"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Michel Houellebecq polémico

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 20:30 por dvaldez

Encontré este artículo en palabrasmalditas.net. Es un artículo interesante y a mi juicio polémico, sobre la literatura del SXX. Defiende a la ciencia ficción, que es,como la mayoría sabe, mi lectura preferida.

Se llama SALIR DEL SIGLO XX. A ver qué les parece!

Michel Houellebecq – SALIR DEL SIGLO XX

La literatura no sirve para nada. Si sirviera para algo, la canalla izquierdista que ha monopolizado el debate intelectual durante el siglo XX ni siquiera habría podido existir. Este siglo, venturosamente, terminó hace poco; es el momento de volver una última vez (al menos eso cabría esperar) a los prejuicios de los «intelectuales de izquierda», y lo mejor es sin duda evocar Los demonios, publicada en 1872, donde su ideología ya está expuesta integralmente, donde sus perjuicios y sus crímenes ya están claramente anunciados a través de la escena del homicidio de Chatov. Ahora bien, ¿en qué han influenciado al movimiento histórico las intuiciones de Dostoyevski? Absolutamente en nada. Marxistas, existencialistas, anarquistas e izquierdistas de todo tipo han podido prosperar e infectar el mundo conocido exactamente como si Dostoyevski no hubiera escrito jamás una línea. ¿Acaso han propuesto una idea, un pensamiento nuevo respecto a sus predecesores en la novela? Ni uno solo. Siglo nulo, que no ha inventado nada. Y por si fuera poco, pomposo en extremo. Amante de hacer con seriedad las preguntas más tontas, del tipo: «¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?»; y que sigue proyectándose hasta su último aliento en «horizontes insuperables» (después del marxismo, el mercado) en tanto Comte, mucho antes que Popper, ya subrayaba no sólo la estupidez de los historicismos, sino su inmoralidad fundamental.

 

Habida cuenta de la extraordinaria, de la vergonzosa mediocridad de las «ciencias humanas» en el siglo XX, habida cuenta también de los avances conseguidos por las ciencias exactas y la tecnología, se puede contar con que la literatura más brillante, más inventiva del siglo sea la literatura de ciencia ficción; de hecho es lo que se observa, aunque con un matiz que conviene explicar. Antes que nada recordemos que evidentemente se puede escribir poesía después de Auschwitz, tanto como antes, y en las mismas condiciones; hagámonos ahora una pregunta más seria: ¿se puede escribir ciencia–ficción después de Hiroshima? Examinando las fechas de publicación, parece que la respuesta es: sí, pero no la misma; y textos, hay que decirlo, francamente mejores. Un optimismo fundamental, probablemente incompatible con la literatura novelesca, se ha evaporado en algunas semanas. Hiroshima era sin duda, la condición necesaria para que la literatura de ciencia–ficción pudiese acceder a la categoría de literatura.

        

         Es deber de los autores de «literatura general» dar a conocer a sus colegas talentosos y torpes que han cometido la imprudencia de operar en la «literatura de género», y que por ello mismo se han condenado a una oscuridad crítica radical. Hace una decena de años, me había consagrado a Lovecraft; recientemente, Emmanuel Carrère se ha encargado de Philip K. Dick. El problema es que hay otros, muchos otros, incluso si nos limitamos a los clásicos (aquellos que han empezado a publicar alrededor de la segunda guerra mundial, y cuya obra está en su mayor parte acabada.) Aunque sólo sea por su obra City, Clifford Simak merece un lugar en la historia literaria. Recordemos que este libro se compone de una sucesión de breves cuentos que ponen en escena, además de perros y otros animales, a robots, mutantes y hombres. Cada cuento está precedido de una nota introductoria, donde son citados los puntos de vista de filólogos e historiadores pertenecientes a diversas universidades caninas, sus debates versan a menudo sobre esta pregunta: ¿ha existido el hombre o se trata, como lo piensan la mayoría de los especialistas, de una divinidad mítica inventada por los perros primitivos para explicar el misterio de sus orígenes? Esta meditación sobre la importancia histórica de la especie humana además no agota las riquezas intelectuales de Simak, que se presenta también como una reflexión sobre la ciudad, su papel en la evaluación de las relaciones sociales, la cuestión de saber si este papel ya ha terminado. Para la mayor parte de los perros, la ciudad, y no el hombre, no ha existido realmente; uno de los expertos citados incluso ha demostrado el teorema siguiente: una criatura lo suficientemente inteligente para edificar una entidad como la ciudad es incapaz de sobrevivir en ésta.

