"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




28 de Octubre, 2006


Elena Poniatowska

Publicado en De Otros. el 28 de Octubre, 2006, 18:13 por MScalona

 nació en Francia en 1933, pero de niña fue llevada a México y adoptó definitivamente ese país como el suyo. Es periodista, escritora y una gran activista social y popular.


Hasta no verte Jesús mío

No sé si la causa era la pobreza o porque así se usaba, pero el entierro de mi madre fue muy pobre. La envolvieron en un petate y vi que la tiraban así nomás y que le echaban tierra encima. Yo me arrimé junto a mi papá pero estaba platicando y tomando sus copas con todos los que lo acompañaron y no se dio cuenta cuando me aventé dentro del pozo y con mi vestido le tapé la cabeza a mi mamá para que no le cayera tierra en la cara. Nadie se fijó que yo estaba allá dentro. De pronto él se acordó y yo le contesté desde abajo, entonces pidió que ya no echaran más tierra. Yo no me quería salir. Quería que me taparan allí con mi mamá.

      Cuando me sacaron yo estaba llorando, toda entierrada. Entiendo que por haber agarrado aire del camposanto se me ponen los ojos colorados y cada que hace viento me lastima porque desde esa época tengo el aire del camposanto en los ojos.

      Los vecinos hicieron una cruz de maíz y la sembraron en un cajón en el atrio de la iglesia de la Mixtequilla. Allí rezaron el novenario, los nueve días que toma el alma para cruzar el espacio. Cuando se hizo milpita y se dio muy alta, levantaron la cruz y la llevaron al camposanto donde estaba tendida. Quedó la cruz de milpa como señal en la tierra de la vida de mi mamá. 

* * * *

Mi mamá todavía estaba viva cuando mi papá me hizo una muñeca de ardilla. Después nunca me volvió a hacer nada. Nunca más. Se hizo el sordo o todas las cosas le pasaron como chiflonazos.

      A la ardilla le quitó la carne. En la Mixtequilla se come. Se le echa sal, pimiento y ajo, y vinagre o limón, se abre el animal de patas y se mete en unas estanquillas para que con el calor se vaya dorando al fuego. La ardilla sabe retesabrosa, sabe a ardilla y es muy buena. Mi papá dejó la ardilla en el puro cuero, la abrió para estirarla al sol, le echó cal y cuando estuvo seca le cosió las patitas, las manitas, con un palo la rellenó y vino y me la dio.

      —¿Por qué está dura, papá?

      —Por el relleno.

      —Pero ¿con qué la rellenaste, con tierra?

      —No, con aserrín.

      —¿Y qué cosa es aserrín?

      —¡Ay, Jesusa, confórmate, juega con ella!

      Y ya jugaba con el animal ése; me tapaba mi rebozo y me cargaba mi muñeca aunque mis manos rebotaban de lo dura que la sentía.

      Como mi papá no tenía medio de comprarme nada, mis juguetes eran unas piedras, una flechas, una honda para aventar pedradas y canicas que él mismo pulía. Buscaba mi papá una piedra que fuera gruesa, dura, una piedra azul, y con ella redondeaba y limaba otras piedritas porosas y salían las bolitas a puro talle y talle. Los trompos de palo me los sacaba de un árbol que se llama pochote y ese pochote tiene muchas chichitas. Escogía las más grandes para hacerme las pirinolas y nomás les daba yo una vuelta y ya bailaban. Y mientras giraban yo fantaseaba, pensaba no sé qué cosas que ya se me olvidaron o me ponía a cantar. Bueno, cantar cantar, no, pero sí me salían unas como tonaditas para acompañar a las pirinolas.

      Como no tenía pensamientos jugaba con la tierra, me gustaba harto tentarla, porque a los cinco años todavía vemos la tierra blanca. Nuestro Señor hizo toda su creación blanca a su imagen y semejanza, y se ha ido ennegreciendo con los años por el uso y la maldad. Por eso los niños chiquitos juegan con la tierra porque la ven muy bonita, blanca, y a medida que crecen el demonio se va apoderando de ellos, de sus pensamientos y les va transformando las cosas, ensuciándolas, cambiándoles el color, encharcándoselas.

      Yo era muy hombrada y siempre me gustó jugar a la guerra, a las pedradas, a la rayuela, al trompo, a las canicas, a la lucha, a las patadas, a puras cosas de hombre, puro matar lagartijas a piedrazos, puro reventar iguanas contra las rocas.

