"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




ABISMARSE : romántico-erótico.... Longo

Publicado en De Otros. el 18 de Noviembre, 2006, 13:37 por MScalona

I

 

            Tocando Dafnis la flauta una siesta, mientras el ganado reposaba a la sombra, Cloe hubo de quedarse dormida. Advirtiéndolo él, dejó su instrumento para mirarla toda, y ya sin avergonzarse de nada murmuró:

            -¡Oh, cómo duermen sus ojos! ¡Cómo alienta su boca! Ni las manzanas ni el tomillo florido exhalan un perfume tan dulce; pero yo no oso besarla; sus besos pican en el corazón y enloquecen como la miel nueva. Además, temo despertarla. ¡Oh, malvadas cigarras! No la dejarán dormir con sus chirridos. Como si fueran poco estos pícaros chivos que alborotan peleando a cornadas. ¡Oh, lobos más cobardes que los zorros! ¿Dónde estáis ahora que no venís por ellos?

            Mientras él decía estas palabras, una cigarra, perseguida por una golondrina, vino casualmente a caer sobre el seno de Cloe; la golondrina, no pudo coger su presa ni retener su vuelo, y se abatió hasta tocar con sus alas las mejillas de la zagala, que ignorante de lo que sucedía, despertó asustada gritando; pero cuando vio a la golondrina revolotear cerca de ella y a Dafnis riendo del susto, desvaneciéndose el temor, se frotó los ojos, aun ansiosos de dormir, y entonces la cigarra se puso a cantar entre los senos mismos de la gentil pastora, como si desde este asilo le diera gracias por su salvación.

 

II

 

            No tenía Cloe otro pensamiento que el de Dafnis ni hablaba de nada más que de él. Niña inocente criada en los campos, no había oído en su vida ni el nombre del Amor. Su alma estaba inquieta, sus ojos se llenaban de lágrimas, pasaba los días sin comer, las noches sin dormir, y daba tan pronto en reír como en llorar; dormía, despertando sobresaltada; en un instante su rostro quedaba pálido y se coloreaba de fuego. Nunca se agitó más locamente la becerra picada del tábano. Algunas veces caía en una especie de ensueño, durante el cual hablaba casi consigo misma.

            -Estoy mala, pero no sé de qué dolencia; sufro sin estar herida, me aflijo aunque no he perdido ninguna de mis ovejas; me abraso y estoy sentada bajo una sombra espesa. Mil veces me clavé las espinas de los zarzales y no lloré. Mil veces las abejas me clavaron su aguijón, pero bien pronto quedé sana. Sin duda, que esta pica dura de ahora llega al corazón y es más cruel que las otras. Verdad que Dafnis es bello; pero no lo es él solo. Si sus mejillas son rojas, también lo son las flores; si él canta, también cantan los pájaros. ¿Por qué cuando veo las flores y escucho los pájaros no pienso más que en él? ¡Quisiera ser su flauta para tocar sus labios!

 

III

 

…Dafnis no pareció haber recibido un beso de Cloe, sino una picadura envenenada; se puso de repente triste, suspiraba, gemía, y su corazón palpitaba con violencia. Si miraba a Cloe poníase pálido, y de pronto su rostro adquirió los tintes rojos de la grana. Entonces admiró por primera vez sus rubios cabellos, la dulzura de sus ojos y la frescura de su tez, más blanca que la leche de sus ovejas. Diríase que ahora comenzaba a ver y que hasta entonces había estado ciego; ya no tomaba alimento más que para gustarlo, ni bebida más que para humedecerse los labios, Andaba pensativo, mudo, cuando antes era más locuaz que las cigarras; yacía inmóvil aunque tenía antes costumbres de brincar más que sus cabritillas; su rebaño estaba olvidado, su flauta abandonada en tierra; bajaba la cabeza como la flor que se marchita sobre su tallos; se consumía, se secaba como las hierbas en tiempo de calor; no hallaba alegría más que en hablar con Cloe o estar con ella.

            A veces se lamentaba de esta manera:

            -¿Qué me hizo, ¡oh, Diosa!, el beso de Cloe? Sus labios son más suaves que los besos, su boca más dulce que un panal de miel y su beso es más amargo que la picadura de una abeja. He besado muchas veces a mis cabritos, he besado los recentales de ella

Cuando no habían hecho más que nacer, he besado también el becerro que le regaló Dorcon, pero este beso es muy distinto; me falta el aire para respirar, el corazón me palpita, el alma languidece, ya pesar de todo yo deseo más besos. ¡Oh, desdichada victoria! ¡Oh, extraño mal, cuyo nombre no conozco! ¿Habría Cloe tomado un veneno antes de besarme? ¿Cómo, entonces, no ha muerto ella? ¡Oh!, los ruiseñores cantan, pero mi flauta permanece muda; triscan los cabritos y yo estoy sentado; las flores abundan, yo no tejo guirnaldas ni ramos: los jacintos y las violetas florecen mientras Dafnis se marchita. Dorcon será al fin más bellos que yo.

 

IV

 

            Mucho se alegraron ellos oyendo esto como si fuera una bella y alegre fábula. Preguntaron qué era el Amor, si era niño o pájaro, y qué poder tenía.

            Entonces Fileta se irguió diciendo:

            -El Amor es un dios, hijos míos; joven, hermoso y con alas, se complace en la juventud, busca la belleza y encanta las almas: tiene más poder que el mismo Júpiter. Él reina sobre los astros, sobre los elementos, gobierna al mundo, y conduce a los otros dioses del mismo modo que vosotros a vuestras cabras y a vuestras ovejas. Las flores son obras de Amor, las plantas y los árboles son obras suyas; por él corren los ríos y suspiran los vientos. Yo he visto a los toros enamorados mugir como si el tábano les hubiese picado; vi al macho en el celo armar a su cabra y seguirla a todas partes. Yo mismo, cuando era joven, amé tanto a Amarilis, que ni me acordaba de comer ni de beber, ni tenía momento de reposo; lloraba, mi alma sufría, mi corazón palpitaba y mi cuerpo temblaba; ya gritaba como si me azotasen; ya enmudecía como si estuviese muerto; a veces me arrojaba al río como si el fuego me abrasase e invocaba a Pan porque amó a Pitis, daba gracias a Eco, que llamaba a Amarilis después que yo, y de despecho rompía mi flauta, que también sabía hacer venir a las vacas, sin ser bastante para que viniese Amarilis. Ello es que no hay remedio, ni filtro, ni ensalmo, ni hechizo, ni palabras que curen el mal de Amor, sino besarse, abrazarse y acostarse juntos desnudos”

 

 

 

Autor :    Longo

Escritor griego de mediados del s. III d.C. del que sólo sabemos que es autor de la novela Dafnis y Cloe.   Su nombre, Longo, seguramente fue un nombre de liberto, es decir, tomado tras su manumisión de alguna familia romana. Vivió en la isla de Lesbos. Dafnis y Cloe es considerada la mejor de las cinco novelas griegas que han llegado hasta nosotros. Narra, en un entorno pastoril, el descubrimiento del amor por parte de los ingenuos adolescentes Dafnis y Cloe y los obstáculos que han de vencer hasta ver realizado su deseo.

 

 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-