca del Orinoco. Y a propósito, ¿ella ya se habría ido al Amazonas? Paraná Arriba algunas ninfas se pierden en la selva; tanto quieren subir que después las agarran las cataratas y las arruinan. Se pierden. Eso tiene la guita, aunque uno sea un pescado.  Y a propósito de pescado, él estaba esperando instrucciones con el auto listo: mapas, tanque lleno, repuestos, pasaporte.

                Al quinto día recibió una postal de Goya, Corrientes. Nunca supe de alguien que recibiera una postal de Goya. ¿Será posible...?¿Goya? Esa clase de chica. Se fue con el novio a Brasil, quince días;  en algún momento del viaje se acordó de sus amantes, y lo único que tuvo a mano era Goya. Primera y única parada ¿por qué no?  "Por lo menos me acordé, hijo de puta... Goya fue un gran pintor". Una postal de un tipo pescando con un surubí de metro y medio colgando de la caña. ¿Qué le habrá querido decir a ellos...?

                "Desde estos hermosos lugares, siempre pienso en ustedes vos..." Nunca es muy demostrativa, ni se calienta en disimularlo, todo sobre la mesa, esa clase de chica. Pobre el novio, tardó tres años en advertir que la compartía con todo el batallón, Julio César, Marco Antonio e incluso, el soldado desconocido. Pero bueno, tenían vacaciones (del resto) y ahora le tocaba a él disfrutársela sola en el Brasil, Cataratas y las Misiones Jesuíticas. Aunque pensándolo bien, ahí vive mucha gente... ¿no? ¿En las fronteras no es que está lleno de batallones...? ¿Habría elegido ella el sitio? ¿Acaso en las cataratas no hay una especie de pasarela donde contonearse? ¿Acaso ella no puede competir con la séptima maravilla del mundo? ¿No será la octava...? Cleopatra veranea entre sol, playa y cócteles. Sus esclavos, amantes o zanganos, en cambio, tienen unas nociones sesgadas de la arena:  por foto, por el desierto y por la mugre que les queda debajo de las uñas de tanto pulir las pirámides. Apenas una postal del surubí-tótem-falo, especie de monstruo marino pariente de la sirena o náyade del río. Hay en Goya y en el delta del Nilo. Esa clase de chica.

Pero ella siguió acordándose de todos:  les compró medallas de la Virgen de Itatí por docenas, y de vuelta, en la peatonal, apareció con uno de esos Rosarios plásticos de cincuenta cuentas como los que usa Tinelli.  Adoración por la Virgen, y la cruz era del tamaño del surubí, pero nada tan grande como la burla. Esa clase.

Nada tonta Cleo, sólo devuelve sonrisas a los piropos que le dicen entre Corrientes e Italia. No es tonta la princesa, porque en ese coto de caza está el vento... agente de bolsa, médico, abogado, empresarios, senadores, Julio César;  de calle Corrientes hacia el río sólo hay tenderos, libreros y todo por dos pesos.

 Al fin y al cabo, es el destino de una chica Dotto.  El crucifijo es una bijouterie... está de moda, hay en dos colores, centralñubel y flúo, el Santo Rosario de Tinelli... ¡Ay, muñeca de ilusión! Todo el tiempo rezando: "mañana te llamo". Ella se lo dice a tres tipos al mismo tiempo. A Juan en persona, a Cristian por mail y a Iván por el celular. En dos minutos acaba de crucificar a tres inocentes. Es justo, ella hace las cruces y las vende. Es un oficio. Y la verdá... la flaca tiene con qué, una mano bárbara... Me consta (de varios años ya) que los crucificados ahí están, no se le descuelga ninguno.

Al último de los esclavos le grita desde la vereda umbrosa de la Plaza Pringles:  "después te llamo".  Pero él ya sabe, otra bruja lo ha salvado con un contrahechizo. Consiguió robarle una bombacha de la terraza (ya hay deliverys robadores de bragas) y tuvo que prenderle fuego. Mientras ardiera (la bombacha) él debía orar una admonición: ¡No la miraré más, tiraré todas sus cosas, jamás volveré a darme vuelta hacia su casa....!