      Agujerábamos un carrizo largo y con esa cerbatana cazábamos: no me dolía matar a esos animalitos, ¿por qué? Todos nos hemos de morir tarde o temprano. No entiendo cómo era yo de chica. Tampoco dejaba que los pajaritos empollaran sus huevos; iba y les bajaba los nidos y luego vendía huevitos, por fichas de plato, tepalcates de barro rotos, pedacitos de colores que eran los reales y los medios, las cuartillas, las pesetas y los tlacos, porque esas monedas se usaban entonces.

      Luego hacía una lumbrada y tatemaba las iguanas chiquitas y ya que tronaban, con un cuchillo les raspaba la cáscara, las abría, les sacaba las tripas, les ponía dizque sal y llamaba yo a los muchachos: "¡A comer! ¡A comer! ¡Éjele! Pues ¿cómo se me van a quedar con hambre? ¡No faltaba más! Pa´luego es tarde...! Ellos ¿pues cómo se iban a comer esa cochinada?

      —¡Eso no se vale!

      —¡Éjele! ¡Éjele!

      —¡Tramposa! ¡Cochina!

      —Lero, lero, tendelero...

      Y me echaba a correr. Y ellos tras de mí. A nadie le gusta que lo engañen.

      Luego que ya me cansaba de jugar con los muchachos me subía a los árboles y los agarraba a piedrazos. Me trepaba a las ramas a hacer averías, nomás a buscar la manera de pelear con todos. Los descalabraba, iba y le avisaban a mi mamá que yo les había quebrado la cabeza, ella me aconsejaba pero yo no estaba sosiega. Era incapaz desde chiquilla. Ahora ya todo acabó, ya no sirvo, ya no tengo el diablo.

      Mi mamá no me regañó ni me pegó nunca. Era morena igual a mí, chaparrita, gorda y cuando se murió nunca volví a jugar. 
 

                                                                 * * * * *

Mi papá era peón de ferrocarril en el terraplén de la vía. Trabajó dinamitando los cerros para abrir la brecha por donde iba a pasar el tren al Istmo de Tehuantepec. Todos los días, mi papá se levantaba con la misma canción; volver a cocinar para darnos de comer. Claro que él sufría porque necesitaba a una mujer que lo atendiera con sus hijos.

      Me avisó un día muy apurado:

      —Mira, hija, es forzoso traer una mujer que te cuide, que te espulgue y que te bañe porque tengo que ir a trabajar.

      Mi papá batalló mucho conmigo por ese lado, porque yo decía: "Mi papá tiene la obligación de peinarme, de bañarme, de darme de comer... Tiene la obligación de estarse aquí atendiéndome...", porque así son los niños, muy exigentes.

      Cuando me avisó que una mujer vería por nosotros, le dije:

      —Yo no sé, pero a mí no me vengas a engañar que la tienes de criada y luego me sales con que no es tu criada. Así es que dímelo por lo claro, y allí averíguatelas tú.

   La primera que trajo fue la de las uñas con tierra, la que tenía un niño, y tampoco era buena con nosotros. Nos agarró inquina. Yo la oía que siempre tenía discusiones con mi papá. Él le decía a ella:

      —Cuídala, péinala como si fuera tu hija, pues tú serás la que tendrás mejores ganancias de ella que yo.

      —Ta bueno.

      Pero ni mi nombre supo. Y fue canción de muchos días hasta que me aburrí y me agarré con ella, porque ya estaba más grandecita y salí muy perra, muy maldita. Ninguno de mi casa fue como yo de peleonero. El caso es que ella duró unos siete u ocho meses, cuando mucho un año. Después mi papá dejó la cantera, porque él solo no se podía establecer en un trabajo y a las doce del día salirles con que: "Al rato regreso...", para venirnos a dar de comer... Quería un trabajo donde lo consecuentaran y como no lo encontró, jalamos todos para Salina Cruz. 
 

Ediciones Era, México 1969, pp. 17 a 23.

everborges

Publicado en De Otros. el 28 de Octubre, 2006, 13:17 por MScalona


Entra la luz y asciendo torpemente
de los sueños al sueño compartido
y las cosas recobran su debido
y esperado lugar y en el presente
converge abrumador y vasto el vago
ayer: las seculares migraciones
del pájaro y del hombre, las legiones
que el hierro destrozó, Roma y Cartago.
Vuelve también la cotidiana historia:
mi voz, mi rostro, mi temor, mi suerte.
¡Ah, si aquel otro despertar, la muerte,
me deparara un tiempo sin memoria
de mi nombre y de todo lo que he sido!

