"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




8 de Octubre, 2006


ANIVERSARIO BLOG + BIENVENIDA (SUB)

Publicado en Fotitos. el 8 de Octubre, 2006, 23:43 por Lorena Aguado

ANIVERSARIO BLOG + BIENVENIDA (ARRIBA)

Publicado en Fotitos. el 8 de Octubre, 2006, 23:39 por Lorena Aguado

Pilar Almagro Paz

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 21:30 por MScalona

Cuánto hace que...


Comprar tres libros que no leyó. Perderse en el horizonte. Caminar por el asfalto descalza. Mirar hacia atrás. Dominar la mecánica celeste. Tocar la guitarra. Planchar. Dejarse sodomizar. Sodomizarse.

Aguantar la respiración más de dos minutos  bajo del agua. Comprar bolsas de nylon. Alisarse el pelo.

Socorro asintió con su cabeza y rezó los tres padrenuestros y los seis avemarías.

Había sido perdonada.

 

Analía Lardone

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 21:18 por MScalona


Comienza la telenovela de las cuatro.
El mate dulce en la sala de cuadros torcidos.
Sobre la mesa la Paparazzi 
anuncia confesiones absurdas de la vedette de turno.

Pienso
es perfecto
pelearnos sólo por las mañanas.
El resto del día es conformarse.

Lo único sagrado es la siesta de las tres.
Asteriscos y 0600 
rifan microondas fluorescentes. 
Guantes anaranjados 
reposan junto a plantines de colores.
Baños de crema
Bucay
No importa el orden.
 
Me encuentra la noche
rociando una vieja sartén. 
La vecina esta vez
cocinando bifes.
Noticias pululan
desde la Continental.
Alguien murió en una esquina.
 
Todo eso, más 
las buenas noches
cuando los grillos

            se cuelan en mi cama.

                         

         ANALÍA   LARDONE

                                             

Por un malentendido anoche no lo leímos, en ausencia de ANY

y también podría haber subido al podio y llevarse CULONAS, 

VIAJANDO SE CONOCE GENTE o AMÉRICA...

Dafne Timó

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 20:46 por MScalona

ABECEDARIO

 

Le temps arreté se promete avec moi.

El tiempo detenido camina conmigo, con él.

 

   Esto sucedió cuando era pequeña, rondaba por los once años. Todavía jugaba con muñecas cuando ella llamó. Atendí, de nada sirvió llorar. Nos conocíamos, de voz, de mirada, de nombre, de causa.

    Los descubrí una tarde de agosto, al azar, de la llegada temprano de la escuela. Al azar del sexo matutino. La mujer reposaba junto al cuerpo de mi padre, morocha, odiada.

    Mis padres casi no se hablaban, pero no era necesario, en esa casa, en aquella cama. No recuerdo la despedida, no recuerdo si había habido alguna despedida. Yo temblaba en la puerta, ella abrió los ojos. Salí corriendo, bajé las escaleras, me detuve en el tercer piso. Miré a ambos lados de la escalera, las paredes parecían hacerme una pregunta inconclusa.

    Y allí estaba ella, del otro lado del teléfono, burlándose del matrimonio fallido de mis padres, de mi hermano, de mí. De mí. ¿Tus papás se pelean? No, sólo por dinero respondía yo. Por dinero, mujeres y alcohol. Pastillas y whisky reposaban en la mesa del comedor. Él no estaba, había ido a trabajar. No conocía lo que era la indignación, el profundo resentimiento hacia alguien. ¡Sólo once años! Corrí a mi pieza. Creo que él no sabía que los había encontrado, tal vez ella nunca se lo dijo. Me escondí entre los osos de peluche y observé la pared. Una foto de un tigre, otra foto, el recuerdo de mi madre y yo. Quizás alguna vez fuimos felices, quizá la mujer del teléfono no era real. Sólo un cuerpo, sólo en una cama. Sólo un cuerpo en una cama y mi imaginación volando, por los colores azul y verde de las sábanas. Por las Barbies.

