"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Contáme de mi nombre

Publicado en General el 10 de Enero, 2007, 18:27 por lilian

Por eso era tan fracaso en todo. Por su incompatible mezcla de erotismo y desencanto anticipado. No podía dosificar sus pasiones.

Con  tal modo de amar, no hacía otra cosa que amontonar historias que la dejaban malherida. Además de poesías que nadie leía. Y una novela en pre-producción.

Reguero de ropa con una postura, calzado lanzado con urgencia, libros, papeles, ceniceros sucios, CDs propios y ajenos, la mayoría copiados. Jazz; le calzaba a medida. En días de arrebato y suprarrenales exigidas a producir adrenalina, era una máquina de furzios, lapsus y olvidos. Llegaba siempre tarde y tenía el brazo derecho presto a parar taxis.

No le cerraban los números. No hacía números. Sólo palabras y desmesura.

Extrañaba los sitios en que estuvo, donde siempre está, cuando no está.

Y extrañaba a Daniel.

Evocaba  momentos felices como una niña revisa regalos cuando la fiesta terminó.

La tristeza se había ido destiñendo.

Pero cuando empezaba con añoranzas el dolor escondido reaparecía.

Violeta, rescatate, se dijo. A pensar en otra cosa.

¿Por qué llevaba ese nombre?

Le iba a pedir a "su-madre-que-siempre-sabe" que le repita el relato familiar. Total, siempre había algún cambio. Le avisó por teléfono que la visitaría. Armó rápidamente un bolso.

Las terminales de ómnibus le resultaban insufribles, mucho fluorescente, ¿dónde van las personas?, ¿de dónde vienen?, ¿qué los hace viajar?

Ya en la ruta se entregó a degustar anticipadamente el reencuentro con la vieja, y le sabía agridulce.

No quería que le quedara nada en el tintero, decirle lo mucho que la quería, lo injusto de ese cáncer de mierda, alabarle su valentía, aunque intuía que se le iban a ocurrir otras charlas cuando ella ya no estuviera.

La vio más pequeña, pálida y lenta.

-Hola, ma.

-¿Tenés hambre?

Como al volver del nacional, como si hicieran una alforza con el tiempo.

-Si, ¿qué hiciste?

-Supremas con puré de papas y  otro de manzanas, caseros.

-Mmm.

-¿Que tal el viaje?

Un plomo. El bondi entró a todos esos pueblos de mierda.

-Me gusta más cuando te expresas como lo que sos, una mujer cultivada.

-Tu primogénita malhablada, la oveja negra, a la que no le duran los príncipes- dijo mientras destapaba las ollas.

Le encantaba provocarla, para después besarla otra vez y sonreírse, midiéndose.

-Contame de tu vida…

-No, má, contáme de la tuya.

-Bien, viviendo de regalo.

La mira escudriñándola, la siente plena y en armonía. A ella los balances le cierran. Está satisfecha de sus logros, hay una vanidad en su madre difícil de desgranar. No coincide con su discurso de sacrificada y trabajadora. Con los cristianos mandamientos.

Tampoco esperaba verla quebrada. Después del almuerzo salen al patio con el boldo. Hace un sol escandaloso.

Se acomodan en las reposeras como lagartos.

-Contame por qué eligieron mi nombre.

-¿Otra vez, estás loca? Dice sonriendo, como haciéndose rogar.

-Vieja guacha, vos me enseñaste a ser histeriquita.

Pero en ese momento entran dos niñas, las hijas de su hermano menor. Su adorado verduguito. A ellas también las seducen los relatos orales. Las preferidas son las anécdotas de cuando su padre era chico y desobediente.

Son todas cómplices bulliciosas, cuidadoras del secreto. Lo irrepetible como tesoro. La  conciencia de estar fundando un recuerdo.

-Tía Viole, me acompañás a hockey?  Dice mi "señorita" que fue compañera tuya.

-¿Quién es?

-Claudia Eguizábal.

-¡Claudia! Hace mil años que no la veo…

Y deja a su madre a pesar de haberse prometido no salir, mimarla, escucharla. Se dice, justificándose que su  pueblo la aniña mágicamente. Ya estaba sintiendo ganas de barra y chismes. Guitarreadas. Cortejos.

Olvidarse y encontrarse en la que fue.

Niña pícara y despreocupada.