¡Ah, si en aquella mañana hubiera olvido!


Jorge Luis Borges

Madres con Ruedas - i m p e r d i b l e....

Publicado en De Otros. el 28 de Octubre, 2006, 13:05 por MScalona

el Documental MADRES CON RUEDAS, de Mónica Chirife y Mario Piazza

todos los días 20,25 y 22,10 en el cine MONUMENTAL,  entrada  $ 5.-

Yo voy mañana a la función 20,25... si alguno-a quiere, nos juntamos para ir...

es la historia de la materinidad de SIETE MUJERES rosarinas con discapacidades

motoras... como dijo el maestro Bellón esta semana en ROSARIO/12,

"tanto que se habla siempre de esto, aquí está un verdadero CANTO A LA VIDA..."

Un servidor, colaboró en pequeños aspectos lingüísticos del guión... dura 65 '...

sobre Bettina González, ganadora del Clarín Novela

Publicado en General el 28 de Octubre, 2006, 9:50 por MScalona



http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2006/10/28/u-01298376.htm

more Lorrie

Publicado en De Otros. el 28 de Octubre, 2006, 9:35 por MScalona

Cómo ser otra mujer

Encuéntrense en impermeables caros color beige, una noche empapada como sopa. Como en una novela de detectives. Primero, quédate de pie frente a la ventana de Florsheim"s, en la calle Cincuenta y siete, aprieta la cara contra el vidrio, mira con cuidado las muñecas Hummels de cerámica alemana con terciopelo falso que giran alrededor de las puntas de las alas; hay unos zapatos blancos, como los que usa tu padre, levantados con guirnaldas sobre un pequeño montículo de nieve química. Todos los negocios están cerrados. Ves tu propio aliento en el vidrio. Dibuja un signo de la paz. Estás esperando el autobús.

   Él emerge de la nada, se parece a Robert Culp *, con la niebla que rueda a su alrededor, después se abre, después se cierra de nuevo detrás de él o algo parecido. El te pide fuego y tú saltas un poquito, sorprendida, asustada, pero le das tus fósforos "Salón de Lucky. Donde el tiempo libre es un traje". El tiene una risita linda, uñas lindas. Enciende el cigarrillo, pone las manos alrededor de la punta para protegerla e inhala con fuerza, como un hombre con hambre. Sonríe cuando exhala, te devuelve los fósforos, te mira a la cara, dice:

- Gracias.

Después se queda de pie no muy lejos de ti, esperando. Tal vez espera el mismo autobús. Los dos se miran furtivamente, mueven los pies. Finge que estás comtemplando la nieve química. Los dos son espías que miran con rapidez sus relojes, los cuellos escondidos detrás de la curva de los hombros, los cuellos vueltos hacia arriba que afeitan el taxi y la niebla iluminada de negocios como aletas de tiburones. Los dos empiezan a girar, midiéndose mutuamente, se huelen primordialmente, se miran, se mueven sigilosamente, penetrantes como Basil Rathbone.

Llega un autobús. Está lleno, todo el mundo mira sin risa las axilas de los demás. Baja una rubia con una hebilla en el pelo y los zapatos en una mano.

Ustedes suben juntos, se aferran a postes cromados adyacentes y cuando el autobús sisea y retumba hacia delante, tú sacas un libro. Pasa un minuto y él te pregunta qué estás leyendo. Es Madame Bovary protegida con una sobrecubierta de una biografía de Doris Day**. Trata de explicar lo de la cubierta. El sonríe, interesado.

Vuelve al libro. Emma está abriendo la ventana, piensa en Rouen.

-         Qué clima –lo oyes suspirar, levemente británico o flor y nata de Delaware.

Tú levanta la vista. Di:

-         No es bueno ni para los animales ni para los vegetales.

Suena tonto. No tiene sentido.

Pero así es como ustedes dos se conocen.

En el cine, él es tierno, te acaricia la mano debajo del asiento.

En los conciertos, es dulce y atento, te invita a unos tragos, localiza el baño de mujeres cuando tú no lo encuentras.