        

         En su gran período, la literatura de ciencia ficción podía hacer este tipo de cosas: realizar una auténtica puesta en perspectiva de la humanidad, de sus costumbres, de sus conocimientos, de sus valores, de su existencia misma; era, en el sentido más auténtico del término, una literatura filosófica. También era, profundamente, una literatura poética; en su descripción de paisajes y de la vida rural norteamericanos, Simak, aunque con una intención muy diferente, se asemeja mucho a Buchan utilizando las landas escocesas para dar una amplitud cósmica a los enfrentamientos que plantea entre la civilización y la barbarie, el Bien y el Mal. Sobre el plano del estilo, en cambio, es verdad que la literatura de ciencia ficción raramente ha alcanzado el nivel de sofisticación y elegancia de la literatura fantástica –en particular la inglesa– de principios de siglo. Alcanzada la madurez a finales de los años 50, apenas hace poco ha dado signos reales de agotamiento –un poco como la literatura fantástica, inmediatamente después de la aparición de Lovecraft. Sin duda es por esta razón que ningún autor, hasta hoy, ha tenido realmente la necesidad de expandir los límites –de cualquier manera muy flexibles– del género. La única excepción podría ser este extraño autor, muy extraño, que es R. A. Lafferty. Más que ciencia ficción, Lafferty da a veces la impresión de escribir una especie de filosofía ficción, única en cuanto a que la especulación ontológica tiene un lugar más importante que las interrogaciones sociológicas, psicológicas o morales. En El mundo como voluntad y papel tapiz (el título en inglés, The World as Will and Wallpaper, da además un efecto de aliteración), el narrador, queriendo explicar el universo hasta sus límites, percibe al cabo de un tiempo repeticiones, se ve de nuevo en situaciones similares, y termina por tomar conciencia de que el mundo está compuesto de unidades de pequeña magnitud, nacidas cada una de un acto de voluntad idéntico, e indefinidamente angustiosos. En Autobiografía de una máquina ktisteca, Lafferty va aún más lejos en la modificación de las categorías de la representación ordinaria; pero el texto se vuelve desgraciadamente casi ilegible.

        

         Habría que citar aún a Ballard, Disch, Kornbluth, Spinrad, Sturgeon, Vonnegut y tantos otros que a veces, en una sola novela, incluso en un cuento, han aportado más a la literatura que el conjunto de autores del nouveau roman, y que la abrumadora mayoría de los autores de polars[1][1]. En el plano científico y técnico, el siglo XX puede ser colocado en el mismo nivel que el siglo XIX. En el plano de la literatura y del pensamiento, en cambio, el hundimiento es casi increíble, sobre todo después de 1945, y el balance preocupante: cuando uno rememora la crasa ignorancia científica de un Sarte y de una Beauvoir, inscritos supuestamente en el campo de la filosofía, cuando uno considera el hecho casi increíble de que Malraux ha podido –no lo fue sino muy brevemente– ser considerado como un gran escritor, se advierte el grado de embrutecimiento al que nos ha llevado la noción de compromiso político, y uno se sorprende de que se pueda, aún hoy, tomar en serio a un intelectual; uno se sorprende por ejemplo de que un Bourdieu o un Baudrillard sigan encontrando periódicos dispuestos a publicar sus necedades. De hecho, creo apenas exagerado afirmar que, en el plano intelectual, no quedaría nada de la segunda mitad del siglo si no hubiera habido literatura de ciencia ficción. Es algo que habrá que tener en cuenta el día que se desee escribir la historia literaria de este siglo, cuando se decida echar una mirada retrospectiva al mismo, y se admita que finalmente hemos salido de él. Al momento de escribir estas líneas, me parece que la hora ha llegado.

 

 

 

Traducido del fránces por José Abdón Flores




 

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-