Y compararse con sus amigas de adolescencia, si la vida las había arruinado más que a ella. Volver a ver los chicos lindos de entonces, los del uniforme cuando aflojaban la corbata a la salida, los de las ratas.

Regina, Reina- madre le enseñó a tejer en ese viaje. O le recordó lo aprendido cuando era una niña modelo. Compraron mohair color uva y agujas. Destejieron varias veces.

-Te dije que empezaras con un punto más fácil.

-Vos no te preocupes.

-Sos corajuda. Y tejes parejo.

Que su madre le aprobara algo era lisa y llanamente  inusual.

-Recaliento el guisito y cenamos, dijo encendiendo la hornalla.

-Má, ¿por qué nunca te compraste un micro-ondas?

-Porque dicen que trae cáncer.

Y ambas se miraron, sorprendidas por las palabras, y rieron… hasta llorar. Lloraron juntas, abrazadas, y volvieron a reír.

-¡Qué ridícula soy!

-Sos divina, viejita.

Violeta, nombre de flor.

Obvio que el nombre que te dan condiciona.

Ó era el mito familiar.

-¿No me vas a contar qué pasó?  Dijo su madre, con una mano en su hombro.

- No sé, en serio.

- ¿Te dejó?

-Mjm. Dijo que no estaba a la altura y no me acuerdo cuantas boludeces disfrazadas de galantería, pero lo cierto es que se rajó.

- Y vos, cómo estás?

-Loca de atar,  me estaba enamorando. Pero él descubre que no quiere ese amor sin pensar, sin futuro, sin esperanzas.

-Que difícil y compleja le debés haber resultado.

-¿Te parece?

-Si,  y me hubiera gustado que durara más.

Violeta sospechaba que su madre quería decirle en realidad  que le hubiera gustado verla  felizmente casada y conocer a sus nietos.

Pero esta vez había sido él quien decidió terminar.

Toda esa exigencia materna de estabilidad emocional para morir tranquila le producía desasosiego Optó por regresar a la ciudad antes de lo previsto.

Llegó, dejó el bolso sobre la cama, revisó el contestador. Sólo un mensaje de su jefe y  otro de la tintorería.

Encendió la computadora, intentó escribir.

Se levantó al baño y, como al pasar se observó en el espejo.

Se veía  ensanchando el talle, y además estaba cansada.

Volvió frente a la pantalla de la compu. Le dolía la espalda. Releyó lo escrito, al borde del agotamiento, intoxicada de nicotina y cafeína.

Se tiró hacia atrás y refregó sus párpados. Su soledad, en algunas noches era limitada fugazmente por charlas de intensa franqueza con amigos en un café, pero hoy no saldría.

Muchas veces solía  internarse en algún cine, otra pasión. Para postergar encararse, mirarse de frente, revisar su vida.

 El futuro la angustiaba. No estaba en condiciones de ocuparse de él. No podía.

 ¿Se atrevería a que le tirasen los dados nuevamente?

 Si le hubiera tocado nacer niña de una tribu africana tendría otro ritmo, otro porte…pero no hubiera disfrutado de placeres burgueses, o le hubieran cortado el clítoris, eso había leído -Que animales-

Y si hubiera sido finlandesa conocería auroras boreales, si niña coya la inmensidad silenciosa…

Si Edith Piaff los aplausos; pero ¿si los dados caían en  mendiga hambrienta? Podría haber sido geisha, experta en delicadeza.

O presa política

O violada.

O bienamada princesa de un pueblo feliz, con castillo medieval.

Siempre una mujer…eso sí.

No, no se atrevería si fuera posible, no quería otra vida.

Nada le aseguraba que hubiera sufrido menos.

Sí le hubiera  resultado creer en la reencarnación.

Pero tampoco eterna, se dijo. Unas diez o doce. Ese era un buen número de vidas para cansarse de vivir.

El teléfono la sobresaltó.

-Hola, ¿podés hablar?

-Si

-Te estuve llamando, ¿dónde estábas?

-Fui a visitar a mi madre.

-Y no llevaste el celular.

-No, lo perdí hace unos días, lo dejé en un bar, y al volver ya no estaba. ¿Porque no dejaste un  mensaje en el contestador?

-Sabés que lo detesto…Viole, te extrañé mucho, dijo aclarando la voz.

-Compré higos, sé que te gustan…

-Traélos.

 Daniel supo que ella sonreía.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-