En los museos, es sabio y cariñoso, te lleva despacio a través de las  urnas etruscas con gestos afectuosos y un título en historia del arte de la universidad de Columbia. Es amable; se ríe de tus bromas.

Después de cuatro películas, tres conciertos y dos museos y medio, te acuestas con él. Parece el número correcto de visitas culturales. En el estéreo, pasas tu música favorita de arpa y oboe. El te dice el nombre de su esposa. Patricia. Es una abogada especialista en propiedad intelectual. El te dice que le gustas mucho. Tú te quedas acostada, boca abajo, desnuda y todavía demasiado tibia. Cuando él dice:

- ¿Cómo te sientes con respecto a eso? –no digas: "Ridícula" o "Sal ahora mismo de mi departamento, carajo". Apoya tu cabeza en un codo y di:

- Depende. ¿Qué es propiedad intelectual?

El sonríe.

- Ah, tú sabes. Donde el tiempo libre es un traje.

Haz sonrisita tensa, nerviosa.

- No quiero que te sientas incómoda con eso –dice él.

Di:

- Ey, soy una persona fría. Soy dura. –Muéstrale tus bíceps.

Cuando tenías seis años, pensabas que amante significaba algo hartante como ponerse los zapatos en el pie que no corresponde. Ahora eres adulta y sabes que puede significar muchas cosas pero que, esencialmente, significa ponerse el zapato en el pie que no corresponde.

Caminas diferente. En las vidrieras, no te reconoces; eres otra mujer, una mujer de anteojos enloquecida interiormente que tropieza, tropieza, frenética y preocupada, entre maniquíes, En los baños públicos, te sientas peligrosamente contra el asiento del inodoro, un extraño sundae de piel lleno de desesperación y alegría, y su susurras hacia tus muslos azulados:

- Hola, soy Charlene. Soy una amante.

Es como sacar un libro de la biblioteca.

            Es como tener constantemente un libro de la biblioteca.

Se encuentran frecuentemente para cenar, después del trabajo, comparten litros enteros de tinto de la casa, después caminan despacio dos cuadras hacia el este, veinte hacia el sur hasta tu departamento y se desparraman en el suelo del living, sin haberse sacado los impermeables caros color beige.

El es analista de sistemas –tú ya has agotado esa broma- pero lo que realmente querías ser, te revela, es actor.

- Bueno, ¿y cómo fue que te convertiste en analista de sistemas? –preguntas, tú sí que eres divertida.

- De la forma en que todo el mundo se convierte en algo –musita él-. Fui a cursos y entregué mi currículum. –Pausa. –Patricia me ayudó a hacer un currículum importante. Demasiado importante.

- Ah. –Pregúntate sobre cursos para ser amantes, certificaciones, currículum. Tal vez todavía no estás preparada.

- Pero no soy bueno en sistemas –dice él y mira fijo a través del techo agrietado, más allá del techo agrietado, mucho más allá-. Calcular la relación costo, eficiencia, de doscientas personas que hojean quinientas páginas para adelante y quinientas para atrás, sobre un escritorio nuevo de un metro veinticinco por sesenta. No soy una persona organizada, como Patricia, por ejemplo. Ella es increíblemente organizada. Hace listas para todo, es bastante impresionante.

- Di en voz monótona, chata: - ¿Qué?

- Que haga listas

-¿Qué haga listas? ¿Te gusta eso?

- Bueno, sí. Ya sabes, lo que va a hacer, lo que tiene que comprar, nombres de clientes a los que tiene que ver, etcétera.

- ¿Listas? –murmuras, apática, sin esperanzas, con el impermeable caro color beige todavía puesto. Hay un silencio largo, cansado. ¿Listas? Te pones de pie, te sacudes el abrigo, le preguntas qué le gustaría tomar, después te vas a grandes zancadas a la cocina sin esperar a que te conteste.

           

            A la una y media, él se levanta sin otro ruido que el del roce suave de la ropa cuando se viste. Se va antes de que tú siquiera te hayas dormido del todo. Pero antes de irse, se inclina sobre ti en su impermeable caro color beige y te besa la punta del cabello. Ah… te besa el cabello.

                                                                                                                                              

                                                                                             

* Robert Culp, actor norteamericano clase B, galancete de tevé.

** Doris Day, algo similar en versión femenina.

el fragm. es del Libro AUTOAYUDA, pags. 16-17

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-