    Mi papá llegó, dejó las cosas, fue a la cocina. Miraba la foto colgada en el cuadro de corcho, mi mamá y yo. Ya casi era de noche, me llamó. La comida estaba lista. Cazuela de salchichas, se sentía culpable. Sólo cocinaba cuando sentía culpa por algo. La mayoría del tiempo íbamos a comer afuera.

    Nos mirábamos, pensábamos. Se levantó de la mesa, se iba, no sé adonde. Desde la silla lo veía, los edificios se oscurecían. Callada quedé, sentada, haciendo la sobremesa que nunca llegó. Creí tontamente que él había propuesto una separación de prueba. Creí, que sus palabras eran ciertas. Pensé, que amaba a mi mamá y quería descansar de la locura de ella. Nunca comprendí a mi madre, nunca entendí porqué soportó cada día al costado de un hombre que la quería pero que le mentía con cada paso. ¿La quería? Se querían. Quizás era por eso.

      Una chica hacía piruetas en la tele. Mi papá sentado en el sillón prendía un cigarrillo.      

     -Papi, no fumes que me hace mal.

     -Tata, dejame de joder que no fumé en todo el día.

     -Papi, ¿cómo se llamaba la señora que estaba acá el otro día?

     -Se llama Laura.

     -Laura, ¿Laura qué?

     -Laura, sólo Laura.

     -Ah... ¿y vos la querés a mamá?

     -Mirá, yo la quiero a tu mamá, pero no la aguanto.

     -Ah... ¿y a Laura... vos la querés?

     -No sé -admitió sin poder decirme que sólo era una relación piloto, que no la amaba, que estaba con ella para pasar el rato-.

        Seguí observando a la chica que hacía piruetas, saltaba, giraba, caía. Laura era linda y tenía una buena voz. Después llegó Claudia, María Helena, Silvia y hasta una Viviana. Tal vez salía con esas mujeres para completar las letras del abecedario.

      La pelota picaba ahora, en el televisor. Mi papá estaba fumando. Rebotaba y era llevada por unos botines ADIDAS. Sonreí, pensando que cualquier lugar es parecido al que amás. Sonreí, y de a poquito mi rostro pálido y mi cabello castaño comenzó a meterse por los ojos. De a poquito lo entendía. Era él, mi padre, el que me había regalado muñecas. Aún caminamos, corremos, corro. Prendí un cigarrillo, esperaba a Diego, Fernando, Martín, Alejandro, tal vez yo también podría completar todas las letras del abecedario, quizás así, estaríamos un poco más cerca. Tal vez, aún sonrío. No cambiaría, no cambiaríamos jamás, el tiempo detenido nos acompañaba. Y la cazuela de salchichas, también.  


     DAFNE TIMÓ tiene 16 años y asiste al taller inicial de los viernes.

  

 

   

Michel Houellebecq polémico

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 20:30 por dvaldez

Encontré este artículo en palabrasmalditas.net. Es un artículo interesante y a mi juicio polémico, sobre la literatura del SXX. Defiende a la ciencia ficción, que es,como la mayoría sabe, mi lectura preferida.

Se llama SALIR DEL SIGLO XX. A ver qué les parece!