El flaco es uno de los que recibió la postal de Goya y justo ahora lo agarró en rojo el semáforo de calle Paraguay. La está viendo como planta el puestito de Gólgota en la Plaza Pringles,  pero él resiste, cumple a rajatabla la receta de la bruja.  Antes de que sea tarde, estruja el cartón con la foto del surubí-tótem y lo tira con tanta suerte que emboca un cesto. Algo es algo. Entonces se pone la luz verde y cuando arranca, le devuelve el gesto vacío igual como hace ella:  "luego, bueno, te llamo, no problem... otro día" (hija de mil putas, piensa) y levanta el volumen del estéreo,  Lennon y Mc Cartney:  "Algún día, nunca llega".

71 Alrededor

Publicado en Cuentos el 23 de Enero, 2007, 12:47 por MScalona

                                         

 

“La cópula es hermana del sueño; en la misma cama

se sueña y se posee. La posesión arroja la

figura soñada, desnuda y llena de placeres, al

mundo estrictamente real de una habitación”

             El aprendiz de brujo.           Georges Bataille

 

“Entramos en la habitación donde ella dormía

con mi hermano; Julita cerró la puerta y me sonrió;

 yo giré para desnudarme, para no verla, se me ocurrió

con desconsuelo que la adolescencia no es una etapa

de la vida, sino una enfermedad mía, un vicio de

conformación, una lacra incurable”     

                            Juntacadáveres.           J.C. Onetti

 

“Le dije a mi corazón sin gloria pero sin pena,

 no cometas un crimen mi amor

 si no vas a cumplir la condena”

                     . Paloma.                     Andrés Calamaro.

 

 

 

La novela estaba marcada en la página 35. Ahí estaba puesto el señalador, en la primer escena de posesión entre Jorge y Julita. La primera que nombra Onetti en “Juntacadáveres”. Página 35. El señalador, curiosamente, era un aviso de promoción del motel “La Posta del Diablo”, Ruta 21, Km. 289, Alvear, habitación Gold Club, cinco estrellas, $ 35, todas las tarjetas.

 El 35 es el pajarito en la quiniela y el hombre pájaro es el artista, especie de picaflor, vagabundo filosófico, Dédalo o Dédalus, el narrador del “Ulises”, el personaje de Joyce o el propio Joyce, tan objetivo, científico y escolástico que sin embargo hace lo mismo que todos: contarse a sí mismo, escribir sus soliloquios, percepciones, mocos verdes y hasta la sordina de las tripas revueltas. ¿Mejor que nadie? Bueno... eso sí.

 La segunda vez que Jorge fue al motel Posta del Diablo, la conserje era Carla... Carlita, una adolescente amiga de su hijo Esteban. --¿Noviecita? ¿Quince? Esta nena no puede estar acá... familia bien che... gente de trabajo. Este país se fue a la mierda loco... ¡Qué pena! Pero no iba a decir nada y menos preguntar. Convengamos que el peor ubicado para preguntar era él... --Señor Jorge... ¡qué sorpresa! ¿cómo le va? ¿qué hace por el motel? ¿con quién va a aprovechar la Gold Club, esposa, secretaria, sirvienta...?  ¿y Esteban... cómo está? A veces viene los sábados el nene, hijo e´tigre... pero usté tranquilo, los días de semana no viene... su hijo no tiene auto, bah... a mí me pasea en bici... y ahora que pienso, acá viene con su auto... a ver, sí, ése, el mismo... pero no va a la Gold Club, apenas la pieza 20, pobre Stephen, yo tengo que prestarle el preservativo... los dos pesos, digo, no se va a creer que le doy un forro usado. Eso no Don Jorge, yo adoro a su hijo, pero él no. Él es como usté... un picaflor, pájaro inquieto dice mi mamá... mamá, mami, grita hacia la pieza del fondo y ahora Jorge va a sufrir un soponcio si aparece la vieja: -- ¿Por qué hacen esto Jorge... los varones?... Señor Jorge, a la que todavía no vi nunca por acá, es a su mujer, pero no se aflija, esto es como sanatorio o tribunales, tarde o temprano, caen todos... sabe qué dice mi mamá, cuando unos van, otros vienen... las camas no se enfrían nunca, y el que se fue a Sevilla... además, su mujer es hermosa, no va a tardar ni diez minutos en conseguir taxi... ¿preservativos tiene Jorge? La Gold Club tiene champaña, ¿Brut o demi-sec? Ah, saludos a su mujer Jorge... y a Stephen. La llave, Don Jorge... me olvidaba, habitación 35... ja, el 35 es el pajarito... ¿sabía Don Jorge? Lotería uno, la nacional, a primera, diez, y a los diez, diez... ¿y qué hacemos con el ambo? Si sale, aunque sea salvamos la guita de la jugada y volvemos a jugar.

