"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




2 de Octubre, 2006


ELVIRITA

Publicado en Cuentos el 2 de Octubre, 2006, 18:06 por bianka

Elvirita era una desgraciada. Para ser exactos era La desgraciada. Nació, casi como una gran ironía, en la casona de calle Salta, y la ironía cabe en este relato ya que la pobrecita quedó paralítica a los cuatro años, después de querer volar hasta la ventana de la casa de enfrente con una caja de cartón en la que escribió, (apenas legible),  Elvirita bus, tirándose de lleno desde la terraza. Desde ese día creímos que su sueño era ser colectivera, así que convencimos a sus padres para que le ataran un palo con un volante, que quedara justo a la altura de sus brazos. Y así anduvo Elvirita, conduciendo su vida a media marcha.
Elvirita, a pesar de su estado, tuvo una vida de lo más normal. Iba a la escuela, salía con amigos y pasaba tardes enteras viendo como se jugaba a la rayuela. Le gustaba tanto, siempre se la escuchaba pedir, ¡Délen! jueguen un poquito para mí. Y nosotros jugábamos, a los diez años, a los quince y creo que hasta los veinte le dimos el gusto.
Con el tiempo nos fuimos casando, y algunos nos fuimos del pueblo. Elvirita veía pasar nuestras vidas, tan dinámicas, desde su trono inamovible. Siempre llegaba gente con promesas de llevarla a la ciudad, de presentarle un novio; llegaban con piropos, que cada día estaba más linda, que Dios seguro tenía algo muy especial guardado para ella; hasta un día alguien tuvo la cara para decirle que si bien ella no podía caminar, todos sabían que con esas piernas flaquitas podría haber sido un gran bailarina! Y la felicitaban…
Un día, al fin por todas, sus padres murieron. No se sabe si de cansancio por cargar la silla cuesta arriba y abajo de los veinticinco escalones desde la pieza de Elvirita o simplemente por aburrimiento. Lo cierto es que murieron los dos el mismo día, a la misma hora, y con una sonrisa que parecía bordada. Salía hasta en los titulares "Sonriendo a la muerte" con una fotografía de Elvirita a su lado levantando el pulgar derecho y guiñando un ojo. Era sorprendente su actitud, pero bueno… era entendible que no soportara más a sus padres. Él era mudo, y ella apenas veía la silla de ruedas de su hija. La comunicación familiar nunca había sido muy fluida.
A los pocos días, y algunos creyeron que por la herencia que le habrían dejado sus padres, Elvirita, o la Media como le decían ahora los más chicos, abrió un restaurant, pequeño, pero de primera calidad y por supuesto, todo 100% casero. Era sabido que uno de los pasatiempos de la Media era; aparte de cortarle las piernas a las modelos de las revistas y tallar mini sillas; la cocina.
Todos estábamos entusiasmadísimos con la inauguración y desde que abrió sus puertas íbamos con asiduidad y expectativas porque cada semana agregaba a la carta un plato nuevo con el apellido de cada familia del pueblo.
A los dos meses de la inauguración, Elvirita tuvo que cerrar por duelo. El santiagueño de las esquina había muerto. Todos supusimos su angustia, siendo que él había sido quién se acercara a ella para tratarla por primera (y reiterada veces más según se comentaba), como una mujer.
El local reabrió sus puertas, pero por poco tiempo. Dos semanas después del fallecimiento del amante, murió Magda, la reina del carnaval. Qué andar, qué figura, qué gracia que tiene,  repetía Elvirita cada vez que la veía pasar. 
Antes que pudiera anunciar el nuevo plato, los vecinos de toda la vida, los Chapelco, palmaron los tres juntitos. También murió José, Marta, Pocha, Cata, Don Raimundo, La Tata, El Ñato. Todos, menos ella. Hasta los perros se murieron. Pero nunca a nadie se le ocurrió, nunca nadie pensó declaró Elvirita, ¡En ese pueblo eran todos unos ñatos, yo le hice un favor a la humanidad!  ¡Y más vale que me devuelvan todas esas piernas porque son mías! ¡Mías!
No sé por qué fui a la audiencia. Me acuerdo que cuando leí el diario, no lo podía creer. "Paralítica venga su infancia; envenena a todos los habitantes de Los Rápidos y les corta las piernas para hacer un museo privado"

INSTANTÁNEA

Publicado en Nuestra Letra. el 2 de Octubre, 2006, 17:27 por ANALÍA

Oímos la forma en que la lluvia golpea mis ventanas.

Las gotas caen con los ojos cerrados

en una joven sinfonía azul

llamando la atención de los sordos.

Se  rompe en cristales con un silencio que se licúa.

 

Entonces el hombre llora y en vez de romper

se desintegra.

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-