Michel Houellebecq – SALIR DEL SIGLO XX

La literatura no sirve para nada. Si sirviera para algo, la canalla izquierdista que ha monopolizado el debate intelectual durante el siglo XX ni siquiera habría podido existir. Este siglo, venturosamente, terminó hace poco; es el momento de volver una última vez (al menos eso cabría esperar) a los prejuicios de los «intelectuales de izquierda», y lo mejor es sin duda evocar Los demonios, publicada en 1872, donde su ideología ya está expuesta integralmente, donde sus perjuicios y sus crímenes ya están claramente anunciados a través de la escena del homicidio de Chatov. Ahora bien, ¿en qué han influenciado al movimiento histórico las intuiciones de Dostoyevski? Absolutamente en nada. Marxistas, existencialistas, anarquistas e izquierdistas de todo tipo han podido prosperar e infectar el mundo conocido exactamente como si Dostoyevski no hubiera escrito jamás una línea. ¿Acaso han propuesto una idea, un pensamiento nuevo respecto a sus predecesores en la novela? Ni uno solo. Siglo nulo, que no ha inventado nada. Y por si fuera poco, pomposo en extremo. Amante de hacer con seriedad las preguntas más tontas, del tipo: «¿Se puede escribir poesía después de Auschwitz?»; y que sigue proyectándose hasta su último aliento en «horizontes insuperables» (después del marxismo, el mercado) en tanto Comte, mucho antes que Popper, ya subrayaba no sólo la estupidez de los historicismos, sino su inmoralidad fundamental.

 

Habida cuenta de la extraordinaria, de la vergonzosa mediocridad de las «ciencias humanas» en el siglo XX, habida cuenta también de los avances conseguidos por las ciencias exactas y la tecnología, se puede contar con que la literatura más brillante, más inventiva del siglo sea la literatura de ciencia ficción; de hecho es lo que se observa, aunque con un matiz que conviene explicar. Antes que nada recordemos que evidentemente se puede escribir poesía después de Auschwitz, tanto como antes, y en las mismas condiciones; hagámonos ahora una pregunta más seria: ¿se puede escribir ciencia–ficción después de Hiroshima? Examinando las fechas de publicación, parece que la respuesta es: sí, pero no la misma; y textos, hay que decirlo, francamente mejores. Un optimismo fundamental, probablemente incompatible con la literatura novelesca, se ha evaporado en algunas semanas. Hiroshima era sin duda, la condición necesaria para que la literatura de ciencia–ficción pudiese acceder a la categoría de literatura.

        

         Es deber de los autores de «literatura general» dar a conocer a sus colegas talentosos y torpes que han cometido la imprudencia de operar en la «literatura de género», y que por ello mismo se han condenado a una oscuridad crítica radical. Hace una decena de años, me había consagrado a Lovecraft; recientemente, Emmanuel Carrère se ha encargado de Philip K. Dick. El problema es que hay otros, muchos otros, incluso si nos limitamos a los clásicos (aquellos que han empezado a publicar alrededor de la segunda guerra mundial, y cuya obra está en su mayor parte acabada.) Aunque sólo sea por su obra City, Clifford Simak merece un lugar en la historia literaria. Recordemos que este libro se compone de una sucesión de breves cuentos que ponen en escena, además de perros y otros animales, a robots, mutantes y hombres. Cada cuento está precedido de una nota introductoria, donde son citados los puntos de vista de filólogos e historiadores pertenecientes a diversas universidades caninas, sus debates versan a menudo sobre esta pregunta: ¿ha existido el hombre o se trata, como lo piensan la mayoría de los especialistas, de una divinidad mítica inventada por los perros primitivos para explicar el misterio de sus orígenes? Esta meditación sobre la importancia histórica de la especie humana además no agota las riquezas intelectuales de Simak, que se presenta también como una reflexión sobre la ciudad, su papel en la evaluación de las relaciones sociales, la cuestión de saber si este papel ya ha terminado. Para la mayor parte de los perros, la ciudad, y no el hombre, no ha existido realmente; uno de los expertos citados incluso ha demostrado el teorema siguiente: una criatura lo suficientemente inteligente para edificar una entidad como la ciudad es incapaz de sobrevivir en ésta.