–Bueno, jugalo entonces, si sale, volvemos a jugar. ¿Hay agencia por acá, a esta hora...?

–Me extraña Don Jorge, yo levanto clandestina, pero no sabe el capitalista que tengo... ja... ¿conoce al intendente de Disneylandia? Ese, accionista de todos los negocios del pueblo. Si usted pone un kiosco, el diez por ciento es de él. Si pone un frigorífico, también. Cobra igual que Dios, el diez por ciento... es lo justo. Acá en el motel también, ahora le digo, el sorteo es a las nueve... si sale el 35 a la cabeza, a las nueve y cuarto, le estoy golpeando la puerta de la pieza con las cinco lucas del premio... feté feté, nada de cheques ni promesas... al pan pan y al vino vino.  Ni la oficial paga así. ¿Juega entonces?  Ah... me olvidaba Jorge, llenando este cupón del motel, si sale a la cabeza el número de la factura, se lleva otra Gold Club para los sábados, pero eso sí, son los días que viene Stephen... ojo.

 

                                                                   *******

 

Jorge sabía los días que no iban a coger. Era fácil, porque Julita, ni bien subía al auto,  le pedía que buscase un kiosco o farmacia donde comprar “Ibuevanol”. Ni hola, ni un beso, ¿caricia? ¿qué es eso? Esa clase de chica. Ella podría haberse sentado atrás y él hacer de chofer. Julita se sentaba, cambiaba la música del estéreo o bajaba el volumen y decía:

- Busquemos un kiosco o farmacia.

- ¿Qué te pasa?

- Nada, tengo que comprar Ibuevanol...

- Uy qué dolor, ¿querés que llamemos a ECCO?

- Hijo de puta... no te rías.

            Apenas comenzaba el paseo, la elipsis: Ibuevanol, dolor menstrual, puerta clausurada a regla y sangre. Lo único peor hubiera sido el AZT. Esa clase de chica.

 

                                                                 *******

 

Las reglas son para violarse, decía Jorge, y que para esos días se había inventado el 71, parecido al 69, pero con unos pequeños cambios justamente por la lluvia. El colectivo que te lleva a la dicha tiene muchos caminos, decía, 69 normal o 71 Negro, y para días de lluvia, el 71 Rojo, y que él estaba acostumbrado a mojarse y la sangre derramada con ganas siempre era buena o heroica, dichosa. Porque total... tarde o temprano se iba a derramar toda y qué mejor que no se desperdiciara y que fuera adentro suyo o de ella...

 

                                                                   *******

Pero no había caso, el Ibuevanol desinflama todo, apaga incluso los espasmos ajenos. A menudo él se daba cuenta de que Julita ni siquiera lo tomaba, la elipsis era más larga, no es que le doliera la panza, era él que le dolía. Entonces Jorge se avivaba y la llevaba de vuelta a la casa, o lo más común, la dejaba en cualquier esquina donde ella esperaba otro chofer, y cosa extraña, llegaba el otro auto y ella se sentaba adelante, ni media hora había pasado de aquellas puntadas en el vientre, y a este auto subía dichosa, beso en la boca, caricia y volumen más alto. Como decía la madre de Carla (¿consuegra?), “cuando unos se van, otros vienen”.

 

                                                                   *******

 

Después de la derrota o alrededor de ella, Jorge volvía a La Posta del Diablo, le gustaba charlar con Carla, saber los diez números de la clandestina, qué pensaba ella de su hijo y tomarse un par de Jameson´s bajo esa luz irreal del neón. En fin, hacer el picaflor, pero sin mujer, solamente el vagabundeo filosófico, el alrededor de los alrededores, incluso acompañando a la niña hasta su casa. Pero no había otra cosa, hasta leía en algunas pausas en que la chica atendía las piezas. Leía sin fe un ladrillo “Ulises” de la primera edición española de Rueda: el hombre pájaro de Joyce que consiguió surcar todos los cielos. De modo que ya estaba hecho y escribirlo mejor, sería imposible. No había nada más entonces. Todo era un largo insomne alrededor.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-