"Es necesario que se pregunte para que yo siga vivo, por que yo soy tan sólo su memoria". HAROLDO CONTI. Los caminos, homenaje.




LORE... lo prometido... más Houllebecq...

Publicado en General el 12 de Septiembre, 2006, 1:06 por MScalona

Michel -7

Este recuerdo tan poco lucido me llevó al final de la noche, tras un insomnio casi completo, a esbozar un guión al que puse por título provisional Un Empome en la Autopista, que debía permitirme combinar astutamente las ventajas comerciales de la pornografía y las de la ultraviolencia. Por la mañana, devorando brownies en el bar del Lutetia escribí la secuencia previa a los créditos.

Una enorme limusina negra  (tal vez un Packard de los años sesenta) circulaba a poca velocidad por una carretera rural, en mitad de praderas y matorrales de retama de un vivo color amarillo (pensaba rodar en España, probablemente en la región de Las Hurdes, muy bonita en mayo); al circular emitía un gruñido sordo (tipo bombardeo que vuelve a la base).

En medio de una pradera, una pareja hacia el amor en plena naturaleza (era una pradera muy florida, con hierbas altas, amapolas, ancianos y flores amarillas de cuyo nombre no me acordaba en ese momento, pero anoté al margen: "Exagerar las flores amarillas"). La chica tenía la falda remangada y la camiseta remangada por encima de los pechos, en resumen, parecía una zorra de primavera. Le desabrochaba el pantalón al chico y lo gratificaba con una felación. Al fondo, un tractor parado con el motor en marcha hacía pensar que se trataba de una pareja de agricultores. Una mamadita entre faena y faena, la Consagración de la Primavera, etcétera. Pero un travelling hacia atrás no tardaba en informarnos de que los tortolitos se revolcaban en el campo visual de una cámara, y que en realidad se trataba del rodaje de una película pornográfica; probablemente de bastante calidad, porque había un equipo completo.

La limusina Packard se detenía, dominando la pradera, y de ella salían dos ejecutores con trajes cruzados de color negro. Ametrallaban sin piedad a la joven pareja y al equipo. Dudé, y luego taché "ametrallaban": mejor un sistema más original, por ejemplo que lanzaran afilados discos de acero que surcarían el aire para seccionar las carnes, sobre todo la de los dos amantes. No había que escatimar, se imponía cortar la pija de un tajo en la boca de la chica, etcétera; en fin, necesitaba lo que mi director de producción en Diógenes el cínico había llamado imágenes enrolladas. Anoté al margen: "Pensar en un sistema arrancatestículos".

Al final de la secuencia, un hombre gordo con el pelo muy negro y la tez grasa marcada de viruela, vestido también con un traje cruzado negro, salía de la parte trasera del vehículo acompañado de un viejo esquelético y siniestro, a lo William Burroughs, cuyo cuerpo flotaba dentro de una gabardina gris. Éste contemplaba la carnicería (jirones de carne roja en la pradera, flores amarillas, hombres de negro), suspiraba levemente y se volvía para decirle a su compañero: "Una moral segura, John".

Tras diversas masacres, perpetradas sobre todo contra parejas jóvenes, por no decir adolescentes, resultaba que aquello poco recomendables colegas eran miembros de una asociación de católicos integristas, quizás afiliada al Opus Dei; en mi opinión, esta puja contra el retorno del orden moral me valdría la simpatía de la crítica de izquierdas. Sin embargo, un poco más tarde se revelaba que a los ejecutores los filmaba un segundo equipo, y que el verdadero objetivo del asunto no era la comercialización de películas porno, sino de imágenes ultraviolentas. Relato dentro del relato, película dentro de la película, etcétera. Un proyecto infalible.

En resumen, como le dije a mi gente esa misma noche, estaba avanzando, trabajaba, vamos, que estaba recobrando el ritmo; él dijo que se alegraba muchísimo y me confezó que había llegado a preocuparse. Hasta cierto punto, yo era sincero. No fue hasta dos días después, al subir al avión que me llevaría de vuelta a España, cuando me di cuenta de que nunca iba a terminar aquel guión, ni mucho menos a dirigirlo. En París hay una cierta agitación social que te da la impresión de tener proyectos; sabía que en cuanto estuviera de regreso en San José me quedaría paralizado por completo. Por mucho que me hiciera el elegante, me estaba encogiendo como un mono viejo; me sentía mermado, menoscabado, más allá de lo posible; mi manera de refunfuñar y mascullar ya era la de un viejo.

Tenía cuarenta y siete años, hacía treinta que me había propuesto hacer reír a mis semejantes; y estaba acabado, hecho mierda, inerte. La chispa de curiosidad que subsistía en mi forma de mirar el mundo se apagaría pronto y sería como las piedras, con el añadido de un vago sufrimiento. Mi carrera no había sido un fracaso, al menos en términos comerciales: si agredes al mundo con suficiente violencia, él te acaba escupiendo un tocazo de guita; pero nunca, nunca te devuelve la alegría.




Michel Houllebecq 

LA POSIBILIDAD DE UNA ISLA   p.  145-147

           

  
Autores
María Paula Cerdán, Francisco Kuba, Verónica Laurino, Marcelo Scalona, Caro Musa, Claudia Malkovic, Silvina Potenza, Marcela González García, Soledad Plasenzotti, Natalia Massei, Mónica M. González, Ariel Zappa, Cintia Sartorio, Cecilia Mohni, Silvia Estévez, Julia M. Sánchez, Matías Settimo, Marisol Baltare, Maximiliano Rendo, Matías Magliano, Andrea Parnisari, Roberto Sánchez, Alina Taborda, Nicolás Foppiani, Mayra Medina, Alfredo Cherara, María B. Irusta, Ale Rodenas, Laura Rossi, Germán Caporalini, Rosana Guardala Durán, Rosario Spina, Sergio Goldberg, Luisina Bourband, Alejandra Mazitelli, Tomás Doblas, Laura Berizzo, Florencia Manasseri, Beti Toni, Nahuel Conforti, Gabriela Ovando, Diana Sanguineti, Joaquín Yañez, Joaquín Pérez, Alvaro Botta, Verónica Huck, Florencia Portella, Valeria Gianfelici, Sofía Baravalle, Rubén Leva, Marcelo Castaños, Luis Astorga, Juan Pedro Rodenas, Esteban Landucci, Dora Suárez, Laura Cossovich, Alida Konekamp, Diego Magdalena, Franco Trivisonno, Gerardo Ortega, Roberto Elías, Facundo Martínez, Ariel Navetta, Graciela Gandini, Jimena Cardozo, Soledad Cerqueira, Juan Gentiletti, Sebastián Avaca, Emi Pérez, Adriana Bruniar, Mariano Boni, Flor Said, Elina Carnevali, Roxana Chacra, Lorena Udler, Nora Zacarías.-