        

         En su gran período, la literatura de ciencia ficción podía hacer este tipo de cosas: realizar una auténtica puesta en perspectiva de la humanidad, de sus costumbres, de sus conocimientos, de sus valores, de su existencia misma; era, en el sentido más auténtico del término, una literatura filosófica. También era, profundamente, una literatura poética; en su descripción de paisajes y de la vida rural norteamericanos, Simak, aunque con una intención muy diferente, se asemeja mucho a Buchan utilizando las landas escocesas para dar una amplitud cósmica a los enfrentamientos que plantea entre la civilización y la barbarie, el Bien y el Mal. Sobre el plano del estilo, en cambio, es verdad que la literatura de ciencia ficción raramente ha alcanzado el nivel de sofisticación y elegancia de la literatura fantástica –en particular la inglesa– de principios de siglo. Alcanzada la madurez a finales de los años 50, apenas hace poco ha dado signos reales de agotamiento –un poco como la literatura fantástica, inmediatamente después de la aparición de Lovecraft. Sin duda es por esta razón que ningún autor, hasta hoy, ha tenido realmente la necesidad de expandir los límites –de cualquier manera muy flexibles– del género. La única excepción podría ser este extraño autor, muy extraño, que es R. A. Lafferty. Más que ciencia ficción, Lafferty da a veces la impresión de escribir una especie de filosofía ficción, única en cuanto a que la especulación ontológica tiene un lugar más importante que las interrogaciones sociológicas, psicológicas o morales. En El mundo como voluntad y papel tapiz (el título en inglés, The World as Will and Wallpaper, da además un efecto de aliteración), el narrador, queriendo explicar el universo hasta sus límites, percibe al cabo de un tiempo repeticiones, se ve de nuevo en situaciones similares, y termina por tomar conciencia de que el mundo está compuesto de unidades de pequeña magnitud, nacidas cada una de un acto de voluntad idéntico, e indefinidamente angustiosos. En Autobiografía de una máquina ktisteca, Lafferty va aún más lejos en la modificación de las categorías de la representación ordinaria; pero el texto se vuelve desgraciadamente casi ilegible.

        

         Habría que citar aún a Ballard, Disch, Kornbluth, Spinrad, Sturgeon, Vonnegut y tantos otros que a veces, en una sola novela, incluso en un cuento, han aportado más a la literatura que el conjunto de autores del nouveau roman, y que la abrumadora mayoría de los autores de polars[1][1]. En el plano científico y técnico, el siglo XX puede ser colocado en el mismo nivel que el siglo XIX. En el plano de la literatura y del pensamiento, en cambio, el hundimiento es casi increíble, sobre todo después de 1945, y el balance preocupante: cuando uno rememora la crasa ignorancia científica de un Sarte y de una Beauvoir, inscritos supuestamente en el campo de la filosofía, cuando uno considera el hecho casi increíble de que Malraux ha podido –no lo fue sino muy brevemente– ser considerado como un gran escritor, se advierte el grado de embrutecimiento al que nos ha llevado la noción de compromiso político, y uno se sorprende de que se pueda, aún hoy, tomar en serio a un intelectual; uno se sorprende por ejemplo de que un Bourdieu o un Baudrillard sigan encontrando periódicos dispuestos a publicar sus necedades. De hecho, creo apenas exagerado afirmar que, en el plano intelectual, no quedaría nada de la segunda mitad del siglo si no hubiera habido literatura de ciencia ficción. Es algo que habrá que tener en cuenta el día que se desee escribir la historia literaria de este siglo, cuando se decida echar una mirada retrospectiva al mismo, y se admita que finalmente hemos salido de él. Al momento de escribir estas líneas, me parece que la hora ha llegado.

 

 

 

Traducido del fránces por José Abdón Flores




 

