"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




Dafne Timó

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 20:46 por MScalona

ABECEDARIO

 

Le temps arreté se promete avec moi.

El tiempo detenido camina conmigo, con él.

 

   Esto sucedió cuando era pequeña, rondaba por los once años. Todavía jugaba con muñecas cuando ella llamó. Atendí, de nada sirvió llorar. Nos conocíamos, de voz, de mirada, de nombre, de causa.

    Los descubrí una tarde de agosto, al azar, de la llegada temprano de la escuela. Al azar del sexo matutino. La mujer reposaba junto al cuerpo de mi padre, morocha, odiada.

    Mis padres casi no se hablaban, pero no era necesario, en esa casa, en aquella cama. No recuerdo la despedida, no recuerdo si había habido alguna despedida. Yo temblaba en la puerta, ella abrió los ojos. Salí corriendo, bajé las escaleras, me detuve en el tercer piso. Miré a ambos lados de la escalera, las paredes parecían hacerme una pregunta inconclusa.

    Y allí estaba ella, del otro lado del teléfono, burlándose del matrimonio fallido de mis padres, de mi hermano, de mí. De mí. ¿Tus papás se pelean? No, sólo por dinero respondía yo. Por dinero, mujeres y alcohol. Pastillas y whisky reposaban en la mesa del comedor. Él no estaba, había ido a trabajar. No conocía lo que era la indignación, el profundo resentimiento hacia alguien. ¡Sólo once años! Corrí a mi pieza. Creo que él no sabía que los había encontrado, tal vez ella nunca se lo dijo. Me escondí entre los osos de peluche y observé la pared. Una foto de un tigre, otra foto, el recuerdo de mi madre y yo. Quizás alguna vez fuimos felices, quizá la mujer del teléfono no era real. Sólo un cuerpo, sólo en una cama. Sólo un cuerpo en una cama y mi imaginación volando, por los colores azul y verde de las sábanas. Por las Barbies.

    Mi papá llegó, dejó las cosas, fue a la cocina. Miraba la foto colgada en el cuadro de corcho, mi mamá y yo. Ya casi era de noche, me llamó. La comida estaba lista. Cazuela de salchichas, se sentía culpable. Sólo cocinaba cuando sentía culpa por algo. La mayoría del tiempo íbamos a comer afuera.

    Nos mirábamos, pensábamos. Se levantó de la mesa, se iba, no sé adonde. Desde la silla lo veía, los edificios se oscurecían. Callada quedé, sentada, haciendo la sobremesa que nunca llegó. Creí tontamente que él había propuesto una separación de prueba. Creí, que sus palabras eran ciertas. Pensé, que amaba a mi mamá y quería descansar de la locura de ella. Nunca comprendí a mi madre, nunca entendí porqué soportó cada día al costado de un hombre que la quería pero que le mentía con cada paso. ¿La quería? Se querían. Quizás era por eso.

      Una chica hacía piruetas en la tele. Mi papá sentado en el sillón prendía un cigarrillo.      

     -Papi, no fumes que me hace mal.

     -Tata, dejame de joder que no fumé en todo el día.

     -Papi, ¿cómo se llamaba la señora que estaba acá el otro día?

     -Se llama Laura.

     -Laura, ¿Laura qué?

     -Laura, sólo Laura.

     -Ah... ¿y vos la querés a mamá?

     -Mirá, yo la quiero a tu mamá, pero no la aguanto.

     -Ah... ¿y a Laura... vos la querés?

     -No sé -admitió sin poder decirme que sólo era una relación piloto, que no la amaba, que estaba con ella para pasar el rato-.

        Seguí observando a la chica que hacía piruetas, saltaba, giraba, caía. Laura era linda y tenía una buena voz. Después llegó Claudia, María Helena, Silvia y hasta una Viviana. Tal vez salía con esas mujeres para completar las letras del abecedario.

      La pelota picaba ahora, en el televisor. Mi papá estaba fumando. Rebotaba y era llevada por unos botines ADIDAS. Sonreí, pensando que cualquier lugar es parecido al que amás. Sonreí, y de a poquito mi rostro pálido y mi cabello castaño comenzó a meterse por los ojos. De a poquito lo entendía. Era él, mi padre, el que me había regalado muñecas. Aún caminamos, corremos, corro. Prendí un cigarrillo, esperaba a Diego, Fernando, Martín, Alejandro, tal vez yo también podría completar todas las letras del abecedario, quizás así, estaríamos un poco más cerca. Tal vez, aún sonrío. No cambiaría, no cambiaríamos jamás, el tiempo detenido nos acompañaba. Y la cazuela de salchichas, también.  


     DAFNE TIMÓ tiene 16 años y asiste al taller inicial de los viernes.

  

 

   

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-