sUiCiDaS InCoMpLeToS

Publicado en General el 8 de Octubre, 2006, 20:25 por Lorena Aguado

Pensándolo bien, si revisamos nuestros antecedentes, seríamos los candidatos más calificados para presidir un coloquio de suicidas.
Nuestras conclusiones se concentrarían en el hecho de que nos hemos excedido con la sal en cada desahogo y que las estrías púrpuras que nos cuelgan de los ojos no son accesorios adecuados a las 3 de la tarde, camino al parque.
Coincidimos en que detenernos en la mutilación de los tendones del pulgar o en la mudanza de los deseos, significaría perder el tiempo, derramarlo en superficies aéreas.
El mundo se nos revela absurdo e inoportuno y nosotros preferimos no cambiarlo. Pero cargamos con él; vos te lo ponés sobre la cabeza y  yo lo acomodo sobre los omóplatos. Nos pesa de la misma manera: exageradamente.
Cuando diciembre se anuncia en los centros comerciales, nos aflige el calentamiento global y decidimos aterrizar febriles y depresivos en debates acerca de los métodos más infalibles para inmolarnos. Nuestra eutanasia no debe ser trillada: nada de balcones ni sobredosis. Las armas blancas- te dije- sólo son el resultado de la superposición de todos los colores.
Ambos, suicidas incompletos, deseamos morir extravagantes. Nos merecemos un suicido espectacular, jamás experimentado, que complique a los forenses.
Entonces vos me mirás exhausto y te abalanzás sobre mi boca a las 4 de la mañana, y murmurás en mi oído que encontraste la fórmula exacta para extinguirnos.
Mordés mi lengua y respirás profundo la última noche. Tocás, mordés, besás, lamés… y decís: "sería terrible y fatal… amarnos de verdad".

Roberto Bolaño

Publicado en De Otros. el 8 de Octubre, 2006, 12:45 por MScalona


Roberto Bolaño, Chile, 1953-2003

Amuleto (fragmento)

Tal vez fue la locura la que me impulsó a viajar. Puede que fuera la locura. Yo decía que había sido la cultura. Claro que la cultura a veces es la locura, o comprende la locura. Tal vez fue el desamor el que me impulsó a viajar. Tal vez fue un amor excesivo y desbordante. Tal vez fue la locura.
Lo único cierto es que llegué a México en 1965 y me planté en casa de León Felipe y en casa de Pedro Garfias y les dije aquí estoy para lo que gusten mandar. Y les debí de caer simpática, porque antipática no soy, aunque a veces soy pesada, pero antipática nunca. Y lo primero que hice fue coger una escoba y ponerme a barrer el suelo de sus casas y luego a limpiar las ventanas y cada vez que podía les pedía dinero y les hacía compra. Y ellos me decían con ese tono español tan peculiar, esa musiquilla ríspida que no los abandonó nunca, como si encircularan las zetas y las ces y como si dejaran a las eses más huérfanas y libidinosas que nunca, Auxilio, me decían, deja ya de trasegar por el piso, Auxilio, deja esos papeles tranquilos, mujer, que el polvo siempre se ha avenido con la literatura. Y yo me los quedaba mirando y pensaba cuánta razón tienen, el polvo siempre, y la literatura siempre, y como yo entonces era una buscadora de matices, me imaginaba los libros quietos en las estanterías y me imaginaba el polvo del mundo que iba entrando en lasbibliotecas, lentamente, perseverantemente, imparable, y entonces comprendía que los libros eran presa fácil del polvo (lo comprendía pero me negaba a aceptarlo), veía torbellinos de polvo, nubes de polvo que se materializaban en una pampa que existía en el fondo de mi memoria, y las nubes avanzaban hasta llegar al DF, las nubes de mi pampa particular que era la pampa de todos aunque muchos que se negaban a verla, y entonces todo quedaba cubierto por la polvareda, los libros que había leído y los libros que pensaba leer, y ahí ya no había nada que hacer, por más que usara la escoba y el trapo; el polvo no se iba a marchar jamás, porque ese polvo era parte consustancial de los libros y allí, a su manera, vivían o remedaban algo parecido a la vida. "

L Y D I A...

Publicado en General el 8 de Octubre, 2006, 4:38 por MScalona


fue alumna del taller entre  2003  y  2004, fue compañera de SUSANA CROSETTI, CARLOS DESCARGA, cuando hacíamos el taller los DOMINGOS A LA TARDE...

http://www.lacapital.com.ar/2006/10/08/seniales/noticia_331783.shtml

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-